domingo, 7 de febrero de 2016

La conspiración contra la especie humana


"Cuando las marionetas terminan su obra vuelven a sus cajas. No se sientan en un sillón a leer un libro, sus ojos rodando como canicas sobre las palabras. Sólo son objetos, como un muerto en un ataúd. Si alguna vez llegaran a cobrar vida, nuestro mundo sería una paradoja y un horror en el que todo sería inseguro, incluido si somos o no meras marionetas humanas"

Ficha: "La conspiración contra la especie humana", Thomas Ligotti, editorial Valdemar, 305 páginas, ISBN: 978 84 7702 789 8

En febrero del año pasado vio la luz la primera edición en castellano de este singular ensayo de uno de los más interesantes, y desconocidos, autores de literatura de terror de nuestro tiempo. Thomas Ligotti es un virtuoso del relato de horror, que en su caso bebe directamente de las fuentes más clásicas del género, muy especialmente de los maestros en la creación de atmósferas siniestras donde se sugiere más que se muestra, donde como en una pesadilla el protagonista se ve arrojado a la contemplación de los aspectos más desconcertantes y angustiosos de la existencia humana. Heredero de Poe, Lovecraft, Machen y otros maestros del género, Ligotti como autor de terror ha explorado sin cesar la angustia de la existencia, su absurdo, la frontera entre la locura y la razón, y esa especial percepción que en un parpadeo puede transformar las cosas más cotidianas y convencionales en algo extraño y fuera de lugar.

Es indudable que la vida que uno ha llevado, con su historial de sufrimiento y alegrías; que las condiciones en las que se nos presenta la existencia tienen que marcar poderosamente nuestra concepción del mundo. De ahí que cuando uno lee un ensayo como este y sabe que su autor tuvo duras experiencias durante la mayor parte de su vida debidas a una ansiedad crónica, y a una incapacidad patológica para disfrutar de los placeres de la vida, bordeando, o cayendo de lleno, en ocasiones en la depresión clínica, pues se explica muchas de las ideas esgrimidas en este ensayo. Entiende, aunque solo sea en parte, esa peculiar visión de la vida considerada como una broma macabra y algo MALIGNAMENTE INÚTIL, pues esta expresión, puesta siempre así en mayúsculas es la tesis que se encargará de defender, brillantemente por cierto, en este ensayo.


Así, de magistral escritor de relatos de horror sobrenatural cambia de registro a ensayista... pero lo hace sin abandonar un ápice su temática favorita, de hecho este es un ensayo donde no solamente pretende hacer participar al lector de su visión, absolutamente pesimista de la vida, sino que también intenta, y consigue desde luego, golpear su conciencia de la misma forma que lo hace en sus relatos de terror, horror y desasosiego, donde elude, según dicen puesto que no le he leído en esa faceta, los golpes de efecto y la sangre , recurso fácil se mire como se mire, y se centra en cambio, en el mucho más difícil arte de crear atmósferas angustiosas de pesadilla sin asomo de final feliz. Tenemos a Ligotti en ese mismo proyecto, con exactamente esa misma intención, desasosegar y golpear el ánimo del lector en un ensayo de "miedo".

Este libro está dedicado a la memoria de un oscuro y desconocido filósofo noruego, Peter Wessel Zapffe, cuya obra "El último mesías" seguramente inspiró a T. Ligotti a escribir este libro y que constituye la referencia más citada de la misma. Este consideraba la existencia humana un error y una aberración de la naturaleza, no nuestra vida animal en sí, sino nuestra naturaleza animal acompañada de consciencia humana, para él la mejor solución para evitar el sufrimiento humano, ese tan especial que no compartimos con el resto de las especies y que no es otro que la consciencia de nuestra extinción y muerte, fuente indudable del desasosiego y el vacío humano empeñado en encontrar un sentido a lo que según Wessel Zapffe no lo tiene, a la vida; la solución propuesta no era otra que la extinción programada de la especie humana. Es algo terrible pero que posee una lógica implacable, si partimos de la premisa de que la vida es ante todo sufrimiento, el peor pecado, el peor crimen imaginable es traer a otro ser humano a la vida para que sufra, y el peor destino posible sería por tanto esa rueda de reencarnaciones interminables en las que creen algunas religiones, y la idea más abominable jamás expresada sería aquella que aventuró Nietzsche sobre "el eterno retorno", o la eterna repetición una y otra vez de la misma vida en sus más pequeños detalles. En este contexto la idea de una extinción programada que libre al mundo de nuestra existencia y evite sufrimientos futuros a nuestra descendencia parece bastante "razonable", máxime cuando según Ligotti la esencia de un pesimista no es pensar que la muerte sea preferible a la vida, porque eso nos llevaría a buscar el suicidio como vía de escape, sino que lo más preferible de todo sería el hecho de no haber siquiera nacido.

MALIGNAMENTE INÚTIL.
Ligotti no se hace ilusiones, sabe perfectamente que su ensayo no va a convencer a nadie de lo "correcto" de su visión, sabe, y así lo expresa una y otra vez, que la inmensa mayoría de los seres humanos vive presa de esa suerte de auto engaño donde eludimos pensar en los aspectos más duros de la existencia, evitamos pensar en la muerte, evitamos intentar imaginar siquiera cómo podría ser nuestro fin o esa nada a la que podría desembocar, miramos para otro lado, disfrutamos de lo bueno que la vida nos ofrece, nos entretenemos con mil ocupaciones, nos divertimos, nos preocupamos, nos angustiamos por tonterías, discutimos sobre deportes, religión, política, contamos chistes, leemos y nos evadimos como podemos para ser lo menos conscientes posible de ese vacío impensable al que nos dirigimos, de esa tumba a la que día tras día, paso tras paso nos acercamos de forma implacable.

Porque si algo hay que no admite discusión, si hay una verdad que es innegable y que está siempre omnipresente en la vida es la certeza de la muerte. La consciencia permanente de la misma, la ansiedad y el vértigo que produce, es para Ligotti una maldición inseparable de nuestra condición, un elemento indisoluble de nuestra naturaleza que no debería estar ahí, que solamente el ser humano posee al ser el único animal con conciencia de su futura muerte. Eso convierte al ser humano en una aberración de la naturaleza, en un ser fuera de lugar, un ser maldito sin posibilidad alguna de redención. De ahí que pensar en la muerte individual como fin del sufrimiento es quedarse corto... que un fin ideal, un fin que cortaría de raíz el sufrimiento humano, sería no otro que nuestra extinción programada como especie, negarnos a tener más hijos, ayudar a quienes deseen dar el paso y en una, dos o tres generaciones, culminar la tarea librando al mundo y al universo de la existencia de este ser de pesadilla, ese aborto deforme de la naturaleza que para el autor es eso que llamamos "ser humano". Cómo veis la temática del ensayo es "preciosa" ;-).



Ligotti ha llenado este ensayo de múltiples citas y referencias a otros autores, aparte del mencionado filósofo noruego veremos también referencias a Edgar Allan Poe, en particular a su magnífico relato "La caída de la casa Usher", pieza maestra de la ambientación siniestra e insana, y también a ese genio del terror que fue Howard Phillips Lovecraft, no solamente en sus obras sino también en alguno de sus ensayos sobre la literatura de horror y el significado de la cosmovisión reflejado en la misma. Dos autores de sobra conocidos por los aficionados no solo a la literatura de terror sino a la literatura en general, ya que su genialidad les hizo sobresalir e ir mucho más allá del nicho literario de la literatura de género.

El universo de pesadilla mostrado en sus obras, ese universo sin escapatoria, ese universo indiferente al sufrimiento humano y completamente ajeno a nuestros deseos, ese universo donde el hombre se ve perdido, como un fantasma que volviera de la tumba, y el paisaje en principio más bucólico, sublime y encantador puede transformarse de súbito en algo venenoso y amenazador, completamente extraño, pues es nuestra imaginación, nuestra percepción, la que transforma aquello que es neutro e indiferente en hermoso o siniestro... y no hay más verdad en una visión que en la otra.

Que nadie espere encontrar en este libro una simple colección de citas que respaldan la visión pesimista del autor, que las hay en buena cantidad, o una colección de exabruptos incisivos y cortantes contra la vida, que también abundan de principio a fin, Ligotti conoce perfectamente cuales van a ser las objeciones del lector a esa visión del mundo tan macabra, pesimista y descorazonadora, lo sabe muy bien, y con perseverancia y me atrevería a decir con un toque considerable de refinado sadismo va a anticiparse a las posibles salidas y vías de escape, cerrándolas una tras otra, tratando de vapulearnos, de tocarnos en la fibra sensible, de patear nuestros argumentos una y otra vez sin piedad hasta reducirnos a la impotencia... el libro no afloja la presión en ningún momento, no hay visos de esperanza, no hay disculpa alguna sobre la vida, no hay salida, no hay redención posible de ese pecado mortal que constituye el estar vivo. 

Finalmente adquiere visos más literarios y nos ofrecerá, mitad ensayo mitad relato de terror, algunas visiones tan crudas como contundentes... hay partes de este libro que parecen destinadas a horadar la conciencia del lector y dejarle sin dormir en más de una noche, ese relato por ejemplo sobre la presencia de la muerte en lo cotidiano, en ese figurado accidente de tráfico es simplemente impresionante, acojonante, de lo mejor que leído... no hay duda de la pericia y buen hacer, de la genialidad me atrevería a decir, de este loco autor de relatos de horror. Stephen King o Clive Barker a su lado no son otra cosa que fantoches que no asustarían ni a una débil e impresionable criatura; y es que el mayor horror de los horrores no es ese universo amenazante que nos rodea y que alberga monstruos en su seno, el mayor horror de todos es comprobar que los monstruos somos precisamente nosotros, no los busquemos fuera.

"Esos ojos que no parpadean siguen brillando en el espejo, los ojos de esa cara que sonríe demasiado y durante demasiado tiempo. Y sientes que tu cara también sonríe, que tus ojos tampoco parpadean. El secreto que nunca quisiste saber se revela ahora en tu cabeza: que te hicieron como te hicieron y te manipularon para que te comportaras como te comportabas. Y a medida que el secreto se abre paso en tu cabeza, la sonrisa de esa cara del espejo se estira por las comisuras. Lo mismo hace la tuya, haciendo lo que le ordenan. Las dos caras sonríen a la vez con la misma sonrisa. Se ensancha hasta alcanzar proporciones demenciales. Al fin una voz largamente contenida grita: ¡Qué es esta vida! Pero solo responde el silencio, burlándose de todas las esperanzas absurdas que una vez tuviste."

El libro nos llevará por los temas más variados, desde la literatura y el aspecto sobrenatural de la visión del mundo, sin duda su especialidad, el auto engaño constante en el que vivimos y la presión social y mediática constante para apoyar dicha visión engañosa, la falsa construcción de un "Yo" que haga funcionar la máquina, la estafa de las religiones... no solamente del cristianismo, judaísmo e islam, sino también del budismo. Es curioso como en este último caso apenas dedica un párrafo, insultante a las tres grandes religiones, claramente no desea ni gastar tinta, tiempo o saliva en expresar su desprecio más profundo a las mismas, y en cambio se recrea en el budismo y su aparente visión correcta, desde el punto de vista materialista, del mundo... se nota claramente como Ligotti, aunque no lo reconozca, se acercó al budismo  probablemente intrigado en busca de ¿verdad? ¿consuelo?, o simple curiosidad. El caso es que le dedica unas páginas realmente interesantes aunque finalmente lo termine desechando con el resto de consuelos religiosos o de cualquier tipo. Ni siquiera la ciencia y la visión científica del mundo sale mejor parada, aunque la versión más materialista y mecanicista de la misma parezca respaldar su descarnada, y espantosa, visión del ser humano como anomalía de la evolución, como algo que no debería haber ocurrido, no comparte el optimismo científico y esa obsesión por conocer, esa curiosidad por indagar en la naturaleza humana y del universo... porque cree que en el fondo no hay nada impresionante ahí, solo los íntimos resortes, los pequeños mecanismos constitutivos de un sinsentido, una especie de búsqueda interminable de una nada vacía e inútil. El espacio dedicado a aquellos fascinados o partidarios del post-humanismo, ultimamente tan de moda, que sueñan con una futura y próxima evolución del ser humano, acelerada por la tecnología y la ciencia también se llevan lo suyo... y en este caso participo plenamente de la visión irónica y pesimista del escritor americano.

Conclusión.
Si hace unas semanas recomendaba un libro cuya filosofía me parecía resueltamente optimista, hoy comento aquí un libro que está en el otro extremo, ambos y por motivos muy distintos me parecen igual de interesantes. Este es un libro que sin duda haría las delicias de los lectores habituales de Emil Cioran, y que sería citado y recomendado sin dudarlo por Alberto Domínguez en su ensayo sobre el filósofo franco-rumano si hubiera salido a la luz hace más tiempo. Quien pensara en su momento que no hay fondo más negro y pesimista que el mostrado por Cioran y sus escritores de referencia se equivoca de plano. Porque si el refinado filósofo era un reconocido melómano, como lo eran también otros pesimistas famosos, Schopenhauer y Nietzsche, en este caso tenemos a un pesimista morboso, un pesimista que de la forma más retorcida posible encuentra alivio en la contemplación del horror en sí, un autor que ha sublimado su peculiar angustia vital, no en la música como los filósofos citados, ni siquiera en el montañismo, como su admirado W. Zapffe, sino en la indagación y la exposición del horror en estado puro. No solamente estamos ante alguien que no evitaría la vista de un cementerio sino que salta voluntariamente la verja en plena noche y se adentra a ver que encuentra en él, y para eso hace falta una peculiar naturaleza, una singular forma de ser y un considerable valor, cualidades que Ligotti parece poseer en grado sumo.

Personalmente no creo que un final defina una obra, opino que el breve paréntesis entre nuestro nacimiento y muerte por breve que sea es una oportunidad única para demostrar lo que se puede llegar a hacer, y si no, un valor en sí mismo mientras la vida se presente en condiciones aceptables. Ni defiendo la vida por la vida en sí, ni me parece un error o una abominación. ¿Por qué tendríamos que considerar la visión de un místico o un artista que se queda extasiado ante la contemplación de un paisaje, inferior a la de aquel que solo ve tinieblas incluso en el día más soleado?. Para Ligotti el mundo entero vive sumido en un engaño, seguro que la posibilidad de que sea él quien se auto engañe se le ha pasado por la cabeza... para un pesimista tan extremo los demás mortales somos como esas cucarachas que huyen ante la luz, una luz que él mira fíjamente, y quizás tenga razón en parte, pero como en el caso de Cioran me temo que un exceso de "lucidez" termina cegando igualmente.

Destaco dos artículos sobre este libro encontrados en la red, el primero de un excelente blog que deseo que tenga continuidad en el futuro "El quimérico lector", y sobre todo el post de este blog dedicado a la literatura.

 "Una cosa sabemos que es real: el horror. Es tan real, de hecho, que no podemos estar seguros de que no podría existir sin nosotros. Sí, necesita nuestra imaginación y nuestra consciencia, pero no pide ni necesita nuestro consentimiento para utilizarlas. En realidad, el horror actúa con completa autonomía. Generando estragos ontológicos, es la espuma metífica sobre la que nuestras vidas simplemente flotan. Y finalmente debemos aceptarlo: el horror es más real que nosotros."


Lo mejor: En definitiva un ensayo magnífico, brillante en su ejecución, monstruoso y terrible en su temática, que no puede dejar indiferente a nadie, independientemente de comulgar o no con las ideas defendidas por su autor, que muestra el buen hacer de un maestro en su género. Lleno de frases incendiarias y demoledoras, lleno de amargura pero también de una convicción implacable realmente rara en los tiempos que corren. Si alguien pensaba que había visto en la obra de Schopenhauer o Emil Cioran el fondo del pesimismo, el final del callejón sin salida se equivoca, Ligotti, de la mano de Zapffe y sus referencias literarias va aún más lejos todavía. Buscaré sin dudarlo alguno de sus libros editados en castellano con recopilaciones de sus relatos de horror, en cuanto se me pase el susto claro ;-). A todo quien se pregunte ¿qué de bueno puede haber en un autor semejante que defiende lo aparentemente indefendible? respondería que su visión descarnada de la existencia humana tiene también de forma indudable su lado bueno, como la tiene la del resto de los pesimistas de la literatura y la filosofía, es inevitable... como dicen los taoístas ¿alguien ha visto alguna vez algún palo con un solo extremo?, y el lado bueno a mi modo de ver, al igual que podría decir de otros pesimistas como Cioran o Schopenhauer es su capacidad para decir verdades incómodas, lo que constituye paradojicamente todo un bálsamo en estos tiempos extraños que corren donde parece obligatoria la opción del optimismo vital, y donde a la vez el pesimismo se filtra inevitablemente por todos los rincones.

Lo peor: ¿Por donde empiezo?... nada que achacar al estilo y al buen gusto del autor en lo referente a su estilo y sus referencias filosóficas y literarias, pueden ser peculiares, pero nunca diría que son vulgares, más bien tendría que decir en el aspecto negativo que solamente aporta aquellas que le hacen la rosca, o a otras que si bien coinciden en buena parte con su visión de la vida, sí que poseen elementos débiles sobre los que hace blanco a placer. En ocasiones se mete en camisas de once varas y mete la pata hasta el fondo... ¿a qué cuento viene esa condena de la naturaleza como cómplice de nuestro sufrimiento?... creo que es llevar las cosas demasiado lejos, es elegir una trayectoria rectilínea y seguirla de forma inflexible, caiga quien caiga, es en definitiva la opinión desquiciada de un ser humano que ha sufrido mucho, que se cree condenado y que parece querer extender su sufrimiento y dolor a modo de consuelo, porque aunque el ensayo se presente supuestamente con una intención justamente contraria, es decir, defender la opción de la auto extinción de la raza humana para acabar con el sufrimiento, en el fondo su visión que parte del dolor y la desesperanza ¿por qué no iba a promoverlos al final?. Alabo su sinceridad y su falta de paños calientes, ese estilo tan directo y tan franco, tan políticamente incorrecto... pero no dejo de pensar en las brazadas y manotazos desesperados de alguien que se ahoga cuando le leo. Al final solo es un libro, un libro feo, tan reseñable y tan olvidable como cualquier otro.

2 comentarios:

  1. No he leído el libro, pero gracias a tu reseña creo que me hago una idea bastante aproximada de su contenido. Sí que he leído con cierto detalle a Schopenhauer y a Cioran, así que esta línea de pensamiento me resulta familiar.

    El problema del pesimismo —que me parece que ya señalas en tu reseña— es que se trata de una postura sesgada y arbitrariamente subjetiva. El sufrimiento abunda en el mundo, es cierto, pero de la existencia del sufrimiento no se justifica una condena del mundo. Para poder juzgar el mundo imparcialmente tendríamos que apelar a un criterio que desde fuera del mundo nos permitiera valorarlo globalmente. Pero fuera del mundo no hay nada, por definición.

    Además, el placer y la felicidad también abundan igualmente, ¿por qué debemos condenar el mundo por la existencia del sufrimiento en lugar de celebrarlo por la existencia del goce? El pesimista sólo puede argüir que él no desea el sufrimiento y quiere su eliminación. Pero eso es un simple deseo personal y no un criterio moral que justifique una condena sobre el sufrimiento o sobre la existencia consciente en general.

    Los pesimistas acusan a los optimistas de adoptar una postura sesgada que hace prevalecer un aspecto positivo de la existencia sobre todos los demás —y pueden tener razón— pero la suya propia no es menos sesgada y subjetiva que el propio optimismo.

    Por cierto, después de todos estos años sigues siendo uno de mis blogeros favoritos y te sigo leyendo habitualmente. Enhorabuena por tu labor y perseverancia.

    Un saludo.

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  2. Muchísimas gracias por tu comentario Luis, me alegra mucho que sigas asomándote por aquí. Un saludo.

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