domingo, 24 de diciembre de 2017

La pura conciencia de ser

"En tal caso, todo lo que se percibe como tal está ya impregnado por el Espíritu, porque el Espíritu no está separado de nada y el simple canto del petirrojo, tal cual es, revela el esplendor de lo Divino. Ésta deviene entonces la sencilla y natural percepción constante, a través de todos los cambios de estado, que acaba por liberarnos de la locura básica de ocultamiento de lo Real. 

¿Por qué, entonces, ordinariamente no tenemos esa percepción?

Todas las grandes tradiciones no duales de sabiduría han dado la misma respuesta a esta pregunta. No nos damos cuenta de que el Espíritu se halla total y completamente presente aquí mismo y ahora mismo porque nuestra conciencia está atrapada en algún tipo de evitación".



Ficha: "La pura conciencia de ser", Ken Wilber, editorial Kairós, 414 páginas, ISBN: 978 847 245 6266

Definitivamente hay libros, temáticas incluso, que necesitan de un determinado estado de ánimo. Ahí podríamos incluir toda la literatura de evasión por ejemplo, o la divulgación científica. Estando animada la primera por un intento de huir de la realidad cotidiana y sumergirse en otros mundos, o espoleada quizás por una sed de conocimientos y elemental curiosidad la segunda. ¿Qué estado de ánimo puede conducirnos a los ensayos de temática espiritual?... en mi caso es claramente una sensación de dolor y una necesidad de curarme. Este tipo de obras es para mí como un botiquín de urgencias y a la vez un refugio donde evadirme de todo, un lugar donde curar mis heridas como hacen los gatos tras una pelea. 

Este que ya casi termina no ha sido un año fácil para mí, sucesos en mi vida personal y laboral, así como la pérdida de dos familiares cercanos me han ido conduciendo de nuevo a este tipo de lecturas. Donde repito, no solo existe la necesidad de buscar un espacio íntimo, un refugio donde evadirse como en el caso de cualquier lectura, sino también una necesidad de aliviar un poco la tiranía que tantas veces la mente suele ejercer sobre nosotros. Cuando volví a interesarme por estas temáticas recordé la figura de Ken Wilber, y aunque ya comenté hace unos meses una obra reciente suya, que me permitió ver por donde andaba la evolución de su pensamiento, siempre interesante, aunque a veces demasiado impregnado de la candidez de las almas nobles, pude ver que había publicada desde hace años una recopilación de los fragmentos más "espirituales" dispersos por su obra. 

Ken Wilber es un pensador multifacético, con una sólida formación en el terreno científico que data de sus años de estudiante de bioquímica, profundamente interesado en renovar la psicología a la que se ha adherido (cuando no fundado directamente) en sus corrientes alternativas denominadas integral y transpersonal, también estamos ante un filósofo erudito muy versado en el pensamiento de oriente y profundamente centrado en el fenómeno de la mística. Autor de curiosas e interesantes teorías en el campo del pensamiento, en el que intenta desde toda su vida aunar las tradiciones de occidente y oriente, a través de la psicología. En fin, difícilmente vamos a encontrar un autor con una trayectoria intelectual más interesante y fascinante (aunque se le puedan achacar muchas y diversas críticas, bien que lo se). Sin embargo hay un aspecto del pensamiento de Wilber, que si bien aparece de forma omnipresente en todos sus trabajos desde que comenzó a publicar a finales de los setenta, e impregna completamente su obra. Este aspecto de su obra no había tenido un protagonismo completo en un trabajo salvo quizás desde aquel memorable "La conciencia sin fronteras", su segundo trabajo y para mí uno de sus mejores libros. Me refiero a la faceta de practicante de meditación y fervoroso seguidor de diferentes disciplinas espirituales orientales. A diferencia de otros pensadores que dieron el salto desde el mundo de la ciencia al mundo de la espiritualidad, como el conocidísimo Mattheu Ricard de sobra comentado en este blog, Wilber nunca se ha centrado en una sola religión o práctica religiosa... ni por supuesto realizado votos ni convertido en ningún monje, y aunque es verdad que suma muchos años de práctica de budismo Zen, también ha estudiado a fondo desde hace muchos años el Taoismo, el Vedanta Advaita, el budismo Dgozchen y por supuesto el misticismo cristiano y sufí del Islam.


Wilber según sus propias palabras jamás ha pretendido convertirse en un guru ni guía espiritual de ningún tipo, él siempre se ha considerado lo que en la India se denomina un "pandit", es decir un erudito. Ello no quiere decir que el saber y la experimentación personal de Wilber se haya quedado ahí, en los libros, de los que seguramente ha leído y estudiado más que nadie en estas temáticas, sino que hay en él un compromiso de práctica espiritual-religiosa que lleva cumpliendo de forma firme desde su juventud. Estamos ante un hombre que lleva practicando diversas prácticas meditativas desde hace cuatro décadas, que las vive y ha vivido con intensidad, y que trata de ser él mismo ejemplo de cuanto apoya y da como verdadero en sus ensayos. Esa faceta de místico y practicante de la meditación es la que vamos a encontrarnos aquí en este libro. Eso y mucho más porque cualquier intento de trazar una separación clara y nítida entre su pensamiento y su práctica y creencias personales está condenada al fracaso de antemano. De su pensamiento filosófico, impregnado de espiritualidad de cabo a rabo, vamos a tener también mucho, porque hay obras capitales suyas, como ese monumental "Sexo, ecología y espiritualidad" cuya base es precisamente esa... nada menos que aunar el tema de la evolución humana, y del universo, con el desarrollo espiritual, Wilber es un pensador ambicioso y de muy altos vuelos, y esa característica suya no podía faltar tampoco en esta recopilación.

Una serie de seguidores de la obra de Wilber llamados Mark Palmer, Sean Hargens, Vipassana Esbjörn y Adam Leonard, posiblemente relacionados con el Instituto Integral, centro de estudios fundado por el propio K. Wilber, son los que han recopilado todos estos textos dispersos por toda su obra, hasta 2.004 fecha de la edición original, los han ordenado de forma temática y los ofrecen juntos para todos aquellos que conocemos su obra y que de alguna forma hemos quedado prendados, o interesados al menos, por la visión de la espiritualidad de este singular filósofo.



¿Qué nos podemos encontrar aquí?, nada nuevo para los que leemos a Wilber desde hace años desde luego, a pesar de que es un texto compuesto por fragmentos de una docena de obras, "El espectro de la conciencia", "La conciencia sin fronteras", "El proyecto Atman", "Gracia y coraje", "Después del Edén", "Sexo, ecología y espiritualidad", "Boomeritis", "El ojo del Espíritu", "Ciencia y Religión" ... etc etc y ofrece una visión global del pensamiento místico de Wilber hasta la fecha, la verdad es que finalmente forma un "todo" bastante homogéneo, la selección es bastante exhaustiva, inteligente y está muy bien ordenada por temáticas generales, añadiendo además fragmentos de obras que no han sido publicadas en castellano todavía, lo que le añade un especial interés. Para los especialmente comprometidos con los temas espirituales, practicantes de meditación y seguidores de Wilber, este es un libro que sin duda va a formar parte de lo mejor de su biblioteca. Una colección de fragmentos más o menos inspirados, donde a pesar de lo inevitable de las repeticiones temáticas, vamos a disfrutar con la forma de escribir de Wilber, con esa pasión y contundencia con la que se expresa... da gusto leer, o releer como es mi caso para el 80% de este libro, ese tipo de comentarios centrados en la temática mística, porque da la casualidad de que son precisamente los mismos los que más he disfrutado cuando me he internado en su pensamiento y peculiares ideas. 

Todavía recuerdo, por ejemplo, el capítulo dedicado al "Testigo" cuando leí hace años "Conciencia sin fronteras", esa maravillosa sencillez y la sensación de que me estaba siendo comunicado algo realmente grande que podía cambiar el sentido de mi vida o la de cualquiera que lo leyese... esa forma de comunicar su pensamiento, de forma apasionada y más que alejada de tantos escritores del advaita, que o bien, caen en una especie de estilo "descafeinado", o bien, no parecen ni tomarse en serio a sí mismos. Wilber nunca cae en esos extremos... quizás parezca demasiado empalagoso, meapilas o beato para según quien, otras veces se agradecería un poco menos de envaramiento y más sentido del humor... pero lo que no puede negarse es que Wilber cree en lo que dice, que hay un fervor en sus palabras fruto de la pasión y del convencimiento personal, y que aunque es plenamente consciente de que no todo lo que nos cuenta puede ser verdadero y puede estar en bastantes cosas equivocado, que nadie me lo confunda con un fanático a estas alturas por favor porque este hombre estaría en las antípodas de una actitud dogmática, está claro que ha vivido sus ideas, ha luchado por ellas, ha tratado de abarcar lo máximo posible y sobre todo ha estado dispuesto a tender puentes entre las diferentes tradiciones religiosas, entre la ciencia y la religión, oriente y occidente, y en suma, en un mundo que parece cada vez más desquiciado y fragmentado y donde tantos obtienen partido de dividir y enfrentar ahí está este chalado norteamericano que lleva décadas empeñado en construir puentes, tan adelantado a su época que también es la nuestra. 

"Deja que tu mente se relaje. Deja que se relaje y se expanda hasta llegar a fundirse con el cielo que te rodea. Entonces date cuenta de que las nubes flotan en el cielo y de que eres consciente de ellas sin necesidad de realizar esfuerzo alguno. Los sentimientos flotan en el cuerpo y eres consciente de ellos. Los pensamientos flotan en la mente y también te das cuenta de ellos. La naturaleza flota, los sentimientos flotan, los pensamientos flotan... y tú eres consciente de todo ello. Ahora dime: ¿quién eres tú?"

"La lluvia está formando un gran charco en la terraza. Todo flota en la Vacuidad, en la Transparencia pura, sin que haya nadie para contemplarlo. Si hay un yo, eso es todo lo que aparece en este instante y en este otro y también en éste. Aquí, donde nunca pasa nada, mis pulmones son el cielo, las montañas mis dientes, las esponjosas nubes mi piel, el trueno el latido de mi corazón en lo atemporal y la lluvia las lágrimas de nuestra condición colectiva"

"Del mismo modo que una vez que aprendemos a contar no tenemos que contar hasta un millón para llegar a dominar esa capacidad, basta con reconocer profundamente la Vacuidad una sola vez para llegar a despertar, sin que sea necesario seguir observando de continuo su incesante despliegue. El juego finaliza con ese Atisbo primordial en el que lo único que perdura es el resplandor, perfectamente evidente en el canto del petirrojo en un temprano y resplandeciente amanecer de primavera"

"Nadie puede salvarte sino tú mismo. Tu desarrollo contemplativo sólo te compete a ti. Disponemos de un gran número de posibles ayudas y de catalizadores de este desarrollo, pero ése es un trabajo que nadie podrá hacer por ti. Y si no emprendes este desarrollo y, en tu lecho de muerte, imploras la ayuda de Dios, nada sucederá. El desarrollo espiritual no es una cuestión de creencias, sino de crecimiento real, prolongado y difícil, y las meras creencias son absurdas y carecen de importancia. Es como fumar durante veinte años y luego decir "Perdón, ahora lo dejo". Ésas son cosas por las que el cáncer no se deja impresionar. La realidad, dicho en otras palabras, no está interesada en tus creencias, sino en tus acciones, en lo que realmente haces, en tu karma real. Éste es el motivo por el que las visiones infantiles de Dios, antaño apropiadas, resultan tan perjudiciales para la espiritualidad madura."


Lo mejor: Mi recomendación es muy simple, si ya conoces bien la obra del filósofo americano, aunque sea parcialmente, este libro te encantará, te hará recordar algunos de los mejores fragmentos que hayas leído ya, o que nunca leerás sobre espiritualidad. Si no le conoces... entonces ve directamente al octavo capítulo "Uno sin segundo", o mejor aún, al último capítulo "La resplandeciente transparencia de la conciencia omnipresente"... y comienza a leer, si puedes pasar de las tres o cuatro páginas seguidas y el tema te engancha ¡enhorabuena! ;-). Si aquello no te dice nada, lo ves demasiado complicado o te parece una absurda chaladura, bueno entonces déjalo y ya está. Por mi parte tengo ya este libro entre los mejores de este tipo de temáticas, probablemente el único que de momento me llevaría si tuviera que emprender un largo viaje y andase escaso de espacio. Hay todo un mundo entre sus páginas donde uno se puede perder, un laberinto maravilloso de donde uno no querría encontrar la salida, poesía, inteligencia, erudición, sabiduría, ingenio... y la sensación en general de estar ante una mente especialmente poderosa y a la vez poseedora de la habilidad para hacerse comprender y tocar la fibra sensible del lector. Lo recomiendo de todo corazón.

Lo peor: No solamente es la temática o las ideas de Wilber, es su forma de expresarse, ese revestir el lenguaje de tantas denominaciones para lo mismo empleando, abusando más bien, de las mayúsculas y un revestimiento piadoso-empalagoso, sus constantes repeticiones, multiplicadas de hecho al tratarse de esta obra una selección de sus textos más "espirituales", pues no es ni puede ser gusto de todos los platos, es evidente. La originalidad, en esencia, brilla por su ausencia, nos vamos a encontrar con las mismas ideas una y otra vez... las mismas que defendían Ramana Maharsi, Nisargadatta Maharaj, Ramesh Balsekar... y cualquier pensador fascinado y subyugado por la denominada "filosofía perenne", llamémosla budista, hinduista, cristiana etc. Y aunque ello no resta un ápice de interés, siempre habrá quien prefiera ver expresadas estas ideas de otra formas, con más comedimiento, más elegancia, sin tanta pompa, con más sentido del humor, de forma menos cargante sin tanto boato... aunque difícilmente las va a ver nunca expresadas con una pasión mayor que con Wilber, eso lo tengo claro.

Para mí esa noción de la existencia de un alma o espíritu universal del que cada ser participa en una pequeña parte y del que no está separado, aunque se sienta como tal debido a una distorsión cognitiva propia de nuestro estado de vigilia, distorsión que es posible anular mediante una concienzuda práctica meditativa... bueno es una idea demasiado bonita para ser cierta dirán algunos, pero la belleza y la simplicidad de una idea no es tampoco prueba de su inexistencia ¿o no?. Para mí si la palabra "espiritualidad" posee algún sentido se halla en esa genial intuición de los místicos de todas las épocas y todas las culturas... pero claro, para ello no tenemos más remedio que dejarnos llevar y apagar el espíritu crítico (o hipercrítico) de eso que demasiadas veces confundimos con la razón y que a veces es de todo menos razonable. No es una lectura apropiada para todos y reconozco que puede suscitar en ocasiones más dudas que certezas, pero como el mismo Wilber diría, "haz lo que yo indico, aplícate, ten paciencia, y luego dime si es verdad o no"... en eso estamos ;-).


1 comentario:

  1. ¿Resolver la historia es lo mismo que resolver las preguntas existenciales?
    ¿No seremos esclavos de algunos conceptos que materializan la duda en si en un objeto manipulable, justificable y de autojustificación?
    ¿Acaso para progresar no es necesario superar el pasado para no repetirlo eternamente?
    ¿Será acaso el pasado un territorio que amamos y nos cuesta dejarlo atrás?
    ¿Un padre desea ser superado por su hijo? ¿si, o no?
    ¿Es negocio perpetuar una duda?
    ¿Acaso un camino sin salida no represa¿enta la ilusión de un laberinto?
    ¿Será el laberinto una ilusión? ¿Un tránsito? ¿Será la no razón queriendo ser razón?
    ¿Será que la constatación es un proceso instransferible?
    ¿Acaso la senclléz y simplicidad se contradicen con la complejidad y la belleza?
    ¿Como pueden coexistir dos mundos opuestos?
    ¡Oh, gran misterio, si tan solo me dieras la posibilidad de transfromarlo en diferentes y asi no convenir mi universalizad en una verdad!
    ¿Al final el espiritu de supervivencia solo evoluciona en la constación de lo amenazante y lo necesario, a conocido y por conocer? ¿Tiene alguna utilidad lo inútil?
    ¿De qué sirve el mal entonces? ¿el error?
    ¿Que sería del arte sin el error? ¿Y el humor?
    ¿Será el territorio que defendemos solo un sitio temporal?
    ¿Será acaso la seguridad de ese territorio nuestra debilidad máxima?
    ¿Porqué será que existen ondas que traspasan esos territorios todo el tiempo?
    ¿Acaso la forntera no es lo suficientemente impermeable?
    ¿El acaso será prebisible alguna vez?
    ¿Y después del miedo qué?
    ¿Será posible vivir sin miedo?
    ¿Entonces que era el miedo?
    oh!... ¿tampoco existe el será?
    ¿qué? ¿porqué? ¿para qué? ¿Cómo? ¿Será entonces, el como, el camino?
    ¿Será que la libertad si tienen límites? ¿Sera la verdad lo único que atraviese los límites?
    ¿Siente alegría o tristeza, la verdad al dejar el viejo mundo?
    ¿será que a acaso lo nuevo no entusiasma?
    Entonces.. ¿Quién es la verdad? ¿Cuántas verdades hay?
    Madre mía! Tu dios que no existes, protégeme ante tanta verdad! o Quizás no..



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