sábado, 15 de octubre de 2016

Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie

"Ninguna política se ha de fundar en la decisión de exterminar al adversario; no solo -y ya es mucho- porque moralmente es una abominación, sino porque, además, es materialmente irrealizable; y la sangre injustamente vertida por el odio, con propósito de exterminio, renace y retoña y fructifica en frutos de maldición; maldición, no sobre los que la derramaron, desgraciadamente, sino sobre el propio país que la ha absorbido para colmo de la desventura"

Manuel Azaña. 18 de julio de 1.937



Ficha: "Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie", Juan Eslava Galán, Editorial Planeta, 400 páginas, ISBN: 9788 408 114635

Cuenta el autor que un día reunido con Arturo Pérez-Reverte y Fito de Cózar en un bar de Jaén, Arturo le preguntó por el libro que andaba escribiendo, a lo que Juan Eslava le contestó, -todavía no tiene título. Es una historia de la guerra civil que no le va a gustar a nadie-, -Ése es el título-, le contestó Arturo.

Si hay un tema en España que todavía es capaz de tocar la fibra sensible es precisamente el de la guerra civil, parece mentira que en julio de este año se hayan cumplido 80 años desde su inicio y que estemos todavía así. Todavía andamos liados con recriminaciones de unos y a otros, todavía con heridas sin cerrar y sobre todo seguimos sin poder pasar página y ver el tema sin apasionamiento y con un poco de objetividad.

Dicen, y es verdad, que la historia la cuentan los vencedores, durante muchos años hubo una "versión oficial" de lo ocurrido llena de mentiras y medias verdades, había que justificar aquel monstruoso baño de sangre y alabar al poder constituido literalmente sobre decenas de miles de cadáveres, en su gran mayoría de gente inocente de otro crimen salvo el de no pensar igual que el gobierno... tras la muerte del dictador llegó el cambio de régimen y llegaron también otras versiones del conflicto, y aquellos que fueron pintados primero como unos desalmados que querían destruir el país y provocar una sanguinaria revolución empezaron a aparecer como unos defensores de la legalidad y unos luchadores por la libertad ¿en qué quedamos?... hoy encima asistimos a un nuevo "revisionismo" de falsos historiadores que quieren volver a dar otra vuelta de tuerca al asunto y en un "más difícil todavía" pretenden hacernos comulgar con ruedas de molino adelantando incluso la fecha del estallido de la guerra a 1.934... nos guste o no, la Guerra Civil Española sigue dando trabajo a los historiadores, vendiendo libros y ocupando su parcela de actualidad. Ahí está esa Ley de Memoria Histórica que pretende restañar heridas, eliminar símbolos del antiguo régimen, y devolver un poco la dignidad a las familias de represaliados cuyos huesos descansan hoy todavía bajo las cunetas. Y claro, eso molesta a algunos que no ponen por ejemplo objeción alguna a la beatificación de religiosos asesinados en dicha guerra... incluso hoy ochenta años después todavía la Guerra Civil sigue siendo usada con fines políticos por unos y otros, vamos para lo de siempre, para al final fomentar la división sin llegar a ninguna parte... y es que los españolitos somos especialmente negados a la hora de pasar página, y únicos a la hora de encontrar motivos para el enfrentamiento.



La verdad es tan terca como incómoda, de ahí que Juan Eslava se ha metido voluntariamente en un avispero con este libro, sabiendo de antemano que ofrecer una visión cruda y realista de lo acontecido en aquellos años terribles, sin un marcado viraje a la izquierda o a la derecha, iba a hacer que le llovieran tortas desde ambos lados.



No, definitivamente España no necesitaba un conflicto a gran escala ni un golpe militar para evitar ningún mal mayor ¿puede haber algo peor que lo que sucedió?, ni tampoco la Segunda República era un régimen precisamente ejemplar... el radicalismo revolucionario de unas izquierdas, anarquistas incluidos, que miraban con esperanza a la URSS y sus experimentos de ingeniería social, ni el extremismo reaccionario de grupos de extrema derecha, CEDA y Falange, que se identificaban con los fascismos europeos en auge en aquel momento, podían traer nada bueno. La verdad es que en los meses anteriores al estallido de la guerra la situación política se había convertido en un polvorín... pero también es verdad que el golpe de estado se estuvo fraguando durante años. Aunque no se hubiese asistido a la escalada violenta del asesinato del teniente Castillo y sobre todo al de Calvo Sotelo, el dispositivo golpista se hubiera puesto en marcha igualmente.

Solo este clima de violencia y tensión acumulada podía explicar que desde el comienzo del conflicto y antes de que terminase el año hubiesen fallecido en España, no ya en los enfrentamientos armados... al fin y al cabo una guerra es una guerra siempre, sino ante los pelotones de fusilamiento, muchos miles de españoles, realmente en aquellos meses hubo muchos más asesinados por motivos políticos que muertos en combate. Hoy afortunadamente, a pesar de que todavía queda algo de aquellas "dos españas" por desgracia en el plano ideológico, cuesta mucho trabajo imaginar una situación parecida, ni podemos tampoco enjuiciar a sus protagonistas con los baremos actuales porque tampoco la Europa en la que se encuadraba aquella España es siquiera parecida.

No, ni la versión de la cruzada liberadora destinada a salvar la patria de unos malvados enemigos, ni la de los valerosos defensores de la libertad derrotados injustamente por la supremacía armamentística de un enemigo superior en medios se sostienen. Fue una carnicería sin igual, donde para la mayoría la pertenencia a uno u otro bando se debió a causas puramente accidentales, y donde más valía guardar las apariencias ante todo. Naturalmente que hubo ideología, a porrillo, posiblemente ninguna guerra ha sido tan politizada como aquella que libraron nuestros abuelos, y bisabuelos para las generaciones más jóvenes, pero seguramente quitando un pequeño porcentaje de idealistas y fanáticos los españoles de a pie hicieron lo que han sabido hacer siempre muy bien a lo largo de la historia, sobrevivir como sea... si tocaba levantar el puño y apoyarlo en la sien para cantar la "Internacional" o si tocaba levantar el brazo en alto, cantar el "cara al sol" y acudir a misa cada domingo... pues se hacía y en paz.

Ejemplos de esto lo tengo en mis dos abuelos, uno se echó al monte y se escondió para evitar que lo alistaran los milicianos, el otro se vio enrolado, con mejor o peor fortuna, en la Guardia de Asalto al poco de empezar la guerra y pasó la guerra en Jaén... de allí pasó como todo "rojo" por un campo de concentración al terminar la guerra, donde pasó más hambre que el perro del afilador, pero sobrevivió, otro familiar mío, un tío de mi madre, sí estuvo en el frente pero se limitó a pasar la guerra en la trinchera "disparando para donde me decían que estaba el enemigo"... hubieron muchos que se implicaron ideológicamente en la guerra, por supuesto, pero leyendo el libro de Juan Eslava uno tiene la sensación de que había que hacer realmente pocos méritos, muy pocos, para merecer un puesto en la fila de turno delante de la tapia del cementerio.




Cincuenta mil asesinatos en la zona republicana, ciento cincuenta mil en la zona nacional... más otros cincuenta mil de propina al terminar la guerra en la represión que siguió. La misma furia, más sistemática y metódica en el bando nacional eso sí, pero igual de encarnizada.

Demasiada sangre por todas partes, la República perdió muy pronto la guerra... prácticamente desde el principio se comportó como un boxeador que está KO técnico, que sigue de pie aunque falla todos los golpes y solo le queda ya un traspiés para caer a la lona. Nunca en la historia ha ganado una guerra el bando que divide sus fuerzas y pierde el tiempo en conflictos internos, un gobierno impotente a la hora de poner disciplina y dirigir el esfuerzo de guerra tenía forzosamente, antes o después, que perder. Demasiadas divisiones internas, demasiados errores, demasiados puntos diferentes de vista... o se metía la pata, o se mostraban incapaces de aprovechar los aciertos cuando los había, mucha mala suerte... pero también mucha chapuza "made in Spain", y es que organizar una guerra cuando careces casi por completo de ejército y tienes que echar mano a voluntarios sin instrucción militar no es una tarea fácil.

El país tuvo muy mala suerte con los políticos y dirigentes, militares y civiles, que le tocaron en suerte... y solamente el espíritu de sacrificio y la entrega de muchos miles evitaron que Franco y sus tropas profesionales ganasen la guerra ya en 1.936. Alguna versión sobre el conflicto leí hace muchos años, claramente girada a la izquierda, donde su autor parecía sostener la tesis de que la victoria de la República pudo haber sido posible. Es verdad que los militares rebeldes y sus partidarios se encontraron en algunos momentos con dificultades, la aventura golpista no les salió gratis precisamente, y que el gobierno republicano tuvo importantes medios económicos y humanos, pero está muy claro desde el principio que supieron aprovechar todas las situaciones favorables que se les presentaron y mantuvieron un mando unido y disciplinado, no exento de visiones diferentes y desavenencias pero con la vista puesta siempre en el objetivo final por encima de todo, la victoria. Justo lo contrario que en el bando republicano donde en los primeros meses solo "marearon la perdiz". La diferente calidad y cantidad de la ayuda recibida del extranjero hicieron el resto... pero da la impresión de que Franco hubiese podido ganar incluso con bastante menos de lo que tenía en vista de la jaula de grillos que tenía enfrente.

Por ejemplo en la batalla más grande de la guerra, la Batalla del Ebro, la aviación republicana hizo aparición en escena al segundo o tercer día... y luego de forma esporádica, y eso en una operación planeada por el estado mayor republicano ¿y si aquello hubiese comenzado como iniciativa del bando rebelde?... el bando nacional siempre operó con eficacia y supo manejar sobre el terreno sus armas... de hecho la guerra no se terminó antes debido a que Franco no era ninguna lumbrera como estratega y porque aparte de los motivos puramente militares mezcló motivos políticos en sus decisiones, como por ejemplo el desviarse del camino a Madrid para liberar el Alcázar de Toledo, o negarse a atacar Cataluña o Valencia dejando al ejército del Ebro atrincherado frente a Gandesa. 

El libro de Juan Eslava es prolijo en historias, todas reales, y en detalles sobre el curso de los acontecimientos, como si de una novela de intriga se tratase va desgranando capítulo a capítulo los avatares de la guerra, denunciando tanto los crímenes de unos como los de los otros (hunos y "hotros" como los llamaba Miguel de Unamuno en plan despectivo). No descubrirá casi nada importante a cualquier lector bien informado sobre el tema de nuestra guerra civil, pero a cambio ofrece una visión desapasionada y realista... ¿sesgada hacia algún lado?, imagino que para algunos evidentemente les parecerá una visión "izquierdosa" al subrayar la política de terror sistemático de los rebeldes, otros podrán tildarla de "reaccionaria" al señalar los numerosos errores del gobierno republicano y su incapacidad para poner coto a los crímenes de muchos desalmados que empuñaron las armas supuestamente en su defensa, pero creo que si una obra sobre nuestra guerra civil se lleva críticas de ambos lados es que va por el buen camino.

Personalmente me ha sorprendido gratamente en algún que otro asunto, y me ha interesado especialmente el espacio dedicado al papel de la Iglesia Católica por su responsabilidad y falta de caridad cristiana durante, y después del conflicto. La misma ha sido habitualmente considerada principalmente víctima del conflicto, y lo es por supuesto, ahí están sus más de seis mil miembros asesinados en la zona republicana, un dato completamente objetivo (y terrible), pero también hay que contar con su papel directo no solamente en el apoyo ideológico al bando de Franco durante y tras la guerra, con aquellas incendiarias soflamas lanzadas desde los púlpitos animando a los fieles a luchar y matar en la "cruzada", sino su participación activa en la represión franquista, y no solamente de republicanos implicados en crímenes... vamos que esos seis mil mártires durante el conflicto fueron oportunamente "vengados" y por triplicado como poco. Tampoco conocía aquel intento de secuestrar a Franco en un vuelo de Salamanca a Sevilla, o los detalles de algún que otro enfrentamiento "menor"... y por supuesto las anécdotas, no todas tristes o terribles, que se cuentan en el libro que cuenta con una abundante provisión de documentos muy interesantes.


Lo mejor: Un libro en la línea de los que escribe Juan Eslava, instructivo, ameno, muy bien documentado, lleno de anécdotas y datos históricos, bien narrado... naturalmente no pretende ser un libro exhaustivo con sus 400 páginas sobre un conflicto tan complejo y apasionante como la Guerra Civil sobre el que se ha escrito tanto,  pero será difícil encontrar un trabajo más ameno y entretenido que este sobre el tema. Sin duda es el libro que yo recomendaría a aquel que desee empezar leer algo sobre la más mortífera y cruel guerra de nuestra historia.

Lo peor: No es un libro tan "rompedor" como promete, al menos a mí no me lo parece, y seguramente no levantó polémica alguna en un mercado ya saturado de obras sobre la Guerra Civil que pareció ponerse de moda hace diez años. Dudo mucho también que figure entre los favoritos de los aficionados a la historia, los hay mucho más ambiciosos, de mayor prestigio y que aportan muchísima más información al lector curioso.

lunes, 10 de octubre de 2016

Ludwig Wittgenstein, aprender a pensar


Ficha: "Wittgenstein", colección "Aprender a pensar", RBA Editores, 156 páginas, ISBN:  978 84 473 8555 3

En general los grandes filósofos son gente bastante atípica y extraña, sin embargo incluso entre la gente que nos puede resultar "rara" hay diferentes grados, Ludwig Wittgenstein resulta inusual incluso entre el conjunto de los filósofos que han pasado a la posteridad. Nos encontramos ante un personaje original en grado sumo, sin comparación posible con ningún pensador anterior o posterior a él, un filósofo al que de haber vivido en el pasado le hubiera gustado ser, según sus palabras, el incendiario de la biblioteca de Alejandría, un filósofo que se hubiese sentido feliz de aniquilar la filosofía, tal y como se entendía antes que él, y convertirla en otra cosa... si en un post anterior dedicado a William James, a este pensador norteamericano le hubiese gustado aunar filosofía y literatura, despojando a la filosofía de toda pretensión de encontrar la Verdad, con mayúsculas, Wittgenstein quería convertir la filosofía en una ciencia terapeútica, en una disciplina completamente ajena a la búsqueda de respuestas y centrada en la crítica al pensamiento como tal.

Para Wittgenstein había algo más importante que la búsqueda de las respuestas, el análisis de las preguntas, destapar las contradicciones, las incongruencias lógicas y los absurdos que permiten "disolver" la pregunta en sí, porque una vez eliminada la pregunta por ilógica o absurda la respuesta deja de tener sentido. Una forma un tanto retorcida de buscar la verdad, pero mucho más sencilla y asequible que los hasta entonces laberintos interminables de la filosofía tradicional y la metafísica. Wittgenstein pretendía llevar un poco de cordura a la filosofía... y de paso aniquilarla en su forma tradicional.

Se compara a este filósofo austriaco en ocasiones con Sócrates, en el sentido de la importancia que le daba a la conexión íntima entre la vida personal y el pensamiento, en que para él era tan importante ser consecuente tanto con la propia vida como con las ideas, y sostener la armonía entre forma de pensar y vida a toda costa. También me recuerda en ese aspecto a Spinoza, en quien se inspiró un poco en el título de su obra más conocida el "Tractatus lógico-philosophicus", por aquel "Tratado Teológico-Político" del filósofo judío holandés.

La honestidad personal e intelectual fue siempre la piedra de toque, la base fundamental de la filosofía de L. Wittgenstein, y en esa línea fue más lejos que ninguno de los grandes filósofos del siglo XX. Aunque acusado de "banal" por algún que otro filósofo, me refiero al Sr. Bunge, y generalmente incomprendido, incluso por algunos que se declararon fervientes admiradores de su filosofía, lo cierto es que se ha ganado un lugar de honor en la historia del pensamiento filosófico del pasado siglo y sus ideas forman parte de la que se estudian, o estudiaban, en el bachillerato... aunque otra cosa es que se le entienda... recuerdo cómo comentaba un compañero de clase en el bachillerato con sorna "mi filósofo favorito es Wittgenstein, al decir aquello de "de lo que no se puede hablar lo mejor es guardar silencio" pues no se dice nada y ya está" :-). Y aunque no estoy de acuerdo con Bunge en que sea un filósofo "banal", no lo es para nada, pero sí en cambio creo que se puede "banalizar" con facilidad su pensamiento, vamos que de la misma forma que se pueden defender barbaridades defendiendo las ideas de Nietzsche o frivolizar con el pesimismo de Schopenhauer, se puede reducir el pensamiento de Wittgenstein a una simple caricatura, y es que aunque las conclusiones de su pensamiento son relativamente simples el trabajo intelectual que lleva a ellas es simplemente formidable, es como la parte oculta del hielo de un iceberg.



Podríamos estar ante un filósofo de "medio pelo", alguien cuya filosofía quedó aparcada en la cuneta y aun así seguiríamos estando ante un ser humano fascinante, al menos en lo que a biografía se refiere. Estamos ante un filósofo que abandonó una carrera de ingeniería aeronáutica para dedicarse a la filosofía, que renunció a una cuantiosa herencia familiar que le hubiera permitido vivir desahogadamente porque lo consideraba deshonesto, que vivió en soledad durante largos periodos de tiempo en una cabaña en los bosques de Noruega para centrarse en su trabajo intelectual, que participó en la guerra de forma voluntaria pero sin empuñar un arma, trabajando como camillero en la primera guerra mundial, y como ayudante en un hospital durante la segunda... a alguien que consideraba muestra de deshonestidad no mirar cara a cara a la muerte y que se presentaba voluntario para operaciones en primera línea de fuego... en definitiva todo un personaje al que podríamos llamar de todo menos desleal consigo mismo y sus ideas... aunque alguna vez las circunstancias le forzaron a serlo hasta cierto punto, algo que pesó en su conciencia hasta el final de sus días.

Wittgenstein era un filósofo con un carácter nada fácil, excéntrico, en cuestiones intelectuales era profundo, vehemente, apasionado, de pensamiento directo y afilado como una cuchilla de afeitar, alguien extraordinariamente inteligente, un genio teniendo en cuenta la conmoción que creó en  la filosofía en la época en la que le tocó vivir, que no solamente cargó contra todo lo que creía erróneo y desviado de la búsqueda de la verdad, sino que no tuvo reparos en atacar con el tiempo sus propias ideas y reinventarse a sí mismo... de ahí que se hable de "dos" Wittgenstein, aquel primero que gira en torno al mencionado trabajo que le hizo famoso y único que vio publicado en vida, "Tractatus lógico-philosophicus", y el "segundo", aquel cuya obra capital es "Investigaciones Filosóficas" donde en cierta forma se desdice de muchas de sus ideas anteriores... el primero que pone a la lógica y el análisis lógico del lenguaje en el centro, y el segundo que eleva a la gramática al rango de materia fundamental para reinventar la filosofía y entender la forma en la que pensamos y vemos el mundo.

En el coleccionable de RBA, que comento aquí, nos vamos a encontrar con un pequeño ensayo que nos acerca a la vida y obra de este peculiar filósofo, su origen en el seno de una rica familia en el decadente imperio austro-húngaro de antes de la primera guerra mundial, su acercamiento al mundo de la filosofía a través de la lógica y las matemáticas gracias a las obras de Frege y Rusell, su curioso comienzo en Cambridge apadrinado por Bertrand Rusell y sus tempestuosas relaciones con sus colegas, veremos como la diplomacia no era precisamente lo suyo, pero también como supo ganarse el respeto de aquellos que no comulgaban precisamente con sus ideas. No me cabe la menor duda, su acercamiento a la universidad inglesa y su contacto con aquel extraordinario ambiente intelectual que se vivía allí en aquellos años fue todo un golpe de suerte.

Henar Lanza González, doctora en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, nos proporciona una introducción poco menos que ideal para adentrarnos en la figura de Wittgenstein, tratando de hacerlo lo más accesible posible. Se centrará especialmente en las dos obras capitales de sus dos etapas, el Tractatus y las Investigaciones Filosóficas, llegará al extremo de ofrecernos inclusive una pequeña guía del lenguaje lógico-simbólico utilizada en la primera de las obras. También intentará relacionar con su pensamiento algunas de las circunstancias de la época que le tocó vivir... especialmente esa obsesión suya por hacer concordar el pensamiento y los hechos observados, o lo que es lo mismo, el lenguaje y el mundo.

Aunque como introducción es una obra muy válida, tras acabar su lectura me quedé con ganas de más... de modo que me dirigí a mi biblioteca donde tengo toda una colección de libros de filosofía sin leer todavía, a ver que encontraba sobre el pensador austríaco.


Ficha: "Wittgenstein I", colección "Grandes pensadores", editorial Gredos,  347 páginas, ISBN:  978 84 473 7867 8

Durmiendo el sueño de los justos se encontraba este libro en mi biblioteca desde hace ya casi dos años, como en cada tomo centrado en algunos de los más grandes filósofos que constituye esta colección me encontré con un "estudio introductorio", un pequeño ensayo de unas 122 páginas firmado por otro Doctor en Filosofía, Isidoro Reguera Pérez, cuya tesis doctoral versó precisamente sobre Wittgenstein... y se nota.

Aun sin quitarle mérito alguno al ensayo de Henar Lanza, que me parece perfecto para un primer acercamiento a la figura del filósofo vienés, tengo que reconocer que el de Isidoro "juega en otra liga", ambos son muy diferentes y aunque es inevitable alguna que otra coincidencia aquí y allá, está claro que Isidoro nos ofrece un trabajo de un mayor calado, ya no enfocado a un neófito sino a alguien interesado especialmente en Wittgenstein. Abundarán en él las pinceladas biográficas, mucho más acertadas creo yo y desde luego bastante afiladas, muy bien escogidas... pero sobre todo es el comentario a su filosofía, las críticas a la misma, los comentarios a las críticas sobre la misma y a su significado en el ámbito filosófico lo que ocupan la mayor parte del ensayo. Un trabajo que imagino recogerá material de un ensayo que tiene publicado desde 2002 en la editorial Edaf, quizás este de Gredos sea precisamente aquel... no lo se pero estoy seguro que poco se ha quedado en el tintero a la hora de realizar este estudio introductorio, el mejor que hasta ahora he leído sobre ningún filósofo... la verdad es que me ha encantado.

La forma en que presenta su filosofía, ese intento de ahondar todo lo posible en la misma, de enfocarla desde diferentes ángulos... presentando oportunamente las críticas y las opiniones de otros pensadores, ha sido una lectura magistral, estimulante y absorbente que ha conseguido atraparme completamente y conseguir "picarme" con la filosofía y figura de este pensador, que no era ni mucho menos uno de mis favoritos hasta ahora. 

"Un marco simplemente teórico no legitima nuestras prácticas ni nuestros pensamientos, nuestra vida ni nuestro pensar, que siempre se entienden mejor desde dentro, unidos, en su irrenunciable dialéctica. La teoría es un exceso del lenguaje, enmarca las cosas en un horizonte tan exangüe como pretencioso, si no es vida es mendaz, dice lo que hay que decir en cada caso, a conveniencia, o es ebriedad logorreica, palabras que salen a borbotones de nada y que a borbotones van a nada. No tiene nada que ver con la verdad, es decir, con la veracidad. ¿Qué otra verdad hay? ¿Cuáles pueden ser el origen y la finalidad de las palabras sino la decencia de vida y pensar unidos? ¿hay algún otro fundamento que la corrección y acuerdo humanos? ¿en qué consisten, pues, la verdad de las cosas y el significado de las palabras? Si no se fundan en un pensar y una vida honrados, acordes en su decencia, con su forma de vida, son mera retórica en el aire, castillos de naipes."


Una vez leído ambos ensayos y plénamente advertido por lo tanto de lo que me iba a encontrar... es más, pensando incluso que tras el ensayo de Isidoro la filosofía de Wittgenstein se iba a asemejar a esas alturas a un limón exprimido me enfrenté a la lectura de su primera gran obra.

Tractatus logico-philosophicus.
Veinte mil y pico palabras en el original en alemán, seis capítulos subdivididos en un sinfín de aforismos y fragmentos perfectamente numerados y estructurados... la obra de Gredos además proporciona el texto original en alemán, por si algún lector experto conocedor del lenguaje de Goethe se aventura a leerla directamente. Es una obra que combina la dureza de una piedra con algunos momentos verdaderamente bellos, imposible sacarle demasiado partido si no se embarca uno antes en lecturas previas que nos allanen el camino... Wittgenstein no escribía para el gran público, de hecho abominaba de las obras de divulgación, tanta desconsideración hacia el futuro lector tenía que hay partes que de ninguna forma podremos intentar siquiera en intentar comprender sin las notas al pie, el "Tractatus" viene acompañado de una introducción que en su día escribió Bertrand Rusell y que fue rechazado por el Wittgenstein, que siempre se quejaba de no haber sido "entendido"... posiblemente disfrutaba con ese hecho habida cuenta el poco esfuerzo que dedicó a la explicación de su primera obra, al menos por escrito. Esa forma suya de intentar exprimir el pensamiento lo más posible, de decir mucho y de mucho alcance con pocas palabras... le tenían que convertir en un filósofo "duro de pelar" por narices. Confieso que hay partes en las que aunque he puesto buena voluntad he terminado "sobrevolando"... que uno es masoca pero no tanto :-). Afortunadamente los ensayos leídos, todavía frescos en mi memoria, y el hecho de que no siempre se centra en la lógica pura y dura con su colección de símbolos y frases lapidarias, sino que trata de sacar conclusiones que deriven de la misma a la filosofía hacen que su lectura no haya sido una pérdida de tiempo.

De hecho una de las equivocaciones más comunes entre aquellos que leyeron este primer trabajo fue el pensar que de todo aquello de lo que Wittgenstein afirmaba que "era mejor callar", puesto que se hallaba fuera de la lógica, del lenguaje y por tanto del mundo, podía ser menospreciado y que solo valoraba aquello de lo que hablaban las ciencias naturales... es decir del mundo, vamos de aquello de lo que verdaderamente se podía hablar según sus propias palabras... y no era así, Wittgenstein sin ser él mismo un místico se acercó más a la mística seguramente que ningún otro filósofo, eran precisamente estas cuestiones sobre las que nada había que decir y era mejor callar aquellas que él más apreciaba y consideraba las verdaderamente importantes.

"4.002 El hombre posee la capacidad de construir lenguajes en los que cualquier sentido resulte expresable, sin tener la menor idea de cómo y qué significa cada palabra. Al igual que se habla sin saber como se producen los diferentes sonidos. Lenguaje ordinario es una parte del organismo humano y no menos complicado que este. Es humanamente imposible extraer de él inmediatamente la lógica del lenguaje. El lenguaje disfraza el pensamiento. Y de un modo tal, en efecto, que de la forma externa del ropaje no puede deducirse la forma del pensamiento disfrazado; porque la forma externa del ropaje está construída de cara a objetivos totalmente distintos que el de permitir reconocer la forma del cuerpo. Las convenciones tácitas para la comprensión del lenguaje ordinario son enórmemente complicadas. 

4.003 La mayor parte de las proposiciones e interrogantes que e han escrito sobre cuestiones filosóficas no son falsas, sino absurdas. De ahí que no podamos dar respuesta en absoluto a interrogantes de este tipo, sino solo constatar su condición de absurdos. La mayor parte de los interrogantes y proposiciones de los filósofos estriban en nuestra falta de comprensión de nuestra lógica lingüistica (son del tipo del interrogante acerca de si lo bueno es más o bueno idéntico que lo bello)."

Dejo aquí mi comentario sobre estos dos ensayos y la primera gran obra de Wittgenstein, apunto para más adelante la lectura de su excelente "Investigaciones Filosóficas", una obra centrada en el lenguaje y la gramática y desde luego no menos profunda que el Tractatus y bastante más asequible... y también dejo apuntado en esa lista de "imprescindibles" para buscar y leer a la biografía que Ray Monk escribió sobre el filósofo, toda una obra de referencia elogiada por Isidoro Reguera, lo cual la convierte en una lectura que hay que tener en cuenta.

Lo mejor: Dos ensayos recomendables, uno más sencillo y muy apropiado como estudio inicial, otro de mucha mayor profundidad, ideal para todo aquel que se aproxime con seriedad a la obra y la vida de este singular filósofo.

Lo peor: Te tiene que gustar mucho la filosofía... Wittgenstein como personaje es fascinante, pero reconozco que no es el filósofo más fácil ni más popular para entrar de su mano en la filosofía. Si encima crees que la lógica matemática es un batiburrillo incomprensible... mejor ni acercarse a este primer trabajo de este pensador y emprender otras lecturas más fáciles, hay algunas pepitas de oro en su pensamiento, pero también mucha "paja", seguramente demasiada, destinada solo a las mandíbulas más fuertes. 


sábado, 1 de octubre de 2016

William James, aprender a pensar


Ficha: "William James - colección aprender a pensar", Ramón del Castillo Santos, RBA Coleccionables, 152 páginas, ISBN: 978 84 473 8556 0

Desde hace varios años parece que la filosofía, justo ahora cuando la quieren marginar en los planes de estudio, está de moda. Hace poco uno pasaba por un kiosko y podía toparse con una revista mensual "Filosofía Hoy", y nada más y nada menos que con tres coleccionables, uno de la Editorial Gredos ya mencionado en este blog con ocasión de mi lectura de uno de sus tomos, y otros dos coleccionables que surgieron casi a la par, con un formato muy similar y una "filosofía" distinta a la de la editorial Gredos. Se trataba de dos colecciones de ensayos sobre los principales filósofos de la historia, al menos si nos ceñimos a occidente, centrados en acercar al gran público, todos esos aficionados que como un servidor no forman parte del llamado "público especializado"... vamos que no tenemos una licenciatura o estudios filosóficos más allá de lo que podamos recordar del bachillerato, pero sí curiosidad y afición por el tema. Imagino que más de un filósofo profesional tendrá alguna de estas colecciones en su casa, pero el hecho de que alguien profano en la materia los lea y disfrute creo que es un buen indicativo de a quién van dirigidos.



Una de estas colecciones, editada por Batiscafo, es fácilmente reconocible por sus bonitas portadas con la caricatura del filósofo estudiado, y la otra, de formato más clásico, y editada por RBA, se limita a una portada más sobria con una fotografía en pequeñito del protagonista de cada tomo. Ambas son más que recomendables y están escritas por autores diferentes, cada uno imagino que especialista en el filósofo en cuestión, así ha sido al menos en este caso que comento aquí, pues Ramón del Castillo es todo un especialista en el filósofo protagonista de este volumen, William James, así como en otros filósofos y pensadores americanos del siglo XIX  y posteriores, como Dewey, Emerson, Santayana... etc. Es así mismo autor de la edición que Alianza Editorial hizo de una de las obras fundamentales de James, "Pragmatismo", una colección de conferencias reunidas en forma de ensayo debidamente traducido, comentado y analizado por este filósofo madrileño. Tras la lectura de este coleccionable no he podido resistir la tentación de echarle también un vistazo a esa obra esencial "Pragmatismo" y que también comentaré un poco a continuación.

¿Porqué interesarse por William James?... es a todas luces un filósofo de segunda categoría, semiolvidado, un filósofo al que posiblemente solo se estudiará a estas alturas en los EEUU y que ha pasado a la historia simplemente como el fundador, junto con Peirce y Dewey, de una corriente filosófica denominada Pragmatismo, continuada posteriormente por Rorty y Putnam entre otros... aparte de eso también se le considera uno de los padres de la psicología científica, ahí está su gran obra "Principios de psicología", y el fundador de la psicología de la religión gracias a su ensayo "Las variedades de la experiencia religiosa". James es sin duda un personaje curioso, con una obra extensa y que todavía hoy resulta interesante, pero personalmente fueron estos postulados generales de la corriente filosófica del Pragmatismo los que en principio me llamaron la atención.


William James es uno de los tres filósofos protagonistas del ensayo de Juan Arnau "La invención de la libertad", es escogido aquí para representar un tipo de filosofía que se aparta de los cánones académicos y que pretendía devolver a la figura del hombre su relevancia en nuestra visión del cosmos. Esa característica cuadra sin duda con la filosofía de James, de ahí que Juan Arnau lo escogiese como ejemplo, y personalmente terminó llamándome la atención por su peculiar concepto de la verdad. El autor norteamericano intentó reinventar, por así decirlo, la filosofía. Quitarle por un lado relevancia como método de perseguir la verdad a toda costa, situándola al nivel de la literatura, pero por otra parte usándola como herramienta para dirimir las diferencias entre dos versiones del mundo antagonistas... la visión positivista y científica del mundo como mecanismo, donde solamente podemos denominar "verdadero" a todo aquello con lo que se puede operar físicamente... es decir a la realidad material pura y dura, y por otra parte a las visiones espirituales, ya sea desde el punto dogmático religioso, o de las más variadas corrientes espirituales occidentales y orientales, donde se apela a la unidad fundamental de la realidad en contra de toda experiencia material. 

James se situó en un punto intermedio, trató de demostrar que aquello que denominamos "Verdad", así con mayúsculas, una entidad absoluta, omniabarcante, existente más allá de la percepción de nuestros sentidos pero de la que afirmamos su existencia de forma intuitiva a través del pensamiento espiritual, o bien, que es buscada por la ciencia en su labor infatigable, que se asemeja al pelado interminable de una inmensa cebolla capa a capa... pues sencillamente es solo una quimera. Para James el universo, teniendo en cuenta no solamente la realidad física sino también la psicológica y espiritual, es algo tan enorme, tan grande que no existe una sola visión capaz de abarcarlo todo, ni de pretenderlo siquiera... ¿qué podemos hacer entonces?, tratar con diferentes visiones de la realidad simultáneamente. Eso no significa según el pragmatismo renunciar a la búsqueda de la verdad ni poner todas las ideas y visiones de la realidad en un mismo plano... aunque se le acusó de esto y de otras cosas peores. James elaboró una sencilla norma para categorizar y clasificar las ideologías, religiones, percepciones de la realidad etc etc, incluida por supuesto la visión científica y su extremo positivista, las ideas habían de ser evaluadas en relación a su utilidad.



Para James, no importa cuan descabellada o disparatada sea una filosofía de vida o una idea, si conduce a buenos resultados prácticos ha de ser tenida en cuenta y respetada. Si una idea era útil podíamos calificarla de buena, y si era buena era además verdadera. Una simplificación engañosa, una aparente confusión de términos... que James se esforzó en aclarar una y otra vez. James había encontrado una brújula, una guía para moverse en el mar de diferentes ideologías, visiones de la realidad, religiones, y diferentes conceptos de la vida... si conduce a buenos resultados, si hace de este un mundo mejor, si posee una influencia positiva, no ha de ser desechada ni despreciada a la ligera.

Era una propuesta interesante, llena de cordura pero donde era necesario explicar muchas cosas y llegar a acuerdos sobre determinadas definiciones... evidentemente ni los defensores de tal o cual visión espiritual, ni tampoco la ciencia, pudieron estar de acuerdo con el Pragmatismo defendido por James... este chocaba con el dogmatismo de toda índole y la falta de tolerancia. Pocas veces un filósofo ha sido tan mal interpretado y tan atacado en base precisamente a esas malas interpretaciones de su pensamiento como lo fue James. Como muy bien comenta Ramón del Castillo en su excelente ensayo, la finalidad del pragmatismo no era otra que promover la tolerancia pero había que partir de un punto de tolerancia para entenderlo y valorarlo. James fue un pensador valiente, que no dudó en meterse en un enorme berenjenal. Afortunadamente su pensamiento tuvo continuidad en Dewey, y posteriormente en Putnam y Rorty, pero por desgracia creo que ha tenido poco eco fuera del ámbito norteamericano, seguramente porque buena parte de la mentalidad que lo inspira es genuinamente americana, con esa pasión por lo útil y lo práctico, por esa tolerancia hacia otras formas de pensar, y quizás también por cierta ingenuidad y optimismo de base.

Dejo en el tintero otras ideas interesantes de este filósofo, como por ejemplo su visión de la filosofía como un ejercicio, algo que se hace y no meramente un saber libresco, o su visión "humanística" donde se renuncia a presentar una visión del mundo completamente objetiva desligada de la distorsión de la mente humana, tal y como pretendía la ciencia de entonces... y creo que todavía pretende en general. Y sobre todo su idea de que toda discusión entre dos visiones del mundo que no lleve aparejada un cambio sustancial y práctico en función de cual de ellas sea considerada falsa o cierta, es una discusión estéril y absurda.

Tras haber devorado en un par de días el ensayo comentado aquí me acerqué a la obra más conocida de James, "Pragmatismo", para introducirme de lleno en la filosofía de este curioso filósofo. ¿Qué decir?, pues que era un escritor magnífico, que su prosa frecuenta la frontera entre la filosofía y la literatura, que es sencillo y a la vez enrevesado de leer, que era un hombre entusiasta y un gran comunicador... y que estaba convencido de tener razón, aunque se lamentaba mucho de cómo se le había malinterpretado, algo previsible desde luego, ya se sabe que el que media en una disputa termina recibiendo golpes de ambas partes. Hay algo que me gusta de su filosofía, y que seguramente me hará que en un tiempo lea y comente aquí algo de Rorty, uno de sus principales continuadores. Y es esa nueva función que le quería dar a la filosofía, como mediadora entre la visión espiritual y la visión científica del mundo, como orientadora y conciliadora de ambas. James tenía una sólida formación científica, pero a su vez respetaba, y dedicó mucho tiempo y esfuerzo al estudio del fenómeno religioso, eso le convertía en un filósofo atípico, y seguramente ha hecho que todavía hoy en estos tiempos tan raros donde conviven multitud de creencias, supersticiones, visiones espirituales y donde la ciencia, y su hija la tecnología, ocupa también su lugar en los altares, el Pragmatismo, o Neopragmatismo, siga siendo interesante, seguramente mucho más que otras filosofías más áridas y alejadas de la experiencia humana.


Lo mejor: Muy buen ensayo, sencillo de leer, que nos trae una interesante retrato de este filósofo americano y que nos anima a introducirnos en su obra. Recomiendo así mismo la otra obra comentada "Pragmatismo", de Alianza Editorial, para meternos ya de lleno en las ideas de James y en su visión casi poética de la filosofía.

Lo peor: En espacio que ocupan todos estos coleccionables de filosofía... que me van a costar el exilio o el divorcio :-)... tanto la colección de RBA como la de Batiscafo son simplemente maravillosas, crean adicción, si te gusta la filosofía ni te acerques a ellas. En cuanto a la obra de James... tiene momentos geniales, pero también hay que echarle un poco de paciencia, el norteamericano en ocasiones da mas vueltas que un molino antes de llegar a sus conclusiones, hay que leerle como aquel que escucha un concierto... confiando que tras el "adaggio" explosione el "presto" o el "andante" y la cosa se anime un poco :-).