sábado, 25 de marzo de 2017

La poesía de los números

"Por supuesto, mi opinión no es imparcial, pero es que quiero a mi familia. Tengo mucha familia a la que querer. Pero el tamaño hace tiempo que dejó de ser nuestro rasgo definitorio. Nosotros nos vemos desde otro prisma: aquellos que son estudiosos, aquellos que prefieren el café al té, aquellos que nunca han plantado una flor, aquellos que todavía ríen en sueños... 

Como las obras literarias, las ideas matemáticas nos ayudan a ampliar nuestro círculo de empatías y nos liberan de la estrechez de miras y la tiranía del pensamiento único. Si sabemos mirarlos, los números hacen de nosotros mejores personas."



Ficha: "La poesía de los números", Daniel Tammet, Blackie Books, 277 páginas, ISBN: 978 84 16290 11 6

Publicado en 2.012, "La poesía de los números", publicado en original en inglés bajo el título Thinking in Numbers, o sea, "pensando en números", es el cuarto libro que lleva la firma de este curioso ensayista gran aficionado a las matemáticas, a los idiomas, la literatura, afincado en Francia desde el comienzo de esta década y volcado ya por completo en la profesión de escritor.

Como lector aprecio cada vez más los ensayos escritos por autores que no sean especialistas solamente en un determinado tema y que además repartan sus intereses tanto en temas de ciencia como en otros considerados "de letras", Daniel es un escritor que podríamos encuadrar sin problemas en este tipo de ensayista, que yo llamaría de "la tercera cultura". A diferencia de su anterior libro que comenté hace unos días, aquí lo tenemos más centrado en su historia personal, no estamos ante un libro autobiográfico como aquel memorable "Nacido en un día azul", pero tampoco es un libro de divulgación al uso, este ensayo no es más que una colección de pequeños capítulos de temática muy variada donde muestra una y otra vez la relación entre esas entidades abstractas omnipresentes por todas partes que conocemos como "números" a través de su representación simbólica de cifras, y la vida, la literatura, el tiempo, y cualquier otro aspecto que en principio parecería alejado del tema. Porque si pensamos en los números difícilmente podríamos asociarlos a temas como la poesía, la literatura, los proverbios, la fisiología del ser humano, la psicología... etc etc. Daniel se empeña en demostrarnos que más allá de esas entidades abstractas se encuentran hasta nuestros pensamientos más íntimos y que existe una relación entre los números y casi todo lo demás.

Evidentemente el hecho de poseer habilidades sinestésicas de forma innata le ha ayudado a ver el mundo de forma peculiar, para Daniel establecer relaciones entre las cantidades y las formas, los colores y las texturas de forma natural ha dado un enfoque a sus habilidades numéricas excepcionales que no se quedan en el mero cálculo. Aquí no estamos como en el libro anterior en terreno extraño... Daniel cuando habla de números y matemáticas pulsa fibras sensibles que anidan en su ser e intenta compartir el efecto con el lector. 

Hay por ejemplo un capítulo dedicado a su experiencia cuando batió el récord europeo de recitar cifras del número pi, 22.514 concretamente, en total unas cinco horas... para que nos hagamos una idea al final del libro hay varias páginas con las cifras. Este capítulo, que es uno de los mejores del libro, nos muestra una recreación de lo que fueron sus experiencias durante la prueba memorística, su dureza, los nervios y la sensación de soledad que le embargó durante la misma. Previamente nos habrá informado de las peculiaridades del número pi, yendo más allá de una mera descripción y reseña de tipo enciclopédico. Daniel ama las matemáticas, los números forman parte de su vida al igual que el idioma, o los idiomas que habla... por eso me he llevado una gran sorpresa cuando he leído en este ensayo por ejemplo que no soporta el álgebra, hace algunas alusiones a su fealdad, al uso de esas letras finales del alfabeto y a su comparación de las ecuaciones con "ruinas" que me han hecho sonreír, precisamente porque opino igual que él :-)


Capítulos como el dedicado al ajedrez donde relata una peculiar visión que él tiene de este juego donde el error, independientemente de nuestro nivel de juego, es el elemento primordial me han sorprendido gratamente. Otro capítulo, el llamado "Las cataratas del tiempo" me ha gustado también especialmente por su relato de algo que todos los que tenemos cierta edad conocemos ya de sobra, la lentitud con la que parece transcurrir el tiempo en nuestros primeros años de vida y ese derroche tumultuoso en que se convierte conforme vamos cumpliendo años. Los capítulos dedicados a la estadística también me ha gustado especialmente, pues esta rama de las matemáticas es tan apasionante como engañosa y seguramente es la especialidad matemática más presente en nuestra vida tras la aritmética. 

Capítulos dedicados a temas matemáticos... como el centrado en los números grandes y en el concepto del infinito, en el cero, o el que hace referencia a los proverbios y su relación con las tablas de multiplicar, o el que relaciona la poesía y los números... o aquel otro donde el mundo de las probabilidades se enlaza con la búsqueda de vida extraterrestre. Hay otros de aspectos más filosóficos o autobiográficos... como el dedicado a los copos de nieve, casi enteramente basado en una experiencia de hace años cuando estuvo en Canadá, o uno de carácter psicológico dedicado enteramente a su madre y cómo nos equivocamos  constantemente al intentar predecir el comportamiento de los demás, cómo nunca conocemos ni a nuestros seres más queridos y siempre creemos conocer una imagen o idea que solo existe en nuestra mente. 

Mi favorito de todos es uno titulado "contar hasta cuatro en islandés", en ese despliega sus particulares conocimientos de diferentes lenguas para llamar la atención de cómo el idioma refleja nuestra percepción del mundo, y porqué hay lenguas donde existen palabras diferentes para expresar los mismos números en función de a qué nos refiramos. Nunca había pensado en ello, nunca me había dado cuenta de cómo enumerar y agrupar en cifras deforma nuestra percepción de la realidad igualando aquello que se cuenta o enumera... algo seguramente admisible cuando hablamos de objetos inanimados, pero no tan inocente cuando por ejemplo enumeramos animales o personas. 

Lo mejor: Un ensayo muy ameno, se lee casi de un tirón, Daniel Tammet vuelve a demostrar que es un escritor notable, y que su singular percepción de las cosas le sigue sirviendo de inspiración prácticamente inagotable para hablar de casi todo. Me alegra mucho ver que no le abandonan las ideas, de que constantemente encuentra vínculos entre su querido mundo matemático y el resto de los aspectos de su existencia, y lo que es mejor, que sigue compartiendo esos pensamientos con nosotros. Un autor que replantea la forma de ver las frías cifras y los números, que muestra constantemente el vínculo entre las abstracciones matemáticas y el mundo del arte, los idiomas, la biología y cualquier otro tema que se le ocurra. Muy recomendable.

Lo peor: La irregularidad y la dispersión de temas, no siempre se atiene a la idea inicial y en ocasiones parece faltarle un poco la inspiración. Me gustaría verle emprender un ensayo más serio, y no este "picoteo" que más parece una recopilación de artículos diversos que una construcción premeditada. 


martes, 21 de marzo de 2017

Diario de un marine

"Mis experiencias en la guerra del Pacífico me han perseguido, y recordar esta historia ha supuesto una carga. Pero el tiempo cura y las pesadillas ya no me despiertan bañado en sudor frío con el corazón latiendo con fuerza y el pulso acelerado. Ahora puedo contar este relato, aunque resulte doloroso. Al escribirlo estoy cumpliendo con una obligación que he sentido durante mucho tiempo hacia mis camaradas de la 1ª División de marines, que sufrieron tanto por nuestro país. Ninguno salió indemne. Muchos entregaron sus vidas, muchos su salud, y algunos su cordura. Todos los que sobrevivieron recordarán durante mucho tiempo el horror que preferirían olvidar. Pero sufrieron y cumplieron con su deber para que su patria pudiera disfrutar de una paz que se pagó muy cara. Tenemos una deuda de gratitud con esos marines."






































Ficha:  "Diario de un marine", Eugene Bondurant Sledge, Editorial Planeta, 455 páginas, ISBN: 9788 408 081142

Recientemente he sentido mucho interés por el tema de la campaña del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial, el hecho de haberme topado con unos cuantos vídeos en Youtube de recientes producciones para el cine y la televisión ambientadas en esta parte del conflicto mundial me llevaron a consultar en la biblioteca Regional el apartado de novela histórica… y allí me encontré con esta joya publicada en 1.981 de un tal E.B. Sledge, en él relata sus experiencias en primera persona como soldado integrante de la primera División de marines en la campaña del Pacífico, especialmente su participación en dos de las batallas más encarnizadas y sangrientas de las libradas en esa parte del mundo, la invasión del islote de Peleliu en el archipiélago de las Palaos y la posterior campaña de Okinawa en el archipiélago de las Riukyu.

Las vivencias relatadas en el libro constituyeron una de las bases principales para algún que otro documental sobre la guerra y también para la conocida serie de la HBO “The Pacific”, de hecho el mismo E.B. Sledge aparece en la misma como el personaje “Joseph Mazzello”, un apellido inventado a raíz de su apodo “mazo” con el que sus compañeros lo conocían.

Hay algo en este libro que no está presente en la mayoría de los ensayos sobre la guerra que ya conocía, en general se trata de obras escritas mucho después de la guerra por periodistas o estudiosos del tema que van recopilando información de las bibliotecas, periódicos y testimonios de sus participantes… y cuando hay alguna obra autobiográfica suele estar escrita casi siempre por algún alto mando, algún general o militar sin experiencia directa en el frente y que recopila testimonios de segunda o tercera mano. Aquí no, este es un relato cuya forma original lo constituyen una serie de notas manuscritas que Sledge iba anotando y guardando en su copia del Nuevo Testamento que llevaba en su equipaje. Los marines tenían prohibido llevar un diario con sus impresiones personales, pero eso no le impidió a Sledge ir dándole forma a uno. 

Comenzó a escribir tras la horrible experiencia de la batalla de Peleliu y prosiguió después una vez terminada la guerra. Estamos ante el testimonio excepcional de un soldado, nunca ascendió ni fue condecorado, sirvió en un pelotón de morteros casi siempre en primera línea. La adaptación de Sledge a la vida civil tras la guerra fue ejemplar, terminó en pocos años sus estudios y terminó doctorándose en biología y pasó su vida hasta la edad de jubilación impartiendo clases. Ya durante los momentos más duros de la lucha se dijo a sí mismo, esto lo recoge en el libro y lo ratifica su hijo en un documental, de que nunca perdería la cordura… de la misma forma que durante la campaña consiguió mantener íntegra su humanidad, y ello a pesar del odio, lo reconoce, que sentía por el enemigo… un odio compartido por el resto de sus compañeros y que resulta de lo más comprensible cuando se examinan los hechos y circunstancias de aquella guerra.


La campaña del Pacífico fue diferente y peculiar por muchos motivos, se trató de un enfrentamiento de carácter aeronaval y disperso en su mayor parte, en un escenario marino inmenso, donde por primera vez se realizaron operaciones anfibias a gran escala, no era una lucha en un territorio continental de grandes espacios como la campaña de la URSS, ni tampoco una lucha en el siempre complicado escenario de Europa Occidental o una guerra de movimientos en el desierto. Aquí una vez en tierra firme estábamos casi siempre en territorios pequeños, diminutos si los comparamos con los escenarios de la guerra en las estepas rusas, pero donde la guerra se concentró y desplegó todo un arco iris de sus más crueles y refinados horrores. Cuando vemos cómo en el escenario europeo el ejército alemán capturó a más de un millón de soldados rusos en 1.941, o que los aliados hicieron más de 300.000 prisioneros alemanes en Túnez… y se compara con lo vivido en el Pacífico, uno solo puede pensar “qué suerte que los aliados en África y los alemanes en Rusia no hubieran luchado contra los japoneses”.


Japón era un mundo aparte, una nación imperialista y militarista, con una concepción de la vida y la muerte diferente de la existente en Europa o América (incluso reconociendo las grandes diferencias entre las distintas naciones), con un código de honor rígido y claro, la muerte siempre es preferible al deshonor de ser tomado prisionero, el mero hecho de servir como soldado suponía un juramento sagrado ante su país, su familia y sus antepasados… y romper ese juramento y caer en la ignominia era un destino mucho peor que la muerte. Esta se glorificaba y se tenía como el más alto honor si acaecía en combate por la patria… el soldado japonés era duro, disciplinado, soportaba sufrimientos con un verdadero estoicismo y ni solicitaba clemencia al enemigo ni tampoco él mismo mostraba en general la más mínima compasión, estaba muy bien entrenado y era valiente hasta extremos suicidas.


La rendición en general no era una opción, había que vencer o morir matando. Esa mentalidad fue usada a conciencia por los militares nipones durante la guerra, hubo un punto en el que cambió la estrategia en el planteamiento de las campañas cuando tras las batallas de Midway, Mar del Coral y sobre todo Guadalcanal y Saipán, a partir de 1.943 quedó muy claro que se había perdido para siempre la iniciativa en la guerra aeronaval. La derrota era ya solo cuestión de tiempo debido a la potencia industrial y económica de los norteamericanos, de modo que solo les quedaba jugar una carta, la de la guerra de desgaste… había que olvidarse de lanzar ofensivas, de cargas estilo “banzai” de indudable estilo samurai, atrincherarse de la forma más efectiva e ingeniosa posible y resistir hasta la muerte. Solamente así, a base de perder batallas y ceder terreno, pero a cambio de someter al enemigo a un fuerte desgaste psicológico, de vidas humanas y materiales, podían aspirar a vencer consiguiendo que los EEUU se dieran por vencidos y entablaran negociaciones convencidos de que aquello ya no valía la pena.




No está claro exactamente cuando tuvo lugar ese “giro” en la estrategia, pero ese fue el enemigo al que Sledge y sus compañeros se tuvieron que enfrentar, no al que en Guadalcanal y otros lugares se había lanzado con valor suicida hacia las posiciones enemigas, en general para ser masacrado con eficacia, sino otro muy diferente, siempre oculto, experto en utilizar la artillería y los francotiradores de la forma más eficiente, aficionado a las incursiones y emboscadas nocturnas, y que sometía al adversario a una continua guerra de nervios. Un enemigo que se obstinaba en luchar hasta el fin, al que había que bombardear, quemar y enterrar en sus cuevas y trincheras, al que en pocas ocasiones se le hacían prisioneros y que tampoco solía hacerlos. Un enemigo feroz sin consideraciones humanitarias de ninguna clase, que se ensañaba con cadáveres y heridos, que solía disparar contra los sanitarios y tender emboscadas hiriendo a un soldado sin matarle solo para dar caza a los voluntarios enviados a su rescate. Los marines tampoco eran ningunos angelitos, la “caza” de souvenirs de enemigos caídos, muertos y en ocasiones agonizantes, en busca de dientes chapados en oro, era de lo más frecuente. Sin embargo en general como muy bien relata Sledge, había como una especie de barrera en torno al odio que pocos se atrevían a traspasar, y que en el lado contrario era más fácilmente atravesada… desde luego que por brutal que fuese el trato, era mejor caer prisionero de los marines que caer prisionero en manos de sus adversarios de ojos rasgados.


 
Aunque el desequilibrio material era ya tremendo a favor de los norteamericanos en el momento en que E. B. Sledge entró en combate, al final había que batir al contrario sobre el terreno y exponerse a sus armas, no había otro remedio, y por muchos barcos, cañones, aviones y bombas al final era el soldado de infantería el que tenía que jugarse el pellejo y sufrir las mil y una calamidades descritas por el autor de esta narración. Las dos campañas que describe en el relato tienen eso en común, las proporciones de ambas fueron muy distintas, pero al final eran los soldados de a pie los que tenían que terminar el trabajo, ensuciarse, fatigarse y jugarse la vida. Daba igual el número de buques, aviones, camiones, lanchas anfibias y bombas que interviniesen en la lucha, es el soldado de infantería, el pringado de toda la vida vamos, el que tiene que asomarse a la cueva para ver si queda alguien dentro dispuesto a volarle la cabeza de un disparo.


 
E.B. Sledge fue un hombre muy afortunado al sobrevivir a aquello, hacerlo sin secuelas físicas y reponerse del trauma psicológico de forma ejemplar, más aún al hecho de haber sabido enfrentarse a sus demonios en forma de recuerdos de pesadilla y ponerlo por escrito… pero no cabe duda de que hubiera sido aún mucho más afortunado de no haber tenido que pasar por la experiencia que relata en su libro. Ese compromiso adquirido con aquellos que no sobrevivieron, salvo en su recuerdo y en el de sus familias, y esa sensación de extrañeza y distanciamiento ante la vida que vivió posteriormente, ese antes y ese después, impregnan el relato de su historia… solamente quien ha vivido algo semejante puede hacerse una ligera idea, por muy detalladas y truculentas que sean en ocasiones sus descripciones la realidad es sin duda alguna infinitamente más variada, sucia y compleja que cualquier relato. Sin embargo el ex marine hace cuanto puede para que el lector se ponga, o haga un intento de hacerlo, en su piel y la de sus compañeros. 

La atmósfera de tensión, los miedos, las fatigas, la suciedad, las mil y una incomodidades, la importancia de cosas tan nimias y sencillas que nos rodean en nuestra vida cotidiana y que constituyen lujos impensables para un soldado en campaña, la angustia de ver que aquello se prolonga y no parece terminarse nunca, la densidad de esas horas interminables pasadas soportando el fuego enemigo, el castigo a tu sistema nervioso, el horror y todo el arco iris posible del mismo quedan muy bien reflejados en esta obra… y no se trata de la imaginación truculenta y morbosa de un escritor de fantasía, son recuerdos de hechos acaecidos en el mundo real, vividos, soñados en pesadillas, y reflejados por un escritor excepcional. Este es un libro escrito literalmente con sangre, sudor y lágrimas por alguien que vivió toda su vida con una deuda de gratitud hacia aquellos que ya no podían contar aquella historia.


No ha sido una lectura más, he devorado estas páginas con ansiedad, el libro consigue transmitirte perfectamente esa sensación de un pasaporte al infierno… un ejemplo: para aquellos que hayan visto la excelente miniserie “The Pacific”, recordarán perfectamente esa escena en la que los infantes de marina aguardan el momento en que su buque de desembarco anfibio se ponga en movimiento rumbo a las costas del islote de Peleliu, la serie capta perfectamente el momento en que la puerta del barco se abre y vomita hacia el mar el vehículo cargado hasta los topes con los soldados y sus equipos, y cómo la luz del sol entra a raudales y muestra el dantesco espectáculo de una isla que más bien parece un volcán en erupción emergiendo del agua en medio de violentas explosiones… la visión perfecta del infierno hacia el que se dirigen ¿podría alguien aguantar la impresión sin mearse en los pantalones?... solo el hecho de que el protagonista haya pasado previamente por el retrete del barco evita que se haga sus necesidades encima… esa escena, entre otras muchas del libro, está recreada muy bien en la serie, aunque afortunadamente para la sensibilidad y el estómago de los espectadores hay mucho del libro que no aparece. 

Y no solamente en el libro, es que en este el propio protagonista quitó bastante “material”, teniendo en cuenta todo lo que describe uno casi le da las gracias, porque repito, lo que describe E.B. Sledge en este libro no es el fruto de la calenturienta imaginación de un morboso escritor de terror, cualquier novela del Sr. King o de Clive Barker es una nana para dormir niños comparado con lo que este autor muestra y sugiere, de verdad no sé de qué pasta estaba hecho el escritor americano para no terminar metido en una camisa de fuerza. Esta novela fue escrita a lo largo de un periodo muy dilatado de tiempo y reunida a base de recopilar notas dispersas que en un principio solo estaban destinadas a su familia… de ahí el tiempo que tardó en publicarse.


Peleliu.
El asalto a esta pequeña isla coralina de solamente trece kilómetros de superficie fue el particular bautismo de fuego de E.B. Sledge, no podía haber empezado en una batalla más encarnizada, y sinsentido. La toma de la isla fue exigida por Mc Artur para proteger su retaguardia y flanco derecho a la hora de avanzar hacia las Filipinas, posteriormente se demostró como completamente inútil, hubiera bastado con dejar aislada a la guarnición, tal y como se hizo con numerosas islas ocupadas por los japoneses, para evitar la matanza… pero claro, las fuerzas que atacaron el aeródromo y la guarnición japonesa no formaban parte del cuerpo principal del “general estrella” de la Guerra del Pacífico, la buena visión estratégica y la cautela que le acompañaron en sus campañas parece que dejaron de importarle en lo relativo a esta operación, no eran soldados a su mando después de todo.



La batalla duró diez semanas, en lugar de los cuatro días previstos, y se llevó por delante más de ocho mil bajas americanas. La primera división de marines fue duramente castigada, Sledge pasó allí el primer mes de lucha viviendo una pesadilla. Es una de las menos conocida de la campaña del Pacífico y en su momento los analistas militares y supervivientes de la misma coincidieron en que fue una de las peores. Su nombre ni siquiera figura en muchos libros de historia. Allí E.B. Sledge perdió a unos cuantos amigos y constituyó un antes y un después que lo marcó para siempre:

"Incluso en medio de estos rápidos acontecimientos, bajé la mirada hacia mi carabina con sobria reflexión. Acababa de matar a un hombre a quemarropa. Me impresionó ver el dolor reflejado en su rostro con claridad cuando mis balas le alcanzaron. De pronto la guerra se convirtió en un asunto muy personal. La expresión de la cara de aquel hombre me llenó de vergüenza y luego de indignación ante la guerra y todo el sufrimiento que estaba causando".

Aquí tenéis un enlace a un documental alojado en Youtube con una descripción detallada de la batalla, donde también interviene el hijo de E.B. Sledge y se muestran frases sacadas de este libro.




Okinawa.
Si el infierno de Peleliu parecía imposible de superar tal cosa terminó ocurriendo. Al igual que en el caso anterior, con Okinawa se ha puesto en tela de juicio su necesidad… cuando tuvo lugar estaban ya proyectadas las pruebas con bombas atómicas en el desierto de Nuevo México, la batalla fue el preparativo inicial de la proyectada embestida sobre Japón. Al final los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki evitaron que se continuara con la invasión al provocar la rendición incondicional de Japón pocas semanas tras la finalización de lo que parecía una sangría interminable. He escuchado y leído muchas veces el argumento de que los bombardeos atómicos fueron innecesarios, de que Japón estaba derrotado y que aquello fue más una advertencia a la URSS que una verdadera necesidad… tonterías, Japón estaba derrotado pero se negaba obstinadamente a rendirse, hay una gran diferencia. Murió más gente en Okinawa si sumamos las bajas de ambos bandos más los civiles de la isla, que a consecuencia de las dos bombas atómicas, estas terminaron ahorrando vidas tanto de norteamericanos, el argumento principal, como de japoneses. El final hubiera sido el mismo pero la guerra se hubiera prolongado durante 1.945 y seguramente parte del año siguiente y hubiera terminado siendo más mortífera aún. Fue un caso particular y único en la historia en el que una atrocidad y un crimen, se mire como se mire el bombardeo atómico fue eso, evitaron atrocidades y crímenes aún mayores.




No se luchó en las playas en Okinawa, los japoneses se retiraron a posiciones fortificadas del sur de la isla y desde allí defendieron cada metro cuadrado de terreno con una ferocidad e ingenio sin igual. Fue una guerra sucia, sin compasión ni cuartel de ningún tipo, por parte de dos bandos que formaban parte de culturas, razas y civilizaciones muy distintas. Si quedaba algún rincón por golpear y conmocionar en el alma de este joven veterano soldado ya tras Okinawa no quedó nada intacto. Su descripción de los horrores del combate y la muerte que le rodeaba vuelven a estremecer aún más si cabe. En este caso su experiencia de batalla le salvó la vida en más de una ocasión, y también una tremenda suerte. Lo más curioso, y lo que realmente lo hace grande, es que no perdiese ni la cordura ni la humanidad… y no le resultó fácil.

Conclusión.

La guerra es completamente desmitificada en este “Diario de un marine”, sin embargo, E.B. Sledge está muy lejos de poder considerarse lo que hoy llamaríamos un “pacifista”. Naturalmente que expresa el deseo que nadie tenga que volver a pasar por un calvario semejante, nos muestra una y otra vez el lado cruel, sucio e inhumano de la guerra como fuente de todas las calamidades, pero en ningún momento leeremos crítica alguna hacia el gobierno de su país. 




Sledge fue siempre un soldado leal que desarrolló una gran devoción por el arma de marines, la división y el batallón donde sirvió. Estuvo siempre orgulloso de haber participado en la guerra en el cuerpo de marines y guardó un gran afecto de por vida hacia sus camaradas supervivientes. Hay que tener en cuenta las circunstancias de su participación en la guerra. Un conflicto en el que el entonces imperio japonés atacó por sorpresa y sin declaración previa de guerra, llevándose por delante la vida de más de dos mil quinientos soldados y marinos norteamericanos… de hecho Sledge pudo muy bien haber evitado el participar en la guerra en una unidad de combate en el frente, estuvo un año en una academia de oficiales y suspendió el examen a posta, tal y como hicieron muchos otros, para ser destinado como soldado raso a una unidad de combate. En el libro nunca expresa arrepentimiento por ello… pero por lo que cuenta en él, albergo serias dudas de que de saber lo que le esperaba hubiera actuado de la misma forma. En definitiva la guerra es horrible pero en ocasiones, según su opinión, es un mal necesario. No puedo reprocharle nada a una mentalidad hija de su tiempo, hay que dar gracias porque mi generación, así como la de mis padres (aunque no la de mis abuelos) no conocieron la guerra.


Lo mejor:  Un relato magníficamente escrito, uno de esos libros que simplemente no puedes dejar de leer, muy equilibrado en su estilo, sin vulgaridades ni palabras soeces... pero lleno de tristeza, emoción, imágenes impactantes, mensajes antimilitaristas pero a su vez elogiosos del buen hacer de unos militares profesionales, el cuerpo de marines, que soportaron un tremendo peso sobre sus espaldas en un conflicto despiadado y brutal como pocos. E. B. Sledge fue un ser humano excepcional en muchos sentidos y este excelente libro da fe de ello.


Lo peor: Aunque el autor proclama desde su prólogo que este libro no se constituye únicamente con su experiencia, la verdad es que siempre muestra una visión algo estrecha y reducida a aquello que él puede recordar y sobre lo vivido en primera persona, con lo bueno que tiene al hacernos partícipes de su experiencia, pensamientos y sentimientos sobre muchas cosas... pero nunca nos va a ofrecer una amplia visión de las campañas descritas ni tampoco sobre aquel conflicto de forma global. Aquellos que busquen información más completa y detallada tendrán que hacerlo en otra parte. El patriotismo que exhibe E.B. Sledge parece un poco trasnochado... aunque sin duda alguna que sus palabras respecto al mismo son siempre extremadamente sinceras, hay que recordar que estamos hablando siempre de un hombre de otra época.

lunes, 20 de marzo de 2017

La conquista del cerebro

"Cualquiera que muestre la pasión y la dedicación necesarias para dominar un campo o una materia puede destacar en ellas. La genialidad, sea del tipo que sea, no se debe a una mera particularidad del cerebro, sino que es el resultado de ciertos atributos, mucho más caóticos, dinámicos e inherentemente humanos, como la perseverancia, la imaginación, la intuición, e incluso el amor. Analizar de este modo la mente humana no le resta valor a la forma en que la opinión pública valora los logros de las personas que han triunfado, sino que la enriquece."



Ficha: "La conquista del cerebro", Daniel Tammet, Blackie Books, 332 página, ISBN: 9788 416 290604

Tras la publicación en 2.006 de su autobiografía ya comentada en este blog en sus inicios, "Nacido en un día azul", el libro fue todo un éxito que le valió el reconocimiento de la American Association Library. Daniel Tammet se animó a continuar escribiendo, pasando al género de la divulgación. Este que aquí comento, publicado en 2.009 es su segundo libro y el más recientemente publicado, que yo sepa, en castellano. De nuevo el libro fue un éxito, sobre todo en Francia, país en el que Daniel reside prácticamente desde entonces. 

Si en el primero teníamos la autobiografía de una persona muy particular, un chico con síndrome de Asperger, con los problemas que conlleva debido a su limitada capacidad para la empatía con los demás y sus dificultades con las habilidades sociales, estando además este síndrome en el caso de David en su modalidad conocida como savant que se caracteriza por una habilidad extraordinaria en algún campo. En el caso de David Tammet su especialidad son los números, además de una excelente memoria. El origen de esa habilidad él mismo nos lo cuenta en la obra antes mencionada, consiste en una característica de su cerebro que se denomina "sinestesia", es decir, una especie de vínculo entre zonas cerebrales que habitualmente no están conectadas. En su caso le permiten no solamente realizar abstracciones numéricas sino que "ve" literalmente los números con formas y colores... lo que le sirve de truco mnemotécnico a la hora por ejemplo de memorizar largas series, y también a la hora de realizar largos y laboriosos cálculos. David puede indicarle a cualquiera, por ejemplo, en pocos segundos que día de la semana cayó una fecha determinada... y con mucha exactitud. Multiplica grandes números y también extrae raíces cuadradas con más precisión que una calculadora de mano. Además en 2.004 batió el record europeo de memorizar dígitos de pi, más de 22.000 decimales, para cuya recitación tardó unas cinco horas.

Sin embargo sus habilidades numéricas palidecen cuando David muestra su talento como lingüista, aceptó el reto de una televisión islandesa y marchó a ese país para en el transcurso de una semana asistir a un curso acelerado de islandés y poder ser entrevistado en un programa en esa lengua al cabo de siete días. Lo consiguió y dejó atónita a la audiencia, toda una hazaña teniendo en cuenta el poco tiempo y la dificultad de la lengua de la que adquirió los suficientes conocimientos como para poder mantener una conversación, y entender las preguntas. Tengo que comentar aquí que no todo el mundo es unánime en su admiración por David, y que en su libro "Los desafíos de la memoria", Joshua Foer pone en duda parte de la historia de David, en concreto el que tenga esa habilidad "sinestésica" de la que habla o que sea un verdadero caso de síndrome de Asperger y mucho menos de savant ... Personalmente creo que David es sincero, aunque él mismo estaría de acuerdo en que sus habilidades memorísticas, linguísticas y de cálculo pueden ser imitadas e incluso superadas por personas completamente "normales"... sea cual sea el significado de esa palabra. Precisamente de eso va este libro.

La idea fundamental del ensayo, aparte de ser un lúdico y entretenido recorrido por algunas de las más sorprendentes habilidades cerebrales, es la desmitificación de las habilidades, aparentemente sobrehumanas, de aquellos aquejados por el síndrome de Asperger en su modalidad savant, grupo en el que él mismo se incluye aunque no deje por otra parte de ser una persona completamente funcional, con algunas particularidades y manías, y capaz por otra parte de analizar y explicar con detalle su caso particular... lo que lo hace "casi" único, y digo casi porque me viene a la memoria el caso de Temple Grandin, protagonista entre otros del excelente ensayo de Oliver Sacks "Un antropólogo en Marte", donde tenemos el caso de otro caso de síndrome de Asperger con una determinada habilidad, completamente funcional, capaz de hablar de sí misma con detalle y con un gran éxito profesional además. David pone en cuestión algunos mitos respecto a los savant, tal y como que nunca se equivoquen, por ejemplo, y sobre todo el hecho de que sus habilidades no puedan ser adquiridas por una persona normal con el debido entrenamiento y perseverancia. También le da un buen tirón de orejas al bueno de Oliver Sacks (que en paz descanse) por su retrato poco amable de dos gemelos savant retratados en "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero", aparte de cuestionar algunos de los hechos que en ese capítulo concreto se narran.


El libro constituye todo un viaje ameno e interesante por el mundo de las habilidades cerebrales, su título en el original en inglés vendría a ser "Abrazando el ancho cielo", confío en que futuras ediciones en castellano cambien el pretencioso título que de momento le han puesto. Lo de "abrazar el cielo" hace referencia a una idea de Tammet sobre la aparente pequeñez del cerebro humano, que sin embargo en su interior y debido a su increíble complejidad puede incluir el universo entero, aunque sea de forma conceptual. 

David en su recorrido por las particularidades del cerebro no dejará pasar la oportunidad de expresar sus opiniones, hablar desde la experiencia, y en definitiva dejar parte de sí mismo en el camino, nada que ver con esos escritores de ensayos que no se "mojan" y desaparecen de escena. David deja claro desde el comienzo que el tema tratado no ha sido escogido por él por casualidad. La complejidad del cerebro humano y descubrimientos recientes en el campo de la neurociencia, el tema de la inteligencia y su posible medida, los diferentes tipos de inteligencia, aquello denominado "inteligencia emocional"... los problemas a la hora de realizar test y su inutilidad, la relación entre la misma y el ambiente social, la práctica de una determinada habilidad etc etc. La capacidad del cerebro humano, incluso en edades muy tempranas, para adquirir y utilizar algo tan complejo como el lenguaje, el papel del olvido y la memoria, la importancia del lenguaje a la hora de moldear la mente... 

El libro en su parte final aborda el siempre apasionante tema de la percepción de la realidad, de cómo el mundo que percibimos es una construcción de la mente que se articula fundamentalmente a través de la visión, las ilusiones ópticas, y el tema tan importante de la información, sobre la importancia de filtrar la misma y las repercusiones negativas que tienen el bombardeo informativo y su capacidad para desorientarnos y confundirnos en vez de guiarnos. El pensamiento matemático, los sistemas electorales, el papel del azar... y finalmente el futuro de la mente humana, tal y como lo ven algunos en relación con la informática, los ordenadores y esa futura fusión entre mente y tecnología cibernética... la postura de David en este tema no es de escepticismo total, pero tampoco de ilusión desmedida, tal y como tienen otros, sobre las posibilidades de una futura unión hombre-máquina.

La sensación que me produce Tammet es la de una persona sensible e inteligente, lo más opuesto posible a una mente cuadriculada, un autor con una visión poética de la vida, aunque con una buena base matemática y científica.  En definitiva una especie de mentalidad científica y analítica, muy poderosa, que hace años descubrió el mundo de las letras y vive un idilio con el lenguaje pero sin dejar de lado sus adoradas matemáticas. Pronto leeré otro trabajo suyo publicado con anterioridad pero escrito en fecha más reciente. Sin duda D. Tammet es un autor al que vale la pena seguir, creo que acertó de pleno cuando decidió dedicar su vida a escribir, posee un talento innegable para ello y creo que los lectores de divulgación estamos de suerte con el hecho de que alguien como él se moleste en escribir y compartir sus pensamientos y reflexiones con nosotros.

Lo mejor: Sencillo de leer, lleno de información interesante, muchísimo sentido común, elegantemente escrito... en él da la sensación de que no sobra ni falta nada. Una delicia que gustará a los lectores habituales del género de la divulgación científica y temas relacionados con el cerebro y la mente en general. Muy recomendable.

Lo peor: Toca tantos temas que no profundiza al final en ninguno, la sensación final que tuve al terminarlo fue de haber leído un libro ameno y poco más, que le faltaba "sustancia" y que no me descubría nada nuevo, que en general estaba de acuerdo con sus reflexiones y que no había nada sorprendente. El libro, es verdad, tiene momentos interesantes, pero lamento un poco una cierta ausencia del David Tammet que aparecía en "Nacido en un día azul", había un componente humano y personal omnipresente que le otorgaba una calidez que no tenemos aquí, el anterior me sigue pareciendo mejor libro, aunque sé que la comparación no es en absoluto justa esperaba más de este autor. 

sábado, 11 de marzo de 2017

1Q84


"Cuando dejaron de verse las lunas, el calor volvió a su pecho. Era un calor firme que, aunque vago, transmitía una promesa, como una pequeña luz en el camino del viajero. 

- A partir de ahora viviré en este mundo -, pensó Tengo con los ojos cerrados. Todavía desconocía cómo se había originado aquel mundo y bajo qué principios funcionaba. No tenía ni idea de qué iba a ocurrir a partir de entonces. Pero no le importaba. No había que tener miedo. Independientemente de lo que aguardase, sobreviviría en aquel mundo de dos lunas y encontraría su camino.

Siempre y cuando no olvidara aquel calor, y no perdiera el ánimo. 
Permaneció un buen rato con los ojos cerrados. Poco después los abrió y contempló por la ventanilla la oscuridad de la noche de principios de otoño. Ya no se veía el mar. 

-Voy a encontrar a Aomame-, se dijo Tengo con absoluta determinación. - Pase lo que pase, sea como sea este mundo, sea quien sea ella -"



Ficha: "1Q84", Haruki Murakami, Tusquets Editores, 1.459 páginas, ISBN: 978 84 8383 599 9 y 978 84 8383 620 0

Al comentar una novela de Murakami a estas alturas es inevitablemente entrar en un ejercicio de evocación de lecturas pasadas, envidio y a la vez compadezco a quien se encuentre por vez primera con este escritor… le envidio porque va a tener a su disposición el descubrimiento de un mundo singular que seguramente le va a marcar como lector para siempre, le compadezco porque quizás no consiga conectar con ese peculiar mundo y abandone a las primeras de cambio. 

"1Q84" fue la novela más ambiciosa de Murakami en bastante tiempo, siete años desde la publicación en 2.002 de su genial "Kafka en la orilla"... curiosamente el mismo tiempo transcurrido entre esta y "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo" publicada en 1.995, parece que cada siete años tiene que embarcarse en un proyecto más ambicioso que sus habituales novelas de menos de quinientas páginas, y eso que es un escritor que en modo alguno se duerme en los laureles y no cesa de producir y publicar trabajos. Sin embargo hay varios niveles en su obra, por un lado están sus ensayos y sus recopilaciones de relatos, por otro las novelas de extensión “normal”… y por otra las “grandes”, hay otro nivel en estas, por mucho que me gusten algunos de sus trabajos menos ambiciosos. Este es un escritor al que le van los grandes formatos en mi opinión, un escritor que gana mucho cuando le dedica tiempo y espacio a su escritura, cuando sabe que puede recrearse cuanto quiera y sumergirse en sus mundos de ficción y agarra una idea con ganas… por eso creo que "1Q84" pertenece a otra categoría, a la misma de “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” y “Kafka en la orilla”… se nota que escribió esta novela con placer, que le cogió gusto y se recreó en este particular universo y en contrapartida tengo que decir que hace tiempo que no leía una obra suya con tanto interés y emoción. No considero que "1Q84" sea su mejor obra, "Crónica..." pienso que está uno o dos pasos por delante, así como "Kafka en la orilla", pero bajo cualquier punto de vista está solo un poco por detrás... y personalmente la pongo ya desde ahora en el primer lugar, sin duda es la que más me ha gustado, seguramente por ser la última pero también porque yo tampoco soy el mismo lector que hace ya casi diez años tuvo por primera vez en sus manos una obra del genial japonés, ahora le aprecio mucho más si cabe. 

Viaje de ida y vuelta.
Conozco a dos personas que intentaron enfrentarse a la lectura de 1Q84 y salieron rebotadas… aunque por diferentes motivos, una porque se encontró con una historia de desarrollo tan lento que simplemente abandonó en el primer capítulo por carecer de la paciencia necesaria para ello, él seguramente es un lector cuyos gustos van más por otros derroteros, por los de la lectura ágil y amena donde al menos “pasa algo”, no se lo reprocho porque hace bastantes años también yo gustaba de ese tipo de lecturas casi en exclusiva. Esta no es una obra demasiado recomendable para iniciarse en la obra del escritor japonés, y seguramente hasta habrá lectores habituales del mismo a los que les haya costado terminarla. Su lentitud puede exasperar.

Otro lector porque se encontró con desagrado con la forma habitual, bastante cruda, de tratar el tema del sexo, sin tabús y sin tapujos… aunque creo que sin recrearse excesivamente ni tampoco mirar para otro lado o eludir el tema. Hay una intencionalidad de mostrar la relación entre pulsión sexual y el mundo de los sentimientos, aunque en ocasiones el sexo presente en sus novelas adquiera aspectos un poco "aberrantes". Y eso desde luego es un defecto imperdonable según la mentalidad de algunos lectores, para mí no desde luego porque no considero a Murakami un “obseso sexual” o mucho menos un “pederasta” tal y como lo calificaba este lector... aunque el calificativo de "viejo verde" sí que lo tiene bien ganado :-). En fin, cada uno está en su derecho de poner el límite al morbo y buen gusto allí donde prefiera, y aunque creo que el sexo en su narrativa es solamente un elemento más, generalmente no de los más importantes, sí que suele estar presente... y a veces de una forma un tanto gratuita, vamos que si lo quitas tampoco pasa nada. No, definitivamente el lector típico de Murakami no es el típico morboso en busca de "carne", ni el adolescente (o adulto) pajillero al estilo de los que leen "50 sombras de..." y aberraciones similares. No me imagino a nadie leyendo al japonés para alimentar sus fantasías sexuales, habría que estar un poco enfermo :-D.



"1Q84" es una novela de desarrollo lento, muy lento, donde hay capítulos en los que no ocurre casi nada, donde uno de los protagonistas se va de compras a un supermercado y nos enteramos de todo lo que compra y mete en la cesta, donde se nos hace partícipes de sus pensamientos mientras elige un tipo de verdura y mientras espera en la cola del super… y donde se nos dice cómo prepara la comida y lo que ocurre por su mente mientras tanto… vamos que no es el Ulises de Joyce, una novela monstruosa de cerca de mil páginas que transcurre en un solo día, pero en donde la acción propiamente dicha va a ser en buena parte de la misma casi inexistente, una novela que va a girar en torno a sí misma como un remolino, atrapándonos justo en su centro. Si eres de los que tienen prisa mejor buscar otro tipo de lecturas, en cambio si eres de los lectores pacientes y curtidos que comparten el gusto por la creación de ambientes y que saben seguirle el juego al escritor de turno… entonces vas a disfrutar de esta extraña obra, no tan singular cuando se han leído otras novelas de este atípico escritor, porque hay una cosa clara... la innovación y la originalidad en relación con el resto de su producción es bien escasa, es una novela 100% Murakami.

1Q84.
El argumento es sencillo, hay dos personajes principales que se van alternando en los capítulos impares y pares, Aomame, una mujer de casi treinta años, instructora de gimnasia y asesina profesional a tiempo parcial será la protagonista de los capítulos impares, Tengo, un gris profesor de matemáticas y escritor aficionado será el protagonista de los capítulos pares. Aomame tras su último "encargo" profesional comienza a darse cuenta de ciertos detalles extraños que la hacen creer que de alguna forma ha entrado en una especie de mundo paralelo al 1.984 que ella conocía, o creía conocer, un mundo paralelo al que denomina "1Q84". En japonés la letra Q y el número nueve son homófonos, de modo que deletreando el año y este nombre inventado ambos sonarían igual. 

Tengo vive también una doble vida, aunque en este caso no había dado el salto a ninguna actividad ilegal tal y como hace Aomame, aún claro... porque influido por su persuasivo editor, Komatsu, y seguramente cansado de su falta de éxito como eterno aspirante a novelista se le ofrece un trabajo a todas luces ilegal, pero que por algún motivo no puede rechazar. Consiste en reescribir la novela de una autora novel que una chica llamada Fukaeri, de solo diecisiete años, esta ha escrito una pequeña novela de corte fantástico que aunque rebosa originalidad e imaginación no tiene la menor oportunidad de ganar un importante concurso literario... la idea del editor Komatsu será reescribir completamente la novela utilizando a Tengo como "negro" y una vez pulidos sus defectos y desarrollada más la historia presentarla al concurso como si desde el comienzo la autora la hubiese escrito tal cual, vamos una estafa en toda regla. 

Como no podría ser de otra forma veremos como una y otra historia, la del novelista y la asesina, comienzan a complicarse, tomar algunos tintes y giros extraños... e ir relacionándose de forma inesperada, veremos como ese mundo paralelo "1Q84", un mundo donde existen unos seres extraños capaces de influir en las personas y realizar cosas imposibles, un mundo donde brillan dos lunas en el cielo, y donde Tengo y Aomame se sumergen más y más va tomando cuerpo y presencia, formando parte esencial del relato. 



Por su volumen esperaba encontrarme con una especie de "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo 2", no ha sido así, aunque desde luego guarda algunas semejanzas, entre las mismas por ejemplo la presencia del detective Ushikawa, y un lento y progresivo peso del elemento fantástico dentro de una historia que aparentemente parece anodina y sencilla va evolucionando de forma progresiva. Volvemos a encontrarnos una serie de elementos propios del autor y que en esta novela desarrolla, dada su extensión, una y otra vez... unas descripciones detalladas, no de todo por supuesto, pero sí de elementos que no siempre tienen componentes fantásticos o inusuales, especialmente de temas que pueden expresarse fácilmente con palabras, tales como recuerdos, sentimientos... y en ocasiones sensaciones extrañas, esta es una obra llena de metáforas y de un intento de rizar el rizo y describir lo indescriptible. 
Era ya algo que aparecía en el resto de su obra, pero aquí más si cabe. 

Tal y como apunté antes la acción es lenta, aunque no inexistente, la novela da la impresión de moverse con majestuosidad... cómo un iceberg en el océano, movimientos lentos pero poderosos, y una sensación continuamente en el ambiente de que todo puede estallar en mil pedazos, una tensión contenida y una atmósfera extraña que impregna casi toda la historia. Murakami nos ofrece aquí algunas de sus mejores descripciones de caracteres de toda su producción, esa forma tan original de presentar a los personajes, de utilizar metáforas para describir sus rasgos físicos... utilizando elementos ajenos al cuerpo humano y a las ropas para realizar sugerentes y originales comparaciones, yendo mucho más allá de la mera representación visual... hay que leerle para entender esto. 

En los personajes principales, Murakami se introduce además en su psique y trata de hacer ver al lector la forma en la que estos captan la realidad, los pensamientos de los mismos y su mundo interior, inaccesible para los demás, tomará gran importancia en el relato. Volveremos a encontrarnos con personajes secundarios interesantes... a veces reducidos a meros arquetipos, otras a elementos fundamentales de la historia, como el repelente detective Ushikawa ya mencionado, y por lo visto especialmente querido por Murakami... que pasa de personaje secundario a compartir protagonismo con Tengo y Aomame en la tercera parte. 

Nos encontraremos, como no, con dos elementos fundamentales en la narrativa de Murakami, los sueños y la música. Naturalmente que harán su aparición también sus tradicionales temas como son el sentimiento de soledad y alienación de la vida moderna, la búsqueda de sentido de la vida, el sentimiento de extrañeza ante el mundo y la sensación de no pertenecer a ninguna parte, la sensación de vacío, los recuerdos, la muerte, el sexo y el amor... los grandes y pequeños temas de siempre están ahí y van a presidir como siempre las tribulaciones de los protagonistas. Sin embargo considero a esta novela la más "musical" del escritor nipón. 

Música y estructura. Las dos primeras partes que fueron publicadas juntas en 2.011 en España forman un total de 48 capítulos, y se asemejan en cuanto a estructura a la obra musical de Juan Sebastian Bach denominada "El clave bien temperado", que consta del mismo número de partes si sumamos sus dos volúmenes... un preludio acompañado de una fuga, doce pares en total, multiplicados por dos con el segundo volumen. Puede sonar extraño, lo sé, pero creo que es imprescindible conocer esta obra musical de Bach y haberla escuchado varias veces para llegar a entender del todo este "1Q84" de Murakami, o al menos haber escuchado con asiduidad la música de contrapunto barroca, pues el ritmo de su narración y la escritura es similar.



Ya sabíamos que Murakami era un gran aficionado a la música, que suele tener costumbre de leer acompañado de música clásica o jazz habitualmente, que posee una gran cultura musical y que cuando escribe él mismo confiesa que se imagina a sí mismo como un pianista de jazz improvisando... pero es que hay cosas de esta novela que solo se entienden desde el punto de vista musical. Así que aviso, todas esas reiteraciones, la circularidad de un relato que parece un perro persiguiéndose la cola, las referencias a sí misma... no son capricho del autor para "meter paja", son un recurso más... "1Q84", especialmente en sus dos primeras partes, es una especie de "novela contrapuntística", dos melodías que se entremezclan, de igual rango, que por separado formarían una historia-melodía completa en sí misma, pero que al entremezclarse forman algo más que la suma de sus partes y suenan o discurren con armonía... esa era la intención del autor ¿lo ha conseguido?, bueno, en lo que a mí respecta indudablemente SI. 

Personalmente ya conocía esta composición del genial compositor alemán desde hace bastantes años... y se encuentra entre mis favoritas, pero es que dan ganas de hacerla sonar mientras uno lee esta novela. Si en "Crónica..." la novela comenzaba majestuosamente con los sones de "La Gazza Ladra" de Rossini, escuchada por su personaje principal, Toru Okada, en casa mientras cocina unos espaguettis, en esta obra la "overtura" nos la proporciona "La Sinfonietta" de un compositor checo ,completamente desconocido para mí, llamado Leos Janacek, escuchada desde la radio de un taxi... ni que decir tiene que gracias a esa maravilla conocida como Youtube ya la he escuchado alguna que otra vez, eso sí... me sigo quedando con Bach ;-). 

En definitiva... guste más o menos estamos ante la obra más musical del compositor nipón, cuyas insistentes repeticiones y reiteraciones, así como los cambios de tono y ritmo lento, tal como comenté antes, creo que obedecen a cierta intencionalidad formal. Por cierto esta novela me ha recordado mucho, quizás por su simplicidad, a la anterior comentada ya aquí "Baila, baila, baila", de 1.988, es una sensación que no he conseguido quitarme de encima leyendo esta obra, no se si por las traducciones o por qué motivo pero la considero más cercana a sus primeras novelas que a la barroca "Crónica... " o a la extraña y genial "Kafka en la orilla" ¿será impresión subjetiva mía? ... o es que también quería de alguna forma acercarse a sus obras de comienzo de los ochenta, la época en la que transcurre esta narración... a saber.

Mundo interior. Otro tema que quiero señalar aquí es el omnipresente elemento onírico, veremos pocas descripciones de sueños... y es que no es necesario ya que en el mundo imaginado de Murakami los protagonistas en cierta forma sueñan despiertos... las descripciones de personajes en ocasiones se asemejan mucho a las imágenes deformes e insólitas que en ocasiones aparecen en nuestros sueños, cuando el cerebro tiene que intentar reconstruir una imagen real en base a recuerdos almacenados en la memoria, aun cuando la narración se refiera a una situación supuestamente real. El escritor japonés utiliza este recurso para añadir un componente extraño en sus novelas, puede hablar de las cosas más cotidianas y banales que quepa imaginar, pero siempre hay una atmósfera rara. También le van, y se nota mucho en esta novela, los ambientes claustrofóbicos, personajes enterrados en vida entre cuatro paredes donde la narración no tiene más remedio que seguir el transcurso de sus acciones más simples y sobre todo seguir el curso de sus pensamientos, porque sencillamente no sucede nada más. Los sueños, los pensamientos, reflexiones, sensaciones y la imaginación de sus protagonistas pasan a ser el elemento principal, y no la acción de lo que hacen o dicen. Si ya la narración se encierra en una especie de ovillo pequeño y cerrado, termina cerrándose aún más en la mente de los protagonistas. 

Conclusión.
En una entrevista durante la promoción de esta novela, Murakami hacía alusión a cómo el mundo se convertía en un lugar más y más desconocido, accidentes como el de la central nuclear de Fukushima, acaecido cuando la obra ya estaba publicada en su totalidad en Japón, venían a mostrar que no solamente no conocíamos, ni podemos conocer, el futuro... que el futuro es un lugar incierto  hasta que se convierte en presente, pero que también lo es el pasado. Cuando Orwell publicó su 1.984, escrito en los años 40 como una crítica demoledora de los totalitarismos y muy especialmente del régimen de la Rusia de Stalin, no solamente hablaba de un futuro oscuro donde una dictadura oprime al mundo, sino también de cómo esa dictadura reinventa y modifica aquello denominado "verdad", llegando a modificar inclusive el pasado... tal y como hizo Stalin cuando represalió a Trosky y sus partidarios, no solamente fueron expulsados y asesinados, sino que también se reescribió el pasado eliminando al antiguo dirigente y fundador del ejército rojo de las fotos oficiales de años anteriores. Chernobyl primero y Fukushima después, nos han demostrado que todo cuando nos habían contado sobre la seguridad de la energía nuclear era erróneo, un engañabobos refrendado en ocasiones por prestigiosos hombres de ciencia, así ha ocurrido en este siglo XXI con muchas cosas, particularmente en España llevamos una racha especialmente intensa de "caídas del burro" respecto a muchas cosas, a la bondad y conveniencia de la Unión Europea y la moneda única, a la labor vigilante y reguladora del Banco de España, a la honestidad de la monarquía y la jefatura del estado, a la honradez de los partidos políticos... de los que pensábamos hasta no hace tanto que la deshonestidad era cosa de una minoría... En fin, en este Siglo XXI no solamente el futuro deviene en algo incierto, sino que incluso ya no tenemos seguridad respecto al pasado y a que este en realidad no fue nunca realmente como pensábamos que era. 

Esa sensación, de que las cosas no son como habíamos creído que eran, impregna el espíritu de la novela, y también buena parte de la narrativa de Murakami, para mí sin duda el autor más importante para comprender esta época tan extraña. De ahí que ese mundo alternativo e irreal denominado "1Q84" no sea más que una metáfora de los tiempos que nos ha tocado vivir en este cambio de siglo y milenio. 

He tenido noticias hace poco que Murakami acaba de estrenar otra novela, denominada provisionalmente "Matar al comendador", ha salido en su país dividida en dos tomos, de aproximadamente mil páginas cada uno...  el escritor nipón sigue fiel a su ritmo de publicar una obra monumental cada siete años aproximadamente. Probablemente estemos ante una obra tan extensa, o más, que esta, todavía es pronto para decirlo y seguramente a estas alturas el encargado, o encargados, de su traducción al castellano y al inglés deben estar trabajando a toda máquina. No hay información todavía en internet sobre su argumento... pero apuesto, es más estoy más que seguro, a que es una historia muy semejante en espíritu a esta otra obra. El filón sigue abierto y seguramente va a seguir proporcionando historias interesantes. 


Lo mejor: Si eres un incondicional de Murakami esta es una obra que te encantará, y que seguramente habrás leído hace tiempo, si no has leído nada del autor japonés mejor comenzar por otra para irle cogiendo el gustillo, aunque tarde o temprano te toparás con este enorme tocho de más de 1.400 páginas... tengo que decir que la he disfrutado de comienzo a fin y que si bien es cierto que ya me quemaba un poco en las manos pues estoy acostumbrado a despachar cualquier libro en el plazo de siete días como mucho, la sensación que me embarga es tan buena que hubiera comenzado a leerla de nuevo apenas terminada. Una obra con todo lo bueno y lo malo del escritor japonés, casi a la altura de sus mejores producciones. Me han encantado esos subtítulos que acompañan a cada capítulo. Muy recomendable.


Lo peor: No es mejor que las obras extensas ya señaladas al comienzo, queda uno o dos pasos por detrás en mi opinión, Murakami sigue sin superar el listón que dejó bien alto en 1.995... da además la impresión de ser una especie de "novela souflé" , es decir de una historia sobredimensionada, que daba como mucho para escribir una novela de setecientas páginas... y que se quedó en el doble. Personalmente no creo que esto sea en sí un inconveniente, pero comprendo a cualquier lector que se queje de tanta extensión. Su final, que no voy a destripar aquí, creo que es el correcto y de hecho el único posible... pero igual no termina de cuadrar a más de uno. También hay situaciones y giros en el argumento notablemente forzados, para tanta extensión hay veces que pienso que Murakami se volvió un poco vago o que le faltó imaginación, tomando atajos fáciles... todo el capítulo clave de la historia, el que refleja el aguacero retratado en la portada, me parece un despropósito, una tomadura de pelo... por no hablar de los cabos que quedan sueltos... definitivamente Murakami sigue sin superar su propio listón de "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo", lo ha intentado y hay cosas de esta obra que recuerdan a aquella... pero siento que aún le falta algo. Esperaré la traducción y publicación de su última obra con mucho interés, ojala de aquí a un año o poco más pueda escribir en este blog "¡lo consiguió!, ¡por fin llegó la obra maestra que todos esperábamos!".