miércoles, 15 de octubre de 2014

Cioran. Manual de antiayuda

"Yo no soy un amigo del hombre y no estoy en absoluto orgulloso de ser un hombre. Es más: tener confianza al hombre representa un peligro amenazador, la creencia en el hombre es una gran necedad, una locura. Yo soy una persona que en el fondo desprecia, podríamos decir, al hombre. Desde luego, tengo aún muy buenos amigos, pero si pienso en el hombre en general, siempre llego a la misma conclusión: la de que tal vez habría sido mejor que no hubiera existido nunca. Se podría prescindir - por decirlo así - perfectamente del hombre"

Emil Cioran. Conversaciones.

Ficha: "Cioran. Manual de antiayuda", Alberto Domínguez, Editorial Alrevés, 266 páginas, ISBN: 978 841 5900 429

He tardado dos años en volver a leer algo de Cioran, en su día ya le dediqué un más que efusivo comentario a raíz de la lectura de "Adiós a la filosofía y otros textos", el recopilatorio de Fernando Savater que me introdujo en su obra... a pesar de mi tono positivo y exaltado, típico de los grandes hallazgos, no quise continuar leyéndole en aquel momento porque pensé que ya había exprimido a fondo la esencia de su pensamiento y que de continuar no haría otra cosa que dar vueltas y más vueltas sobre lo mismo. Dudaba seriamente de que ya me sorprendiera lo más mínimo.


Con Cioran además sucede lo mismo que con determinadas comidas donde se abusa de las especias, tales como una hamburguesa doble con queso y abundante mostaza, unos tacos mexicanos o un kebab con salsa picante... cuando no estás acostumbrado te inundan de sabor y te abruman; pero el exceso es malo, arruina tu salud y te abrasa el paladar... de modo que terminas encontrando insulsos otros manjares más "delicados"; y es que al lado de la elegante prosa del filósofo rumano, vehículo de toda una andanada de ideas contundentes y de hondo calado, cualquier escritor y filósofo resulta anodino por comparación. Mucho mejor desde luego en dosis controladas y espaciadas en el tiempo, porque si no se pierde la gracia y el impacto, semejante a un puñetazo en pleno rostro, del que es todavía capaz la obra del taciturno, insomne y atormentado Cioran. 

Sus escritos no es que sigan todavía plenamente vigentes, es que no tienen fecha de caducidad, estoy seguro que con los años lograrán más y más proyección... de hecho todavía me resulta chocante el vacío de silencio que hay en torno a su nombre, el que como muy bien comenta Alberto Dominguez en este ensayo "Es raro, casi escandaloso, pero Cioran es un desconocido; salvo cuatro expertos o frikis de la rama gusto por las pompas fúnebres y la vida entendida como una barrabasada, a Cioran no lo conoce ni su padre"...  no creo que sea tan desconocido, pero si la filosofía es ya de por sí un tema minoritario mucho más el del grupo de conocedores y admiradores del filósofo transilvano... uno de esos escritores que te transmiten la sensación cuando les conoces por vez primera de "cómo he podido tardar tanto tiempo en conocerle", e incluso esta otra "es lo mejor que he leído en mi vida". Vamos que da la impresión, seguramente falsa y fugaz, de que todo cuanto has leído anteriormente no vale un pimiento y no es algo que, al menos a mí, me ocurra con frecuencia.

¿Por qué manual de antiayuda?... porque no este no es un ensayo típico donde el autor nos descubre el pensamiento de tal o cual filósofo, sus ideas, nos muestra los detalles de su vida etc etc. La obra filosófica de Cioran en relación a determinados temas será la excusa, el libro está plagado de citas del rumano, pero básicamente lo que Alberto Domínguez hace es expresar sus propias ideas, elaborar su propio pensamiento en concordancia con las líneas maestras de la filosofía de Cioran. El libro es en su totalidad una reflexión sobre la vida y los aspectos más duros de la misma, que aunque todos conocemos, o deberíamos conocer de sobra a estas alturas, habitualmente suelen quedar fuera de los libros del subgénero ensayístico "autoayuda". Un libro de autoayuda suele tener como pretensión la mejora del estado de ánimo del lector, instruirle, marcarle un camino y proporcionarle fórmulas y recetas para que a través de un cambio de actitud y determinadas acciones mejoren las condiciones materiales, emocionales y espirituales de su vida. En definitiva influir en la vida del lector de forma positiva... aunque sea a través de un "autolavado de cerebro" y de proporcionarle unas esperanzas más que dudosas.

Este "manual de antiayuda" que nos presenta Alberto Domínguez no pretende tal cosa, ni de lejos, el mismo nos va a mostrar en toda su crudeza los aspectos más desagradables de la vida, no la de los demás, ni el estado del sufrimiento, injusticia y dolor en el mundo sino sobre todo el NUESTRO. La vida considerada como una tomadura de pelo, un fraude, una jaula de la que no hay escapatoria, el temor de la muerte, la angustia vital, la soledad, la futilidad de nuestros esfuerzos, la estupidez supina de la raza humana... ilustrado naturalmente con una excelente selección de citas de Emil Cioran, pesimista entre los pesimistas, filósofo de la desesperación y el sufrimiento ¿acaso pretende el autor amargarnos la vida?... tras su lectura, verdaderamente amena e intensa, a ratos descorazonadora y también a ratos divertida y sorprendente, tengo que decir que PARA NADA.

Admitámoslo, si la literatura de autoayuda funcionara de verdad ¿por qué están las estanterías de las librerías atestadas de títulos? ¿por qué tanta venta millonaria?... porque nos prometen aquello que no pueden cumplir y como ilusos picamos una y otra vez. Si esos libros funcionaran de verdad hace ya tiempo que no se editarían tantos títulos... habría dos, tres o una docena de superventas y se acabó, la fórmula se habría agotado hace mucho tiempo y sus autores tendrían estatuas y placas con su nombre en todas las ciudades en agradecimiento a su labor en pos de mitigar el sufrimiento humano ¿alguien ve o ha visto alguna calle dedicada a Paulo Coelho, Deepak Chopra, Wayne Dyer, Lou Marinoff  etc etc ?. Así que tranquilos, un manual de "antiayuda" no nos va a amargar más la vida, si acaso pretende arrojar un poco más de lucidez y de sentido común, ese que también es el "menos común de los sentidos".

El autor en la presente obra realiza un ejercicio que a mí me recuerda un poco al "vichara" del hinduísmo, una autoindagación en la cual el que la realiza trata de dilucidar la verdadera naturaleza de su propio "yo" a base de la negación, "no eres tus pensamientos", "no eres tu cuerpo", "no eres tus sentimientos", "no eres tus emociones" ... etc etc ... para al final demostrar la inexistencia del "yo" y desvelar con claridad las imposturas y las falsedades de tantas cosas que solemos dar por sentadas. Alberto Dominguez realiza su particular "vichara", no enfocado a desenmascarar la falsedad de eso que denominamos "yo" sino centrado en desenmascarar las falsas ilusiones con las que adornamos nuestra vida para hacerla más soportable y que nos hacen permanecer en un estado permanente de oscuridad. 

La pérdida de la inocencia al abandonar la infancia, la condena del trabajo, el aburrimiento, la desgracia de haber nacido (y la conciencia de tener que morir), la soberbia de considerarnos mejor que el resto de las especies, el infierno de tener que convivir con los demás, la carga genética, la inutilidad de la filosofía para curar los males del alma, las limitaciones de las palabras y las terapias, la falsedad de las religiones y su ridiculez, la realidad de la muerte, el suicidio... vamos todo un banquete que hará las delicias de pesimistas y amargados... o que incitarán a más de uno a no seguir leyendo, si es que puede claro ;-)

Alberto Domínguez no es Cioran, afortunadamente para él claro, posee la rara habilidad de hablarnos de los aspectos más duros de la vida en un tono mordaz, claro y desenfadado que hace que uno no pueda dejar la lectura en ningún momento. Si él experimentó una súbita "iluminación" cuando descubrió en Cioran a un alma gemela y tuvo la sensación de estar leyendo sus propios pensamientos está claro que seguramente ha pretendido lo mismo para con los lectores de su libro.

"Cioran decía que un libro debía incomodar, perturbar, sacudir al lector, que un libro cuya lectura te dejaba igual que estabas antes de leerlo no era un buen libro. Lo que, a mi modo de ver, más distinguía a Cioran del resto de escritores era precisamente el hecho de que todos sus libros te provocaban, que todos te vapuleaban el espíritu; a medida que iba leyendo cualquiera de sus obras, iba teniendo la sensación de que aquello era como la piedra Rosetta de la literatura - o de la filosofía, o del pensamiento, tanto da - que me permitía interpretar el mundo, a cada párrafo mi mente asentía, decía: "Sí, es lo que yo sospechaba, estaba en lo cierto, la vida es una equivocación" 

Incomodar y sacudir al lector... bueno eso ya dependerá de la sensibilidad de cada cual, en mi caso simplemente lo he encontrado entretenido, ameno... y poco más, y es que ya partía con ventaja, había leído algo a Cioran y sabía por donde iban a ir los tiros. Aun así me ha agradado mucho su tono desenfadado y directo, me ha hecho sonreír... y no, nada de deprimente, justo todo lo contrario, seguramente porque no me ha descubierto gran cosa... sin embargo creo que voy a seguir leyendo cuanto escriba este autor, precisamente porque de vez en cuando es agradable ver reflejadas muchas de las propias ideas y pensamientos en un libro para constatar que no, uno no se ha vuelto loco, ni es tan anormal como cree... que aunque no se comenten habitualmente, ni se escriban siquiera ciertas cosas, estas pululan por ahí en ciertas mentes "enfermas" de lucidez, quiero pensar que de forma más frecuente de la que uno cree.


Lo mejor: Una buena introducción al pensamiento del filósofo del pesimismo por excelencia y sobre todo al del propio autor, inspirado por este. Irreverente, por momentos descorazonador, sarcástico y corrosivo, muchas veces incisivo y agudo, en definitiva un ejercicio de lucidez que se agradece en medio de tanta tontería y vana ilusión, y es que de vez en cuando necesitamos un buen jarro de agua fría en la cara que nos despierte. Muy buena la recomendación del autor sobre otros escritores, he tomado buena nota. Gracias Alberto.


Lo peor: No muestra ni por asomo toda la riqueza del pensamiento de Cioran, tampoco lo pretende, coge las obsesiones e ideas fundamentales del mismo presentes a lo largo de su obra y las toma como punto de partida para desarrollarlas con su propio estilo. Una falta de luz y un exceso de lucidez pueden cegar igualmente, por eso no considero a la filosofía del filósofo maldito como el "summun" de la perfección, la misma estuvo muy condicionada por sus vivencias personales y sus limitaciones... seguramente de cualquier filósofo podemos decir eso, pero es que en el caso del rumano hay una conexión más que evidente, fundamental diría yo, porque básicamente su pensamiento es una pura sublimación de su sufrimiento personal. 

Tampoco las reflexiones en torno a la vida se agotan ni remotamente con lo expuesto aquí por Alberto... si esto fuera todo hace tiempo que nos habríamos extinguido como especie. El propio Cioran hubiera deseado vivir entregado a una causa noble, creer en algún ideal que hubiera dado sentido a su vida... nunca tuvo fuerzas para lo primero ni su escepticismo fundamental le permitía lo segundo. De modo que aunque la intención es buena dudo mucho que este "reverso tenebroso" de los libros de autoayuda vaya a cambiar demasiado la conciencia de nadie, aunque se agradece el esfuerzo desde luego.

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"Solo he ahondado en una idea, a saber, la de que todo lo que el hombre hace acaba volviéndose contra él. La idea no es nueva, pero dudo que mortal alguno la haya vivido jamás con intensidad semejante y con fuerza a la que ningún fanatismo o delirio se haya aproximado. No hay martirio ni deshonor que no sufriría yo por ella y no la cambiaría por ninguna verdad, por ninguna otra revelación"


Ficha:  "Cuadernos (1.957 - 1.972)", Emil Cioran, Tusquets Editores, 265 páginas, ISBN: 9788483830178



Cuando tras la muerte de Cioran en 1.995 se registró su apartamento para hacer inventario de sus pertenencias se encontraron una colección de treinta y cuatro cuadernos idénticos, el filósofo siempre tenía uno cerrado encima de la mesa, donde a lo largo de quince años había anotado breves pensamientos de temática variada. Estaban fechados desde el 26 de junio de 1.957 hasta el año 1.972. No eran nada parecido a un diario, Cioran menospreciaba dicho formato, sino pequeños fragmentos de su pensamiento que se molestaba en plasmar por escrito en sus abundantes y prolongados periodos estériles, de incapacidad para escribir nada más relevante entre libro y libro. Esta especie de borrador formó parte de un proyecto futuro que nunca llevó a término, por eso poseen por una parte la imprecisión y la falta de "pulido" de sus obras revisadas y preparadas para llevar al editor y por otra parte la espontaneidad del que escribe algo sabiendo que, al menos de momento, nadie va a leerle. 

Reflexiones en torno a sus obsesiones de siempre, el sentimiento de tragedia que acompaña a la vida, el tedio y aburrimiento, recuerdos a su Rumanía natal y pensamientos en referencia a la cultura europea, a sus vivencias cotidianas, su pereza a la hora de escribir y su lamento por los periodos "en blanco", la vejez y el paso del tiempo, la soledad y el sentimiento de pérdida...reflexiones sobre pensadores de otras épocas, sobre el arte y la música en particular, sobre su obra y sus escritos etc etc. 


"Pobre del escritor al que yo haya admirado sobremanera. Mi admiración no tardará en convertirse en odio o asco. No puedo perdonar a aquellos que he convertido en mis ídolos. Tarde o temprano, me erijo en iconoclasta"

"Me resulta imposible precisar mi sentimiento respecto de mis libros. Son míos y sin embargo... Me veo obligado a pensar en ellos y juzgarlos, puesto que me hablan de ellos, pero, ¡cuanto más libre y más yo mismo sería, si no existieran y hubiese dedicado el tiempo empleado en escribirlos a apartarme gozosamente del mundo y de mí mismo!"

"El hombre ha nacido de una voluntad de superación y se ha convertido en locura de superación. Superarse, superarse siempre, ésa es su manía, su enfermedad. Si hubiera sabido permanecer en sí, no cruzar los límites de su ser, vivir en su fondo, en su capital, en lugar de extenderse y querer amasar y conquistar, ¡qué criatura admirable no sería!"

No hay una unidad temática, el autor brinca de un asunto a otro de forma aleatoria, en función de su humor y sus pensamientos de aquel momento, su extensión es variable pero tal y como dice en un punto "llevo el fragmento en la sangre" predominan los textos cortos, de entre dos y cinco líneas, aunque tampoco faltan los de más extensión. En ellos no siempre hace gala de un temperamento triste y melancólico sino que los hay también que destilan una fina ironía, algo no demasiado usual en él. Naturalmente están casi todas sus grandes obsesiones y empiece uno el libro por donde quiera, salte de forma aleatoria sobre sus páginas o lea al tuntún siempre va a reconocer la "marca de la casa"... pesimismo y amargura si, pero también una hiriente lucidez en muchos temas y sobre todo una gran intimidad con el filósofo, se nota mucho que no preparó los textos para su publicación y que seguramente los dejó abandonados para la posteridad, podría haberlos destruido perfectamente, debido al clima de intimidad y honestidad consigo mismo que se respira de principio a fin... no son un diario, pero podrían serlo perfectamente.


Lo mejor: Estamos ante la quintaesencia del pensamiento del filósofo rumano, a pesar de su dispersión temática, bastante errática la verdad, es una lectura que engancha desde la primera página, esa aparente falta de orden y revisión también tiene su encanto y dota a los fragmentos de una "frescura" que no siempre se observa en otras obras suyas donde se nota mucho la revisión y obsesión por remachar las ideas. Quienes estén familiarizados ya con la obra del melancólico filósofo no deberían perderse esta.
 
Lo peor: No estamos ante un "legado póstumo", una especie de últimas voluntades... sino ante una obra que el autor no se decidió nunca a enviar a su editor y que probablemente nunca hubiera autorizado publicar, era demasiado exigente y perfeccionista para ello. Seguramente no es la más recomendable para iniciarse en su pensamiento sino más bien una "rareza" semejante a esos discos grabados con restos desechados de grabaciones y que solamente son editados por jugarretas de las discográficas o por la desesperación creativa de sus autores.

martes, 7 de octubre de 2014

Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía

"En el espacio infinito hay innumerables esferas luminiscentes y en torno a cada una de ellas giran aproximadamente una docena de esferas más pequeñas e iluminadas que, ardientes por dentro, están cubiertas con una corteza solidificada y fría, sobre la cual una capa mohosa ha originado seres vivos y capaces de conocer: ésta es la verdad empírica, lo real, el mundo. Sin embargo, para un ser pensante es una situación penosa hallarse sobre una de estas innumerables esferas que se balancean libremente en el espacio ilimitado, sin saber de dónde viene ni hacia dónde va, siendo tan sólo uno entre innumerables seres similares que se empujan, incitan y atormentan, surgiendo y desapareciendo rápida e incesantemente en un tiempo sin comienzo ni final: ahí nada persiste salvo la materia y el retorno de las mismas, a la par que diversas, formas orgánicas, por medio de ciertos caminos y canales que existen de una vez por todas. "

Arthur Schopenhauer. El mundo como voluntad y representación, tomo II, capítulo 1º.

Ficha: "Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía", Rüdiger Safranski, Tusquets Editores, 495 páginas, ISBN: 9788 483 833438

De nuevo me acerco a la obra y vida de este gran filósofo alemán y lo hago de la mano de un compatriota suyo, un filósofo contemporáneo, Rüdiger Safranski, especializado en ensayos sobre grandes pensadores alemanes. Schiller, Nietzsche, Heidegger... son algunos de los filósofos a los que ha dedicado un libro. Si todos ellos poseen la calidad y el excelente nivel que Safranski demuestra en esta obra estoy ante uno de esos autores imprescindibles. Sin duda que no será el último libro que lea con su firma.

Schopenhauer como filósofo suele ser despachado rápidamente bajo la etiqueta de "pesimista". Posiblemente no hay en la historia un filósofo con una relación más dispar entre su talla intelectual y su influencia en la historia de la filosofía que el viejo gruñón de Frankfurt. Reducir su pensamiento, como hacen muchos, a la simple etiqueta de pesimismo sería el equivalente de definir a Cervantes como "el escritor manco que escribió una parodia de las novelas de caballerías". 

Schopenhauer fue una anomalía en su época, aquellos "años salvajes de la filosofía" tal y como los define Safranski fueron los años del romanticismo alemán, con Fichte, Schelling y sobre todo Hegel como protagonistas. Los mismos elaboraron una filosofía que era a la vez deudora y se se rebelaba contra la poderosa figura de Inmanuel Kant, pensador que representa la cumbre en filosofía del siglo de las luces... Kant pretendió eliminar de una vez por todas la metafísica y he aquí que los filósofos románticos pretendieron rehabilitar la misma con una particular metafísica del espíritu, muy diferente según el autor, metafísica en la moral, en la naturaleza, el arte, en la historia etc. Schopenhauer fue un seguidor en muchos aspectos de Kant, al que también criticó, especialmente en lo referente a su ética, pero con quien le unió una gran afinidad de pensamiento tal y como muestra Safranski en su ensayo...

Este ir a contracorriente de la época, sobre todo por su original y pretenciosa filosofía, seguramente no ha existido un filósofo más pretencioso en la historia, salvo quizás Nietzsche gran admirador de Schopenhauer por cierto. Todo ello unido a un carácter complicado, extremadamente orgulloso y pagado de sí mismo, con una acusada tendencia al sarcasmo y la ironía más sangrante, unido a una falta notoria de paciencia para tratar con las debilidades ajenas, fueran estas reales o figuradas, convirtieron su vida en una travesía solitaria y llena de conflictos. Fue siempre un bicho raro, en cierta medida las grandes figuras de la historia lo son forzosamente, no digamos ya en la filosofía... pero es que en Artur Schopenhauer todo siempre parece tener un carácter más extremo.


Rüdiger Safranski nos muestra, con todo lujo de detalles fruto seguramente de una ardua documentación, los pormenores del tiempo que le tocó vivir, esa Alemania todavía muchas décadas antes de su unificación donde convivían reinos poderosos como el de Prusia con pequeñas repúblicas independientes dedicadas a la actividad comercial, como Danzing, su ciudad natal, hoy en la Gdansk polaca, Hannover, Weimar y finalmente Frankfurt, ciudad donde residió en sus últimos años y donde al final le alcanzó la fama y el reconocimiento tan ansiado tras una vida prácticamente en el anonimato.

Alguien más convencional hubiera seguido los pasos de comerciante de su padre, y hubiera vivido dedicado a los negocios que habían convertido a su familia en una de las más prósperas de su ciudad. De hecho en principio ese parecía ser su destino pero quiso la fortuna que falleciese prematuramente un padre al que nunca dejó de idolatrar, y de esa forma quedó libre de la promesa, un tanto forzada, que le había hecho de continuar con sus negocios. Tampoco aquí quedaba el capítulo de su vida ya encauzado, cualquier otro en su caso sin una vocación por el mundo de sus negocios y habiendo heredado una nada despreciable fortuna que le permitía vivir sin trabajar se hubiese convertido en el típico rentista aburrido y conservador, en uno más de los "gusanos bípedos", como llamaba a los mediocres, que pululaban a su alrededor... su amor por la filosofía y su genio inquieto no le dejaban tranquilo.

Intentó en un principio no solo vivir "para", sino también "gracias a" la filosofía... sin demasiado éxito. Nunca consiguió un puesto fijo en una universidad como profesor, sus clases apenas despertaron el interés de sus contemporáneos, ni siquiera cuando las anunciaba a bombo y platillo como el "no va mas" en la época en la que residió en Berlín. Al mismo tiempo Friedich Hegel, un filósofo al que siempre despreció y tildó de farsante, dominaba la escena y abarrotaba áulas y salones de conferencias... Demasiada originalidad, demasiado ir a contracorriente, y también muy poca "mano izquierda", Arthur siempre tuvo la habilidad de hacer enemigos y de dejar mal sabor de boca allá por donde pasase. Las ediciones de su obra magna, "El mundo como voluntad y representación", así como su primera obra, la tesis que le valió un doctorado en filosofía por la universidad de Jena "Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente", tuvieron que ser costeadas íntegramente de su bolsillo... nunca se vendieron bien y en su mayor parte terminaron trituradas para obtener pasta de papel...

La obra abunda y se recrea en todo tipo de detalles, la relación del filósofo con su familia, sus conflictos con su madre y hermana, sus denodados esfuerzos por conseguir reconocimiento, su vida solitaria, la gestación de su pensamiento... en sus páginas Safranski disecciona con habilidad la filosofía de Kant, primera gran inspiración de Arthur, la de Fichte... la gran decepción del filósofo germano y su primer encontronazo serio con el espíritu romántico de la época, la construcción de su sistema filosófico. Un sistema que pretendía nada más y nada menos que poner un punto y final a la filosofía, eliminar de raíz las metafísicas del espíritu, a costa eso sí de introducir él mismo su metafísica particular, la metafísica de "la Voluntad". Las coincidencias con Kant, respecto a su identificación de "la cosa en sí" kantiana con la Voluntad, sus críticas a la ética de Kant y su establecimiento de una ética alternativa basada en la compasión. Su descubrimiento de los textos religiosos hindúes, los Upanishad, su admiración por la figura de Buda, su afición a la música... la atención prestada a la experiencia estética y a la contemplación... los límites de la razón, la fuerza ciega e irracional de la Voluntad, la imposibilidad de burlarla. En definitiva la visión de la vida como una broma pesada, como una terrible tragedia donde estamos condenados a ser infelices con apenas un resquicio para liberarnos, esa "conciencia mejor" fruto de experiencias místicas y contemplativas donde el ser humano según su opinión podía, momentáneamente eso sí, ser libre... nadie ha escrito sobre la experiencia artística, especialmente la música, como lo hizo Schopenhauer, elevando la misma a cimas imposibles de superar.

El libro acomete la nada desdeñable tarea de acercarnos la figura del genial filósofo, tanto su vida como su obra, ambas forman un entramado inseparable. No siempre es fácil de leer, existen partes que requerirán del lector una especial atención y unos conocimientos previos, al menos en lo que se refiere a la historia de la filosofía. Pero vale la pena porque es una tarea que da su fruto, Safranski se muestra lo más objetivo posible, no duda en hacer juicios de valor y calificar las palabras y las acciones de Arthur cuando hace falta, pero también sabe disculparlo en diferentes ocasiones. Hubiera sido fácil buscar el sensacionalismo de algunas anécdotas conocidas de su vida, como su relación con una joven actriz y su paternidad malograda, el conflicto con una vecina con la que estuvo pleiteando durante años, o su enconada resistencia a los cambios, motivado sin duda por sus intereses egoístas, que culminaron en la ayuda prestada a la represión de los revolucionarios de 1.848...  

El retrato no es condescendiente, pero tampoco especialmente severo, Schopenhauer como todo ser humano era en parte el reflejo de una época, con lo bueno y lo malo que ello conlleva. A diferencia de los maestros y líderes espirituales él nunca quiso hacer de su vida personal ningún ejemplo, estaba completamente volcado en su obra filosófica y a ella se entregó en cuerpo y alma. A pesar de su época de crápula y sus excesos con la comida, entre otros, su existencia fue de lo más monótona y metódica, recordando mucho en su última etapa a la de su admirado Inmanuel Kant.

No obstante hay aspectos del filósofo que quedan notablemente dulcificados por la versión de Safranski, como por ejemplo su impenitente misoginia, fruto sin duda en parte de sus fracasos amorosos y de la compleja y explosiva relación que sostuvo con su madre... aunque al final de su vida , merced a su trato con una artista que le confeccionó un busto, tuvo ocasión para desdecirse, aunque fuera en parte, de su mala opinión de las mujeres. También ya al final de su vida, a poco menos de una década del final, el éxito llamó a su puerta y pudo disfrutar en su vejez de un poco de paz y sosiego, y al menos irse con la conciencia tranquila de que su filosofía no iba a caer en el olvido, un punto en el que siempre demostró una inquebrantable fe digna de encomio. 

Sus escritos que le proporcionaron la fama en vida, aquellos que incluyó en ese recopilatorio denominado "Parerga y paralipomena" y del que forma parte su ensayo más conocido "Aforismos sobre el arte de vivir", un libro delicioso que no me canso de recomendar, poseían ya un aire menos trágico y más acorde con el espíritu de la época, no daban ya tan por supuesta la imposibilidad de alcanzar la felicidad en la vida y en ellos se nos aparece un Schopenhauer bastante más humano que el genio intransigente autor de "El mundo como voluntad y representación" la obra de su vida. Existe por lo tanto en su obra un "arte menor y mayor" que se puede adaptar a los gustos más variados, y una gran cualidad que le hace muy diferente de la mayoría de los filósofos de su tiempo y posteriores... la claridad, Schopenhauer decía que si algo podía ser expresado en palabras debía ser expresado con la mayor claridad posible. Quizás, tal y como comentó el filósofo argentino Mario Bunge en una entrevista a Jot Down, Schopenhauer nunca pasó de ser un charlatán... pero sin duda alguna que tuvo el gran mérito, y eso es indiscutible, de ser un escritor de primera línea, uno de los más grandes en lengua alemana, y al que a diferencia de otros pensadores del pasado todavía es un placer acercarse...   aunque uno no esté de acuerdo con muchos de los postulados de este pesimista, lúgubre, misógino, misántropo, irónico e implacable observador de la vida humana capaz de ponernos el vello de punta... el aburrimiento es francamente imposible.



Lo mejor: Una biografía completa y exhaustiva que nos acerca a la vida y la obra de uno de los más grandes filósofos de la historia. Gran pesimista, no cabe la menor duda, pero también dotado de una enorme inteligencia, lucidez y buen estilo. Safranski hizo un gran trabajo en este libro, referencia ineludible para conocer mejor a este filósofo gruñón que una vez contestó a la pregunta de porqué quería estudiar filosofía: "creo que la vida es un asunto desagradable y quiero dedicar mi vida a reflexionar sobre ella". Los aficionados a la filosofía en general, a la figura de Arthur Schopenhauer en particular y a la historia pueden disfrutar mucho con este libro. Muy recomendable.


Lo peor: En el texto hay referencias a la posterior influencia de A. Schopenhauer en F. Nietszche, Wittgenstein o Sigmund Freud... sin embargo creo que son insuficientes. Así como hay un par de capítulos dedicados a introducirnos en la época en la que vivió y las circunstancias familiares, culturales, geográficas e históricas ¡ ya antes de que naciera!, sin duda todo un alarde de erudición y meticulosidad por parte de Safranski, no hubiera estado de mas por el autor un epílogo o un capítulo incluso donde se nos hubiera narrado su posterior caída en el olvido, su rescate por parte de F. Nietzsche, y la vuelta a los márgenes de la historia ortodoxa de la filosofía etc. 

Safranski se pone en el papel de un historiador, creo que cumple con creces dicho papel, pero fundamentalmente es un filósofo y es en sus explicaciones y divagaciones sobre el pensamiento del protagonista, junto con sus influencias, a lo que dedica más espacio en el libro... de modo que nadie espere una biografía convencional, las ideas filosóficas cobran tanto peso como el relato de los hechos y pormenores de la vida de Arthur, por lo tanto este no es un libro para los amantes de relatos más ligeros ;-)


lunes, 22 de septiembre de 2014

Una historia secreta de la consciencia

"... mientras se mantenga un halo de misterio en torno a nuestra experiencia subjetiva, siempre existirán individuos como yo, que consideren que todo el proyecto científico de explicar la consciencia está mal encaminado. Para nosotros, explicar la consciencia sería lo mismo que "explicar" una cantata de Bach o los girasoles de Van Gogh. ¿Quién querría hacer tal cosa? Y en todo caso, ¿cómo podría hacerse y de qué serviría semejante explicación?"

Ficha: "Una historia secreta de la consciencia", Gary Lachman, ediciones Atalanta, 455 páginas, ISBN: 978 849 4094 149

Supe de la existencia de este libro a través de un artículo de la revista "Filosofía Hoy", donde se presentaba como una especie de historia "alternativa" de ese elemento tan misterioso y escurridizo llamado consciencia. Los temas esotéricos y el ocultismo no son precisamente algo que me guste y este libro en principio despedía un ligero "tufillo" a magufadas varias y charlatanería... aun así decidí adquirirlo y leerlo porque tocaba un tema que en alguna ocasión me ha interesado mucho. 

Hace años tuve la ocasión de leer algunos libros del filósofo y psicólogo norteamericano Ken Wilber, esa mezcla de psicología, espiritualidad y filosofía oriental me tuvo realmente enganchado durante bastante tiempo. Aunque posteriormente mis gustos como lector evolucionaron a otros derroteros, nunca ha dejado de interesarme el tema de la psicología y los estudios sobre la conciencia, tanto en su vertiente más ortodoxa y científica como en los terrenos más ambiguos y resbaladizos, aunque también fascinantes, del mundo de la espiritualidad.


Gary Lachman no es un escritor del montón, lo primero que sorprende de su biografía es ver su mutación de músico de rock a escritor. Bajista, letrista y miembro de la primera formación del grupo de rock "Blondie" allá por el año 1.975, guitarrista posteriormente del grupo de  Iggy Pop... como curiosidad lo podemos ver en este enlace tocando el bajo en un vídeo de un conocidísimo tema de este legendario grupo neoyorquino. Su carrera como músico fue bastante breve y pronto comenzó a ser más conocido como escritor, siempre en el ámbito del ocultismo, la espiritualidad y el misticismo.

Desde 1.996 se convirtió en escritor profesional y aparte de numerosos artículos de colaboración con revista como "The guardian", ha publicado ya casi una veintena de libros. De toda esta amplia producción literaria en castellano solo tenemos traducidos dos títulos, esta "Historia secreta de la consciencia" y una biografía del filósofo y místico Rudolf Steiner, ambos en la misma editorial caracterizada no solo por la temática filosófico-espiritual, entre otras, sino también por lo cuidado de sus publicaciones. 


Lachman desde el comienzo nos deja muy claro su objetivo y el tema principal del libro, defender una visión diferente de la consciencia, ese elemento tal y como escribía antes tan escurridizo y dificil de definir, pero a la vez tan importante, tanto, que ante la dificultad que entraña su definición precisa hay incluso científicos y algún que otro filósofo que se niegan a reconocer su existencia. El autor se rebela contra la idea de que ese agregado de pensamientos, emociones y sentimientos junto con nuestro sentido del "yo" que llamamos de forma habitual consciencia pueda ser definido y reducido a una mera serie de intercambios químicos y eléctricos entre las neuronas del cerebro, niega la idea de que la consciencia no sea más que una especie de epifenómeno o un fenómeno emergente semejante "al vapor que se desprende de un líquido en ebullición". La consciencia pese a su inmaterialidad es real, no niega que la misma esté ligada al cuerpo físico y al cerebro, pero se niega a que dependa en exclusiva de este. Para Lachman la conciencia forma parte intrínseca de la vida y como tal evoluciona con esta... al igual que existe una graduación en la complejidad de las formas de vida existe también una graduación en la consciencia, esta ha evolucionado en el pasado junto con las formas materiales y biológicas que la soportan y seguirá evolucionando en el futuro... en vez de considerar a la consciencia un mero subproducto fruto de la complejidad cerebral la ve como una entidad, eso sí inmaterial, que de alguna forma guía la evolución.

Como vemos y aunque la idea se de de tortas con la ciencia ortodoxa, en algún sentido es más una cuestión de matices... Lachman nunca defiende, al menos en este libro, la existencia independiente de la conciencia respecto a su medio material, la vida biológica, pero se niega a que la misma vaya un paso por detrás de la evolución y desarrollo físico. Sería la conciencia más bien la que evoluciona por su cuenta y fuerza con su evolución la configuración del cuerpo, la mente humana y por supuesto la historia y el mundo tal y como lo conocemos... aquí ya entramos en palabras mayores y evidentemente pisamos un terreno oscuro y peligroso. El autor es un hombre instruido y extremadamente culto, no me ha quedado la menor duda tras leer su libro. Posee además una exquisita sensibilidad artística, seguramente derivada en parte de su antigua carrera de músico y su afición a la música clásica, a la que hace referencia en distintas ocasiones durante el ensayo, pero me da la impresión que en su afán de explicar lo, todavía, inexplicable se deja llevar y va un poco lejos por decirlo suavemente.

Visiblemente molesto por ese intento de apropiación, y también de negación, por parte de la ciencia del fenómeno de la consciencia, nos expone las ideas de un variopinto grupo de pensadores que a lo largo de casi dos siglos han ofrecido una versión diferente a la científica... aunque habría que aclarar que la ciencia no ha ofrecido una sola explicación al problema de la consciencia. La misma ha sido en ocasiones simplemente negada, otras veces reducida a simples procesos físicos y solo ahora con las modernas investigaciones neurológicas empieza a ser, aunque eso sí muy ligeramente todavía, comprendida. El mercado abunda de tratados sobre el cerebro, psicología y la búsqueda del yo, de los pensamientos, las emociones... etc etc... como alguna vez comenté aquí una vez, hablamos de un enorme continente desconocido del que apenas se han cartografiado sus costas. Como simple muestra nombrar tan solo la obra de Antonio Damasio "En busca de Spinoza" ya comentada aquí.

"Para los materialistas, lo primero es la materia, y lo segundo la consciencia; para la tradición contraria, lo primero es la consciencia. Es más, para la tradición contraria, la consciencia no es un estático producto del cerebro, sino una presencia viva y en evolución cuyo desarrollo puede seguirse a lo largo de varios períodos históricos. Nadie habla de una evolución de la bilis, en el sentido de que en su interior haya potenciales y posibilidades aún por descubrir. En cambio, para la historia secreta de la consciencia, la idea primordial es que los seres humanos, tal como son, no constituyen el punto final de una evolución, y que su consciencia, tal como es, no es un estado definitivo alcanzado por casualidad."

Tomando esa idea central de la consciencia como un proceso en permanente cambio, imbricado en la vida pero en modo alguno derivado de la misma de forma secundaria como un subproducto, se nos presentarán una galería de curiosos, y en ocasiones semi desconocidos, pensadores y filósofos que han sido más o menos defensores de esta idea... eso sí en muy diversas formas y también en su mayoría añadiendo a esta idea central una mezcla de "inspiraciones", divagaciones y chifladuras de lo más variopinto. Porque en la larga relación de pensadores cuya obra e ideas son desgranadas por Lachman encontramos un poco de todo... filósofos conocidos y respetados, independientemente de que uno comulgue o no con sus ideas, como Henry Bergson, uno de los grandes pensadores del siglo XX bastante maltratado por la posteridad, junto con figuras bastante más discutibles como Madame Blavatsky y la Sociedad Teosófica y P. D. Ouspensky. 

Sorprende el doble rasero del Sr. Lachman al ser tan crítico con la ciencia, convirtiendo los excesos de una parte de la misma y el cientificismo en una generalización completamente injusta, y en cambio la manga ancha con la que trata los temas esotéricos... me pregunto porqué motivo, si tal y como reconoce en una parte del libro que la consciencia y su evolución difícilmente pueden ser seguidas y estudiadas por la ausencia de pruebas materiales, presta oídos y difunde ideas peregrinas y absurdas sin el menor asomo de crítica. No es de recibo hacerse eco de las "revelaciones" y desvaríos de alguno de estos personajes, simplemente porque apoyan una idea que él mismo tiene... alguien dijo una vez que debíamos tener una mente abierta, pero no tanto como para que se nos salgan los sesos... Sea como fuere tras una introducción verdaderamente interesante el libro va perdiendo fuelle y la lectura se ve salpicada con mil y un disparates procedentes de esta irregular cuadrilla de pensadores como los ya mencionados y otros entre los que sobresale la enigmática y fascinante figura de Rudolf Steiner.

El ensayo nos relata la vida y obra de este singular filósofo, ocultista, escritor y tremendamente complejo y polifacético personaje. Empeñado en dotar a las investigaciones sobre la consciencia del rigor del método científico fue autor de una ingente obra que Lachman ha tratado de resumir y señalar en este libro... como ya comenté anteriormente hay otra obra en esta misma editorial del mismo autor que se centra en la extraña figura de este filósofo inclasificable. Para los propósitos del libro que ahora nos ocupa Lachman sobre todo se centrará en sus ideas de la evolución de la consciencia y en su peregrina teoría de las fases de la evolución de la misma, fases que haría coincidir con el nombre de distintos planetas y que desvaríos aparte, que los hay, muchos y de grueso calibre en cuanto el Sr. Steiner se mete en cuestiones históricas, no deja de ser seguramente el primer intento serio de ofrecer una explicación coherente de esta singular evolución. Aunque por desgracia con demasiadas mezclas pseudohistóricas, mitológicas y esotéricas como para tenerlo siquiera en cuenta. Es de agradecer la voluntad de hierro de Lachman de hacernos partícipes de tales desvaríos porque debajo de todo ese montón de basura se encuentra el "leiv motiv" del libro, la idea de la evolución de la consciencia... aunque reconozco que estuve a punto de abandonar la lectura en este punto, y es que mi capacidad de aguante tiene un límite.

Lo confieso, tras superar la primera y la segunda parte del libro abordé la tercera parte ya desilusionado y con la idea de que había tirado mi dinero al adquirir este libro. Es tal la cantidad de "paja" y desvaríos de las teorías expuestas que me empezaba a ronda la idea de ponerme a leer otra cosa... afortunadamente Lachman se ha dejado lo mejor para el final y este atípico ensayo comienza a rendir dividendos justo en este momento. Es la parte más "filosófica" aquella en la que el autor pone más de si y no se limita a exponer solamente las ideas de otros en una secuencia interminable de datos que llegan a aburrir, sino que se "moja" y comienza a elaborar y recrear unas ideas que consiguen captar la atención y donde asoma, a pesar de lo controvertido del tema, frecuentemente el razonamiento crítico y el sentido común. 

"Un hacha rota no son dos simples escombros. El hacha y la estatua son materia imbuida de espíritu, no como fuerza o energía que penetra la materia, como en el caso de las cosas vivas, sino como impronta de la imaginación humana. Es la mente abriéndose paso por el mundo material. Y a través de esas improntas de la mente podemos seguir rastreando la evolución de la consciencia"

La evolución de la consciencia en el pasado, la evolución de la misma a lo largo de la vida humana, los estadios regresivos de la misma, la evolución hacia estadios superiores, las especulaciones sobre la consciencia humana en la prehistoria, ideas controvertidas sobre la antigüedad de algunas construcciones... esta parte del libro aunque al igual que anteriormente también difunde algunas ideas heterodoxas y bastante cuestionables como la de la supuesta extrema antigüedad de la esfinge según una teoría hoy ya refutada, o la de descubrimientos anacrónicos en el yacimiento de Laetoli en África... el Sr. Lachman en su defensa de una versión alternativa de la consciencia y de su supuesta evolución cae en el error de prestar espacio y credibilidad a estudios que no por estar apartados de la ortodoxia científica resultan por ello más "creibles". A pesar de todo esta manía por sembrar la duda y "meter cicaña" no deja de tener su lado positivo y dar interés al libro. Por ejemplo sus insinuaciones de que la consciencia humana, más allá del puro conocimiento, en otros tiempos tuvo una naturaleza muy diferente a la nuestra no deja de tener su encanto y por alguna razón me resulta una idea muy creíble. También me resultó bastante interesante la idea de explorar la consciencia de otras épocas a través del lenguaje y sus metáforas.

Interesante es también la parte dedicada a la representación del mundo en la mente a través del primer filtro de los sentidos, el posterior del cerebro y finalmente el foco de atención de la consciencia. No son ideas originales del autor ni muchísimo menos, aun así no deja de resultar ingenioso el modo en que las utiliza para seguir apoyando su teoría de la consciencia como creadora del mundo, idea frecuente en la espiritualidad oriental y en las filosofías de la contracultura y que Lachman maneja con habilidad. Hay todo un despliegue, en ocasiones brillante, de ideas en esta parte del libro, seguramente la mejor con diferencia. Una de las virtudes de este ensayo es sin duda la gran cantidad de referencias a autores relacionados, más o menos, con el tema. El libro constituye toda una guía de pensadores heterodoxos y sorprendentes. La erudición mostrada por el autor nos llevará a examinar la figura y la obra de otro singular escritor.



El novelista Colin Wilson, un escritor también desconocido para mí es uno de los descubrimientos que brinda este libro. A pesar de la gran diversidad de los temas que trata en sus obras, tanto de ficción como de no ficción, será en su faceta de explorador de la consciencia humana, en ocasiones también de su lado más oscuro y siniestro, el motivo por el que figura en este libro.

Sus investigaciones en relación con la mentalidad de la época del romanticismo mostradas en el ensayo, junto con alguna que otra obra de ficción, lo convierten en una figura de lo más interesante... aunque serán sus ideas sobre el funcionamiento de la consciencia expuestas por Lachman lo más reseñable: la naturaleza humana, su incapacidad para la satisfacción y su dependencia de estímulos externos que no obstante pueden ser "puenteados" a través de la concentración y estímulo de la mente en sí misma... la obra y habilidades de determinadas personas desde luego parece confirmar esta teoría. Más cuestionable es en cambio la llamada "facultad X" por Wilson que consiste en la trascendencia a través de la mente del tiempo y el espacio... entramos ya en los nebulosos terrenos de magufos y charlatanes, no obstante me he propuesto acercarme a alguna de las obras de C. Wilson un año de estos... sus investigaciones históricas sobre la historia de los crímenes y su relación con la evolución de la consciencia y la archiconocida pirámide de las necesidades humanas de Abraham Maslow es demasiado atractiva para ignorarla ;-)



La quinta y última parte del libro se centra en la idea, de nuevo, de la evolución de la consciencia a través de la obra de otro personaje singular, el filósofo Jean Gebser. Tras un comienzo contundente y apasionante, que nos ofrece un supuesto "punto de inflexión" de la actual y predominante mentalidad lógica-racional a través de la excursión campestre y la ascensión a una montaña del poeta italiano Petrarca... un punto de partida de lo más extraño, entramos de lleno en la obra magna de Gebser. Su voluminoso tratado sobre la evolución de la consciencia humana, "Origen y presente", con una grandiosidad que recuerda a la filosofía de Hegel nos trae una especie de historia de la consciencia, plena de elucubraciones históricas aunque de sentido mucho menos fantasioso que las de Steiner, donde se hablará de los distintos estadios de la consciencia a través de la historia y también en relación con el propio desarrollo del individuo desde su nacimiento hasta su edad adulta. Como no podía ser de otra forma el Sr. Chapman nos ofrecerá datos y más datos biográficos y notas sobre la obra de Gebser, su pensamiento y sus influencias... Lo más interesante en el caso de Gebser es que en los estadios de la consciencia que describe no se queda solamente en el momento actual sino que también teoriza sobre cual sería el siguiente paso de la consciencia humana. Los estadios "arcaico" donde hay un todo indiferenciado, semejante a la consciencia animal y también a la consciencia de la primera infancia, deja paso al estado mágico, donde todavía no existe el yo pero ya hay al menos un "nosotros", para dar paso al estado mítico más avanzado en relación a la individualidad pero todavía firmemente anclado en la mentalidad de grupo y la comunión con el entorno. El estado mental-racional sería el siguiente escalafón y es el estado mental que apareció ya en tiempos históricos en el primer milenio AC. Es el estadio actual... "emergimos como criaturas que por primera vez sentían que se encontraban en el mundo teniendo que valerse por sí solas. Nos convertimos en agentes que tomaban decisiones por sí mismos, como egos conscientes capaces de actuar". 

El actual estado de consciencia estaría por así decirlo en crisis y decadencia, algo largamente anunciado desde hace muchos años y que basta con mirar alrededor para darnos cuenta de que si bien en algunos aspectos, como la ciencia y la tecnología, la humanidad progresa más que nunca, en otros hay un evidente estancamiento. La salvación vendría, según Gebser, idea también apoyada por Lachman en este ensayo, de la emergencia de un nuevo estado de consciencia colectivo, la llamada "estructura integral". Una idea sobre la que inciden varios pensadores, como el mencionado anteriormente Ken Wilber, sin duda influido por la obra de Gebser. Especulativamente hablando, como en casi todo lo que se comenta en el libro la verdad, vendría a ser este estado como una especie de ampliación de la perspectiva... una visión de conjunto que trae de vuelta elementos ya superados de la consciencia como el sentimiento de unidad con el cosmos y la visión mística de la que hablan las religiones junto con la capacidad analítica del estadio actual. No consiste en una regresión a un estado anterior y una vuelta a la "inocencia" que seguramente nunca existió, sino una trascendencia que incluya lo mejor de estadios anteriores... me quedo al final con la crítica de Lachman a los tiempos actuales con sus prisas, la fragmentación de la atención, la hiperactividad, la superficialidad, el exceso de información y la ausencia de una capacidad eficiente de filtrado y de clasificación para distinguir entre lo útil y lo irrelevante... a modo de metáfora y epílogo optimista habría que decir que una pelota arrojada contra el suelo necesita chocar con este antes de volver a ascender :-)

"El propio Gebser avisó de que más vale no abrigar grandes expectativas. Como dijo en uno de sus últimos libros, el mundo nunca volverá a ser un paraíso. Si llegase a serlo, su existencia se volvería ilusoria. No nos engañemos ni sucumbamos a falsas esperanzas. El mundo no mejorará demasiado, tan sólo será un poco distinto, y tal vez sepa valorar un poco más las cosas que realmente importan. Ahora que comienza un nuevo milenio, en una época en que el misterio de las cosas, y no solamente la consciencia, se desvanece bajo la luz mal dirigida de la explicación, un posible futuro que sepa valorar un poco más las cosas que realmente importan es algo hacia lo que siempre debemos aspirar"


Lo mejor: Un libro complejo y fascinante, bien escrito y repleto de información sobre esa "historia secreta de la consciencia" que más que secreta habría que decir, ignorada, creo que en gran parte por buenos motivos... lo que no quiere decir que no hayan enseñanzas e ideas interesantes en la misma. Muy recomendable para lectores extremadamente curiosos y de mentalidad abierta a los que no les importe descender a las espesuras mostradas por Gary Lachman, eso sí, hay que armarse de bastante  paciencia, aviso. Los amantes de temas esotéricos o donde se mezcle la espiritualidad y la psicología no deberían perderse este trabajo que además tiene la virtud de dar a conocer a numerosos autores que podrían resultar interesantes si se quiere seguir ahondando en el tema.

Lo peor: No creo que convenza a nadie, que no esté ya convencido de antemano sobre la teoría esgrimida acerca de la evolución de la consciencia. Lachman, así como otros escritores situados en la misma onda no hacen más que aprovechar la gran laguna de desconocimiento, un impresionante abismo más bien, que se alza entre el mundo material tal y como lo conocemos hoy día y el mundo interior de la subjetividad humana... para apuntarse a una especie de "todo vale" que termina restando credibilidad a sus trabajos. El despliegue de nombres, ideas, datos biográficos, referencias cruzadas y especulaciones que pueblan sus páginas no es lectura que se pueda recomendar a cualquiera. Por otra parte el autor pretende hacer un estudio completo y riguroso del tema y termina añadiendo demasiada paja e información irrelevante. En ocasiones resulta difícil mantener el interés y seguir el hilo del caótico mundo de las ideas que el autor desarrolla en la obra. 

martes, 16 de septiembre de 2014

Historia de las utopías

"Incluso la más ingenua de las utopías que se haya escrito jamás posee notables cualidades humanas que están completamente ausentes en los planes de los superhombres científicos y los imbéciles morales que han ideado la estrategia ruso-americana de exterminio total actualmente en curso. Los utópicos idealistas que han sobrevalorado el poder del ideal están, sin duda, más plenamente en sus cabales y más estrechamente ligados a las realidades humanas que los realistas científicos y militares que han transformado el uso del arma definitiva en un ideal compulsivo. "

Lewis Mumford (1.962)


Ficha: "Historia de las utopías", Lewis Mumford, editorial Pepitas de calabaza, 296 páginas, ISBN: 978 84 15862 062

Más de una vez he comentado aquí como mis andanzas por la biblioteca me deparan en ocasiones gratas sorpresas. Era de esperar que si este libro se cruzaba en mi camino no me iba a dejar indiferente. En principio el autor me era completamente desconocido, pero no por su obra o su importancia en el mundo del ensayo, sino porque suelo tener muy mala cabeza para los nombres... había leído un extenso comentario sobre el mismo en la monumental "Historia intelectual del siglo XX" de Peter Watson, y su nombre había terminado perdido y olvidado en los innumerables recovecos de mi memoria, seguramente porque su especialidad, los ensayos sobre urbanismo, no son precisamente un tipo de lectura que capte mi atención.

Tras devorar el libro en apenas un par de días e informarme más sobre su autor es bastante probable que más adelante me atreva con alguna de sus monumentales obras. Suelo subrayar aquí también la labor de las editoriales cuando se atreven con proyectos arriesgados y editan libros sobre temas minoritarios aunque de gran calidad. Tengo que añadir a la lista de mis editoriales favoritas a partir de ahora a la riojana "Pepitas de calabaza", basta echar una ligera ojeada a su catálogo para darse cuenta de la calidad y el cuidado que ponen en sus ediciones, por no hablar del buen gusto al escoger las obras editadas... y que conste que no me llevo comisión alguna ;-).

Lewis Mumford merece por derecho propio figurar entre los más grandes ensayistas del siglo pasado, en la Wikipedia podemos leer como se le califica de sociólogo, historiador, filósofo de la tecnociencia, filólogo y urbanista... personalmente le calificaría principalmente de "humanista", una persona provista de una gran curiosidad y un enorme apetito por saber, Mumford no es fácilmente clasificable. Aunque el ámbito del urbanismo haya sido al que más energía y tiempo le haya dedicado en sus escritos, basta leer los títulos de sus obras para darse cuenta de que estamos fundamentalmente ante un historiador y un sociólogo con múltiples intereses que incluyen el mundo del arte, la filosofía, la ciencia y todo cuanto se le pusiera a tiro.


Mumford en la época en la que escribió este libro contaba solo con veintiséis años y seguramente se encontraba embarcado en sus interminables estudios universitarios que compaginaba con su trabajo como articulista para la revista "The Dial". Sorprende sobremanera la gala de erudición y la madurez que muestra en este trabajo tan temprano, leyéndole se diría que uno se encuentra ante un maduro erudito que ha pasado la vida con la nariz enterrada en libros... y estamos hablando de los comienzos de una carrera literaria que abarcaría seis décadas... algo verdaderamente impresionante, sin duda un buen indicativo de como serían sus obras en la plenitud de su carrera. De momento tengo ya en mi lista de futuras lecturas, el binomio "El mito de la máquina" y "El pentágono del poder", y por supuesto la monumental "La ciudad en la historia"... únicas obras del escritor publicadas en castellano que yo sepa, editadas también por la empresa riojana.

Este "Historia de las utopías" fue su primer libro, publicado originalmente en 1.922, viene a ser una especie de relato sobre las utopías en la literatura a través de sus ejemplos más conocidos, la República de Platón y Utopía de Tomás Moro, y otras menos conocidas por el gran público pero consideradas por el autor lo suficientemente interesante para sus propósitos, Cristianópolis de Andreae, Ciudad del Sol de Campanella, La nueva Atlántida de Francis Bacon  etc etc. La antiguedad, el Renacimiento, el Barroco, el siglo de las luces y el siglo XIX serán las épocas donde dichas obras literarias verán la luz, las épocas en las que diferentes autores retomaron una y otra vez el mismo tema... imaginar como debería ser una ciudad o una nación ideales, como vivirían sus ciudadanos, como estarían organizados social y políticamente, como se administraría la justicia, como funcionaría su gobierno, como estaría estructurado su espacio físico... 

El libro comienza con una brillante introducción fruto de posteriores reediciones de la obra, concretamente en el cuarenta aniversario de su publicación, ya en 1.962. Un escritor ya en el ocaso de su vida, un ocaso que todavía habría de extenderse casi tres décadas más, pero en plenitud de facultades tal y como atestigua su impresionante carrera literaria. En este prefacio se muestra avergonzado por la superficialidad y la rapidez con la que escribió aquella obra... un libro que fue gestado en febrero, documentado en marzo, entregado al editor en forma de primer borrador en junio y terminado en julio de aquel año milagroso de 1.922 ... el mismo autor reconoce que pecó en el mismo de superficialidad y apresuramiento y que si tuviera que recomponerlo y revisarlo en ese momento terminaría destruyendo el trabajo inicial por la mera adición de contenidos. Creo que se muestra demasiado exigente consigo mismo teniendo en cuenta el nivel de lo publicado en su momento, me pregunto cuantos escritores actuales tendrían esa actitud ;-) Por otra parte el autor reconoce la importancia de este primer trabajo, hasta el punto que marcaría las líneas maestras de todas sus obras posteriores. Construir un proyecto de utopía mínimamente serio y completo, e incluso analizar seriamente la utopía ideada por otra mente pensante supone un ejercicio fascinante y complejo... tal y como Mumford expone:

"El pensamiento utópico, tal como yo llegué a concebirlo, era pues lo opuesto al unilateralismo, el sectarismo, la parcialidad, el provincianismo y la especialización. Quien practicase el método utópico debía contemplar holísticamente la vida y verla como un todo interrelacionado: no como una mezcla azarosa, sino como una unión de piezas orgánica y crecientemente organizable, cuyo equilibrio era importante mantener - como en el caso de cualquier organismo viviente - a fin de promover el crecimiento y la trascendencia"

Mumford nos introduce en el primer capítulo en una visión general de las utopías en la historia de la literatura, como cada una de ellas es como una imagen especular de la sociedad de su tiempo, semejante y a la vez invertida. Cómo en las mismas podemos leer entre líneas y captar todo aquello que el autor critica o ve en sentido negativo del tiempo que le ha tocado vivir. En la expresión de las características de esa sociedad ideal y ejemplar cada autor revela también sus contradicciones y limitaciones porque si algo queda claro a lo largo del libro es que no existe una utopía perfecta. Por simple etimología la palabra utopía deriva de u-topos, ningún lugar, o bien eu-topos, buen lugar... escojamos una u otra, está claro que los autores de las mismas nunca confiaron en ver tal proyecto realizado. Sin embargo no todo el esfuerzo en imaginar y pensar una utopía es esfuerzo baldío.

"La creencia en que el mundo era plano fue, en otro tiempo, más importante que el hecho de que fuera redondo, pues dicha creencia impidió que los marinos del mundo medieval se internasen mar adentro de forma tan efectiva como lo habrían hecho una flota de cañoneros o una barrera de minas flotantes. Una idea es un hecho sólido, una teoría es un hecho sólido, una superstición es un hecho sólido mientras la gente continúe regulando sus acciones conforme a esa idea, teoría o superstición, y no dejan de ser menos sólidas porque se trasmitan mediante imágenes o sonidos"

El autor dividirá las utopías literarias en dos tipos, aquellas que son concebidas únicamente como vía de escape ante una realidad cotidiana demasiado dura e inadmisible, y aquellas que poseen en el fondo una intención de materializarse en un futuro. La primera se aparta cuanto puede de la realidad y deja fluir la imaginación, la segunda se atiene a unas normas y una lógica... es una utopía "seria" elaborada con tan sumo detalle en todos sus aspectos que parece el esbozo de una obra de ingeniería social... aunque no se pueda hablar de utopía en el sentido en que Mumford lo hace en este libro ¿que son si no los experimentos sociales llevados a cabo por los regímenes comunistas?... el intento, casi siempre nefasto y fracasado, de recrear una utopía, una sociedad o gobierno ideal que solo existe en la mente de sus diseñadores o del lider de turno. Lewis M. nos deja muy claro en este primer capítulo que las utopías son un asunto muy serio.

La República.
Metidos ya en harina el autor nos introduce en el mundo griego y en la magna obra de Platón "La República", el más conocido de sus diálogos. La continua fundación y refundación de colonias por parte de este singular pueblo, su división política en ciudades-estado (al menos en la época que le tocó vivir a Platón), y la misma esencia de la filosofía y pensamiento del genial pensador desembocaron en esta obra donde se preguntaba cómo sería la organización y la vida en una polis ideal... filósofos a cargo de la política, una casta de militares que vela por el orden y la seguridad y que llevan una vida de entrega y abnegación... con el reverso negativo de la crítica platónica a las artes ¿es concebible una vida buena sin el arte?, y por supuesto la imposibilidad de encontrar gente de una talla semejante, porque como muy bien apuntará Mumford en el libro más adelante, el enfoque en la educación es de lo más acertado pero ¿cómo manejar el tiempo de transición hacia esa república ideal? ¿cómo educar a los adultos?... para eso Platón no tenía ninguna respuesta.



Utopía.
El siguiente capítulo se aborda la utopía de utopías, aquella que ha dado el nombre a todas las demás, "Utopía" de Tomás Moro. Ciudadano del Renacimiento, la obra de Tomás Moro constituye, según Mumford, un salto en el tiempo de más de mil años entre la República de Platón y la suya... y es que por lo visto en la Edad Media no había necesidad de elucubrar e imaginar utopías, el mundo era un valle de lágrimas y toda perfección solo pertenecía a Dios y a lo que este tuviera dispuesto en la otra vida. Moro como humanista y hombre del Renacimiento no puede estar de acuerdo y sueña con un mundo mejor, con un gobierno más justo... la pequeña comunidad rural y la familia serán los átomos constitutivos de su fantasía utópica. Esta a diferencia del diálogo platónico, otra de mis innumerables lagunas en el tema de lecturas de clásicos, es una obra que ya leí oportunamente hace mucho tiempo... de ahí que haya disfrutado especialmente con este capítulo. Si con Platón teníamos la base de la continua fundación de colonias y ciudades griegas, con lo que se ofrecía la oportunidad de comenzar desde cero, en la época de Tomás Moro sería el descubrimiento y la colonización del nuevo mundo el que espolearía la imaginación del Lord Canciller. A pesar del bucólico cuadro descrito por Moro su utopía no está exenta de lacras, como la esclavitud, ni de temas difíciles de justificar moralmente para un hombre de nuestro tiempo, como la guerra y el engaño, pero que eran completamente admisibles en su época.


Cristianópolis.
El capítulo siguiente nos mostrará la obra "Cristianápolis" de Johann Valentin Andreae, una obra y autores completamente desconocidos para mí y que Mumford considera esenciales en esta singular historia de las utopías, tanto que le dedica un capítulo entero... será el último del libro centrado en una sola obra. Desconozco si existe traducción castellana de esta "Reipublicae Christianopolitanae descriptio". Andreae era un predicador alemán protestante que vivió en el siglo XVII,  y de alguna manera su obra es precursora de lo que será la utopía moderna del siglo XIX, un relato minucioso y elaborado de una ciudad-estado, al estilo de la república de Platón, donde como su nombre indica vendría a ser una antesala del cielo en la tierra "una sede que, si está por debajo del cielo, está por encima de la basura de este mundo conocido"... como se puede ver es la reacción contra el mundo real casi siempre el motor de una utopía. Una ciudad-estado situada en una isla, se impone el aislamiento físico al igual que en "Utopía" para justificar su presencia en el presente, una ciudad que viene a representar en sí la esencia de las virtudes cristianas, perfectamente delimitada, ordenada, una especie de monasterio ampliado donde las máximas "ora et labora" se lleva a su máxima expresión.

Lo que sorprende en la utopía de Andreae es su modernidad, la importancia que da en la ciudad utópica a la industria, a la ciencia, a la actividad comercial y empresarial... sin duda que el predicador alemán era un adelantado a su época y en su obra se comienza a vislumbrar la importancia que la ciencia, nacida en su siglo, y la tecnología iban a tener en la historia de la civilización. Es una ciudad-factoría, con un componente religioso si, pero hasta cierto punto mínimo. Mumford no dudará en poner esta obra a la misma altura que la de Platón.

Más adelante en el libro nos encontramos con los intentos fallidos de Campanella y Francis Bacon de ofrecer una obra con una consistencia similar a las ya expuestas... tanto "La nueva Atlántida" como "La Ciudad del sol" vienen a ser utopías de "escape" en las que Mumford trata de sacar algo válido y extraer algo de utilidad... por alguna razón que desconozco le tiene una especial inquina a Bacon. 

El utopismo industrial.
La llegada de la revolución industrial en el siglo XVIII puso en marcha los engranajes no solo de las máquinas de vapor, sino de la imaginación de algunos escritores que veían en los nuevos tiempos y en las posibilidades que se abrían gracias a la tecnología la clave de la realización del viejo sueño, nunca olvidado, de las utopías. Aquí aparecen las utopías industriales de Marie Fourier, se cita al "utopismo" de Robert Owen, la obra utópica de James Buckingham... no hablamos de grandes obras sino de artículos, fragmentos, obras pequeñas y dispersas... la utopía se encuentra firmemente asentada en el espíritu de los tiempos.

Mumford nos describe este clima del utopismo industrial con maestría... una moda que lejos de construir modelos "holísticos" como los de Platón, Moro o Andreae se centraban y ceñían fundamentalmente al "envoltorio", es decir a la organización del territorio y las ciudades... como si eso por sí mismo fuera ya suficiente. No faltaron en la época utopías anti-industriales, la radical "Spensonia" de Thomas Spence es un ejemplo,  "Freiland" de Theodor Hertzka por el contrario se centra casi exclusivamente en la economía... dejando todo lo demás en el tintero. "Icaria" de Etienne Cabet lleva la obsesión por la organización al paroxismo... un país organizado como un ejército, de nuevo la falacia de que basta una mera organización eficiente para que todo lo demás se de por añadido, sin importar que tipo de seres humanos estamos creando en el proceso... no es extraño que la mayoría de estas obras hayan caído en el olvido.

Más interesante es la obra de Edward Bellamy "El año 2.000, una visión retrospectiva", aunque  a juicio de Mumford también termina adoleciendo del principal defecto de todas las utopías de su siglo... la brecha que existe entre la concepción que sus autores tienen de lo que es una buena vida y la estructura que elije para alojarla, de nuevo un excesivo énfasis en el papel de la organización:

"Podemos decir que, en términos generales, todas las utopías de reconstrucción presentan una asfixiante semejanza en sus objetivos y una deprimente uniformidad de intereses: aunque contemplan la sociedad como un todo, se plantean el problema de su reconstrucción como una simple cuestión de reorganización industrial."

En el capítulo noveno se abordan los trabajos de Willian Morris, W. H. Hudson y el conocidísimo (y ya era hora) H. G. Wells. Autores todos ellos de las llamadas utopías de "escape", menospreciadas en general en la obra, terminan en el caso de estos escritores aportando la pizca de humanidad y fantasía de la que parecen carecer unánimemente los demás autores de utopías literarias. La "Edad de Cristal" de Willian Morris, una delirante historia que raya en la ciencia ficción y que a la inversa de las utopías de reconstrucción de la época se sitúa en un entorno rural cuasi-normal que no tiene nada de particular excepto la mentalidad de sus habitantes que viven en un orden social muy diferente al "normal". "Cuando el dormido despierte" de W.H. Hudson sueña con una Inglaterra alternativa que ha regresado a la vida rural centrada en pequeñas comunidades, el capitalismo ha sido abolido y las relaciones sociales vuelven a recuperar la calidad que alguna vez tuvieron, seguramente en un pasado mítico que nunca existió realmente. "Una utopía moderna" de H. G. Wells es según Mumford el mejor ejercicio utópico de su tiempo, y seguramente el último importante y más cercano a la fecha de la escritura del libro. Wells imaginó un mundo casi idéntico al nuestro donde todo ha salido bien, el progreso humano ha sido progreso de verdad, se han erradicado las guerras y la miseria, la economía abandonó el sistema capitalista y es rigurosamente planificada... y encima el experimento triunfa. La sociedad se divide en diferentes estamentos en función de su nivel de conciencia y sus habilidades, se presta una gran atención a la educación y por supuesto no falta una clase, disciplinada y entregada a la causa, encargada de mantener el orden... no se si Mumford llegó a conocer a H.G. Wells... pero por sus elogios se diría que era pariente del escritor americano :-)


La Casa Solariega, Coketown y la utopía nacional.
Lewis Mumford cambia ahora de rumbo y una vez llegado a su tiempo, en la figura de H.G. Wells, comienza a teorizar no ya sobre obras literarias concretas, sino sobre una serie de mitos que persisten en una u otra forma en la literatura utópica de los últimos tiempos. Comenzará por el mito de la Casa Solariega y Coketown. El primero hace referencia a una residencia ideal, una residencia donde el trabajo no tiene lugar, una residencia o complejo residencial que se caracteriza por su falta de utilidad práctica, salvo para llevar una vida de ocio, y su relación con las obras de arte que lo decoran en toda su extensión... cuadros, estatuas, jardines... la Casa Solariega constituye un lugar recurrente, una especie de paraíso en la tierra consagrado al ocio y al placer. La encontramos en la literatura pero también en los palacios y las mansiones de los ricos, atiborradas de obras de arte... cuantas más mejor, con una decoración recargada, de múltiples estilos, donde todo sigue la consigna vulgar en extremo de que la calidad va de la mano de la cantidad. Aristocrática en un principio, terminó siendo adoptado este esquema por la alta burguesía e incluso por las instituciones del estado en forma de museos... no tiene nada que ver con la felicidad de la comunidad, como bien apunta Lewis, sino con la felicidad de los mandatarios, poder político y riqueza económica son sus requisitos. La codicia, la posesión y el materialismo llevado al extremo, el arte florece en la Casa Solariega... pero como posesión y objeto de contemplación. 

Coketown, la ciudad del carbón, nombre de una ciudad ficticia donde se desarrolla la acción de "Tiempos difíciles" de Dickens, está en las antípodas de la Casa Solariega, Coketown es la ciudad del trabajo, los feos pueblos mineros de la Inglaterra del XIX, las ciudades industriales... hoy podríamos encontrar a Coketown en lo que en tiempos posteriores a la publicación del libro de Mumford se llamaron las ciudades-dormitorio, con sus colmenas de pisos y bloques iguales. Suciedad, uniformidad, líneas rectas, ausencia de esfuerzo por un mínimo de estética, por una preocupación en suma por la calidad de vida de sus habitantes. La fábrica es su centro neurálgico, Mumford al igual que se despacha a gusto en el caso del mito de Casa Solariega por su consumismo vacío, nos muestra también que el ideal de la ciudad industrial se reduce a la producción de basura... hay una relación directa entre la producción de bienes para el consumo, bienes de ciclo de vida breve, y la creación de basura... si en Casa Solariega hay que amontonar obras de arte, en Coketown se amontona basura. 

Aprovechando el repaso a estos dos mitos, Mumford continúa su labor de sociólogo y se enzarza en una crítica con otros mitos sociales, como la figura del estado nacional y su carga de burocracia... aquí su discurso se torna bastante oscuro, algo normal, porque el escritor americano tenía todavía recientes en su memoria los horrores de la primera guerra mundial cuando elaboró este trabajo y para él estaba claro en aquel momento que el nacionalismo y su carga de fanatismo había sido el culpable de la hecatombe y seguía constituyendo un serio peligro. 

"Si Coketown, la Casa Solariega y la Utopía nacional no hubieran pasado del papel, sin duda habrían hecho una amena y edificante contribución a nuestra literatura. Por desgracia, estos mitos sociales son poderosos. Han moldeado nuestras vidas y son el oigen de muchos de los grandes males que, como hierbas venenosas, amenazan con ahogar la vida buena en nuestras comunidades. No he criticado con tanto tesón estos mitos porque sean utopías, sino más bien porque siguen provocando daños generalizados"

Conclusión.
Finalmente el libro termina realizando un análisis de lo que el autor llama "utopías parciales", donde por fuerza se tiene que enzarzar en una historia del socialismo, el marxismo, anarquismo y sus aplicaciones en la vida real, estamos en 1.922, a los que achaca su falta de realismo a la hora de tratar de crear utopías sin tener en cuenta la naturaleza humana y su superficialidad... un cambio de amo nunca es una mejora significativa para un esclavo. Se trata también el tema de las dificultades en poner marcha cualquier teoría sociológica en la práctica, y de como se choca siempre con lo mismo... Mumford pide disculpas por sus críticas a la ideología del mundo obrero, se considera simpatizante de muchas de sus reivindicaciones pero:

"No entienden por revolución una transvaloración de los valores, sino la disolución y la difusión de las prácticas e instituciones dominantes... Como si un cambio de propietarios o en el equilibrio de poder pudiese alterar el rostro de Coketown y, de esta manera, sus hornos dejasen de arder y sus cenizas de polucionar"

En definitiva solamente un cambio de mentalidad puede poner la primera piedra de cualquier utopía, en esto Mumford se aparta claramente del materialismo del siglo XIX que presuponía que era el hombre el que cambiaba según cambiase su entorno. El escritor americano se muestra por un lado optimista... ya que no ve como algo imposible las utopías, lo que si ve imposible es que alguna se pueda materializar sin un cambio en lo que denomina idola  es decir, el mundo de las ideas particular de sus habitantes, también opina que no hace falta un cambio masivo de la mentalidad de millones de personas... que basta con unos pocos y que estos en base a su éxito ya irán propagando su propia utopía. Dudo mucho que el Lewis maduro estuviera de acuerdo con la conclusión de este vigoroso ensayo lleno de la audacia de la juventud, tal y como él mismo lo calificó.

"Sin un designio común, sin un gran designio, tanto da que nuestros pequeños ladrillos para la reconstrucciónse queden en la fábrica; pues la discordia entre los hombres presagia, al final, el rápido deterioro de todo lo que pudiera haberse construido. Pongamos el punto y final aconsejando la perfección. Cuando lo perfecto llegue, lo imperfecto se desvanecerá"

Lo mejor: Un ensayo apasionante, magníficamente bien escrito, de hondo calado y que muestra una maestría, una sencillez y una erudición fuera de lo comunes. Un impresionante primer trabajo de un escritor de enorme talento que nos regaló esta obra imperecedera. Destaco también la riqueza de ideas de Mumford que arrolla literalmente al lector en muchos temas que todavía hoy tienen plena vigencia. Muy recomendable, imprescindible diría yo, si se tiene algún interés en el tema de las utopías, su historia pasada y su proyección en el futuro.

Lo peor: El libro pedía a gritos una revisión y ampliación... entiendo que el autor estuviera enfrascado en otros proyectos, más ambiciosos e importantes, pero aun comprendiendo los reparos en tocar la obra original unos capítulos anexos hubieran actualizado el ensayo y le hubieran otorgado mayor interés aún. En esa oportuna revisión posterior hubiera sido muy de agradecer espacios dedicados a esas grandes antiutopías del siglo XX, "Un mundo feliz" de Huxley y "1.984" de Orwell... estoy seguro que les tuvo que dedicar espacio en alguna de sus obras posteriores, o bien, en alguno de sus artículos.


lunes, 15 de septiembre de 2014

La agonía del Eros y En el enjambre

"El Eros no ha de confundirse con el deseo (epithymia). Es superior no solo al deseo, sino también al Thymos (valor). Lo incita a producir bellas acciones. El Thymos es el lugar donde puede existir contacto entre el Eros y la política. Pero la política actual, que además carece de valentía se desarrolla por completo sin Eros, se atrofia para convertirse en mero trabajo. El neoliberalismo lleva a cabo una despolitización de la sociedad, y en ello desempeña una función importante la sustitución del Eros por la sexualidad y la pornografía. Se basa en el deseo (epithymia). En una sociedad del cansancio, con sujetos del rendimiento aislados en sí mismos, también se atrofia por completo la valentía. Se hace imposible una acción común, un nosotros"


Ficha: "La agonía del Eros", Byung-Chul Han, editorial Herder, 79 páginas, ISBN: 978 8425 432545

Vivimos en un mundo enfermo, enfermo de egoísmo y soledad, un mundo inmerso en una constante exaltación del "yo" y una incesante llamada a la acción. Una acción enmarcada siempre en lo "positivo": hay que tener éxito profesional, cuidar la salud y mantenerse eternamente jóven, ganar dinero, consumir, acumular experiencias, hacer de la propia vida una singular obra de arte... eliminando, eso sí, todo rastro de negatividad. Las estanterías de las librerías rebosan de la llamada literatura de "autoayuda" con títulos que muchas veces alcanzan las ventas millonarias, el mundo de la publicidad nos bombardea continuamente con sus mensajes que podrían centrarse en uno solo "puedes tener más, puedes ser más feliz... puedes puedes puedes".

Estamos en definitiva metidos en una vorágine de auto-explotación donde continuamente nos exigimos unas metas la mayoría de las veces erráticas y absurdas... es la "sociedad del cansancio", ya perfilada y denunciada oportunamente por el autor que trato aquí, el germano-coreano Byung-Chul Han, un filósofo bastante atípico al que a estas alturas ya no se puede ignorar.

En este, que ya es su tercer ensayo traducido al castellano, Han se pregunta por cual puede ser el antídoto que ataque de raíz los problemas ya apuntados en sus trabajos anteriores, concretamente el mal que genera esa auto-explotación que conlleva la sociedad del cansancio, es decir el agotamiento y la destrucción de la personalidad que se alcanza a través de un exceso de positividad, de una auto exigencia que no tiene fin, que viene incitada desde los más diversos frentes y que termina sumiendo al individuo en el agotamiento y la depresión.

El filósofo parece haber encontrado la clave en esa fuerza denominada Eros, el amor pasional, un Eros que relacionará en la obra con los más diversos asuntos pero que se negará a definir. Si Compte-Sponville en su "Pequeño tratado de las grandes virtudes" hacía, en el apartado dedicado al amor, una apología del Filos, o amor filial definido principalmente por la alegría y disfrute de aquello que se tiene, Byung-Chul Han en cambio se centra en el Eros, amor-ausencia, pasión por aquello que se ama y se desea con fervor... pero que no se posee todavía, que no se puede poseer en realidad. Una pasión que vivifica pero que también, y esta es la clave, está teñida de tragedia, de negatividad, una pasión que coquetea con la muerte... y que por ello mismo constituye la contrapartida perfecta, el otro plato de la balanza que viene a equilibrar esa desmedida "positividad" que lleva al agotamiento del individuo y la depresión en su vertiente más extrema.

En el primero de los pequeños capítulos en los que el autor divide este breve ensayo, se nos ejemplifica a través del análisis del film del danés Lars von Trier, "Melancolía",  el proceso por el cual a su juicio el Eros puede constituir el antídoto contra los excesos de la positividad de la sociedad del cansancio.... la caída en la depresión de la protagonista y su redención final, a través precisamente de su aceptación de la muerte, convertida en pulsión erótica, y su entrega a los demás. Espoleado por la curiosidad y por los comentarios de Byung-Chul Han visualicé el film en una sesión doméstica y pude disfrutar de lo que de otra forma hubiera sido una película de autor verdaderamente soporífera ;-).

Sociedad del cansancio, sociedad de la transparencia, infierno de lo igual... esta no es una obra que pueda o deba leerse de forma independiente de las ya conocidas del autor. Es obligada su lectura de forma secuencial porque el filósofo en cada uno de sus pequeños ensayos nos da las claves para el siguiente, realiza un trabajo que podríamos llamar acumulativo en el que es necesario seguir un orden a pesar de las repeticiones de conceptos y argumentos.

En el llamado Eros y su antagonismo con la "tabla rasa" que genera la despersonalizada sociedad actual ha encontrado como decía antes el antídoto para la misma. Seguramente por la ausencia de mero interés económico, entre otras cosas, una pasión verdadera siempre es contraproducente, poco o nada tiene que ver con la lógica del mercado, choca frontalmente con nuestro habitual sentido del interés propio, quizás será por eso seguramente las auténticas y genuinas pasiones, aquellas embebidas por el espíritu del Eros son tan raras...

Sea como fuere no solamente Eros es una salvaguarda contra la sociedad del cansancio y el exceso de positividad, también tiene su influencia en la política, en la lucha por unos ideales, en como bellamente lo describe Han "Es exaltado como fuente energética de una renovación, de la que ha de alimentarse también la acción política. A través de su fuerza universal une entre sí lo artístico, lo existencial y lo político. El Eros se manifiesta como aspiración revolucionaria a una forma de vida y sociedad completamente diferente. Es más, mantiene en pie la fidelidad a lo que está por venir."

Disuelve el todopoderoso "yo", y es capaz de arrastrar al sujeto que la disfruta y padece, porque una verdadera pasión tiene siempre algo de ambas cosas, a una salida de ese círculo infernal que suele terminar en el agotamiento y la autodestrucción. Sobre el tema de los círculos viciosos y las encerronas a uno mismo desde una perspectiva filosófica recomiendo "El infierno horizontal" de la filósofa hispana Ana Carrasco Conde.

La importancia de la ausencia y el deseo, la "muerte del Eros" que trae consigo la sociedad de consumo donde el amor se pervierte y convierte en un simple contrato de compraventa donde se busca la equidad de la transacción y el sexo se convierte en simple distracción y objeto de consumo... la exhaltación de la vida, pero no en cuanto a calidad sino a simple cantidad, lo que el autor llama mera vida... una vida que se aferra a sí misma y elude de forma obstinada a la muerte, sin valorar la calidad de la misma. La pornografía en sentido ámplio como mercantilización vulgar y grosera que despoja de contenido y profundidad al sexo y a cuanto se expone en la misma, la falta de distancia entre el observador y lo observado que se traduce en falta de respeto... el libro, como no podía ser de otra manera en una obra de Han, rezuma de ideas, en ocasiones profundas, casi en cada una de sus páginas.

Finalmente el autor realiza una analogía, más o menos forzada, entre la filosofía y el pensamiento crítico con el Eros... no hablamos aquí ya de una pulsión erótica en el sentido comunmente aceptado del término, sino que se relaciona a Eros con cualquier pasión por el pensamiento:

"El pensamiento en sentido enfático comienza por primera vez bajo el impulso de Eros. Es necesario haber sido un amigo, un amante, para poder pensar. Sin Eros el pensamiento pierde toda vitalidad, toda inquietud, y se hace represivo y reactivo. Eros da nervio al pensamiento con la aspiración al otro atópico."

En definitiva otro trabajo breve pero extremada mente denso, complejo y fascinante, digno sucesor de los dos libros anteriormente publicados de Han y muy vinculado a los mismos. En cierta forma constituye una conclusión a "La sociedad del cansancio" en cuanto que apunta a una salida de la burbuja que nos atrapa. Otro ensayista podría confeccionar un libro de cientos de páginas con las ideas con las que el filósofo germano-coreano trabaja en este, pero no es el estilo del mismo por lo que se ve. Frases cortas, lapidarias, densidad conceptual, sencillez y profundidad constituyen sus señas de identidad y tengo que decir a estas alturas que a pesar de lo chocante que resulta en un principio, es esta forma de escribir y concebir sus obras lo que le confiere un atractivo especial.

No faltan tampoco las referencias a otros autores, en ocasiones para subrayar las propias ideas, pero las más, para realizar alguna aguda crítica sobre algún aspecto que el filósofo considera equivocado... Me ha gustado y parecido especialmente oportuna la crítica a una idea que expone Eva Illouz en su "Por qué duele el amor", ya que leeré y comentaré ese libro en breve.

Lo mejor: De nuevo otro ramillete de ideas capaces de bombardear la conciencia del lector como una granizada, a modo de pequeñas y densas piezas que son capaces de alterar la superficie tranquila de una laguna y generar todo un pequeño festival de ondas... y es que hay dos libros realmente, uno es el formado por todo aquello que nos cuenta B. Han, y otro las conclusiones y las reflexiones del lector sobre aquello que el autor nos ofrece de forma tan breve. Quien disfrutó de las dos primeras obras publicadas por la editorial Herder no debería perderse esta, sobre todo porque lejos de exponer una situación nada deseable y tomar simplemente conciencia de la misma, algo ya intrínsecamente valioso,  apunta además, y este es para mí el punto fuerte del libro, a una posible solución... aunque el final quede más abierto que nunca.

Lo peor: La lectura previa de "La sociedad del cansancio" es imprescindible, recomendable también la de "La sociedad de la transparencia" antes de abordar esta "agonía del Eros", a pesar de que nos vamos a encontrar con muchos temas ya expuestos. Decía Bergson que un verdadero filófoso construye su obra en torno a una sola idea, en el caso de Han es algo completamente cierto de forma que las repeticiones van a ser inevitables. Para lo bueno o lo malo son inevitables una lectura lenta y sosegada, y también una segunda y aún una tercera lecturas pausadas y reflexivas... solo un lector habitual de ensayos filosóficos puede valorar una obra así, lo cual no es gusto de todos los platos. Desesperará a todo aquel lector amante de obras más fluidas... y es que leer a Han en ocasiones se asemeja a ponerse en la piel de un ebanista y tallar un trozo de madera, golpe a golpe y viruta a viruta, el esfuerzo que se ahorra en la breve extensión de sus libros se toma, con creces, en la relectura y reflexión.


"El respeto constituye la pieza fundamental para lo público. Donde desaparece el respeto, decae lo público. La decadencia de lo público y la creciente falta de respeto se condicionan recíprocamente. Lo público presupone, entre otras cosas, apartar la vista de lo privado bajo la dirección del respeto. El distanciamiento es constitutivo para el espacio público. Hoy, en cambio, reina una total falta de distancia, en la que la intimidad es expuesta públicamente y lo privado se hace público. Sin distancia tampoco es posible ningún decoro. También el entendimiento presupone una mirada distanciada. La comunicación digital deshace, en general, las distancias. La destrucción de las distancias espaciales va de la mano con la erosión de las distancias mentales"

Ficha: "En el enjambre", Byung-Chul Han, editorial Herder, 109 páginas, ISBN: 978 8425 433689

Aquellos que por suerte o desgracia hemos nacido bastante antes de la existencia de Internet, el auge de las redes sociales y en definitiva la invasión de lo "digital" en cada aspecto de la vida, aquellos que nacimos y nos educamos en un mundo fundamentalmente "analógico", de hecho todavía la mayoría de la población en este envejecido occidente supuestamente civilizado, tenemos una percepción diferente sobre muchas cosas respecto a los más jóvenes que se mueven con los ordenadores y móviles de última generación como peces en el agua.

Personalmente me niego a pensar que en general los mal llamados "nativos digitales" salgan peor parados, me parece un exceso de arrogancia generacional ¿ha existido en el tiempo alguna generación que no halla mirado por encima del hombro a la que le precede y a la que le sucede?... aunque no faltan las voces que opinan lo contrario y miran con suspicacia a este mundo digital en el que todos somos todavía unos novatos. Byung-Chul Han es una de estas voces críticas, aunque no desde luego la única... viene a mi memoria a propósito del tema el espacio dedicado al mundo digital y a la conservación del saber libresco que Ignacio Domingo Baguer expone en su magnífico "Para qué han servido los libros", o el ensayo de Eugeny Morozov "El desengaño de Internet", otro de mis libros en lista de espera... 

Ruido.
Han utiliza la palabra "enjambre" para distinguir a un grupo humano que podríamos también denominar, "masa", "turba", "horda" o "rebaño" en un sentido bien concreto. Sea un grupo de aficionados al fútbol, una cola de consumidores a la espera de la apertura de unos centros comerciales en época de rebajas, los espectadores a un concierto de música o los participantes en una manifestación, en todos estos casos e independientemente del fin que lleva a la congregación y la concentración humana hay siempre un nexo común, un disfrute de un espectáculo, un sentimiento generalizado que permite la inclusión del grupo en la primera persona del plural, hay un "nosotros". En el caso de la comunidad ligada a través de la red no suele existir. Aquí hablamos casi siempre de un conjunto de individualidades sin otra conexión que la física a la red, un rebaño de gatos donde no hay un vínculo común, donde el "nosotros" se desvanece. Hoy pensaba antes de escribir sobre el libro de Han que también el término "enjambre", por su evocación a una laboriosa colmena de abejas, podría ser incluido en el conjunto de grupos humanos con cierto sentido... sin embargo hay algo que un enjambre hace, zumba, emite sonido que no tiene sentido y significado alguno. De ahí que la palabra "enjambre" referido a la comunidad de Internet tenga aquí bastante sentido. Cualquiera que entre en algún foro de opinión, sobre cualquier tema, independientemente de lo controvertido o no que el mismo pueda ser, comprobará las toneladas de basura que los participantes vierten en forma escrita amparados en el anonimato... Internet promueve el ruido en las más diversas formas, información irrelevante, insultos y calumnias, comentarios fuera de lugar... encontrar algo de valor supone siempre hurgar y remover la porquería... navegar por las redes sociales e incluso por la misma red web buscando información sobre cualquier tema se convierte de forma obligada en una visita a un basurero, un viaje que a alguien de otra época le parecería una verdadera pesadilla y que a los afortunados habitantes de este mundo digital nos resulta ya de lo más familiar. 

Crítica a la falta de respeto que promueve la red, crítica a las olas de indignación como resorte para configurar el espacio público, crítica al "ruido", a lo banal, a la falta de identidad común, a la superficialidad y a la falta real de compromiso, a la volubilidad, a la falta de mediación entre el emisor y el consumidor de información y los excesos que conlleva, la falta de reflexión, la suma de información que lejos de aclarar ideas y ayudar a pensar no hace más que dificultar el pensamiento creativo y reflexivo... Muy oportuna por parte de Han la siguiente cita del escritor francés Michel Butor:

"No solo vivimos en una crisis de la economía, vivimos también en una crisis literaria. La literatura europea está amenazada. Lo que ahora experimentamos en Europa es precisamente una crisis del espíritu... Desde hace diez o veinte años apenas sucede nada más en la literatura. Hay un diluvio de publicaciones y, sin embargo, nos hallamos en una pausa espiritual. La causa es una crisis de la comunicación. Los nuevos medios de comunicación son admirables, pero producen un ruido enorme"

B. Han no se para aquí en su demoledora crítica a la sociedad digital, en este libro se muestra incansable lanzándole agudas críticas, criticando incluso la esencia misma de la representación digital "No hay un rostro transparente. La cara que apetecemos es siempre opaca. Opaco significa, literalmente, sombreado. Esta negatividad del sombrear es constitutiva para el apetito. La pantalla transparente no admite ningún apetito, pues en el apetito apetecemos al otro."... aquí reconocemos de nuevo al filósofo obsesionado con lo negativo y lo positivo, su particular Ying y Yang, que le sirve de brújula... "La cara expuesta no es ningún semblante que esté enfrente, que me atrae a su cauce y me encadena. Así, la cárcel del amor cede el puesto a la caverna de la libertad"... amén ;-)

El mundo de la imágen y su versión digital, especialmente en el caso de esta última, también recibe la atención del filósofo germano, que añora los tiempos de la imagen analógica y consigue captar de una forma poética ese "algo" que hemos perdido con la digitalización masiva "La imágen digital no florece o resplandece, porque el florecer lleva inscrito el marchitarse, y el resplandecer lleva inherente la negatividad del ensombrecer". La pérdida de la habilidad manual en favor del "tecleo" también será protagonista en otro de las pequeñas unidades temáticas en las que se divide el libro, en este caso el uso de los dedos para teclear y que lo "digital" etimológicamente venga de "dedo" le viene al pelo... "La época digital totaliza lo aditivo, el contar y lo numerable. Incluso las inclinaciones se cuentan en forma de "me gusta". Lo narrativo pierde importancia considerablemente. Hoy todo se hace numerable, para poder transformarlo en el lenguaje del rendimiento y de la eficiencia".

A continuación el libro se centra también en los cambios que operan en la mentalidad del habitante del mundo digital, en como la mentalidad del "labrador", apegado a la tierra, a lo tangible y lo material, cede el paso a la mentalidad del "cazador", ansioso por capturar información, a través de la cámara de su teléfono móvil, buscándola en Internet o más aún, filmándola a través de las Google Glass... convirtiéndose él mismo, sus ojos y su mirada, en una fuente de captación de datos "Las Google Glass totalizan la óptica de los cazadores, que ofusca todo lo que no es una presa, es decir, lo que no permite ninguna información. Pero, en el fondo, la dicha más profunda de la percepción, de ver, consiste en la carencia de eficiencia. Brota de la mirada larga, que se demora en las cosas sin explotarlas".  La conversión de la vida en un proyecto interminable y la desaparición del ser humano como sujeto, la sustitución del pensamiento por el mero cálculo, la ausencia de narración, la eliminación de distancia... el libro se adentra en su tramo final en opacas espesuras. Me ha gustado especialmente el apartado dedicado a Kafka y los fantasmas digitales, y el juego que el autor hace con los conceptos de "complejo", "transparente" y "misterio", todo un ejercicio en el que no se sabe donde termina la filosofía y donde lo literario o lo poético.

Finalmente el autor entra en la problemática del exceso de información y su relación con la omnipresente "sociedad del cansancio", el exceso de narcisismo e individualidad en la llamada "crisis de la representación", la desaparición del ciudadano que conlleva la aparición del "consumidor", el no menos importante tema de la vulneración sistemática de la intimidad, algo ya tratado en "La sociedad de la transparencia" y actualizado en el presente ensayo, para terminar finalmente con la inquietante conclusión, la aparición de la "psicopolítica", una evolución de los mecanismos represivos y de control de los estados, sean estos nacionales o supra-nacionales, que va más allá del denominado por Focault "biopoder", el estado actual de las cosas y digno sucesor de la represión pura y dura.

Primero los estados y los soberanos ejercían la coacción física, luego a través del "biopoder" se convertían en organizadores y controladores... el "psicopoder" va más allá y llega a manipular la mente de los ciudadanos hasta un punto en el que no pueden hacerlo los simples policías y carceleros. Para Han el último reducto de la libertad humana, su conciencia y pensamiento, está firmemente amenazado por el mundo digital "La psicopolítica digital se apodera de la conducta social de las masas, pues echa la zarpa en su lógica inconsciente. La sociedad de la vigilancia digital, que tiene acceso al inconsciente colectivo, al futuro comportamiento social de las masas, desarrolla rasgos totalitarios. Nos entrega a la programación y al control psicopolíticos"


Lo mejor: Byung-Chul Han consigue ofrecer un panorama sombrío del mundo digital en el que nos desenvolvemos de forma cotidiana, cualquier adicto a Internet, a las redes sociales y a Facebook en particular, como un servidor, verá retratados en este ensayo muchas de las carencias y defectos del medio... y lo que es más, lejos de los tópicos y caminos trillados que otros autores recorren, Han consigue dotar a su crítica de una profundidad y una agudeza fuera de lo comunes. Me ha gustado entre otras cosas por su independencia de lo expuesto en otros trabajos, aunque la conclusión final se de la mano con la apuntada en "La sociedad de la transparencia". En definitiva un ensayo filosófico excelente que da mucho que pensar, digno de ser releído varias veces, comentado y debatido... y esta es la principal virtud de los trabajos del filósofo alemán, su capacidad para estimular el pensamiento del lector y convertirse en joyas imprescindibles en cualquier buena colección de libros de filosofía .

Lo peor: Destila cierta inquina y revanchismo contra el actual mundo digital, no creo que todo sea negativo en el mismo, y lo siento pero creo que alguna que otra crítica es injusta. Dudo mucho que el paradigma en el que nos movíamos antes del desarrollo del mundo digital, Internet y las redes sociales fuese mucho mejor que este en el que vivimos ahora, y que ni mucho menos fuese ningún mundo ideal... aunque no está mal que alguien nos recuerde que este tampoco lo es, ni por desgracia apunta a serlo. Creo que hay otros trabajos que tratan el mundo de Internet y las redes sociales desde una perspectiva más completa e interesante, eso sí, será difícil encontrar otro ensayo más profundo y agudo que el que nos ofrece B. Han en este librito.