martes, 22 de abril de 2014

Filosofar como un perro

"La ira, la indignación, el enojo, la exasperación, la irritación, dirigen mi pluma. Escribo directamente, sin borrador. Releo para evitar errores demasiado groseros. Apruebo los que quedan. Estas páginas valen como las palabras congeladas de Rabelais. Me encantaría que mis hojas se ennegreciesen con entusiasmo, excitación, exaltación, menos furia y más destellos o fuegos artificiales. Convengamos que las ocasiones de dar patadas en el traste son cada vez más numerosas que las de levantar la copa de champagne. Todas las semanas busco razones para tirar bengalas, muchas veces de manera desesperada; sin embargo, la mayoría de las veces sólo encuentro ocasiones para activar el lanzallamas o para... ¡filosofar a martillazos, como decía aquél! Esto me tiene a maltraer - y no es solo una frase hecha -."


Ficha:  "Filosofar como un perro", Michel Onfray, editorial Capital Intelectual, 362 páginas, ISBN: 978 987 614 402 5

De nuevo otro libro de uno mis filósofos favoritos, el francés Michel Onfray... es curioso porque siempre que leo algún libro suyo viene a mi mente ese otro filósofo y paisano francés, André Compte-Sponville, no puedo evitar establecer una comparación entre ambos. Los dos son filósofos, franceses, materialistas y ateos... pero ahí terminan todas las similitudes, porque en lo demás son tan parecidos como un huevo a una castaña.

Si André personifica para mí la elegancia al escribir, el buen estilo y la capacidad de decir lo que tiene que decir evitando en la medida de lo posible la ofensa y el toque ácido e irónico, su paisano Michel es justo lo contrario. Si el primero busca seducir al lector y llevarle a su terreno el segundo trata siempre de llamar la atención, incomodar y en la medida de lo posible intentar remover la conciencia, aun a costa de poder resultar ofensivo.

El primero sería un ejemplo perfecto del "profesional" de la filosofía, pero para mí si uno de los dos merece el apelativo de Filósofo, así con mayúsculas, es el bueno de Michel Onfray, el verdadero enfant terrible de la filosofía europea. Uno puede estar o no de acuerdo con sus ideas, puede incluso encontrar desagradables sus excesos, que los tiene, o no casarle del todo su forma de escribir, mezcla en ocasiones de erudición y pedantería con un estilo dirécto y panfletario... desde luego que no es plato para todos los gustos, sin embargo a pesar de ello creo que es un filósofo al que vale la pena leer, algo que no se puede decir de todos.

Esa actitud combativa, iconoclasta e irrespetuosa en contra de todo aquello que considera deplorable, la valentía de llamar las cosas por su nombre, aún a riesgo de resultar ofensivo, cuando no de forma deliberada, no le ha salido gratis en estos tiempos de meapilas de lo "políticamente correcto". En Youtube por ejemplo se pueden ver abundantes vídeos de sus intervenciones televisivas donde tiene que "dar la cara" y enfrentarse a duras críticas, por no hablar de las numerosas llamadas ofensivas, amenazas y demás peajes que tiene que pagar todo aquel con el suficiente valor para pegar patadas al avispero. 

Cuando pensamos en un filósofo incómodo con el poder, un filósofo que tuvo que pagar un alto precio por decir lo que pensaba y por dedicarse a incomodar a sus coetáneos siempre nos viene a la mente el sacrosanto Sócrates, el cual tuvo la suerte o la desgracia de pasar a la historia a través de la pluma de su principal alumno, el gran escritor pero sobrevalorado filósofo Platón. Uno de los grandes filósofos de su época comentó de él "¿De qué sirve un hombre que ha pasado todo su tiempo filosofando sin jamás inquietar a nadie"... el comentario era de Diógenes de Sinope.


Esa frase podría ser perfectamente el lema de la filosofía de Onfray y de unos pocos más, Michel retoma ese espíritu de Diógenes en esta recopilación de artículos publicados semanalmente en la revista satírica francesa de temática política Siné Hebdo, en la línea de nuestras revistas El Jueves y Mongolia aunque con un toque más intelectual. No puedo evitar recordar esa otra recopilación de artículos que comenté aquí hace tiempo de su compatriota André, "El placer de vivir" ... nótese la diferencia entre ambos títulos. No es por jugar al juego maniqueo del bueno y el malo, del blanco y el negro, para nada. Sponville me parece un excelente filósofo y escritor, pero adolece del mismo defecto que podríamos achacar a Platón, no incomoda, no resulta subversivo, no molesta, es respetuoso, amable... pasará a la historia como un buen escritor y como autor de best sellers de filosofía, alguno de ellos magnífico... pero no como filósofo, estoy convencido de que Onfray ha dejado y dejará un poso más firme, y si no al tiempo.

Ese espíritu irreverente, que se rie de los convencionalismos sociales, que se dedica a incordiar y a incomodar a todos aquellos que o bien no ven, o no quieren ver... tal y como les pasaba a todos los meapilas que elogiaban el porte y la elegancia de un rey que realmente estaba desnudo, ese espíritu de Diógenes que vivía en una tinaja, que despreciaba todo aquello por lo que sus conciudadanos perdían la cabeza, que un día rompió una escudilla de barro por considerarla un lujo inútil al contemplar como un niño bebía agua con las manos en una fuente, que no poseía más bienes que un saco de arpillera, un abrigo y un palo y que se reunía con sus "discípulos" en el cementerio de los perros de Atenas, en contraposición a la alambicada "Academia" de Platón o el posterior "Liceo" de Aristóteles, escuelas reservadas a la élite económica de la ciudad y proscritas a los pobres, las mujeres y los esclavos. Ese es el espíritu que supuestamente guiaba a M. Onfray en la redacción de estos breves, e incendiarios, artículos publicados en la revista satírica... queda una pregunta ¿lo consigue realmente?, veamos.

Un primer artículo donde se critica la afinidad de la política francesa Ségolène Royal con el budismo y la causa del Tíbet, cuando años antes manifestaba su admiración por China... de ahí pasamos a un artículo donde el autor se posiciona a favor de la libertad de expresión en relación al ateísmo, verdadero termómetro del progreso de una sociedad... y no la tan cacareada "libertad religiosa". El siguiente artículo trata sobre la estupidez generalizada en referencia a la causa europea y al liberalismo económico, en el siguiente se mofa del revuelo causado por el proyecto de una base de datos del ministerio del interior francés donde se incluirían datos supuestamente privados... cuando estos están ya difundidos por todas partes en numerosas bases de datos con propósitos comerciales... se critica en un posterior artículo la presencia en París del Papa, estábamos en 2.008 durante el pontificado de Benedicto XVI, en una reunión donde se ha invitado a supuestos "pedófilos" mientras que se excluye a gente "non grata" a la iglesia... el autor termina ironizando con la satisfacción que le proporciona no haber sido invitado a dicha reunión ;-).

La complicidad entre delincuentes y redactores de las leyes (pensaba que esto solo se daba en España y en las dictaduras africanas), la crueldad y el rigor del sistema con aquellos que se tomaron la justicia por su mano contra uno de sus máximos valedores... en contraposición con la debilidad manifiesta de la justicia contra los poderosos, la actitud combativa de la iglesia frente al comunismo y su debilidad y permisividad frente al nazismo (Mein Kampf de Hitler por ejemplo no ha estado nunca en el índice de libros prohibídos de la Iglesia Católica). El elogio de la calle como verdadera exposición de la voluntad popular, en contraposición a un parlamento donde dicha voluntad se secuestra de forma reiterada y "legal". El paralelismo entre la Francia de Luis XVI, con una nobleza y realeza viviendo en una realidad paralela de espaldas a las penurias y sufrimientos del pueblo y la Francia actual... 

Críticas a las autoridades eclesiásticas, a las figuras mediáticas, a la clase política, a los Estados Unidos, a la Unión Europea, a las ideas y políticas neoliberales que nos inundan y llevan al desastre, defensa de los valores de la verdadera izquierda frente a la pantomima socialdemócrata... críticas demoledoras al que en el momento de la redacción de estos artículos era el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, crítica del terrorismo estúpido y del sabotaje como medio de protesta... un artículo que le valió una copiosa riada de amenazas e insultos, ácidas críticas también a la opositora socialista de Sarkozy, ya afortunadamente olvidada, defensa del derecho a la eutanasia, crítica a los medios de comunicación franceses y sus campañas difamatorias... etc etc

No todo es bilis, amargura y ácida crítica... en ocasiones esta toma un cariz más intelectual y mucho más interesante, hay un pequeño gran artículo dedicado a la memoria de Albert Camus y su polémica con Sartre en el que Onfray toma partido decididamente por el primero y que me ha espoleado a leer algo del gran novelista y filósofo francés, El hombre rebelde de Camus está ya en mi escritorio listo para ser leído. En otro artículo contundente, y maravilloso, realiza un elogio del actor, humorista y escritor Guy Bedos al que retrata como un moderno Diógenes ¿para cuando una traducción al castellano de alguno de sus libros?:

"Guy Bedos acaba de abrir un espacio que tiene algo del Cinosargo, la escuela filosófica de Diógenes: allí se enseña a decirle a Alejandro, y a todos sus clones, que nos hacen sombra y que necesitamos el sol que nos ocultan. El filófoso que soy ve una ocasión esperanzadora en la risa que transmite y que enseña el amigo Bedos. Los filósofos están tan tristes que un cómico que filosofa puede, en esta época siniestra, indicar el buen camino: no corremos el riesgo, como los pensadores condecorados, de ser los primeros en meternos a toda velocidad en un callejón sin salida."

Otro artículo positivo que aporta algo de luz y esperanza es el dedicado a la obra "Cambiar el mundo sin tomar el poder" de John Holloway, todo un toque de atención a los métodos tradicionales de la izquierda, la que lo es de verdad, para acceder al poder considerando este objetivo como un fin en sí mismo... con las funestas consecuencias que todos conocemos. En otro interesante artículo se habla de los "nuevos bárbaros", es decir intelectuales y eruditos al servicio de las más deprorables ideas "No es que haya que justificar las porquerías de uno para legitimar las del otro, pero habría que terminar con la idea de que se puede distinguir la buena de la mala basura. La basura no es buena ni mala, es basura. Y todas las contorsiones intelecturales no significan nada: se puede ser culto y bárbaro."

Demasiados artículos, demasiados temas, para ser incluídos en este comentario... eso sí, casi todos interesantes. Y digo "casi" porque el libro de M. Onfray sufre el lastre de su origen, forzosamente los artículos publicados en una revista tenían que tener una extensión limitada, el tono y la temática de los mismos también tenía que estar en línea con las características del medio en el que se publicaron. Lo bueno es que cuando encuentras uno que apenas interesa el sufrimiento dura poco, un par de páginas, lo malo es que en demasiadas ocasiones uno se queda con ganas de más... y por supuesto, hablamos siempre de Francia, de un momento concreto de su historia reciente. Aunque podamos extrapolar los temas de los artículos a la situación del resto de Europa, especialmente y por desgracia a nuestra querida pátria, muchos de ellos se quedan "cortos" en el ámbito del interés que podrían tener para un lector hispano.


Lo mejor: Un Michel Onfray desatado, enfadado y un poco "pasado de rosca" que no dejará indiferente a nadie. El libro se lee con gran facilidad, sus más de trescientas páginas se devoran en poco tiempo, aunque alguna referencia hay que hubiera necesitado alguna aclaración o algún pié de página adicional la verdad es que el estilo es más sencillo y llano que la habitual prosa del filósofo francés. Me ha gustado, me ha proporcionado información muy interesante sobre otras obras y también, lo confieso, me ha hecho reír en muchas ocasiones. No sabía por ejemplo que el filósofo galo había estado en mi ciudad, a la que retrata con apenas dos palabras... una pena que mi interés por su obra y la filosofía en aquella época fuese casi nula.


Lo peor: Lo ya apuntado, demasiado "francés"... aunque más de un lector se asombrará, o más bien se mostrará consternado de los paralelismos entre la política española y francesa, ya lo dice el refrán "en todos lados cuecen habas". Estamos ante una recopilación de artículos, ese formato limita mucho el espacio y hay temas que hubieran necesitado algo más de las dos páginas de que consta cada artículo... que le voy a hacer, aquello de "si breve dos veces bueno" nunca me ha terminado de gustar.


sábado, 12 de abril de 2014

El gobierno de las emociones

"¿Por qué es tan difícil que la ley moral dirija efectivamente nuestras vidas? ¿Por qué, entre las numerosas razones que condicionan la conducta, las razones éticas cuentan tan poco? Hay una respuesta sencilla y rápida a estas preguntas y es la siguiente: no basta conocer el bien, hay que desearlo; no basta conocer el mal, hay que despreciarlo. Si la respuesta no es equivocada, de ella se deduce que el deseo y el desprecio, el gusto y el disgusto son tan esenciales para la formación de la personalidad moral como lo es la destreza en el razonamiento."

Ficha: "El gobierno de las emociones", autor Victoria Camps Cervera, editorial Herder, 326 páginas, ISBN: 978 842 5427 442

Hay libros a los que uno llega a través de referencias leídas en Internet, revistas, o por recomendaciones personales... en cambio hay otros que se cruzan en tu vida por pura casualidad. Este que comento hoy aquí es uno de esos. Lo encontré en las estanterías de novedades de la Biblioteca Regional que frecuento varias veces por semana. Es un libro bastante reciente, publicado en 2.011, que sin embargo ofrecía un aspecto un poco deteriorado, no por el tiempo en este caso, sino por el uso que de él se había dado, se nota que ha pasado a estas alturas por bastantes manos y además está profusamente subrayado de principio a fin... seguramente esas anotaciones y marcas a lápiz son obra de algún estudiante de filosofía ¿de quién si no?... apenas le eché una ojeada supe que lo iba a tomar en préstamo y leerlo. Referencias constantes a Aristóteles, Spinoza y Hume, a la razón y su vinculación con las emociones... un tema demasiado atractivo como para pasarlo por alto. Más aún cuando pude comprobar más tarde que el mismo había sido galardonado con el Premio Nacional de Ensayo en 2.012, otro atractivo más para incitarme a su lectura, o al menos, a intentar adentrarme en sus páginas a ver si podía terminarlo.


Que conste que nunca había leído nada de su autora, una de las grandes damas de la filosofía española contemporánea, junto con Adela Cortina, María Zambrano y otras cuya obra también permanece ignota para mí. Que le voy a hacer, aunque mi ignorancia en ocasiones se me asemeja a un pozo sin fondo, algo que para nada me enorgullece, sí que en cambio tiene como contrapartida agradable los continuos descubrimientos que voy haciendo en el terreno de la filosofía, y de casi cualquier otro tema al que me acerque. Nunca sé lo que me voy a encontrar a la vuelta de la esquina, y esa es una emoción, la de la sorpresa y maravilla continua, que me compensa con creces de la toma constante de conciencia de mis graves carencias como lector.

Viendo el título, como muy bien se señala en la entrevista disponible en Youtube que enlazaré más adelante, uno lo primero que piensa es que se encuentra ante un ensayo de auto-ayuda, tan numerosos y frecuentes en las estanterías de las librerías hoy en día... espero que nadie lo adquiera pensando haberse encontrado con algún libro de esa clase, más que nada porque se llevaría un sonoro chasco... Victoria Camps nos ofrece un libro de filosofía, concretamente de ética, donde aunque se van a tratar varios temas que nos afectan en nuestra vida diaria, de continuo diría yo, tales como las emociones en sus variantes más comunes, ira, vergüenza, orgullo, miedo, tristeza... etc. 

Una de las tareas más importantes de la filosofía desde sus mismos comienzos es el de enseñarnos a vivir mejor, ayudarnos a tener una vida más feliz, dirigirnos a eso denominado "florecimiento humano", es decir, a ser cada vez mejores, más virtuosos, sufrir menos y en definitiva ser más felices. De ese cometido, entre otras cosas, se ocupa la rama de la filosofía llamada ética y es desde el punto de vista filosófico de la ética desde el que está escrito este ensayo. Naturalmente ese objetivo señalado también hoy en día está compartido por la psicología, los manuales de auto-ayuda e incluso por las enseñanzas sobre espiritualidad oriental: Budismo, Taoísmo, Hinduismo... etc. Pero es curioso que sean legión los lectores de esas otras ramas del saber, en ocasiones muy relacionadas con la filosofía, otras veces no tanto, en comparación con los lectores de filosofía... aunque esta esté presente en los planes de estudio y la Universidad. Pocos ensayos de filosofía podrán competir en número de lectores y popularidad con los grandes best sellers de la psicología y autoayuda. Sin embargo es en ese mismo territorio, el de la filosofía como orientación hacia una vida más plena, en el que podemos situar perfectamente la obra de Victoria Camps.



Su título para mí posee una doble lectura, el gobierno de las emociones hace referencia tanto a una realidad como a una posibilidad, la realidad es que las emociones nos gobiernan más de lo que quisiéramos, sobrepasan siempre en influencia a la hora de condicionar nuestras acciones a la pura racionalidad y al pensamiento lógico, pero es que además tal gobierno, tiránico en demasiadas ocasiones, no es todopoderoso, puede ser atemperado y reconducido por la razón... aunque sea una tarea nada fácil. 

La dualidad razón-emoción, sus conflictos y sus relaciones serán el tema principal de la obra. La misma arranca con una denuncia de una falacia que cometió Platón al escribir que bastaba conocer el bien para realizarlo... así sería si fuésemos seres racionales y lógicos en una sola pieza, sin embargo son continuas las ocasiones en las que conocemos lo que es mejor para nosotros y aun así... escogemos la peor de las opciones. Su discípulo Aristóteles, uno de los protagonistas de este ensayo, se acercó mucho más a la verdad cuando afirmó en su "Ética a Nicómaco" que no bastaba conocer el bien, también había que desearlo. Spinoza también retomaría la idea muchos siglos más tarde cuando hablaba de la conveniencia de examinar y conocer los afectos para reconducirlos, para "convertir la razón en pasión", consciente de la debilidad de la razón cuando se enfrenta a las emociones... más adelante Hume nos alertaría sobre las ideas supuestamente originadas en la razón pero realmente originadas en las sensaciones y las emociones, y por lo tanto más sujetas a estas, por mucho que se revistan de las vestiduras de la racionalidad. 

Tenemos por lo tanto el tema definido, la necesidad no solamente de conocer el bien y el mal sino de amar y desear al primero, y despreciar y sentir repugnáncia ante el segundo, la necesidad de convertirnos en virtuosos a base no de la erudición y el estudio, sino de la práctica... algo donde Aristóteles insiste una y otra vez, la necesidad de convertir lo bueno y razonable en algo deseable y emotivo, en una pasión... conociendo las pasiones que sufrimos, analizando su origen y reconduciendolas a través de la creación de otras nuevas, más sanas... y por supuesto desconfiando y sometiendo a juicio crítico cuantas ideas "razonables" aparecen en nuestra mente, ya que no pocas veces es en la emoción, no siempre sana y buena, donde tienen su orígen.

La autora no pretende con este ensayo establecer un juicio maniqueo sobre lo bueno y malo de razón y emoción, dando siempre la razón a la primera y sometiendo a sospecha a la segunda... nada de eso, más bien, mostrarnos que la parte racional necesita forzosamente de la emocional, que la razón sin emoción queda reducida a nada... aunque la emoción sin el análisis y la evaluación de la razón puede asemejarse a un camión cuesta abajo y sin frenos. Un tema nada nuevo, nada original, tan antiguo como la filosofía... que sin embargo sigue dando juego porque pocas veces, en lo que se refiere a razón y emoción, podemos hablar de equilibrio o de poseer la proporción justa de una y otra.

El libro para mí puede dividirse en tres partes claramente diferenciadas, la introducción, el primer capítulo y los dedicados a Aristóteles, Spinoza y Hume conformarían esta primera parte. Sin duda la más sencilla de leer, al menos para mí, y la que proporciona la introducción necesaria al tema, una introducción extensa y bastante "jugosa" tengo que decir para todos aquellos lectores aficionados al pensamiento de esos tres gigantes de la filosofía. Pero es que además la autora no se limita a analizar las ideas de los mismos en relación al tema del libro sino que las vincula a temas de actualidad, la filosofía de Aristóteles, Spinoza y Hume será el punto de partida para analizar situaciones y hechos de todos conocidos:

"La ayuda de la retórica es imprescindible para emocionar y motivar al público a favor de lo que se le está mostrando y que quiere provocar adhesiones masivas. Lo sabe el político, lo sabe el periodista y lo sabe quien detenta el poder económico. Pero hoy el uso de la retórica ha dejado de preocuparse de los contenidos que se transmiten, lo importante es que las tecnologías funcionen y consigan los efectos deseados"

"No obstante, y a varios siglos de los comienzos del liberalismo, hay que decir que ni la tesis de Montesquieu ni la de Smith se han demostrado válidas. Los intereses privados se suman con dificultad porque son divergentes. No obtenemos un interés común a partir de la agregación de intereses particulares. Es más bien ese interés público o espíritu público el que ha de movilizar los comportamientos para que no se resienta el bien de todos. "

Posteriormente se procede al análisis, de diferentes emociones y su vínculo con el mundo de la razón... mostrando como existe en cada una de ellas un lado bueno y deseable, necesario incluso, y otro lado negativo que hay que evitar por todos los medios. Son los capítulos dedicados a la vergüenza, la compasión y la justicia, la indignación y el compromiso, el miedo, la desconfianza y finalmente el capítulo dedicado a la autoestima. Por ejemplo una emoción como la vergüenza es mala en cuanto que se siente por algo que no debería avergonzar a la persona, vergüenza por ser quien es, la vergüenza reducida a simple pudor por mostrar el cuerpo,  o por pertenecer a un determinado grupo social, o a una determinada etnia... pero es buena en lo que se refiere al sentimiento de autocrítica, porque sentir vergüenza es al menos indicio de poseer valores morales "El que no se ruboriza del mal que hace es un miserable", escribió Aristóteles... cita con la que Victoria abre el capítulo dedicado a la vergüenza.

En otros asuntos la dicotomía entre emoción deseable y emoción a evitar no está tan clara, tal y como ocurre con la ira. Mala en su acepción de furia desatada... pero buena en su acepción de indignación, por ejemplo ante una injusticia. Lo mismo decir del miedo, malo como emoción que paraliza o posee orígenes infundados, como la superstición, pero bueno como acicate de la prudencia y remedio contra la temeridad. Así sucederá también con otras emociones como la confianza y su opuesto, la desconfianza, la compasión... que aunque habitualmente es buena puede contener también sus excesos. Mención aparte merece el tema de la autoestima y su construcción social. En el mismo tocará sobre todo el tema en relación con la figura de la mujer a lo largo de la historia, asunto que daría de sí no solamente un apartado en un capítulo, sino libros enteros y que Victoria, como mujer y filósofa, no puede dejar de tratar con la merecida atención. No faltarán en estos capítulos los casos en que la autora nos hablará sobre la relación directa entre las emociones analizadas y el sentido de la justicia y las leyes, ya que son estas las que pretenden dirigir en ocasiones la vida en comunidad, discriminando entre bueno y malo, asunto nada sencillo. Me ha agradado mucho encontrar referencias a la obra de Martha Nussbaum, una autora a la que seguramente volveré a leer en un futuro próximo.

El libro entra en su recta final con cuatro interesantes, aunque algo densos, capítulos centrados en la melancolía y su tratamiento en la sociedad moderna, la educación de los sentimientos, los afectos políticos y finalmente el papel en la educación sentimental del arte y las obras de ficción.

En el primero se habla de la tristeza y la melancolía y como esta puede dividirse según su causa en dos grandes apartados, una tristeza considerada "normal" a la que el individuo debe intentar enfrentarse por sus propios medios, y otra considerada "patológica" que debe ser tratada por un especialista... el problema es que en la sociedad moderna cada vez hay más tristeza y melancolía del primer tipo que es catalogada como del segundo... El tema dará pie a que la autora entre en una interesante exposición sobre el tema de la libertad individual en la sociedad actual, buscando en el tratamiento de la misma el origen de ese desasosiego y angustia vital que es en ocasiones identificado con una patología, cuando no lo es.

En el capítulo dedicado a la educación sentimental Victoria toma partido por un objetivo que no se centre en la creación de individuos y ciudadanos más aptos para los retos personales y profesionales a los que han de enfrentarse en sus vidas, con una mentalidad meramente pragmática de adaptación a los tiempos que corren, sino en palabras de la propia autora a la forja de un "carácter  dispuesto a respetar la libertad y la igualdad política, a adquirir un sentido de la tolerancia, de la obligación, de la equidad y de la autodisciplina". Ahora más que nunca son necesarias la educación sentimental del individuo debido a que faltan los tradicionales "asideros" y puntos de amarre de generaciones anteriores, fuesen estos la religión, la fe en la razón, los ideales... el individuo postmoderno está más necesitado que nunca de una especie de brújula personal para navegar en los mares de la incertidumbre del mundo actual, ni siquiera es la ley el punto óptimo de referencia ya que también las leyes son cuestionables. Podrían ser precisamente  los sentimientos, una vez debidamente "educados" y encauzados, los mejores guías, y también los mejores motores para llevarnos en la dirección correcta. De nuevo la idea de que no basta conocer el bien, hay que desearlo.

El penúltimo capítulo se centra en los afectos políticos, como los mismos terminan influyendo en leyes y decisiones judiciales... y no solamente en el mal sentido de producir injusticias y situaciones indeseables mediante la influencia nociva de las emociones, sino también como las emociones positivas y enfocadas en el objetivo correcto pueden ayudar al objetivo de una sociedad más justa. El capítulo termina analizando el fenómeno del patriotismo y sus implicaciones emocionales, de una forma bastante "aristotélica" la autora optará por un término medio entre el fervor nacionalista, siempre sospechoso de estrechez de miras y de dejarse llevar por sentimientos viscerales, y el cosmopolitismo... que en principio parece más elevado y razonable, pero que por eso mismo peca de insensibilidad. 

Finalmente el libro termina con un broche de oro... el dedicado al papel del arte, a través de la literatura principalmente, como "educador sentimental". Visto con sospecha y prejuicio desde los tiempos de Platón, el arte en forma de novela, poesía o teatro muchas veces posee una capacidad didáctica que ya quisiera para sí la mejor de las filosofías. Su capacidad de exponer claramente y sin ambigüedades de ningún tipo las flaquezas del género humano, relatos e historias donde se quiere expresar un mensaje moralizador... y hacerlo de forma emocionante, implicando al lector-espectador que por una parte toma la debida distancia, ya sabe que está presenciando o leyendo una obra de ficción, pero por eso mismo puede emplearse con más contundencia y con una variada gama de resortes ausentes habitualmente en el ensayo filosófico... 

No me resisto a terminar mi comentario del libro sin citar estas hermosas palabras de la autora sobre la relación entre la ética, dominio de la filosofía, y la estética, dominio del arte:

"En una sociedad liberal en la que las costumbres han ido perdiendo la rigidez moral que tuvieron en otros tiempos, hay formas de conducta que deben rechazarse no porque sean delito, sino porque sencillamente están mal. Es posible que a un político no le condenen ni le procesen por aceptar cierto tipo de regalos, pero sería mejor, más bonito, que no los hubiera aceptado. Lo que ha venido en llamarse "telebasura" define a un conjunto de programas que tampoco llegan a ser materia de delito, pero que no tienen nada que los haga encomiables. No está en ningún caso prohibido que los ricos se sigan enriqueciendo con desmesura ni que los altos directivos se otorguen unos sueldos de vergüenza teniendo en cuenta la miseria en que vive una gran mayoría, no es delito hacerlo, pero es feo. La apelación estética, aquí, añade algo que la ética no tiene, de la misma forma que una buena película enseña lo que es el mal, o el bien, con más vigor y poder de persuasión que un tratado filosófico o una prédica moral"


Adjunto aquí el enlace a una entrevista entre el filósofo Manuel Cruz, director de la colección, y la autora a propósito de la presentación de este libro.



Lo mejor: Un libro excelente, un gran trabajo de nuestra  galardonado con un importante premio, pero al que no le hacía falta aval alguno para ser recomendado. La autora consigue convencer de que cualquier tratado sobre ética y moral que no tenga presente el variado y complejo mundo de los sentimientos será siempre un tratado incompleto, sesgado y defectuoso. Muy recomendable.


Lo peor: Tengo que nombrar aquí una minucia sin importancia, la cantidad de erratas del texto, fruto seguramente de su apresurado envío a la imprenta y que seguramente habrá sido remediado en las siguientes ediciones y reimpresiones. También tengo que hacer de nuevo alusión a que este no es un texto de autoayuda sino de filosofía, para lo bueno y para lo malo, de modo que hay que verlo como tal... una exposición interesante, lúcida y erudita, pero que no tiene pretensión alguna de "educar" sentimentalmente al lector ni de que este sea más reflexivo a la hora de escoger, si es que puede, las emociones que guían su vida. 

Ese es ya otro terreno muy diferente sobre el que el mismo Aristóteles reconocía su impotencia para conseguir solamente por medio de sus enseñanzas y consejos el fin deseado, Victoria lo recoge en su libro y tengo que citarlo aquí, aun en este apartado a modo de epílogo: "El razonamiento y la enseñanza no tienen, quizá, fuerza en todos los casos, sino que el alma del discípulo, como tierra que ha de nutrir la semilla, debe primero ser cultivada por los hábitos para deleitarse u odiar las cosas propiamente, pues el que vive según sus pasiones no escuchará la razón que intente disuadirlo ni la comprenderá, y si él está así dispuesto, ¿cómo puede ser persuadido a cambiar? En general, la pasión parece ceder no al argumento, sino a la fuerza; así, el carácter debe estar de alguna manera predispuesto para la virtud amando lo que es noble y teniendo aversión a lo vergonzoso".   Aristóteles. Ética a Nicómaco.


lunes, 7 de abril de 2014

La banda de la tenaza

"Por lo que Hayduke sabía, cuando él se había visto envuelto por ella, la soledad absoluta podía ser perjudicial. Era perjudicial. En algún lugar, en las profundidades de la soledad, más allá de la libertad, estaba escondida la trampa de la locura. Hasta el buitre, ese anarquista de cuello rojo y alas negras, la más indolente y la más arrogante de todas las criaturas del desierto, hasta el buitre le apetecía al caer el día reunirse con sus parientes e intercambiar relatos, descansando en la rama más alta del más muerto de los árboles de la zona, todos encorvados y envueltos en túnicas de ala negra, chachareando juntos, como una asamblea de sacerdotes que intrigan. Hasta el buitre -pensamiento fantástico- tiene que pasar por el nido, se aparea, se hace cargo de los huevos, produce nuevos buitres"


Ficha: "La banda de la tenaza", autor Edward Abbey, editorial Berenice, 575 páginas, ISBN: 978 84 15870036

"¿Pero qué haces leyéndote ese libro tan feo?, de verdad Antonio, no te pega nada... "  En estos términos, más o menos, se refería mi novia a mi elección de esta novela como siguiente lectura. Tengo por costumbre, y tal como reza el título de este blog, el de ir siempre con un libro "a la chepa", tanto en mi vida diaria, como en mis viajes e incluso en mis rutas senderistas... hasta en las ocasiones en las que se supone que me va a ser imposible leer. De modo que solo hay que echar un vistazo a mi mochila, maleta, bolsillos o bandolera para saber qué lectura llevo  entre manos... y a veces, palabra, es más de una.

Pues si, "La banda de la tenaza" es un libro "feo", llamativo y singular... tanto que ha necesitado la friolera de ¡treinta y siete años! para ser traducido y publicado en nuestro país, con el agravante de tener su orígen en los EEUU, ese país tan generoso en su exportación de iconos culturales, modas, cine, mala y buena literatura o simplemente basura.

Por eso choca mucho que un libro que fue todo un éxito de ventas en su día, el más exitoso de su autor con diferencia, haya visto la luz tan tarde en nuestro país, y encima adornado con los dibujos del famoso Robert Crumb que ilustran cada capítulo... no se, ¿tendrá algo que ver su supuesta apología del terrorismo y vía violenta para resolver conflictos "ecológicos"?... no seamos malpensados, seguramente no es por eso ¿o si? ;-)

 Hay gente que parece que vino al mundo para romper moldes y esquemas, para vivir siempre a contrapelo, con el paso cambiado, a contracorriente... y encima hacerlo en el país supuestamente más consumista y materialista del mundo, en el país más bombardeado por la publicidad desde generaciones, en la nación más corrompida y ferozmente individualista de la Tierra. Edward Abbey nunca debió sentirse profeta en su tierra, a la que amó con pasión. Me llena de rabia el saber que casi ninguno de sus libros ha sido traducido al castellano, excepto este y "El vaquero indomable" que debe estar más que descatalogado a estas alturas, porque es un autor al que leería sin dudarlo.


"La banda de la tenaza" no es un libro aséptico, más allá de la ironía y de su buen sentido del humor está lleno de rabia y frustración, es un libro que aunque sea en plan de broma, más o menos, toma partido por la acción violenta, por la acción directa... aunque sea al precio de acercarse a la frontera del mal, de parecerse a aquello que se quiere combatir.

Es un libro que decididamente toma partido por el sabotaje y la resistencia, por mucho que se suavice con humor, ante una injusticia "legal" como es la destrucción del medio ambiente a manos de la codicia desmedida de las compañías mineras, madereras y petrolíferas... Edward Abbey no era un cavernícola opuesto a toda forma de progreso que quiera atraer a la humanidad a una nueva era de tinieblas... sino un romántico enamorado de la naturaleza que veía con horror y espanto la contaminación medioambiental, el deterioro del paisaje, la invasión de los grandes espacios del oeste americano por los carteles publicitarios, la tala indiscriminada, la emisión de gases tóxicos y la destrucción del medio ambiente en pos de una codicia disfrazada de progreso.

La historia es muy simple, cuatro ciudadanos americanos muy distintos entre sí pero con unas ideas semejantes a favor de la naturaleza y de repulsa hacia las acciones de las grandes compañías, deciden tomarse la justicia por su mano y constituir una célula de resistencia, más o menos violenta, una especie de comando "eco-terrorista" y comienzan a emprender acciones destructivas y de sabotaje contra los intereses de las compañías que atentan contra el medio ambiente. Inician su indudablemente  delictiva, aunque moralmente más discutible, actividad ecoterrorista con la constructora que tiende carreteras y puentes en la zona del Gran Cañón. Continuarán más adelante realizando sabotajes contra una compañía minera, sus máquinas y su vía férrea... y no se pararán ahí. Cada vez sus acciones serán más espectaculares, hasta que terminará sucediendo lo inevitable, algo que dejo a la imaginación del lector para no terminar de destripar el argumento...

El valiente e impulsivo Hayduke, veterano de Vietnam medio pirado que cuenta las distancias entre ciudades por el número de cervezas que es capaz de trasegar al volante, la bella y caprichosa Bonnie Abbzug que introducirá un punto de humanidad y "glamour" en el grupo, el gruñón Doc Sarvis que financiará las operaciones y constituirá el contrapunto "teórico" al imparable Hayduke, y finalmente el guía conocedor de la región, el mormón "Seldom seen" Smith... el más equilibrado y sensato de los cuatro, si es que hay algo de sensatez en esta singular cuadrilla.

 ¿Cuánto hay de cada uno de ellos en el escritor de esta obra?... para concretar ese punto tendría que saber más de este autor fallecido en 1.989 y del que se desconoce el paradero de su tumba, perdida en el desierto que tanto amó. Probablemente algo de cada uno de ellos, pero en especial por su físico y su actitud heróica, irreflexiva y huraña es fácil ver mucho del barbudo Hayduke en este filósofo gruñón  que parece salido de un western.


Es habitual que en mis críticas a las novelas suela ver como algo negativo la superficialidad de los personajes, el hecho de que la mayoría de las veces uno se encuentre con monigotes de cartón piedra, sin profundidad, sin evolución personal, meros estereotipos hechos ficción al servicio de una historia... pues bien, en este caso tengo que comentar justo lo contrario, si tenemos en cuenta que la novela está escrita en clave de humor de principio a fin el autor hizo muy bien en dejar a sus protagonistas convertidos en poco menos que unos estereotipos al servicio de la sátira y el esperpento... porque en el fondo,  y queda muy claro en el transcurso de la narración, esto no era lo más importante de la historia que quería contar.

Si, es verdad que hay muchas peripecias, viajes, persecuciones, descripción minuciosa de la planificación y ejecución de acciones de sabotaje, más o menos serias, a veces simples gamberradas... otras verdaderas acciones terroristas donde el único límite que se ponen es el de no hacer daño a ningún ser humano... algo verdaderamente complicado en asuntos como hacer descarrilar un tren por ejemplo, pero donde no hay "techo" alguno a los daños materiales a producir o a los riesgos a correr.

La acción es trepidante, es una novela que no da respiro al lector... pero más allá de esa acción, de esa "road movie" en la que se convierte buena parte parte de la novela hay un deleite continuo en la descripción del escenario, un recrearse una y otra vez en los paisajes, en la naturaleza que rodea al grupo, en ese espacio natural... bello y despiadado, no hay que olvidar que estamos en el desierto entre Utah y Arizona, ese paisaje que tanto hemos visto en películas del oeste. Temperaturas extremas, escasez de agua, naturaleza áspera, arisca e inmisericorde con el ser humano; pero también un santuario de paz, un lugar mancillado y profanado por sucias carreteras de asfalto, carteles publicitarios, minas a cielo abierto, presas que convierten hermosos cauces en míseros arroyos sin vida, toneladas y toneladas de cemento y acero que atraviesan el paisaje como heridas, zonas urbanas que crecen como tumores malignos, desperdicios y suciedad por doquier... es contra esa otra violencia, sistemática, de curso legal y supuestamente imparable contra la que estos cuatro locos dirigirán sus actos vandálicos. Evidentemente no tiene ningún sentido dirigir acciones de sabotaje jugándose el tipo contra alguien que hace cosas que te son indiferentes...

De forma muy "instructiva" aprenderemos como inutilizar una excavadora, como "gripar" el motor de un camión, como inutilizar maquinaria, como utilizar "figuradamente" cartuchos de dinamita y mezclas térmicas capaces de cortar el acero... una obra sin duda de lo más educativa, pero que ante todo rezuma amor por la naturaleza por todos sus poros y que resume muy bien el ideario filosófico de su autor "Yo soy un humanista, prefiero matar a un humano que a una serpiente"... escribió por lo visto en alguna ocasión. Esa defensa del "libertarismo" a ultranza, de desconfianza absoluta en los gobiernos, empezando por el de su país, se traducía en una defensa del derecho tan americano a portar armas. Más allá de intereses espúreos de las fábricas de armamento Abbey comulgaba con la idea con la que tantos norteamericanos están todavía de acuerdo hoy en día, la idea de que un pueblo armado es un antídoto contra la tiranía. Como europeo perteneciente a una nación virtualmente "desarmada" dificilmente puedo estar de acuerdo con algo así... pero en estos tiempos que corren y viendo el cariz que poco a poco están tomando las cosas no puedo evitar que me caigan cada vez más simpáticos aquellos que son capaces de "echarse al monte" en defensa de unos ideales. Malo es tomarse la justicia por su mano, pero peor aún puede ser un gobierno que deja de temer al pueblo al que sirve.

Evidentemente las cosas han cambiado mucho desde 1.975, aunque no en lo fundamental, por desgracia todo lo que denuncia el libro sigue igual o peor... hay un aura de ingenuidad tanto en los protagonistas metidos a saboteadores como en sus víctimas que ya no existe. Dificilmente hoy un grupo eco-terrorista conseguiría hacer daño material sin causar víctimas, dificilmente escaparían mucho tiempo de la represión policial. El mundo se ha hecho mucho más pequeño desde que Edward vivió en el oeste, hoy nadie se fiaría de dejar maquinaria valorada en millones alegremente sin vigilancia... no creo que Edward defendiera acciones de este tipo, aunque alguno de los personajes de la novela están inspirados en personajes reales, no me cabe la menor duda. Se trata más bien de una defensa del activismo a favor de la naturaleza y una apología de un activismo decidido y valiente en el que uno se "juega el tipo"... hoy en día la mayoría nos limitamos a compartir fotos y artículos de opinión en Facebook, votar en Change.org y similares o en "retuitear" contenidos más o menos atrevidos... Edward Abbey se mearía de la risa.

Para los curiosos comentar que la película de 1.962 y protagonizada por Kirk Douglas "Los valientes andan solos" ("Lonely are the brave") que cuenta las andanzas de un vaquero enfrentado con el gobierno de los Estados Unidos y empeñado en derribar cercas y alambradas, está basada en una de sus novelas.

"El anarquismo no es una fábula romántica, sino el duro despertar, basado en cinco mil años de experiencia, de que no podemos confiar el manejo de nuestras vidas a reyes, sacerdotes, políticos, generales y comisionados de condado". Edward Abbey.

Lo mejor: Interesante y sorprendente, es una historia muy bien escrita que engancha de principio a fin y una vez que la acción se "encarrila" ya no da respiro al lector. Fenomenales las descripciones de las regiones y lugares donde tiene lugar la acción de la novela, no tengo la menor duda de que su autor conocía muy bien todos los lugares de los que habla. La presencia de ilustraciones de Robert Crumb fue todo un acierto, aunque no se incluyeran en la versión original de la novela. Algunos de los diálogos son realmente divertidos.


Lo peor: Demasiado tiempo en aparecer en el mercado nacional, demasiado tiempo también el transcurrido, el cual por desgracia no ha sido demasiado benevolente con la historia, actual y desfasada a partes iguales... ¿veremos alguna vez alguna versión animada o cinematográfica?, lo dudo. Una vergüenza que no haya más libros de Edward Abbey publicados y editados en castellano teniendo en cuenta la cantidad de "morralla" que desembarca a esta orilla del Atlántico proveniente de los EEUU... uno de sus autores más interesantes sin duda, aunque pueda ser tachado de retrógrado por muchos.

sábado, 29 de marzo de 2014

Ni el sexo ni la muerte

"Ni el sol ni la muerte se pueden mirar fijamente."  
François de la Rochefoucauld.


"El sexo es un sol; el sexo es un abismo. Pero solo es un sol para nosotros, no para la naturaleza o en sí mismo. Solo ilumina a cada uno desde el interior (aunque el deseo se de sobre otro), y solo a los que mantiene vivos. Por eso el sexo del otro todavía nos deslumbra más, por este incendio que enciende o reaviva en nosotros, que repercute y que redobla, y que nos esconde su origen. Es como la noche en pleno día, como un abismo de luz: es el abismo del deseo -el mío, el del otro-, que convierte en sol, para aquel que ama o que desea, algunos centímetros cuadrados de piel o de mucosa... Freud tenía razón al hablar de instinto de vida. El orgasmo o la muerte ya llegarán más temprano que tarde."


Ficha: "Ni el sexo ni la muerte. Tres ensayos sobre el amor y la sexualidad", André Compte-Sponville, editorial Paidós, 319 páginas, ISBN: 978 8449 327612

Hacía ya más de un año que no me adentraba en una obra de este filósofo francés, llegué a crear una etiqueta en este blog con su nombre debido a mis frecuentes lecturas de obras suyas, sin duda alguna que ha sido para mí un referente en lo que a lecturas de ensayos de filosofía se refiere desde que comencé a interesarme por el tema a finales de 2.011. 

Comencé su lectura con la que seguramente es su mejor obra "Pequeño tratado de las grandes virtudes", uno de esos trabajos con vocación de clásico imperecedero cuya lectura considero más que imprescindible para cualquier buen aficionado a la filosofía, sobre todo a los neófitos en el tema como es mi caso y máxime en estos tiempos donde leer, no digamos ya escribir, un tratado sobre moral parece más que pasado de moda.


Ninguna de mis lecturas posteriores estuvo a la altura de la mencionada, aunque todas me gustaron; ni ese breve pero intenso ensayo titulado "La felicidad desesperadamente", ni esa obra un tanto desordenada y errática de sus comienzos "Sobre el cuerpo", o ese bonito y recomendable ensayo de introducción a la filosofía titulado "Invitación a la filosofía", ni por último siquiera esa excelente recopilación de artículos publicados bajo el sugerente título de "El placer de vivir".


Por ese motivo no pude sino mirar con indiferencia esta reciente obra suya, mis lecturas de este filósofo estaban tomando un claro cariz "descendente", si bien con altibajos, me saturaba ya el bueno de André, tenía la impresión de que era un filósofo que nada nuevo me podía ofrecer ya, que esto era más de lo mismo... de ahí que demoré mi adquisición y lectura de este libro durante más de un año. Tras su lectura puedo corroborar esa intuición, porque salvo alguna sorpresa y momento agradable creo que es un filón que puedo dar por agotado. Naturalmente siempre me quedará la relectura de sus interesantes trabajos, posiblemente alguno tenga más interés en segundas y aún terceras relecturas tal y como sucede con cualquier ensayo ... pero ¿quién dedica tiempo a las relecturas teniendo tanto por leer aún? :-), la vida es demasiado corta, el tiempo apremia y las energías y ganas por leer prefiero que me pillen siempre con material "fresco" del que por fortuna, realmente muy buena fortuna,  dispongo en abundancia. 

¿Qué tenemos aquí? tres ensayos sobre el amor y la sexualidad más la transcripción de dos conferencias relacionadas, más o menos más adelante lo veremos, con este tema principal... casi nada. De hecho podríamos contar dos ensayos realmente más las conferencias porque el tercero aunque tiene un origen diferente no deja de ser una extensión del segundo, con el que coincide en temática, estilo y nivel de comprensión. 


El amor.
El primer ensayo, titulado "El amor", no es más que la transcripción y reelaboración de una conferencia que el autor ha dado en numerosas ocasiones y que en su casi totalidad solamente extrae las ideas principales del último capítulo del "Pequeño tratado de las grandes virtudes", el dedicado precisamente al tema del amor... los mismos conceptos, la misma estructura y las mismas ideas elaboradas para la exposición oral. Un texto donde las ideas fluyen armoniosamente, abundan las referencias al lector (u oyente en su versión oral) y donde nos encontramos con el mejor ejercicio de estilo del que es capaz el filósofo galo, lo que no es decir poco... lo malo, pues que naturalmente para los lectores de la obra citada no vamos a encontrarnos con nada nuevo o sorprendente, simplemente más de lo mismo. 

El amor es analizado desde la peculiar perspectiva filosófica del autor, nada de coqueteos con la sociología ni con la biología o neurología... uno de los puntos fuertes, y también limitaciones, del filósofo francés es que nunca se mete en un terreno donde no pise firme, en ese aspecto y a pesar de su indudable maestría no estaría de más que tomase nota de autores modernos como Richard David Precth y su enorme "El amor. Un sentimiento desordenado", pero que le vamos a hacer Sponville es de otra generación, de otra escuela y otro método.

El amor en su faceta platónica de "Eros", el amor en su faceta de alegría y disfrute "philos" con el sello de Aristóteles, Spinoza y algún otro... y finalmente el amor como sentimiento de bondad universal en su versión cristiana de "ágape". El amor de lo que falta, el de lo que se tiene o disfruta y el que se ofrece de forma incondicional. Sobre estos tres caballos de batalla versa este primer ensayo, el más bonito y fácil de leer... aunque por desgracia para nada original.

Destacar el acierto de esta división, su enfoque práctico, su siempre acertada revisión de los clásicos... Sponville da toda una lección de filosofía griega sobre el tema, y la luz que arroja sobre este tema tan apasionante como complejo. Tengo no obstante que señalar las deficiencias del capítulo dedicado al "amor universal" o "ágape" en terminología greco-cristiana, y es que aunque más adelante en el libro con ocasión del tema de la espiritualidad el autor se confiesa seguidor de la vertiente espiritual del budismo... por eso mismo echo en falta que a la hora de tratar el tema del amor como sentimiento universal no haya casi ni una mención al tema de la compasión budista, ni siquiera al tema de la benevolencia confuciano... centrándose principalmente en la visión judeocristiana. Ya se que estamos en Europa, que también el que escribe ha sido educado, como todos, en esa tradición... pero es una ausencia muy notoria e injustificable por alguien que se supone versado en el tema. Por eso para mí de los tres capítulos el dedicado al "ágape", al "amor sin orilla" tal y como bellamente lo define André es el que al final tengo la impresión de que le falta algo... de que se queda cojo.

Muy buena por otra parte su insistencia en incluir el amor marital, y el de pareja dentro de la categoría "philia", porque habitualmente solemos encuadrarlo en el apartado "eros" o amor pasional de aquello que nos falta, de lo que se busca o persigue... en fin, si en su momento ya me pareció que el último capítulo del Pequeño tratado era lo mejor del libro con diferencia (y eso que el resto de la obra pone el listón muy alto), de nuevo he vuelto a disfrutar con su lectura. 

Ni el sexo ni la muerte.
Entramos ahora en la parte más densa, extensa e importante del libro, la parte que por sí sola justifica su compra y a la que nos ha preparado la lectura del primer ensayo... aunque posee un origen similar como tema de una conferencia aquí se nota mucho la mano del autor al reelaborar el texto porque es imposible que declamara oralmente este trabajo, por muy experto que fuera su auditorio... es tanta la densidad de ideas, la cantidad de citas y la elaboración de los argumentos que está muy claro para mí que hay mucho trabajo "a posteriori". 

El ensayo está dividido en varios capítulos, siendo el primero el dedicado a la sexualidad, el autor desde el principio nos recuerda que es un filósofo, de hecho este ensayo en forma de conferencia tuvo a un público especializado en sexología clínica como oyente... de ahí que las referencias a la biología, medicina o naturaleza física humana solo son tangenciales, se habla lo justo, y sí mucho en cambio del tema de la sexualidad en la filosofía. Si el amor ha sido tratado en innumerables ocasiones por los filósofos a lo largo de la historia no ha ocurrido lo mismo con este tema tan fundamental como el de la sexualidad humana. Aun así C.Sponville tirará de todo tipo de referencias para sostener sus argumentos y su exposición del tema sin caer en la repetición ni el aburrimiento en ningún momento. Temas como el sexo como función y facultad, como pulsión o instinto, el tema de la obscenidad y la transgresión, su relación con el cuerpo y con la espiritualidad... en este primer capítulo se dedica a definir el campo de estudio y sus límites, sus definiciones. En el segundo ofrece toda una historia de la sexualidad a lo largo del desarrollo de la filosofía, de nuevo Platón, pero también San Agustín, Epicuro, Spinoza... y sobre todo Montaigne, el ensayista gascón será citado abundantemente por C. Sponville... tanto de hecho que el propio autor pedirá disculpas por ello ¡disculpas aceptadas naturalmente !, pues pocos escritores pre-modernos han dicho tanto y con tanta lucidez sobre el tema. 

Tras tocar el tema del deseo, sexualidad vinculada a eros, de la sexualidad vinculada a philia... toca entrar en el pesimismo filosófico de la mano de Schopenhauer, me ha hecho mucha gracia que Sponville le ponga el epíteto de "platónico" ... precisamente es con sus diatribas contra Platón con lo que empieza su peculiar historia de la filosofía, no me cabe la menor duda de que el gruñón y malhumorado filósofo germano hubiera reaccionado con inusitada violencia verbal ante la colocación de dicho sambenito... pero aun siendo chocante no puedo menos que estar de acuerdo con André en este aspecto, si el platonismo deviene en pesimismo, pues solo se ama con pasión aquello que no se tiene... entonces entramos de lleno en Schopenhauer cuando afirmaba que la vida "oscila siempre entre el deseo y el tedio"... tal vez sea cierto pero en medio de ambas se encuentra también la alegría y el disfrute por lo que se tiene ;-). Tras Schopenhauer llegará Feuerbach y su deificación de la pulsión sexual y Nietzsche con sus polémicas, y en buena parte equivocadas, ideas sobre la "guerra de sexos". Para redondear y terminar con el tema de la sexualidad a través del pensamiento de los filósofos y alterando deliberadamente el orden cronológico C. Sponville termina con una interesante , y sorprendente, exposición de las ideas sobre el tema de Emmanuel Kant y es que su precepto "usa al prójimo como si fuese un fin en sí mismo y no un medio" y aquel que reza "obra de tal forma que de tu comportamiento fuera deseable extraer una ley universal" vienen muy al pelo en el tema de la sexualidad... 

Definido el campo, esgrimidas ideas en uno y otro sentido... ahora queda bucear en los aspectos más oscuros y polémicos de la sexualidad, el tercer capítulo se dedica al erotismo, para comenzar el mismo se afronta el tema de la violación, la prostitución y la pornografía... ¿quién dijo alguna vez que la filosofía era aburrida o desapegada de asuntos terrenales? ... el erotismo como trasgresión, algo ineludible, el tema de nuevo del deseo y el disfrute y como estos no entran en contradicción según el autor, la diferenciación del sexo en el ser humano como hecho cultural, por oposición al sexo de los animales, de ahí eso que llamamos erotismo solo presente en el ser humano. El tema del pudor y la moral, el sexo visto como algo delictivo o pecaminoso... el sexo como espectáculo, el erotismo y la mística... aunque el tema da para mucho me extrañaría que ningún lector curioso quedase defraudado, al menos en esta vertiente, la filosófica. 

"Es la grandeza del hombre, tanto para lo mejor como para lo peor. Solo un ser parlante es capaz de decir banalidades, barbarismos o solecismos. Pero, por otro lado, solo él puede respetar la lengua, mimarla, maltratarla, enfrentarse a ella, jugar con ella, trabajarla y disfrutar de ella. Es lo que se llama etilo. También es preciso tener algo que decir: el cerebro, y no la lengua, lo decide. De la misma manera, solo un ser moral es capaz de vicios, de crímenes y de barbarie. Pero solo él puede jugar con las prohibiciones que se impone, o que le han impuesto, alimentar con ellas sus deseos y sus fantasías, y de esa forma reforzarlas, refinarlas, regularlas, seleccionarlas, disfrutar de ellas, y eso es, cuando se trata de sexualidad, lo que llamamos erotismo. También aquí es preciso tener algo que desear o amar: el cuerpo, y no la moral, es quien lo decide. Si no fuéramos capaces también de lo peor, ¿sería lo mejor tan deleitoso?"

De nuevo entramos en temas platónicos en el último capítulo de este interesante ensayo donde se analiza el fenómeno del deseo, maldición para algunos, parte indisociable de la naturaleza humana para otros, y por supuesto en relación con el sexo... objeto donde los haya de deseo. La temática se repite, y se le termina dando tantas vueltas que me cuesta trabajo pensar en un lector que termine tras la lectura del mismo con más hambre y curiosidad sobre el tema, en su vertiente filosófica claro, porque sobre la otra... la biológica, social, médica y cultural hay estanterías llenas en las secciones sobre el tema. 

En el tercer ensayo entramos en el tema del amor en relación con la amistad y el amor en pareja, diferencias y similitudes entre uno y otro, veremos que no hay una frontera clara y que ambos se entremezclan, algo que ya sabíamos claro. De nuevo el tema de la pasión, el tema de la virtud, el tema del deseo y sus límites... aunque distinto no hay nada en este pequeño ensayo que no haya sido tocado ya en los dos anteriores y podría formar parte de un apéndice tanto de uno como de otro.


El amor y Dios.
El libro termina con dos conferencias sobre el amor en su vertiente mística o religiosa, una centrada en la figura de Blaise Pascal y otra en la de Simone Weil... dos filósofos franceses en los que Compte-Sponville es un consumado experto. 

Comentar únicamente que me ha parecido la parte menos conseguida del libro, la más prescindible... si hasta ahora nos habíamos encontrado con una exposición de ideas ágil y amena en su primera parte, y más densa y trabajada en la segunda, ahora nos encontramos a un autor que pasa voluntariamente a un segundo plano, demasiadas veces en mi opinión, para ceder protagonismo a sus filósofos examinados. Blaise Pascal en alguna ocasión escribió en contra del amor propio e incluso en contra de todo amor que no esté dirigido a Dios... dicha idea que parece contradictoria será trabajada y explicada minuciosamente por André en esta conferencia, aclarándonos el por qué. Para mí hay dos "Pascales"... el científico y matemático y el filósofo, en este último hay también dos vertientes, un filósofo con una gran y aguda visión de la naturaleza humana que me parece admirable, y un místico... que ya no me parece tan grande. Lo siento pero la visión espiritual desde el prisma y el filtro del cristianismo se me atraganta, se me atraganta también la teología y la beatería... y es precisamente ese Pascal enfervorizado y místico el que se nos presenta. C. Sponville es manifiestamente ateo, pero eso no le priva de meterse en las arenas movedizas y el lodazal de la teología... confieso que he leído este capítulo con mortal aburrimiento y desidia, nunca el escritor francés me había producido tanto esta sensación de tedio hasta la náusea. Cuestión de gustos supongo.

Más interesante, mucho más, es el capítulo segundo de estos apéndices donde se analiza la figura de la gran filósofa y mística francesa Simone Weil, ya en su momento me atreví con la lectura de su singular "A la espera de Dios", tengo que confesar que para un agnóstico aficionado a la filosofía sus ideas sobre la espiritualidad y Dios me parecen interesantes, y sobre todo porque esta mujer fue un ejemplo en vida de todo aquello en lo que creía, es raro por desgracia ver a un filósofo cuya vida coincide plenamente con sus ideales pero así era Simone, una judía que rehusó el bautismo aunque poseía un gran fervor religioso, filósofa platónica, defensora de los pobres y los oprimidos, marxista y revolucionaria... toda una "santa roja" que estaría en los altares si las circunstancias de su vida hubieran sido otras. André hablará sobre la particularidad del amor a Dios defendido por Simone, sobre sus ideas de la ausencia de Dios en el mundo... y de su pasión y amor por la muerte que por desgracia llevó hasta sus últimas consecuencias. Coincido con André en la atracción que este confiesa por la filósofa que él explica de forma muy bonita comparando su filosofía con un faro que brilla en la noche, atrae, se distingue de lo demás... y a su vez nos avisa de la existencia de la costa y los arrecifes. Mezcla pues de atracción y repulsión, de una idea de la espiritualidad que para nada es compartida ya que André es agnóstico, materialista y un enamorado de la vida... mejor sin duda amar la vida que la muerte, la ausencia y la nada que parecía adorar Simone, por muy bellas y singulares que fuesen sus ideas.

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En una entrevista concedida por André Compte-Sponville a la revista "Filosofía Hoy" en relación con la presentación de este libro, la entrevistadora terminaba concediendo el epíteto de "seductor" a su entrevistado, es fácil estar de acuerdo, seguramente no hay otro filósofo que con unas referencias tan limitadas, siempre cita a los mismos autores que habitualmente no pasan de la decena, saque tanto partido. Y hasta ahora no me he encontrado con otro con mejor estilo a la hora de exponer sus ideas, erudición la justa, nada de pedanterías, consideración con el lector, nada de jerga técnica... pero sí densidad de ideas, muchos razonamientos lógicos y siempre a un nivel asequible. No me extraña nada que sea capaz de llenar auditorios enteros en sus conferencias... algo que sin duda será motivo de crítica de los filósofos más "serios", pues vale, probablemente a estas alturas está ya bastante lejos de aquellos que están en vanguardia pero tengo claro que es de los autores más interesantes y asequibles.
 
Lo mejor: Todo lo bueno y lo malo de este filósofo francés condensado en un solo libro. Si el lector es aficionado a la filosofía y posee ya algún libro de André haría bien en echarle un vistazo a este. Desde luego que si nunca ha leído nada del mismo haría bien en comenzar con otra obra menos densa y ambiciosa.

Lo peor: Demasiadas repeticiones y refritos de ideas presentes en otros libros, demasiadas citas, demasiada exposición continuamente interrumpida por referencias a tal o cual pensador, demasiadas vueltas sobre lo mismo... muy buen estilo pero en ocasiones al servicio de la pura dispersión y divagación sin objetivo semejante a la carrera de un hamster en su rueda, vueltas y más vueltas sin llegar a ninguna parte; uno de los atractivos de la filosofía, sin duda, pero también termina cansando. Por mi parte doy por concluida con esta obra la lectura y el repaso a los libros del autor galo... hay luces mucho más brillantes en el firmamento filosófico.



miércoles, 19 de marzo de 2014

Ciencia, filosofía y racionalidad

Ficha: "Ciencia, filosofía y racionalidad", autor Jesús Mosterín, editorial Gedisa, 329 páginas, ISBN: 978 84 9784 76 6

Esta misma semana sostuve una discusión con una compañera de trabajo por culpa de la filosofía, ella se lamentaba de la pérdida de tiempo que le supuso estudiar dicha materia en el instituto debido a que "era algo completamente inútil que no sirve para nada", lamentablemente no conseguí hacerle cambiar de parecer porque algo de razón tenía... de hecho yo mismo opinaba lo mismo en mis tiempos de estudiante, lo que ocurre es que algunos seguimos evolucionando con el tiempo... pero bueno, pero bueno eso es ya otra historia.

Traigo esta anécdota aquí porque posiblemente si hiciésemos una encuesta donde preguntásemos al ciudadano de a pie cual de las materias de estudio considera más inútiles e innecesarias seguramente la filosofía ganaría por goleada, posiblemente seguida por la religión, aunque tras la última reforma educativa por lo visto esta última se la considera más importante... Nadie en cambio consideraría a la ciencia en general y mucho menos a cualquiera de sus ramas de conocimiento, matemáticas incluidas, como innecesarias y prescindibles, todo lo contrario. 

La ciencia y las aplicaciones tecnológicas que esta posibilita son vistas como las materias más importantes y necesarias tanto en el momento presente como de cara al futuro, en detrimento a las denominadas "humanidades", filosofía incluída. Hay sin embargo un detalle a menudo olvidado y es que tanto la ciencia como la filosofía formaron en el pasado un cuerpo unificado de conocimiento, una sola materia, de hecho la ciencia moderna como tal vio la luz cuando se separó de la filosofía y la teología a comienzos del siglo XVII, con Galileo y a través de su método empírico teorizado por Bacon y otros comienza a seguir su propio camino, lleno de triunfos espectaculares que han cambiado decisivamente el mundo hasta nuestros días... sin embargo nunca ha conseguido separarse completamente de su origen filosófico, por mucho que ambas parezcan en cuanto a materia, ámbito de aplicación, metodología y alcance completamente distintas.

Ya tuve la ocasión de comentar aquí en este blog la obra "La vida bajo escrutinio" del profesor Antonio Diéguez, un libro centrado en la filosofía de la ciencia en su vertiente biológica, lleno de datos interesantes sobre la Evolución, la definición de la vida, la genética... asuntos de hondas repercusiones filosóficas que mostraban la íntima unión entre la filosofía y la ciencia al tratar esta última temas que son, o deberían ser, materia de estudio no solo de científicos y gentes de ciencia sino también de filósofos por sus profundas implicaciones.

No hay por lo tanto una separación perfectamente clara y definitoria entre ciencia y filosofía, incluso alguna definición leída por mí hace tiempo "ciencia: búsqueda de aquellas verdades verificables por métodos empíricos, filosofía: búsqueda de la verdad por métodos no experimentables" se queda corta. La filosofía de cada época se ha visto siempre muy influenciada por el conocimiento científico, o que podríamos llamar científico, del momento. La ciencia no solamente produce conocimientos que llevan a desarrollar aplicaciones tecnológicas en todos los campos, sino que también dichas aplicaciones y dichos conocimientos cambian nuestra forma de apreciar el mundo, de definir y experimentar la realidad de cada época... y ahí entramos de lleno en el terreno de la filosofía. 

Jesús Mosterín en esta obra se centra en ambas materias de conocimiento, la ciencia y su método, y la filosofía con su visión totalizadora que a su vez proporciona objetivos y dirección a la ciencia en un sentido amplio:

"Una ciencia ayuna de filosofía corre el riesgo de quedar reducida a técnicas y rutinas desabridas y de corto vuelo. Una filosofía  alejada de la ciencia con frecuencia degenera en mera palabrería y verborrea, en la que las citas y los juegos de palabras no logran restablecer el contacto con la realidad"

El tercer elemento presente en el título, la racionalidad, será usado a guisa de bisagra para establecer una unión entre ambas. Racionalidad entendida como estrategia de optimización en la consecución de objetivos, como una búsqueda permanente de atajos y caminos más directos en pos de nuestras metas. Solamente a dicho aspecto, la racionalidad, y su relación con la ciencia y la filosofía dedicará tres capítulos de este libro. 

Mosterín es un firme defensor de una filosofía en íntima relación con la ciencia y con sus ámbitos de aplicación, una filosofía con sus pies firmemente anclados en la lógica, la precisión y la claridad expositiva, sin excesos ni retóricas de ningún tipo, sin pérdida de contacto con la realidad... muy diferente de esa otra filosofía especulativa tan centrada en el lenguaje y tecnicismos, oscura y verborréica empeñada en darle vueltas a los límites del lenguaje y perderse en una maraña de capas y capas de conceptos cada vez más alejados de la realidad y solo comprensibles por los expertos en la materia... no es extraño que siendo este el aspecto más visible de la filosofía académica de los últimos tiempos haya terminado empañando la visión que popularmente se tiene de esta rama del conocimiento. Quizás no sea para tanto y también esta filosofía especulativa desligada por completo, de momento, del mundo de la ciencia tenga también su valor y pueda aportar cosas interesantes... pero está claro que al menos para este gran filósofo, porque Jesús Mosterín es indudablemente una de nuestras mejores cabezas pensantes, la filosofía y la ciencia han de ir de la mano en su explicación del mundo y el universo en el que hemos visto la luz y donde vamos a morir.

La relación entre ciencia y filosofía, la ciencia y su método, los principales protagonistas de la misma y su relación con la filosofía, la teoría, la experimentación, la observación y detección, los límites del conocimiento, la nanotecnología, la física cuántica, el principio antrópico en cosmología, la obra de Albert Einstein, la labor de Karl Popper como filósofo de la ciencia más grande del siglo XX, la figura de Thomas Kuhn y su historia de la ciencia, la figura de Rescher... el libro proporciona a todo lector interesado en ciencia y su relación con el pensamiento filosófico todo un "banquete" de datos, historias, definiciones, explicaciones, notas biográficas... trae además algunas entrevistas sumamente interesantes al autor publicadas en un periódico chileno y recogidas por primera vez en un libro, aparte de una sumamente interesante a Karl Popper, el gigante de la filosofía de la ciencia fue entrevistado en 1.989 por el autor, la transcripción de dicha entrevista ha sido para mí uno de los puntos más fuertes y sorprendentes del libro... 

Si el libro antes mencionado de Antonio Diéguez me dejó al final con un sabor agridulce en el sentido de que me hubiera gustado ver al autor mojarse más en el asunto de la relación entre los descubrimientos y avances científicos, aunque fuera solamente en su campo, el de la biología, y sus implicaciones en la filosofía y la concepción del mundo y del hombre; en este caso con el libro de Jesús Mosterín me ha sucedido justamente lo contrario, por fin encuentro una obra donde se muestre a la filosofía en relación con la actualidad de los descubrimientos de la ciencia, a la que será seguramente, le pese a quien le pese, la filosofía del futuro, no solamente una rama particular de la misma, tal y como sucede ahora con la filosofía de la ciencia, sino a la FILOSOFÍA con mayúsculas, aquella que lejos de ser ninguneada y canibalizada por la ciencia, como alguno augura, se constituirá en fiel aliada y compañera de viaje de la ciencia, si es que alguna vez ha dejado de serlo claro; un viaje que no tiene fin porque tampoco tiene final la búsqueda de la verdad ni tiene límites el conocimiento humano.

Por si alguien tiene curiosidad, aquí pongo un enlace a una interesante entrevista publicada por JotDown muy relacionada con el contenido de este libro.  


Lo mejor: Un trabajo excelente, cualquier aficionado lector a obras de divulgación científica podrá disfrutar con la lectura de este libro, muy recomendable también para los habituales lectores de obras de contenido filosófico, no digamos ya si se buscan además obras que conecten ambas ramas del saber. Por mi parte ha sido todo un descubrimiento y no tengo la menor duda de que leeré más obras de este gran pensador hispano más adelante, no todos los días se encuentra uno una unión tan perfecta y agradable entre claridad expositiva, sentido común y profundidad de pensamiento, he disfrutado con el libro.

Lo peor: La dificultad de la lectura es muy variable, hay capítulos y partes del libro que se leen de un tirón con suma facilidad, y otras que requerirán una lectura atenta y reflexiva... me han parecido especialmente árida, y quizás también algo excesiva en extensión, la parte dedicada a la crítica al principio antrópico. Me hubiera gustado que el autor tocara también el tema de la ética en relación con los avances médicos y biológicos... hay mucha, muchísima más materia de la expuesta aquí por Jesús para ilustrar la relación entre ciencia y filosofía, si bien también entiendo que al estar centrado el libro en la cosmología y las ciencias del Universo, en relación con sus leyes tanto en lo infinitamente grande como en lo pequeño, eran temas que podían quedar fuera de la temática del mismo.

Algunas partes dedicadas a la lógica, una de las especialidades de J. Mosterín, pueden dar dolor de cabeza ;-)... y no termino de tragarme ese término horripilante de "humanes" ideado por el autor, ¿no era más sencillo y elegante usar el término "ser humano" para evitar confusiones entre hombre (especie humana) y hombre (macho humano)?. Creo que es ir demasiado lejos en pos de la claridad y la precisión de los términos, uno de los estandartes personales de este filósofo.

sábado, 8 de marzo de 2014

Africanus, el hijo del cónsul

Ficha: "Africanus, el hijo del cónsul", Santiago Posteguillo, Ediciones B, 1.397 páginas (edición en formato "librino"), ISBN: 978 84 666 4646 8

Tras mi afortunada incursión en la obra del escritor valenciano con "Los asesinos del emperador", comentada aquí hace poco más de un mes, me quedaron muchas ganas de seguir leyendo sus novelas. Decidí no obstante continuar no con la segunda parte de la trilogía de Trajano, "Circo Máximo", recientemente publicada, sino con la anterior trilogía que le dió fama a su autor, la dedicada a Escipión el Africano, así dejaba tiempo mientras salía la versión en rústica de esta más reciente trilogía todavía inconclusa. Aparte de ser más caros no terminan de gustarme demasiado los libros de tapa dura, son ideales para una obra que hay que conservar y releer cada cierto tiempo pero los considero demasiado aparatosos para una novela que probablemente no volveré a leer.

Hace ya tiempo que le tenía echado el ojo a la trilogía sobre Escipión el Africano, posiblemente por mi interés ya lejano en el tiempo en ese periodo histórico de la segunda guerra púnica sobre el que había ya leído bastante, concretamente un ensayo sobre las guerras púnicas bastante interesante y sobre todo la gran novela histórica "Aníbal" del escritor germano Gisbert Haefs, durante años mi referente, casi único, en el género. Africanos, el hijo del cónsul, Las legiones malditas y La traición de Roma pasaron a engrosar la siempre abultada lista de los libros a adquirir en un "futuro".

De modo que me decidí y al final me hice con la trilogía entera, eso sí en un formato especial, y además por el mismo precio en total que el importe de un solo libro encuadernado en rústica. Tal y como señala acertadamente en este artículo Bernat Ruiz Domènech en su blog, el formato "librino" nació muerto desde el comienzo dado el nulo interés que han mostrado las editoriales españolas en el mismo. Solamente Ediciones B y con una selección de sus títulos más comerciales se han pasado al formato. Tengo que decir no obstante que parte de las críticas que el autor del mencionado artículo vierte sobre este formato no son ciertas, lo que me hace pensar que no ha leído un solo libro encuadernado de esta forma. Concretamente no es verdad que estén mal encuadernados, ni se les caen las hojas ni veo previsible su caída... al menos en este caso. 


Posiblemente el hándicap más grande al que se enfrentan estos libritos sea el tener que pagar, o depender al menos, de una patente holandesa... ahí si coincido con el autor. Lo de necesitar expositores especiales es lo de menos si más editoriales se hubieran lanzado a la aventura, al fin y al cabo el espacio que necesitan es mínimo, se leen con comodidad, pese a que hay que tener cierto cuidado al pasar las páginas. He leído recientemente algún libro de bolsillo en formato tradicional con letra más pequeña y más incómodo de manejar que estos "librinos".

Aparte de eso tengo que mencionar la belleza y el buen y cuidado diseño que ha puesto la editorial, tanto en la trilogía de Santiago Posteguillo como en otros títulos. Una pena que el formato haya quedado finalmente abandonado... en su día se anunció a bombo y platillo como una buena opción que pretendía, y eso ya es más que discutible, plantarle cara al libro electrónico luchando con las mejores opciones del libro en papel. Todo un despropósito pero que al menos sirvió para darle publicidad.

En la librería de los grandes almacenes donde los compré eran ya los únicos supervivientes de una docena de títulos que andaban ya olvidados en un rincón... una verdadera pena porque me parecen mejores que los habituales libros de bolsillo, estos SI que son verdaderos libros de bolsillo... hablo de libros que caben en la palma de la mano, holgadamente en el bolsillo de una chaqueta, y con obras que en su versión estandard supera las setecientas u ochocientas páginas. Una buena idea es una buena idea venga de donde venga. Por desgracia, y estoy seguro de ello, de aquí a poco van a ser un simple objeto de coleccionistas, y si no al tiempo.



Roma de nuevo, pero en esta ocasión la de finales del siglo III antes de nuestra era, una nación que se había erigido ya en una gran potencia en su ámbito geográfico, dominando toda la península Itálica, territorios de la Galia Cisalpina, Córcega, Cerdeña y Sicilia, y que comenzaba a extender su influencia por el norte de la península Ibérica y el mar Adriático. En su expansión se había encontrado con otra gran potencia, Cartago, y ambos rivales, antaño aliados contra las ciudades griegas del sur de la península Itálica y Sicilia, se habían batido ya en una larga guerra de 23 años que terminó en victoria de la potencia itálica. La república romana desde entonces no había hecho otra cosa que expandirse y acrecentar su poderío en esa parte del Mediterraneo mientras que la derrotada Cartago había renunciado a parte de sus posesiones y sobre todo había dejado de ser una gran potencia naval debiendo además de pagar pesados tributos de guerra.

Las cosas no se iban a quedar así durante mucho tiempo, con astucia y habilidad los cartagineses comandados por Amilcar comenzaron a expandirse por la península Ibérica, allí comenzaron a controlar y extraer plata de las minas y demás recursos que les iban a servir en una futura guerra contra Roma. Aunque esta se había erigido con los años en la principal potencia naval del "Mare Nostrum" no estaba a salvo de las ánsias de venganza y expansión del imperio cartaginés. 

El inicio, desarrollo y desenlace de la Segunda Guerra Púnica es de sobra conocido por cualquier interesado en historia antigua, pocos episodios hay tan famosos como la marcha de Aníbal sobre Roma con su legendario cruce de los Alpes, elefantes incluidos, una de las mayores hazañas de la historia militar, sus grandes victorias sobre los romanos, de hecho las mayores de toda la historia... y todo ello para ser finalmente derrotado. Hay un aire de tragedia épica en la historia del gran general cartaginés, sin duda alguna junto con Alejandro Magno y Julio Cesar el más grande militar de la antigüedad... sin embargo paradójicamente su vencedor final, el romano Publio Escipión, apodado tras su victoria "El Africano", no ha sido tratado por la historia como se merece. Es un caso insólito, casi único, en que el vencedor queda ensombrecido por la fama de su rival derrotado. 

Todavía recordaba mi lectura de "Anibal", hace ya más de quince años, como el autor alemán presentaba un cuadro complejo y completo de la personalidad del gran militar cartaginés, del porqué de su guerra contra Roma, que parecía a priori una empresa propia de un loco fanático ávido de venganza al que solo le movía un odio mortal. Nada de eso, Gisbert Haefs conseguía convencer al lector de la necesidad de tal campaña, promover sus simpatías hacia el gran general cartaginés, y hacer ver de paso a los romanos como los "malos" de la película en términos generales. Leyendo aquella gran novela uno llegaba a lamentar el fracaso de la empresa y desear que la historia hubiera tenido un final diferente...

Santiago Posteguillo toma esa misma historia, la amplía enormemente, le añade muchos más detalles, deja que sean los principales protagonistas los personajes históricos sin añadir demasiadas historias paralelas ni invenciones, y crea en mi opinión una obra muy superior contándola desde ambos puntos de vista, el romano y el cartaginés... pero sobre todo desde el primero, ya que será Publio Cornelio Escipión el principal protagonista. La historia comienza con el desembarco en Hispania de Amilcar Barca que junto con su ejército y su jóven hijo Aníbal de trece años comienza la expansión de Cartago en la península Ibérica. Curiosamente estamos en el mismo año del nacimiento de Publio, el autor deja así sellada desde un comienzo la relación que existirá entre la vida de ambos.

Este primer tomo de la trilogía termina con la sorpresiva toma de Cartago Nova, la actual Cartagena, por parte de los romanos comandados por un jóven Publio C. Escipión, una hazaña que el autor se ocupa de subrayar, seguramente nada desdeñable en comparación al paso de los Alpes por Aníbal, dadas las circunstancias con las que se encontraron los romanos en Hipania en aquel momento... la caída de una ciudad aparentemente inexpugnable en un periodo record de menos de una semana. Será el estreno en la guerra como general de un militar romano único en la historia, el primero en ostentar el mando de un ejército consular, dos legiones, sin el cargo de cónsul o proconsul dada su juventud... otro record.

No será el único, como tampoco serán los cartagineses los únicos enemigos de Publio. Roma en aquella época, así como más tarde en las postrimerías de la república e inicios del imperio, era un enjambre de maniobras políticas, alianzas, intrigas... leyendo la biografía del gran militar romano y por supuesto asistiendo al relato de Santiago con él se hace muy cierta la maldición china "así tengas una vida interesante", la vida del más notable de los escipiones fué muy interesante, apasionante incluso. No es extraño que hubiese material sobrado para no una novela, sino una trilogía entera.

Personalmente me ha encantado la inclusión entre los personajes principales de Tito Marcio, más conocido como "Plauto", ha constituido toda una agradable sorpresa, el capítulo dedicado a la representación de la obra de teatro "Asnaria" me parece de lo mejor de todo el libro... demostrando que no hay que recurrir a batallas, asesinatos y demás hechos épicos o sangrientos para crear emoción, intriga y mantener al lector en vilo devorando página tras página.

Y de estas hay a montones en el relato, asedios y caída de ciudades, enormes batallas campales, dolorosas derrotas, sacrificios, tragedias, estrategias políticas y militares, planes descabellados, emboscadas, traiciones... salpicado con notas sobre la dura, durísima vida de aquellos tiempos, pero también con la grandeza de unos personajes hijos de una época donde abundaron los seres extraordinarios para lo bueno y lo malo. Que el lector espere de todo menos aburrirse.




Lo mejor:  Una novela muy entretenida, bien narrada, con la acción cuidadosamente dosificada, una buena "puesta en escena" y repleta de datos históricos interesantes. Entretenimiento puro y duro, si, pero de calidad. No debería, y seguramente no debe ya a estas alturas, quedar ni un solo buen lector aficionado a la novela histórica sin disfrutar de esta trilogía. Su dimensión abultada, 720 páginas en la edición de bolsillo siendo el de menor extensión de los tres, no debe disuadir a nadie de emprender su lectura, se lee con suma facilidad.


Lo peor: Sin duda Santiago Posteguillo es de los escritores que como los buenos vinos mejora con el tiempo, tras leer la primera novela de cada una de las trilogías, la de Escipión y Trajano, me quedo sin duda con la segunda, más ambiciosa y trabajada. De todas formas confío en que en la siguiente entrega de esta trilogía de Escipión, para algunos lectores la mejor de las tres, se note el éxito y la experiencia que le proporcionaron esta primera novela. Hay episodios que hubieran merecido un tratamiento más detallado y no me termina de convencer el retrato que de Aníbal hace Santiago, lo siento pero en ese aspecto concreto me parece muy superior la obra de G. Haefs ya comentada. También me parece muy discutible la interpretación de que el plan original de agresión por tierra a Roma fuese idea original de Amilcar, o que sobreviviese más de un elefante al paso de los Alpes, aunque en la batalla de Cannae solo figure uno acertadamente... pero bueno, detalles sin importancia que no restan un ápice de interés a una buena novela.