sábado, 12 de abril de 2014

El gobierno de las emociones

"¿Por qué es tan difícil que la ley moral dirija efectivamente nuestras vidas? ¿Por qué, entre las numerosas razones que condicionan la conducta, las razones éticas cuentan tan poco? Hay una respuesta sencilla y rápida a estas preguntas y es la siguiente: no basta conocer el bien, hay que desearlo; no basta conocer el mal, hay que despreciarlo. Si la respuesta no es equivocada, de ella se deduce que el deseo y el desprecio, el gusto y el disgusto son tan esenciales para la formación de la personalidad moral como lo es la destreza en el razonamiento."

Ficha: "El gobierno de las emociones", autor Victoria Camps Cervera, editorial Herder, 326 páginas, ISBN: 978 842 5427 442

Hay libros a los que uno llega a través de referencias leídas en Internet, revistas, o por recomendaciones personales... en cambio hay otros que se cruzan en tu vida por pura casualidad. Este que comento hoy aquí es uno de esos. Lo encontré en las estanterías de novedades de la Biblioteca Regional que frecuento varias veces por semana. Es un libro bastante reciente, publicado en 2.011, que sin embargo ofrecía un aspecto un poco deteriorado, no por el tiempo en este caso, sino por el uso que de él se había dado, se nota que ha pasado a estas alturas por bastantes manos y además está profusamente subrayado de principio a fin... seguramente esas anotaciones y marcas a lápiz son obra de algún estudiante de filosofía ¿de quién si no?... apenas le eché una ojeada supe que lo iba a tomar en préstamo y leerlo. Referencias constantes a Aristóteles, Spinoza y Hume, a la razón y su vinculación con las emociones... un tema demasiado atractivo como para pasarlo por alto. Más aún cuando pude comprobar más tarde que el mismo había sido galardonado con el Premio Nacional de Ensayo en 2.012, otro atractivo más para incitarme a su lectura, o al menos, a intentar adentrarme en sus páginas a ver si podía terminarlo.


Que conste que nunca había leído nada de su autora, una de las grandes damas de la filosofía española contemporánea, junto con Adela Cortina, María Zambrano y otras cuya obra también permanece ignota para mí. Que le voy a hacer, aunque mi ignorancia en ocasiones se me asemeja a un pozo sin fondo, algo que para nada me enorgullece, sí que en cambio tiene como contrapartida agradable los continuos descubrimientos que voy haciendo en el terreno de la filosofía, y de casi cualquier otro tema al que me acerque. Nunca sé lo que me voy a encontrar a la vuelta de la esquina, y esa es una emoción, la de la sorpresa y maravilla continua, que me compensa con creces de la toma constante de conciencia de mis graves carencias como lector.

Viendo el título, como muy bien se señala en la entrevista disponible en Youtube que enlazaré más adelante, uno lo primero que piensa es que se encuentra ante un ensayo de auto-ayuda, tan numerosos y frecuentes en las estanterías de las librerías hoy en día... espero que nadie lo adquiera pensando haberse encontrado con algún libro de esa clase, más que nada porque se llevaría un sonoro chasco... Victoria Camps nos ofrece un libro de filosofía, concretamente de ética, donde aunque se van a tratar varios temas que nos afectan en nuestra vida diaria, de continuo diría yo, tales como las emociones en sus variantes más comunes, ira, vergüenza, orgullo, miedo, tristeza... etc. 

Una de las tareas más importantes de la filosofía desde sus mismos comienzos es el de enseñarnos a vivir mejor, ayudarnos a tener una vida más feliz, dirigirnos a eso denominado "florecimiento humano", es decir, a ser cada vez mejores, más virtuosos, sufrir menos y en definitiva ser más felices. De ese cometido, entre otras cosas, se ocupa la rama de la filosofía llamada ética y es desde el punto de vista filosófico de la ética desde el que está escrito este ensayo. Naturalmente ese objetivo señalado también hoy en día está compartido por la psicología, los manuales de auto-ayuda e incluso por las enseñanzas sobre espiritualidad oriental: Budismo, Taoísmo, Hinduismo... etc. Pero es curioso que sean legión los lectores de esas otras ramas del saber, en ocasiones muy relacionadas con la filosofía, otras veces no tanto, en comparación con los lectores de filosofía... aunque esta esté presente en los planes de estudio y la Universidad. Pocos ensayos de filosofía podrán competir en número de lectores y popularidad con los grandes best sellers de la psicología y autoayuda. Sin embargo es en ese mismo territorio, el de la filosofía como orientación hacia una vida más plena, en el que podemos situar perfectamente la obra de Victoria Camps.



Su título para mí posee una doble lectura, el gobierno de las emociones hace referencia tanto a una realidad como a una posibilidad, la realidad es que las emociones nos gobiernan más de lo que quisiéramos, sobrepasan siempre en influencia a la hora de condicionar nuestras acciones a la pura racionalidad y al pensamiento lógico, pero es que además tal gobierno, tiránico en demasiadas ocasiones, no es todopoderoso, puede ser atemperado y reconducido por la razón... aunque sea una tarea nada fácil. 

La dualidad razón-emoción, sus conflictos y sus relaciones serán el tema principal de la obra. La misma arranca con una denuncia de una falacia que cometió Platón al escribir que bastaba conocer el bien para realizarlo... así sería si fuésemos seres racionales y lógicos en una sola pieza, sin embargo son continuas las ocasiones en las que conocemos lo que es mejor para nosotros y aun así... escogemos la peor de las opciones. Su discípulo Aristóteles, uno de los protagonistas de este ensayo, se acercó mucho más a la verdad cuando afirmó en su "Ética a Nicómaco" que no bastaba conocer el bien, también había que desearlo. Spinoza también retomaría la idea muchos siglos más tarde cuando hablaba de la conveniencia de examinar y conocer los afectos para reconducirlos, para "convertir la razón en pasión", consciente de la debilidad de la razón cuando se enfrenta a las emociones... más adelante Hume nos alertaría sobre las ideas supuestamente originadas en la razón pero realmente originadas en las sensaciones y las emociones, y por lo tanto más sujetas a estas, por mucho que se revistan de las vestiduras de la racionalidad. 

Tenemos por lo tanto el tema definido, la necesidad no solamente de conocer el bien y el mal sino de amar y desear al primero, y despreciar y sentir repugnáncia ante el segundo, la necesidad de convertirnos en virtuosos a base no de la erudición y el estudio, sino de la práctica... algo donde Aristóteles insiste una y otra vez, la necesidad de convertir lo bueno y razonable en algo deseable y emotivo, en una pasión... conociendo las pasiones que sufrimos, analizando su origen y reconduciendolas a través de la creación de otras nuevas, más sanas... y por supuesto desconfiando y sometiendo a juicio crítico cuantas ideas "razonables" aparecen en nuestra mente, ya que no pocas veces es en la emoción, no siempre sana y buena, donde tienen su orígen.

La autora no pretende con este ensayo establecer un juicio maniqueo sobre lo bueno y malo de razón y emoción, dando siempre la razón a la primera y sometiendo a sospecha a la segunda... nada de eso, más bien, mostrarnos que la parte racional necesita forzosamente de la emocional, que la razón sin emoción queda reducida a nada... aunque la emoción sin el análisis y la evaluación de la razón puede asemejarse a un camión cuesta abajo y sin frenos. Un tema nada nuevo, nada original, tan antiguo como la filosofía... que sin embargo sigue dando juego porque pocas veces, en lo que se refiere a razón y emoción, podemos hablar de equilibrio o de poseer la proporción justa de una y otra.

El libro para mí puede dividirse en tres partes claramente diferenciadas, la introducción, el primer capítulo y los dedicados a Aristóteles, Spinoza y Hume conformarían esta primera parte. Sin duda la más sencilla de leer, al menos para mí, y la que proporciona la introducción necesaria al tema, una introducción extensa y bastante "jugosa" tengo que decir para todos aquellos lectores aficionados al pensamiento de esos tres gigantes de la filosofía. Pero es que además la autora no se limita a analizar las ideas de los mismos en relación al tema del libro sino que las vincula a temas de actualidad, la filosofía de Aristóteles, Spinoza y Hume será el punto de partida para analizar situaciones y hechos de todos conocidos:

"La ayuda de la retórica es imprescindible para emocionar y motivar al público a favor de lo que se le está mostrando y que quiere provocar adhesiones masivas. Lo sabe el político, lo sabe el periodista y lo sabe quien detenta el poder económico. Pero hoy el uso de la retórica ha dejado de preocuparse de los contenidos que se transmiten, lo importante es que las tecnologías funcionen y consigan los efectos deseados"

"No obstante, y a varios siglos de los comienzos del liberalismo, hay que decir que ni la tesis de Montesquieu ni la de Smith se han demostrado válidas. Los intereses privados se suman con dificultad porque son divergentes. No obtenemos un interés común a partir de la agregación de intereses particulares. Es más bien ese interés público o espíritu público el que ha de movilizar los comportamientos para que no se resienta el bien de todos. "

Posteriormente se procede al análisis, de diferentes emociones y su vínculo con el mundo de la razón... mostrando como existe en cada una de ellas un lado bueno y deseable, necesario incluso, y otro lado negativo que hay que evitar por todos los medios. Son los capítulos dedicados a la vergüenza, la compasión y la justicia, la indignación y el compromiso, el miedo, la desconfianza y finalmente el capítulo dedicado a la autoestima. Por ejemplo una emoción como la vergüenza es mala en cuanto que se siente por algo que no debería avergonzar a la persona, vergüenza por ser quien es, la vergüenza reducida a simple pudor por mostrar el cuerpo,  o por pertenecer a un determinado grupo social, o a una determinada etnia... pero es buena en lo que se refiere al sentimiento de autocrítica, porque sentir vergüenza es al menos indicio de poseer valores morales "El que no se ruboriza del mal que hace es un miserable", escribió Aristóteles... cita con la que Victoria abre el capítulo dedicado a la vergüenza.

En otros asuntos la dicotomía entre emoción deseable y emoción a evitar no está tan clara, tal y como ocurre con la ira. Mala en su acepción de furia desatada... pero buena en su acepción de indignación, por ejemplo ante una injusticia. Lo mismo decir del miedo, malo como emoción que paraliza o posee orígenes infundados, como la superstición, pero bueno como acicate de la prudencia y remedio contra la temeridad. Así sucederá también con otras emociones como la confianza y su opuesto, la desconfianza, la compasión... que aunque habitualmente es buena puede contener también sus excesos. Mención aparte merece el tema de la autoestima y su construcción social. En el mismo tocará sobre todo el tema en relación con la figura de la mujer a lo largo de la historia, asunto que daría de sí no solamente un apartado en un capítulo, sino libros enteros y que Victoria, como mujer y filósofa, no puede dejar de tratar con la merecida atención. No faltarán en estos capítulos los casos en que la autora nos hablará sobre la relación directa entre las emociones analizadas y el sentido de la justicia y las leyes, ya que son estas las que pretenden dirigir en ocasiones la vida en comunidad, discriminando entre bueno y malo, asunto nada sencillo. Me ha agradado mucho encontrar referencias a la obra de Martha Nussbaum, una autora a la que seguramente volveré a leer en un futuro próximo.

El libro entra en su recta final con cuatro interesantes, aunque algo densos, capítulos centrados en la melancolía y su tratamiento en la sociedad moderna, la educación de los sentimientos, los afectos políticos y finalmente el papel en la educación sentimental del arte y las obras de ficción.

En el primero se habla de la tristeza y la melancolía y como esta puede dividirse según su causa en dos grandes apartados, una tristeza considerada "normal" a la que el individuo debe intentar enfrentarse por sus propios medios, y otra considerada "patológica" que debe ser tratada por un especialista... el problema es que en la sociedad moderna cada vez hay más tristeza y melancolía del primer tipo que es catalogada como del segundo... El tema dará pie a que la autora entre en una interesante exposición sobre el tema de la libertad individual en la sociedad actual, buscando en el tratamiento de la misma el origen de ese desasosiego y angustia vital que es en ocasiones identificado con una patología, cuando no lo es.

En el capítulo dedicado a la educación sentimental Victoria toma partido por un objetivo que no se centre en la creación de individuos y ciudadanos más aptos para los retos personales y profesionales a los que han de enfrentarse en sus vidas, con una mentalidad meramente pragmática de adaptación a los tiempos que corren, sino en palabras de la propia autora a la forja de un "carácter  dispuesto a respetar la libertad y la igualdad política, a adquirir un sentido de la tolerancia, de la obligación, de la equidad y de la autodisciplina". Ahora más que nunca son necesarias la educación sentimental del individuo debido a que faltan los tradicionales "asideros" y puntos de amarre de generaciones anteriores, fuesen estos la religión, la fe en la razón, los ideales... el individuo postmoderno está más necesitado que nunca de una especie de brújula personal para navegar en los mares de la incertidumbre del mundo actual, ni siquiera es la ley el punto óptimo de referencia ya que también las leyes son cuestionables. Podrían ser precisamente  los sentimientos, una vez debidamente "educados" y encauzados, los mejores guías, y también los mejores motores para llevarnos en la dirección correcta. De nuevo la idea de que no basta conocer el bien, hay que desearlo.

El penúltimo capítulo se centra en los afectos políticos, como los mismos terminan influyendo en leyes y decisiones judiciales... y no solamente en el mal sentido de producir injusticias y situaciones indeseables mediante la influencia nociva de las emociones, sino también como las emociones positivas y enfocadas en el objetivo correcto pueden ayudar al objetivo de una sociedad más justa. El capítulo termina analizando el fenómeno del patriotismo y sus implicaciones emocionales, de una forma bastante "aristotélica" la autora optará por un término medio entre el fervor nacionalista, siempre sospechoso de estrechez de miras y de dejarse llevar por sentimientos viscerales, y el cosmopolitismo... que en principio parece más elevado y razonable, pero que por eso mismo peca de insensibilidad. 

Finalmente el libro termina con un broche de oro... el dedicado al papel del arte, a través de la literatura principalmente, como "educador sentimental". Visto con sospecha y prejuicio desde los tiempos de Platón, el arte en forma de novela, poesía o teatro muchas veces posee una capacidad didáctica que ya quisiera para sí la mejor de las filosofías. Su capacidad de exponer claramente y sin ambigüedades de ningún tipo las flaquezas del género humano, relatos e historias donde se quiere expresar un mensaje moralizador... y hacerlo de forma emocionante, implicando al lector-espectador que por una parte toma la debida distancia, ya sabe que está presenciando o leyendo una obra de ficción, pero por eso mismo puede emplearse con más contundencia y con una variada gama de resortes ausentes habitualmente en el ensayo filosófico... 

No me resisto a terminar mi comentario del libro sin citar estas hermosas palabras de la autora sobre la relación entre la ética, dominio de la filosofía, y la estética, dominio del arte:

"En una sociedad liberal en la que las costumbres han ido perdiendo la rigidez moral que tuvieron en otros tiempos, hay formas de conducta que deben rechazarse no porque sean delito, sino porque sencillamente están mal. Es posible que a un político no le condenen ni le procesen por aceptar cierto tipo de regalos, pero sería mejor, más bonito, que no los hubiera aceptado. Lo que ha venido en llamarse "telebasura" define a un conjunto de programas que tampoco llegan a ser materia de delito, pero que no tienen nada que los haga encomiables. No está en ningún caso prohibido que los ricos se sigan enriqueciendo con desmesura ni que los altos directivos se otorguen unos sueldos de vergüenza teniendo en cuenta la miseria en que vive una gran mayoría, no es delito hacerlo, pero es feo. La apelación estética, aquí, añade algo que la ética no tiene, de la misma forma que una buena película enseña lo que es el mal, o el bien, con más vigor y poder de persuasión que un tratado filosófico o una prédica moral"


Adjunto aquí el enlace a una entrevista entre el filósofo Manuel Cruz, director de la colección, y la autora a propósito de la presentación de este libro.



Lo mejor: Un libro excelente, un gran trabajo de nuestra  galardonado con un importante premio, pero al que no le hacía falta aval alguno para ser recomendado. La autora consigue convencer de que cualquier tratado sobre ética y moral que no tenga presente el variado y complejo mundo de los sentimientos será siempre un tratado incompleto, sesgado y defectuoso. Muy recomendable.


Lo peor: Tengo que nombrar aquí una minucia sin importancia, la cantidad de erratas del texto, fruto seguramente de su apresurado envío a la imprenta y que seguramente habrá sido remediado en las siguientes ediciones y reimpresiones. También tengo que hacer de nuevo alusión a que este no es un texto de autoayuda sino de filosofía, para lo bueno y para lo malo, de modo que hay que verlo como tal... una exposición interesante, lúcida y erudita, pero que no tiene pretensión alguna de "educar" sentimentalmente al lector ni de que este sea más reflexivo a la hora de escoger, si es que puede, las emociones que guían su vida. 

Ese es ya otro terreno muy diferente sobre el que el mismo Aristóteles reconocía su impotencia para conseguir solamente por medio de sus enseñanzas y consejos el fin deseado, Victoria lo recoge en su libro y tengo que citarlo aquí, aun en este apartado a modo de epílogo: "El razonamiento y la enseñanza no tienen, quizá, fuerza en todos los casos, sino que el alma del discípulo, como tierra que ha de nutrir la semilla, debe primero ser cultivada por los hábitos para deleitarse u odiar las cosas propiamente, pues el que vive según sus pasiones no escuchará la razón que intente disuadirlo ni la comprenderá, y si él está así dispuesto, ¿cómo puede ser persuadido a cambiar? En general, la pasión parece ceder no al argumento, sino a la fuerza; así, el carácter debe estar de alguna manera predispuesto para la virtud amando lo que es noble y teniendo aversión a lo vergonzoso".   Aristóteles. Ética a Nicómaco.


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