miércoles, 17 de febrero de 2016

Filosofía de la redención



"¿Quién es, pues, optimista? Es necesariamente optimista aquel cuya voluntad aún no está madura para la muerte. Sus pensamientos y máximas (su cosmovisión) son fruto de su ímpetu y hambre de vivir. Si se le ofrece un conocimiento mejor desde fuera, pero este no echa raíces en su espíritu, o se apodera, ciertamente, del mismo, pero arroja tan solo una especie de frío relámpago en su corazón, pues este es obstinado y duro -¿qué ha de hacer? ¡Pues seguir! - También le llegará su hora, pues todos los hombres, como todo lo demás en la naturaleza, tienen una única meta"



Ficha: "Filosofía de la redención", Philipp Mainländer, Ediciones Xorki, 447 páginas, ISBN: 9788 494 150555

En una de mis inspecciones periódicas de ese gran blog de filosofía que es "El vuelo de la lechuza", me encontré con un artículo dedicado a la primera edición en castellano de la obra de un desconocido filósofo. Philipp Mainländer es uno de esos autores apartados de la filosofía académica, un filósofo prácticamente ignorado en su tiempo cuya filosofía, no obstante, se resiste a morir y caer en el olvido. En cierta forma una paradoja, ya que esa redención de la que nos habla en el título de su obra más importante, no es otra cosa que la muerte y el descanso eterno en la nada.

Decía León Shestov que aquellos filósofos que ponían en pie un sistema filosófico realmente lo que estaban haciendo era rendirse, dejar de moverse, dar por sentado que ya sabían lo suficiente y "acampar", según sus palabras: "Cuando el hombre pierde la capacidad y la fuerza para avanzar, comienza a asegurar que ha llegado hasta el fin, que no hay adonde ni es necesario continuar, que ya es hora de detenerse y empezar a elaborar una concepción del mundo". El símil no podría ser más acertado en el caso del melancólico filósofo germano. Mainländer convencido de que había logrado el objetivo de su vida, un sistema filosófico que pretendía explicar nada más y nada menos que el origen y el destino final del mundo, y también seguramente en medio de un ataque insuperable de melancolía, se quitó la vida un 1 de abril de 1.876, se ahorcó usando una pila de libros enviada por su editor el día antes, precisamente la obra que comento aquí, para alcanzar la soga... no había todavía cumplido los 34 años.




Años antes, en 1.860,  había quedado poderosamente seducido por las ideas expresadas por Schopenhauer en su obra magna "El mundo como Voluntad y Representación", la lectura de ese libro iba a cambiar su vida. Tres años más tarde, a raíz de la muerte de su madre dejó paulatinamente de interesarse por la literatura y la poesía, y se fue centrando mucho más en la filosofía, siempre y de forma autodidacta, al igual que sus anteriores lecturas de literatura, se sumergió en una intensa lectura de los más grandes de la filosofía, desde Platón y Aristóteles, Spinoza, los empiristas británicos hasta culminar en Kant, y por supuesto teniendo siempre como referencia insustituible a su idolatrado Schopenhauer, su obra, esta "Filosofía de la Redención" no es otra cosa en el fondo que un epílogo a la obra del genial cascarrabias de Danzing, no solo completaba su visión del mundo sino que acentuaba mucho más aún su pesimismo... aunque como comentaré un poco más adelante, no es justo catalogar a Mainländer con la etiqueta de pesimista sin más, es que en su caso habría que inventar una nueva palabra. 

La idea central de su filosofía es tan sencilla como inquietante y colosal, el mundo tal y como lo conocemos tuvo su origen en la muerte de un ser omnipotente y singular, más allá de todo cuanto podamos imaginar al que podríamos llamar Dios, este, enfrentado a su soledad, puesto que cuando existía solamente él incluía el universo, la totalidad de todo lo existente en un todo indiferenciado; decidió ejercer su libertad, su libre albedrío en la única acción posible, su muerte. Su omnipotencia le impedía, paradojicamente, disolverse en la nada sin más, pero no su "suicidio". Resultado del mismo es la existencia de este mundo múltiple, surgido de ese otro universo anterior simple e indiferenciado... y es este mundo múltiple, del que hemos surgido los hombres, el que sí que se vuelca en la nada. Porque para llegar a la nada es preciso el paso previo por la vida y la existencia... de modo que la meta del mundo, del hombre, y de todo cuanto existe, no es más que el paso del ser al no-ser. Es la redención de ese "crimen" de existir, el objetivo último de la vida, y el destino del universo... el cumplimiento último por lo tanto de la voluntad de ese Dios primordial.

Como seres inteligentes y auto-conscientes participamos según Mainländer de la naturaleza de ese Dios empeñado en auto-aniquilarse, por un lado hay en nosotros una voluntad creadora, una voluntad de vivir, y por otra parte una atracción fatal por la destrucción y un deseo de descansar en paz, un anhelo de detenernos para siempre y encontrar esa paz que tanto perseguimos sin encontrar nunca del todo. 

En base a esa idea, no ya pesimista sino algo que ya no sé como calificar ¿ultra-nihilismo?, construyó todo un sistema filosófico que se apoyaba sobre todo en la obra de Schopenhauer aunque bebía también de otras fuentes, sobre todo de Kant, y que un servidor ha encontrado también reminiscencias de Hegel en su faceta política. De ahí que en la mayor parte de su filosofía la originalidad brille por su ausencia, Mainländer construyó un colosal edificio... pero me temo que lo comenzó por el tejado, porque de principio a fin, y en esto si que tiene un gran mérito, trata de adaptar y justificar su visión metafísica a partir de todo aquello que conoce.

En el primer capítulo, el titulado "Analítica de la facultad cognoscitiva", altamente especulativo, de inspiración kantiana, le tenemos embarcado en la difícil tarea de explicar el proceso de conocimiento del mundo: sentidos, ideas, "cosa en sí", los límites de la percepción y el conocimiento que podemos tener a partir de la misma, los límites del conocimiento a través de la introspección... y por supuesto el intento de justificar la idea de la Voluntad, esa fuerza ciega que impregna todo y que mueve el mundo, herencia directa del pensamiento de Schopenhauer.

En el siguiente capítulo, el dedicado a la física, le veremos intentando introducir esa fuerza ciega, la Voluntad, en el ámbito de las fuerzas físicas... elementos inanimados incluidos, le veremos disertar sobre la vida, en su ámbito vegetal, animal y humano, pero también sobre el elemento físico... aquí tendrán lugar los mayores dislates y desbarres, explicables en parte por su pobre formación científica, y también por el estado de la ciencia de su tiempo es verdad... resultarán chocantes sus ideas sobre el movimiento planetario por ejemplo y su idea del equilibrio de la Tierra en torno al Sol... por no hablar de ese intento de "meter" con calzador si hace falta la idea, propia de la metafísica, de la Voluntad mezclando, como decimos en castellano churras con merinas. Simplemente curioso ese intento de tratar de encontrar una "teoría del todo" filosófica.

Mucho más interesantes son sus disertaciones sobre la estética en el siguiente capítulo, se nota que ahí si que pisa terreno más firme debido a su formación artística y literaria, y también gracias a su sensibilidad de poeta, no faltarán por supuesto las ideas controvertidas o apreciaciones subjetivas, realmente este hombre no parecía conocer el sentido del ridículo ni el miedo, sino que además todo este capítulo no es sino una justificación de su tesis de porqué el arte y el goce estético no bastan para proporcionar sentido a la vida, por qué este no es suficiente para compensar el vacío de la existencia... de nuevo vuelve a aparecer el fantasma de Schopenhauer que encontraba en la experiencia estética uno de los modos más poderosos para acallar y suspender la influencia de la Voluntad... aunque fuese momentáneamente.

En el capítulo dedicado a la ética, nos encontraremos con sus ideas sobre la posición del hombre en el mundo y su relación con los semejantes, la moral, el bien y el mal... y sobre todo su postura en relación con la abstinencia de la procreación, lo relativo de los actos, y como da igual de cara al destino del mundo lo que hagamos o dejemos de hacer. Mainländer solo veía en la procreación de nueva vida el acto y la decisión más importantes, por cuanto suponía nuestra supervivencia, aunque fuese en forma de descendientes... aunque al fin y al cabo estaba convencido de que el destino del universo hacia la no-existencia era algo completamente inexorable.

Mucho más interesante es el capítulo centrado en la política, contrariamente a su maestro Schopenhauer, que fue un conservador a ultranza, Mainländer era partidario de la consecución de un estado ideal, defendía las pretensiones de los movimientos obreros y sociales de su época en aras de abolir el estado de semi-esclavitud en el que vivía el proletariado... pero no lo hacía por grandeza de corazón o por compasión, simplemente creía que las duras condiciones de vida de la clase obrera les incapacitaba para pensar en otra cosa que en la difícil lucha por la supervivencia del día a día, reforzaba de forma paradójica sus ganas de vivir, reforzaba la influencia de esa fuerza ciega llamada Voluntad... y posponía el fin último del mundo. Solamente a través de la consecución de un estado "ideal", un estado supra nacional, en donde la gran mayoría de sus ciudadanos disfrutasen de comodidades materiales, lujos, y tiempo de ocio podía germinar la idea de la aniquilación total... solamente en un estado que proporcionase la comodidad de la que en aquel momento solo disfrutaban las clases más acomodadas podría darse un paso adelante en el cambio de conciencia, que todo el mundo comprobase de primera mano que los placeres mundanos, el ocio, el conocimiento y demás bienes terrenales no conducían a la felicidad y no colmaban en modo alguno el vacío de la existencia. Era como desear que todo el mundo se haga millonario para que ser millonario pierda todo su atractivo, y hacer despertar de su sueño a la humanidad, pues tras ese estado ideal ya solo quedaba, a su entender, la extinción.

Y al final llegamos al capítulo más importante del libro, el de la metafísica, centrado en especular sobre el origen del universo y su destino según lo apuntado anteriormente. Todo lo visto anteriormente, y que conste que hay un sin fin de ideas y de especulaciones, mucho muchísimo más de lo apuntado aquí, sirve tan solo de apoyo a su cosmovisión, original e ingeniosa, por la que Mainländer hubiera merecido entrar en la puerta grande de la filosofía. Su sistema filosófico es un puente, un eslabón perdido realmente, entre Schopenhauer y Nietzsche, este último leyó a fondo su "Filosofía de la Redención", de ahí sacó su idea de la "muerte de Dios", aunque en un sentido muy diferente del utilizado por Mainländer, y como bien comenta Manuel Pérez Cornejo en la introducción, se portó de forma bastante mezquina con el desafortunado filósofo. No fue el único, Mainländer ha sido "ninguneado" como pocos filósofos en la historia, quizás por su ausencia del ámbito académico y su labor autodidacta, por su prematura muerte... o quizás porque su filosofía se apoyaba en una idea demasiado radical, demasiado desesperanzadora, y a nadie le gustan las malas noticias.

En el club de los pesimistas Mainländer ocupa un lugar muy especial, Schopenhauer llevó una vida acomodada y no dudó en hacer uso de cuantos placeres, estéticos y más terrenales, estuvieron a su alcance, Nietzsche vivió una vida más desgraciada... pero fue un apasionado melómano y un ardiente defensor del valor de la lucha del hombre contra su aciago destino, nuestro Miguel de Unamuno lo podríamos encuadrar también en ese ámbito, el de los pesimistas heroicos, que vieron en la lucha contra lo inevitable un indicio de la grandeza del hombre "vive tu vida de tal forma que tu muerte aparezca como la mayor de las injusticias"... Emil Cioran no dejó de lamentarse y arrojar sus demonios a través de su escritura durante su larga vida sin atreverse a dar ese paso en el vacío... paso que Mainländer dio sin titubeos, aquí no estamos solamente ante alguien angustiado que no ve más que sufrimiento en la vida y desea poner fin a su agonía, vemos también a un pensador "enamorado" de la idea de la muerte, de la idea del descanso definitivo del sufrimiento... esa nada a la que parece arrojarse la existencia no angustia en absoluto al filósofo germano, no hay ni una frase de temor o lamento en su obra por ese final contra el que tanto se revolvía nuestro gran Miguel de Unamuno. Ni un solo lamento por la pérdida definitiva de ese "yo"... y para mí desde luego ahí está la grandeza de Mainländer, semejante a la sencillez de esos maestros budistas de oriente.

Por eso considero, y es solo una opinión, superficial la etiqueta de "pesimista", Mainländer va más allá. Es conmovedora por ejemplo su visión del cristianismo, cómo identifica al budismo, en su esencia, con el mismo, como interpreta a su modo hasta el dogma de la Trinidad cristiana para hacerlo coincidir con su cosmología... y también como su colosal visión de un universo donde predomina la entropía y camina lentamente a su extinción, un universo donde hubo un principio, posteriormente llamado big-bang, aunque podríamos llamarle igualmente Dios, un universo del que ya podemos tranquilamente excluir cualquier elemento trascendente e inmaterial, aunque ahí esté nuestro pensamiento, nuestros sentimientos, ideas etc etc como un resto del genio divino... un universo sin un vigilante, sin guardián, sin niñera... donde estamos fundamentalmente solos y que probablemente camina lentamente hacia su auto-extinción ¿acaso no cuadra perfectamente con el universo que nos describe la ciencia?.



"Dios ha muerto y su muerte fue la vida del mundo"








"Entregándose única y exclusivamente a la vida, de forma cada vez más voraz y llena de apetencias, el hombre actúa sirviendo a los intereses de la naturaleza, sirviendo al mismo tiempo a su propio interés; pues debilita la suma de fuerza del universo, y a la vez su tipo, su individualidad, que tiene una idea especial, y una semiautonomía. Se encuentra en el camino de la redención, y sobre esto no puede haber duda alguna; pero es un camino largo, cuyo fin no puede verse."

Conclusión: Como bien dice el traductor en el prólogo, la escritura de esta obra tuvo lugar de forma "torrencial", el libro hubiera necesitado unos años de reposo y reescritura en algunos apartados, el mismo Mainländer reconoce que no estaba completamente terminado y que necesitaría revisiones y añadidos posteriores en el campo de la física y la historia, debido naturalmente al progreso de ambas; porque en lo fundamental creía firme, y trágicamente por desgracia, en la verdad de su cosmovisión. 

Sin duda si el desgraciado filósofo pudiera contemplarnos desde su tiempo por un lado quedaría horrorizado del intenso materialismo de nuestra era, pero por otro lado quedaría complacido ante la lenta confirmación de sus tesis, y es que hay una relación directa entre la mejora de las condiciones de vida de la población, el aumento del ocio y las actividades de distracción y escapismo que no pueden desembocar en otra cosa que en un vacío existencial si cabe más intenso. Y naturalmente quedaría satisfecho también al conocer el progreso histórico desde su época, ese "avance en espiral" siempre progresivo, aun con grandes retrocesos y calamidades. Pura charlatanería para la mayoría de los pensadores actuales quizás, pero también una cosmovisión y una colección de símbolos y temas que todavía dan que pensar y excitan la imaginación y el intelecto. 


Lo mejor: Un libro enorme, un trabajo de esos que ya no aparecen en el mundo de la filosofía, y que ha sido oportunamente rescatado y traducido, magníficamente, por Manuel Pérez Cornejo y editado por Carlos Javier González Serrano autor del blog mencionado al comienzo. Recomendable a los lectores asiduos de filosofía y especialmente a aquellos que gustan de autores poco conocidos y marginados por la historia oficial. Es inevitable encontrarnos con muchas ideas que nos van a "chirriar", con interpretaciones con las que no vamos a estar de acuerdo, y con las limitaciones de un pensador muy peculiar, y ante todo hijo de su tiempo... pero Mainländer es un autor, sin duda, que merecía un rescate del olvido, estamos ante un filósofo valiente que fue capaz de mirar a la muerte cara a cara, sin dramas personales, y poco menos que decirnos que "no hay para tanto", y también que puesto que ante la misma todos somos iguales, y que es el fin último del universo, y la voluntad última de Dios, quizás deberíamos enfocar de otra forma nuestra vida. 

Lo peor: Aunque durante el desarrollo de la obra en general los términos que se usan quedan suficientemente claros a través de su contexto un glosario no hubiera venido mal, Mainländer al igual que tantos otros filósofos en ocasiones utiliza las palabras con un sentido particular... y no hubiera estado de más un poco de ayuda. Las notas biográficas incluidas saben a poco, quizás no se tenga más información de este filósofo tan curioso, pero hubiera estado bien un apartado introductorio más extenso. Por lo demás un trabajo excelente, sin duda un libro al que se le puede sacar mucho partido y con el que no basta una primera, y superficial aproximación como la mía, la de un lego en la materia, por eso confío en que pronto aparezcan más ensayos relacionados con la obra y vida del filósofo germano.


3 comentarios:

  1. Creo que aciertas plenamente en señalar que el pensamiento de Mainländer, a pesar de las primeras apariencias, no se puede catalogar justamente como pesimismo filósofico. De hecho, su exposición se asemeja más a lo que sería la teodicea, es decir, a la justificación de la totalidad de la existencia en sentido positivo.

    La diferencia peculiar con el resto de pensadores en esa línea es que Mainländer ve la muerte como aniquilación absoluta, y esto como algo bueno en sí mismo, como la culminación del proceso universal. Sin duda, este pensamiento deprime a muchos, pero se trata de algo subjetivo.

    Para Mainländer, la nada se contempla como algo bueno en tanto que nos libera del sufrimiento. Sin duda, esto es muy parecido a lo que postula el budismo, salvo por el hecho de que esa extinción —el nirvana— en el budismo debe alcanzarse con esfuerzo mientras que para Mainländer es un destino inevitable e inherente al propio proceso del mundo. Como bien apuntas, estaría en las antípodas de Unamuno, que también pensaba que el mundo desembocaba en la nada, pero que rechazaba esta aniquilación y deseaba fervientemente conseguir la vida eterna individual.

    La teoría de Mainländer pudiera ser tan cierta como el Eterno Retorno de Nietzsche. Si bien me parece que ni la lógica ni la ciencia apoyan su veracidad. De momento no podemos saber cuál se ajusta a la realidad y es probable que nunca lo sepamos. Supongo que cada uno puede elegir todavía cuál doctrina metafísica considera que es más conveniente o más verdadera.

    Coincido también en que es una buena noticia que se rescaten a pensadores que han sido ignorados o despreciados por el canon filosófico impuesto desde las instituciones académicas. Y también felicito por ello a los responsables de esta iniciativa.

    !Un saludo!

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  2. Muchas gracias Luis por tu comentario, interesante y acertado como siempre. Saludos :-D.

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