domingo, 8 de septiembre de 2013

Diario de un seductor

"Todavía me falta muchísimo para llegar a comprender cómo es en realidad esta muchacha. Por eso me mantengo al acecho, muy quieto y oculto, lo mismo que el soldado que en la avanzadilla, con el cuerpo a tierra, escucha los más leves movimientos de la aproximación enemiga. Propiamente no existo para ella, ni siquiera en el sentido de una relación negativa, por la sencilla razón de que aún no nos hemos relacionado en absoluto. Hasta el momento no me he atrevido a dar ni un solo paso en esta dirección. Como se suele decir en las novelas, "verla y amarla fue todo uno". Lo malo es que las novelas sólo tienen razón en abstracto, porque no cuentan para nada con la dialéctica real del amor. ¿De qué sirve, por tanto, todo lo que las novelas nos enseñan a propósito del amor? Absolutamente de nada, ya que no son más que un compendio inútil de mentiras y más mentiras"



Ficha: "Diario de un seductor", Sören Kierkegaard, Alianza Editorial, 266 páginas, ISBN: 978 84 206 6254 1

Hace tiempo que tenía en mente comenzar a adentrarme en la obra del gran filósofo danés, finalmente este ha sido el título escogido por mí para iniciarme en el pensamiento del considerado principal precursor del existencialismo.

Comentar una obra como esta sin hacer referencia a la filosofía de Kierkegaard es una tarea imposible. El argumento de esta obra puede resumirse en tres líneas, o menos, sin embargo para entenderla y comprender su porqué no hay más remedio que adentrarse en la idea sobre la vida que tenía su autor.

Alguna reseña he leído en Internet bastante poco favorable que desaconseja de su lectura, no estoy de acuerdo, la acción de la obra es lenta y sinuosa, parece que casi nunca ocurre nada y básicamente se nos muestran los pensamientos, complejos, retorcidos, obsesivos e incluso delirantes, de su narrador revestidos, eso sí, en ocasiones de una gran belleza y sentido estético. Esa palabra, la estética, como una búsqueda y un recrearse en la belleza y su análisis es el fundamento mismo de la psicología del narrador. 

Kierkegaard reflexionó mucho sobre el sentido de la vida, se pasó su existencia dándole vueltas a ese objeto de su pensamiento, y no sobre la existencia humana considerada como algo general o metafórico, sino que se centró principalmente en la existencia individual, en la de cada ser humano concreto, en la suya propia. Sus experiencias vitales son por lo tanto completamente inseparables de su pensamiento filosófico. Con este pequeño ensayo novelado en la forma de un diario pretendía realizar un análisis y disección desde dentro de lo que él llamaba "estadio estético". En una de sus obras capitales "O lo uno o lo otro", Kierkegaard realizaba una descripción de dos estadios en los que según él se podía dividir la actitud ante la vida, el estadio estético y el ético, posteriormente añadiría un tercero, el religioso.

Cada estadio supone un paradigma, una forma de ver el mundo, pensar y entender la vida. Los estadios son en cierta forma compartimentos estancos, desde dentro de cada uno de ellos dificilmente se puede entender al otro, no hay un paso gradual según Kierkegaard de uno a otro, el cambio siempre produce angustia e inseguridad, es como un salto al vacío donde uno pierde todo apoyo y toda referencia válida que pudiera haber tenido antes. Él mismo durante su vida experimentó los tres descritos, por eso cuando habla de uno u otro, cuando analiza los pensamientos de tal o cual personaje cláramente alineado en alguno de ellos, estará siempre mezclando sus reflexiones filosóficas con sus experiencias en el mundo real. Con el filósofo danés nunca sabemos donde empieza y donde termina la idealización y la reflexión en referencia a los episodios y sus experiencias vitales.

El estadio estético de la vida, que es el descrito ámpliamente en esta novela a través del pensamiento de su protagonista, consiste en vivir atrapado en el goce sensual, el rechazo a todo tipo de compromisos, el recrearse en la belleza y en el placer, en la inmediatez y en el más absoluto egoísmo. Para un "esteta", definido como alguien inmerso en este estadio, el mundo es como un "buffet" donde nos limitamos a escoger los bocados más apetecibles y donde despreciamos todo aquello que implique sacrificio, compromiso, sentido del deber, búsqueda de la virtud y defensa de aquello que se considera moral. El principal deber de un individuo en este estadio es la obtención del placer, no reparará en esfuerzos físicos o mentales para ello, pero siempre con el objetivo de la ganáncia inmediata, no se concibe el esfuerzo sostenido a largo plazo con un objetivo difuso y lejano... para apreciar estas otras cosas habría que estar en lo que Kierkegaard llamaba "estadio ético".

El argumento completo de esta novela se nos muestra en el prólogo, incluso en la contraportada, se conoce ya de antemano: un jóven se enamora de una chica, la termina conociendo, enamorándo, seduciendo y finalmente la abandona... punto. Como homenaje a la novela decimonónica y las clásicas historias de seducción el jóven se llama Juan, como no podía ser de otra forma, aunque en el nombre de la jóven, Cordelia, el autor danés ya es un poco más original... Lo primero que choca es la utilización de una historia de lo más banal en aquella época, la típica novela romántica con moralina incluida, convertida en ensayo filosófico donde vamos a ser testigos privilegiados de la psique de un individuo, que lleva una existencia en el estadio estético de la vida hasta un extremo que raya en el fanatismo.

A través de una serie de entradas de un diario, desde el 4 de abril hasta el 25 de septiembre, que coinciden con el momento en que Juan se encuentra por primera vez con Cordelia, y decide convertirla en su "presa", hasta el momento en el que una vez consumada su seducción se aparta hastiado de ella dejándola tirada como si fuera la monda de una naranja, seremos testigos privilegiados de la psique del narrador y de los sucesivos pasos y progresos de su seducción y manipulación psicológica de la jóven. El diario en su parte final se interrumpe y deja espacio a un buen número de cartas del seductor a su "amada". Antes ya en el prólogo hemos podido ver unas cuantas cartas de Cordelia expresando su estupor y su furia ante su abandono. El cuadro queda completo y desde el comienzo se anticipa el final y la totalidad de la historia.

Podría parecer que la misma no tiene sentido e interés ya que se nos anticipa completamente desde su mismo inicio, pero lo cierto es que sucede todo lo contrario porque a través de las reflexiones que Juan escribe en su diario nos hace partícipes de su forma de pensar, de sus estrategias de seducción, de como va poco a poco manipulando psicológicamente a la jóven, como engaña a su familia y a sus allegados, nos muestra lo que hace y también, y a veces es lo más interesante, lo que evita hacer, que errores no hay que cometer... en medio de todo ello leemos abundantes reflexiones filosóficas de Juan acerca de la belleza, el amor, el encanto del bello sexo... todo en un lenguaje elegante y poético que en ocasiones carga y empalaga, pero dotado así mismo de una fina ironía de principio a fin precisamente porque el lector es consciente de la finalidad que tiene todo ello, el engaño y la manipulación. 

Desde el mismo inicio él sabe lo que va a pasar, nunca proyecta una vida en común con la jóven, con meticulosidad describe las fases de la seducción punto por punto, la fijación del objetivo, la obtención de información, la entrada en su esfera personal de forma disimulada, la utilización de una amistad común para hacerse con su confianza, la manipulación de la gente que la rodea primero y luego la consecución de un compromiso con la jóven, conseguir que ella primero se enamore para luego alejarse de ella y, fuera luego ya de todo compromiso del que huye como la peste, hacer que ella lo busque y finalmente seducirla. Todo un complejo juego de tira y afloja, de tensar y soltar sedal, de anticiparse a las reacciones de ella, de observar meticulosamente sus reacciones... Cordelia hasta el final, una vez burlada, no se dará cuenta de como Juan ha estado jugando con ella, y aun así incluso entonces tendrá sus dudas... la estrategia de Juan incluye incluso el sembrado de la confusión a modo de cortina de humo y las más repugnantes manipulaciones, embebidas eso sí de la apariencia sublime del goce estético.

Kierkegaard no pretendía por lo tanto hacer apología alguna de tales comportamientos, él mismo vivió una historia semejante enamorando a una jóven, Regina Olsen, a la que prometió matrimonio para abandonarla posteriormente... sin embargo ahí terminan las similitudes porque el filósofo nunca tuvo aquello planeado desde el comienzo, amó a esa mujer toda su vida, e incluso la hizo destinataria de su testamento. En cierto modo Sören se comportó como la antítesis de su personaje Juan, la abandonó antes de seducirla precisamente porque a través de una crisis personal percibió que no sería capaz de ser un buen marido ni de hacerla feliz, y externamente cultivó la imágen de un despiadado seductor para liberarla a ella de toda responsabilidad y atraer sobre sí mismo todas las críticas y reproches... fue su personal salto al vacío desde el estadio estético en el que vivía al estadio ético. Por lo tanto no puede haber más diferencia entre el personaje de su obra y él mismo, aunque desde luego que siempre nos quedará la duda de cuantos de los pensamientos de Juan eran, o fueron, a su vez compartidos por Sören. 

En el relato asistimos a las tribulaciones de Juan, el seguimiento que hace de Cordelia, como se obsesiona más y más con ella, el acceso a su vida, la utilización de un pretendiente de la jóven para acceder con más facilidad a su esfera privada... eran tiempos donde una jóven burguesa no podía charlar con un hombre si este no era su "prometido" y donde las convenciones sociales estaban tan firmemente asentadas que no se podían eludir, Juan sabrá sacar partido de todas las situaciones, lo veremos retratado como un feroz depredador, implacable pero a la vez refinado hasta extremos insospechados. Juan no persigue el puro placer sensual de llevarse a la jóven a la cama, pretende mucho más, enamorarla, que esta se entregue a él en cuerpo y alma... solo así él disfrutará del acontecimiento. Abundan los mensajes de desprecio a aquellos que satisfacen sus instintos de la forma más vulgar, Juan ha convertido la satisfacción sensual en el leiv motiv de su vida, pero una satisfacción que exige los objetos más sublimes.

De ahí que le veamos despreciar por ejemplo el amor de las mujeres casadas, donde ya sabe que la coquetería es una pura impostura y donde la finalidad es puramente física, algo que él considera vulgar. Centra su atención en muchachas muy jóvenes que aún no han tenido su primera relación ni han estado prometidas siquiera... al igual que el chacal o el león buscan al indivíduo más jóven y débil de la manada. Busca también la frescura e inocencia cuyo disfrute solo ese tipo de conquistas puede proporcionarle, tiene incluso el tremendo cinismo de considerarse en cierto modo benefactor de la jóven al proporcionarle un primer, y desgraciado amor, que hará su vida más "interesante" cuando más adelante se convierta en una típica y vulgar burguesa atada a un matrimonio convencional.

En el fondo el lector sabe que Juan es un desgraciado, atrapado en una espiral sin fin de búsqueda de ese placer retorcido y refinado que es la pura seducción ejercida poco menos que como actividad deportiva. Una vez obtenida la presa y efectuada la muesca en su escopeta hay que cambiar de objetivo. La tremenda sensibilidad artística y agudeza psicológica de la que hace gala el implacable seductor no le redime, todo lo contrario, le convierte en un personaje mucho más odioso, por bellas que sean sus reflexiones en muchas ocasiones... de ahí que el gran contraste entre las cartas que le dedica a Cordelia, inflamadas de sentimiento, imágenes poéticas y comentarios de adoración... que resultan empalagosos hasta la náusea pues hay que recordar que estamos en la época del romanticismo en las artes, con el descarnado texto de la última entrada del diario, no son sino una despiadada ironía con la que Kierkegaard ajusta cuentas con ese tipo de mentalidad, de la que él mismo fue participe en su juventud.

"Y, volviendo a lo del salto, éste siempre será para una joven un simple brinco. El de los hombres, en cambio, siempre resultará algo ridículo, pues por mucho que abran y estiren las piernas, su esfuerzo no guardará proporción con la distancia que tienen que cubrir y siempre parecerá un esfuerzo baldío, a pesar de todos los cálculos. La jóven salta sin calcular y sin tomar impulso, airosamente. ¿Quién será tan necio que piense que una jovencita necesita la arrancada previa? Se la puede uno figurar corriendo un poco antes de dar el salto, pero esta carrerilla es un puro juego, un placer, un despliegue gracioso, mientras que imaginarla tomando verdadero impulso sería desconocer lo que es peculiar de la naturaleza femenina. El impulso encierra algo de dialéctico, esto es, algo contrario a la naturaleza de la mujer. Por eso su salto es infinitamente más estético que el del hombre. Es como un leve vuelo. Y cuando llega al otro lado, posa suavemente los pies sobre la roca, no agotada por el esfuerzo, sino más bella que antes y con más alma. Entonces nos mira dulcemente y nos tira besos con sus manos a los que hemos quedado en el lado opuesto. ¡ Allí está una flor que acaba de brotar de las mismas entrañas de la montaña! ¡Ay, y mientras se balancea sobre el abismo como si tal cosa, los que la vemos sentimos escalofríos!"



Lo mejor: Una de las obras más conocidas y accesibles de Kierkegaard, todo un ejercicio de penetración psicológica de gran estilo. A pesar de la lentitud de su acción, de su inexistencia incluso en buena parte del relato, el mismo constituye una buena radiografía de la psicología del "esteta" entendido en el sentido que el filósofo danés quería otorgarle. Cargado de una fina, y en ocasiones demoledora, ironía de principio a fin sin duda posee muchas e interesantes dobles lecturas. A pesar del tiempo transcurrido hay mucho, muchísimo de esa forma de ser centrada en la consecución de objetivos placenteros e inmediatos en la mentalidad contemporánea. Es por eso, y por otros muchos motivos, que la lectura del gran escritor danés sigue siendo actual. En un futuro próximo le dedicaré más espacio aquí. Sorprende también la ausencia de cualquier "moralina" ya que en un relato más convencional el autor habría posteriormente tenido la obligación de dar un castigo ejemplar a tan abyecto personaje, aquí este se "va de rositas" sin sufrir la consecuencia de sus actos, en cierta forma su vida tal y como la concibe constituye en sí misma su propia penitencia.


Lo peor: Es un ensayo filosófico con la forma de una novela romántica con supuestas enseñanzas morales, en los momentos más lentos y empalagosos de la trama hay que tener esto muy en cuenta. Nada recomendable para lectores impacientes o que equivocadamente crean que se encuentran ante un simple relato porque no lo es. No hay duda de que un verdadero seductor como el retratado por el autor ni llevaría nunca un diario como este ni le otorgaría tal profundidad... ni seguramente llevaría tan lejos ese sentido de la estética de la forma, tantas veces ridícula, en la que lo hace su protagonista, eran otros tiempos sin duda :-).


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