domingo, 24 de abril de 2016

Sistema de la naturaleza



"El hombre es tan desgraciado únicamente porque ignora la naturaleza. Su espíritu está tan infectado de prejuicios que se creería condenado para siempre al error: la venda de la opinión que se le pone desde la niñez está tan fuertemente atada que sólo con mucha dificultad se le puede arrancar"

Ficha: "Sistema de la naturaleza", Paul Heinrich Dietrich barón de Holbach, editorial Laetoli, 676 páginas, ISBN: 9788 492 422036


Hace tres años me encontraba por casualidad con una colección de libros editados por una pequeña editorial navarra, Laetoli, centrados en una serie de pensadores del siglo de las luces, contemporáneos de Rousseau, Voltaire, Diderot, D' Alembert etc  y no tan conocidos, era un grupo heterogéneo y sin más relación entre ellos que un radical materialismo y una decidida, fervorosa diría yo, profesión de ateísmo. De entre todos ellos sobresalía, al menos en cantidad de obras, un oscuro barón francés de origen alemán del que no había oído hablar en mi vida... espoleado por la curiosidad me embarqué en la lectura de un par de obras suyas, "Etocrácia" y "Cartas a Eugenia", que terminaron comentadas en este blog, su mensaje directo y contundente, su prosa sencilla y desprovista de cualquier artificio, y sobre todo su tono didáctico enormemente alejado del tipo de texto académico habitual en la filosofía me atraparon por completo. Tampoco es que fuera nada del otro mundo, pero algo tenía que no podía dejar de leerle.

Decidí entonces que más adelante leería algo más de este atípico filósofo, de hecho adquirí su obra principal "Sistema de la naturaleza" poco tiempo después y sucedió lo de siempre... nuevos libros, nuevas orientaciones lectoras vinieron a ocupar su lugar y allí quedó este grueso volumen, el inicial de la colección "Los Ilustrados" de Laetoli, durmiendo el sueño de los justos en mi biblioteca... hasta ahora claro, aunque para ser honesto tendría que añadir que no dejé de lado completamente la lectura de los libros de esta colección, pude añadir el comentario de la obra del infeliz cura Meslier unos meses más tarde, "Memoria contra la religión" es uno de los manifiestos ateos más sobresalientes de la historia y un libro que comparte bastantes cosas con este que comento aquí.  

Antes de comentar nada hay que dejar claro que este NO es un tratado filosófico al uso, no estamos ante un libro de corte académico dirigido a los especialistas en la materia, estamos ante todo ante un texto divulgativo y reivindicativo publicado clandestínamente de forma anónima, un libro del que su autor sabía perfectamente que sería prohibido nada más ser publicado y con el que tendría que tomar todas las precauciones posibles. Holbach era un consumado maestro en el tema, tenía los conocimientos suficientes para hacerlo. Años atrás había visto lo que le había sucedido a un intelectual conocido suyo, Helvetius, cuya obra "Del espíritu" terminó siendo prohibida y acarreando multitud de problemas a su autor. La censura había declarado la guerra al pensamiento ilustrado y Holbach decidió tomar partido, su obra filosófica de la década de los años setenta del siglo de las luces iba toda encaminada en esa dirección. Publicó una buena cantidad de ensayos, todos de forma anónima bajo nombres falsos... en el caso de "Sistema de la naturaleza" fue más allá... al intentar atribuirle la autoría del mismo a un intelectual ya fallecido para evitar la persecución. No lo consiguió y la censura buscó insistentemente al autor de tan provocativo y demoledor trabajo, aunque sin éxito por fortuna para él. 



De las tres fases, apuntadas por Michel Onfray, en el que podemos dividir el pensamiento de Holbach, la demolición y ataque contra la religión establecida, la elaboración de un sistema propio manifiestamente sensualista y ateo, y las propuestas políticas basadas en la moral, "Sistema de la naturaleza", su obra más importante y extensa, está marcadamente situada en la segunda fase. Holbach había ya publicado otras obras centradas en atacar los fundamentos de la religión y socavar el poder existente en su época en manos de la iglesia, "El cristianismo al descubierto", "Cartas a Eugenia" o "Teología de bolsillo" eran obras también publicadas de forma anónima que atacaban sin misericordia alguna a la religión y al poder aliado con la misma.

No bastaba sin embargo con esa labor de demolición subversiva, había que proponer una alternativa racional y creíble al papel de la religión en la sociedad de su tiempo... aquí es donde entra "Sistema de la naturaleza", el intento por parte de Holbach de crear un sistema propio que pudiera algún día, el autor no se hacía tampoco demasiadas ilusiones sobre su triunfo, reemplazar al orden imperante por aquel tiempo, ese viejo régimen formado por monarcas absolutistas, estuvieran más o menos ilustrados, sólidamente aliados con el poder religioso basado en la superstición y el dogma. 


"Los hombres se equivocarán siempre que abandonen la experiencia por sistemas alumbrados por la imaginación. El hombre es obra de la naturaleza: existe en ella, está sometido a sus leyes y no puede franquearla o salir de ella ni siquiera mediante el pensamiento. En vano quiere lanzarse su espíritu más allá de las fronteras del mundo visible; siempre se verá obligado a regresar"


Esa característica singular de la obra como trabajo destinado a su aparición y difusión clandestina, unido a su origen intelectual en los debates y tertulias filosóficas en las que Holbach y los mayores pensadores de la época que pasaban o residían por París se enzarzaban, es el origen de su peculiar estilo. Una obra de marcado carácter divulgativo, escrita de principio a fin con un lenguaje diáfano y claro, llena de recursos más propios de la lengua hablada, con fórmulas retóricas propias de los diálogos... de ahí la gran cantidad de repeticiones y vueltas y vueltas sobre los mismos temas. El autor parece endiosarse a la menor oportunidad y lanzar inflamadas proclamas llenas de retórica y frases rimbombantes, Holbach en esta obra parece más que dialogar con el lector hablar para un amplio auditorio al que intenta convencer y del que espera arrancar sonoros aplausos. Esa cercanía, ese intento de ganarse al lector termina cansando un poco y hay que leer con un poco de paciencia, con la ventaja de que no importa si nos perdemos un poco por el camino... porque más adelante es bastante probable que volvamos a encontrarnos con los mismos temas y con parecidos argumentos.

Holbach sabía que no bastaba con destronar a la religión, que no bastaba con eliminar a la misma del puesto que ocupaba como garante de la moralidad en la sociedad, había que llenar el lugar con algo... y no es que no se emplee a fondo en este ensayo con seguir lanzando dardos a la misma, ¿dardos? ¡cornadas más bien!, este atípico noble si algo era es apasionado, todo el fanatismo y la intransigencia que denunciaba precisamente del estamento eclesiástico y de los teólogos es combatida con las mismas armas, al menos en el terreno dialéctico claro, porque Holbach fue un hombre que no hizo mal a nadie en su vida y que si parecía en ocasiones furioso y fanático en sus escritos lo era convencido de la bondad de su causa que no era otra que la mejora de las condiciones de vida del ser humano y su felicidad. Así que hay que tener claro antes que nada que todo su genio, toda su artillería dialéctica estaba dirigida a ese fin. Holbach no buscaba ni el dinero, que ya tenía, de hecho era el más rico de los ilustrados de su tiempo con diferencia, ni tan siquiera la gloria, publicaba de forma anónima, buscaba inocular unas ideas nuevas y progresistas que poco a poco fueran socavando el viejo orden amparado y sostenido por la iglesia y al que acusaba de la mayoría de los males del mundo. 

"Concluyamos, pues, que el nombre no tiene razones en absoluto para creerse un ser privilegiado en la naturaleza y que está sometido a las mismas vicisitudes que sus otros productos. Sus pretendidas prerrogativas están fundadas sólo en un error. Que se eleve con el pensamiento por encima del globo en que vive y verá su especie con la misma perspectiva que a los demás seres: verá que, al igual que los árboles producen frutos en función de su especie, los hombres actúan en función de su energía particular y producen frutos, acciones y obras igualmente necesarias. Sentirá que la ilusión que le predispone a favor de sí mismo proviene del hecho de ser a la vez espectador y parte del universo. Reconocerá que la idea de excelencia que atribuye a su ser no tiene otro fundamento que su propio interés y la predilección que siente por sí mismo."


Le veremos en esta ocasión defender la instauración de un nuevo orden, basado en las leyes de la naturaleza deducidas a través de la observación y el conocimiento de la misma, conocimiento obtenido a través de la experimentación de la mano de la ciencia. Para Holbach el mundo no era ni bueno ni malo en sí, había tantas razones para defender lo primero como para lo segundo, sin embargo sí que era posible llegar a ser feliz en el tiempo que nos toca vivir si seguíamos las inclinaciones naturales, si respetábamos la vida en sociedad y sus normas, si procurábamos hacer el bien a los demás a fin de recibir nosotros también lo mismo... en definitiva, una filosofía utilitarista, pragmática, basada en el sentido común, en continua re-elaboración de forma coordinada con los avances y descubrimientos científicos.

Quizás pecando en su elaboración de un exceso de optimismo, sin duda, pero bienintencionada, y sorprendentemente para nada subversiva con el orden existente... Holbach no era un revolucionario que quisiera poner todo patas arriba. Su muerte coincidió con el inicio de la revolución francesa, una revolución que le hubiera horrorizado por su barbarie y también porque sorprendentemente no tuvo su reflejo en las ideas religiosas... los revolucionarios franceses no arrojaron la idea de Dios a la basura, tal y como pretendía Holbach, sino que adaptarían los sentimientos religiosos al nuevo orden, la revolución no fue atea, aunque Holbach sí que lo era, de hecho nadie en el siglo de las luces escribió tanto y de forma tan apasionada en la defensa del ateísmo.

La primera parte se centra en esta construcción de un nuevo sistema, a través de la misma nos haremos eco de las teorías científicas de la época, y también de sus limitaciones y sus especulaciones. El ser humano no es un ser aparte de la naturaleza, nace, vive y muere en ella, y cualquier sistema moral bajo el que gobernemos la sociedad debe participar en la misma medida del orden natural. La religión al ocuparse fundamentalmente de todo aquello que ni conocemos ni podemos conocer, al centrarse en dogmas basados en fantasías y quimeras alejadas de la naturaleza de las cosas rompe forzosamente con este orden natural, y de ella por lo tanto no puede salir nada bueno.

El hombre en su estado primitivo ignora casi todo del funcionamiento de la naturaleza, esta de vez en cuando muestra su cólera mediante desastres como volcanes, huracanes, epidemias... que le sumen en una profunda consternación y sobre todo le hunden en el temor. Deseoso de encontrar un sentido a lo que ocurre y un alivio a su miedo no encuentra otra salida que la superstición, es decir, buscar causas sobrenaturales ocultas a aquello que le perturba y a lo que no encuentra explicación... la superstición acabará desembocando en la religión más o menos organizada, y esta desembocará en el oscurantismo de la teología... de la alianza entre el poder terrenal y el religioso solo hay un paso. Aunque la ciencia era todavía deficiente y andaba dando sus primeros, y decididos, pasos, estaba claro cada vez más que buscar causas inmateriales en un mundo esencialmente material era como buscarle los cinco pies al gato. Una cosa era admitir la ignorancia de los principios naturales, y otra buscar una causa sobrenatural a aquello que se ignora forzando a la razón a efectuar piruetas imposibles, a asumir contradicciones lógicas y negar y afirmar simultáneamente. La teología para Holbach no era más que una ficción ilógica y retorcida que se destruía a sí misma, y los conceptos de Dios, alma, espírtu, cielo o infierno junto con todos los dogmas de la iglesia solo ficciones fantasmales destinadas a calmar la imaginación de los simples y prolongar el poder de los tiranos en la tierra.

Es precisamente en la deconstrucción y desenmascaramiento de la religión, el cristianismo y especialmente la teología donde más vemos brillar el genio y la pasión de este singular escritor. Es en esta segunda parte donde asistimos a su discurso más demoledor, y donde le vemos insistir una y otra vez en la imposiblidad de la existencia de Dios, de la creación, de la promesa de un infierno o un paraíso, de las múltiples contradicciones de la teología, de la que Borges en el siglo XX consideraría como "la cumbre de la literatura de ficción"... un comentario sarcástico y ácido que Holbach hubiera suscrito al 100%, de la inutilidad de la religión para servir de referente moral, de su utilización por el poder y los malvados, de su incapacidad para ser útil y llevar al ser humano en el camino del amor a sus semejantes, de sus llamadas al fanatismo, al odio, a su capacidad para hacer que buenas personas obren el mal y no evitar las malas obras de los malvados... Holbach se encarniza en esta última parte de una manera que poco o nada tiene que envidiar a sus obras más feroces y críticas con la religión.

"Aun suponiendo por un instante que esta naturaleza fuese inerte, inanimada, ciega o, si se quiere, haciendo del azar el Dios del universo ¿no sería mejor depender de la nada absoluta que de un Dios al que es necesario conocer y del que no podemos hacernos ninguna idea, o al que, al intentar formarnos alguna, nos vemos obligados a asignar las nociones más contradictorias y dañinas para el reposo de los seres humanos? ¿No es mejor depender del destino o de la fatalidad que de una inteligencia lo bastante insensata como para castigar a sus criaturas por la poca inteligencia y luces que les ha querido dar? ¿No es mejor echarse en brazos de una naturaleza ciega, privada de sabiduría y objetivos, que temblar toda la vida bajo la vara de una inteligencia todopoderosa, que ha conjugado sus planes sublimes para que los débiles mortales tuviesen la libertad de oponerse a ellos y destruirlos y llegar así a ser víctimas constantes de su implacable cólera?."

Conclusión:  Pobre barón, tuvo suerte de no presenciar los horrores que le esperaban a la vuelta de la esquina al fallecer semanas antes de la toma de la Bastilla. Hoy podría contemplar un mundo donde la religión ya no es el soporte principal del poder, por lo menos en occidente, y no se sorprendería al ver las teocracias islámicas a las que señalaría como ejemplos de gobiernos perversos y corruptos por causa de la religión. No obstante dudo mucho que se complaciera al ver sentado en el trono de la moral al dinero y al culto al yo, al ver a las pseudociencias campar a sus anchas, y al pueblo ensimismado con los productos de la tecnología, como este ordenador portátil en el que escribo ahora mismo ;-), como antes quedaban absortos ante los sermones del párroco de turno... No, Holbach no era un revolucionario ni un partidario de la anarquía, defendía la ética y la moral por encima de todo, una ética y moral basadas en la naturaleza y sentido común y no en la fantasía y el dogma antinatural de la religión... aun así dudo mucho que pudiera sentirse contento en un mundo donde la razón no ocupaba el trono que él le hubiera deseado reservar, y es que su conocimiento de la naturaleza del ser humano tenía todavía mucho que aprender, en el fondo no pudo evitar caer en los errores que él mismo atribuía a sus enemigos intelectuales, atacó una metafísica para sustituirla por otra, una serie de dogmas contrarios a la naturaleza para intentar cambiarlos por otros no menos artificiales, siendo consciente tal vez que nunca los vería triunfar. La denominada "falacia de la ilustración" pocas veces se puede apreciar tan claramente como en el caso de este valiente pensador, no sería el último que caería en sus errores.


Lo mejor: Un libro extraordinario, sin duda, recomendable especialmente a todos aquellos interesados en la filosofía del siglo XVIII, que no se queden solamente en Rousseau, Diderot o Voltaire y se animen a conocer las obras de este grupo de radicales, ateos y materialistas de los que Holbach es sin duda alguna su "buque insignia". Ni su época era ilustrada ni lo es la nuestra tampoco, de ahí que buena parte de su mensaje, en cuanto a llamadas a la hermandad universal, a la bondad, al sentido común alejado de sistemas quiméricos sigue completamente vivo. Excelente el ensayo incluido al final de José Manuel Bermudo, la traducción y la edición en general, Laetoli no podía haber escogido un libro mejor que este para iniciar su colección dedicada a los ilustrados. Para los amantes de la filosofía especialmente interesados en el siglo de las luces es simplemente un libro que no deberían perderse.

Lo peor: Dejando aparte la estrecha visión que Holbach tenía de la religión y su, en parte, forzada conexión de esta con la superstición, "Sistema de la naturaleza" es un monumento al exceso... son 520 densas páginas llenas de momentos brillantes y gran lucidez y mensaje machacón y reiterativo a partes iguales. Creo que Voltaire dijo de esta obra que "le sobraban la mitad de las palabras", la envidia y el desagrado le movían a escribirlo en parte, pero también hay algo indudablemente acertado en la crítica. De hecho podemos quitar algunos capítulos y el mensaje seguirá llegando igual, podemos quitar bastantes frases y el libro ni pierde ni gana... no es extraño que posteriormente escribiera otro "El buen sentido" que no es otra cosa que un resumen de este, es tanto como reconocer que se había pasado de la raya... por mi parte he distrutado en general de su lectura, pero advierto, este libro no es para pusilánimes ni para lectores novatos en temas filosóficos, la sencillez de su prosa es engañosa, uno se ve atrapado en su lectura... y ya no puede parar ;-)


jueves, 14 de abril de 2016

Lo que vio el perro


Ficha: "Lo que vio el perro... y otras aventuras", Malcolm Gladwell, editorial Taurus, 423 páginas, ISBN: 978 84 306 07556

¿Qué tienen en común los mejores mercachifles norteamericanos de la teletienda, el ketchup, las inversiones en la bolsa, los tintes para el pelo, la píldora anticonceptiva y el adiestramiento de perros?... aparentemente nada, pero todos estos temas, y muchos más, serán los protagonistas de esta recopilación de ensayos del periodista, ensayista, sociólogo y divulgador canadiense Malcolm Gladwell, y lejos de constituir una especie de cajón de sastre donde entra cualquier cosa veremos que hay muchos puntos en contacto con estos temas aparentemente tan dispares.

Es el primer libro que leo de este autor, aunque ya le conocía por la versión en lengua inglesa de su más reciente ensayo, David y Goliath, que espero poder leer un día de estos. Gladwell escribe habitualmente artículos, en realidad mini-ensayos, para la revista The New Yorker y este libro publicado originalmente en 2.009 contiene una selección de los mejores, a juicio de su autor, aparecidos desde su incorporación a la revista, en 1.996 hasta el momento de su recopilación. 


Hay varias cosas que quedan meridianamente claras tras la lectura de un libro como este, la primera es que uno se encuentra con un escritor extremadamente inteligente y que además domina como nadie el arte de enganchar al lector con los temas más dispares, se nota que disfruta escribiendo y es una de esas afortunadas personas que poseen una curiosidad infinita por el mundo que les rodea. No estamos simplemente ante artículos de opinión, ni comentarios sobre trabajos de otros, hay en cada uno de estos pequeños ensayos un trabajo intenso de recopilación de datos, una labor de investigación y un "darle vueltas" a cada tema hasta llegar a conclusiones interesantes que elevan la palabra "periodista", esa profesión tan denostada ultimamente, a un nuevo rango... y es que leyendo a M. Gladwell sencillamente te das cuenta de que hay periodismo de otro nivel. Para ser justos hay que comentar también que estos artículos que constituyen esta recopilación no son solamente el fruto del trabajo de un virtuoso de la pluma y la investigación periodística, sino que hay detrás de los mismos una labor de equipo en la redacción de la célebre revista, cuanto debe Malcolm a estos y cuanto hay exclusivamente de su cosecha... bueno eso solamente él lo sabe, aunque como lector debo agradecer ese "pulido" y naturalmente como ocurre con cualquier libro editado en otra lengua, la buena labor del traductor, Pedro Cifuentes en este caso.



Obsesos, pioneros y otras variedades del genio menor.
Decía antes que la elección de la temática de los artículos no era completamente aleatoria, el libro posee tres partes, en la primera, donde se tocan todos los temas primeramente enunciados, se nos muestra el talento de una serie de personas de lo más dispares con el denominador común de ser auténticos genios en su limitado campo, así se nos presentará la historia de una serie de familias de vendedores ambulantes americanos, verdaderos fueras de serie en el arte de vender, y como supieron adaptarse al mundo de la publicidad televisiva alcanzando en este medio cotas nunca antes vistas en el mundo del comercio, al menos en los EEUU. O el genio que inventó, no el mejor, sino la salsa de ketchup más vendida, comercializada por Heinz, y el porqué de su éxito... o como con un enfoque radicalmente diferente del mercado de valores y con ideas que aparentemente se dan de tortas con la corriente de pensamiento general, Nassim Nicholas Taleb creó una empresa de inversión en bolsa aparentemente inmune a las crisis. O la clave de la maestría de César Millán en su escuela de adiestramiento canino... todos ellos pueden presumir de la misma capacidad, clave de su éxito, y no es otra que la capacidad de penetración psicológica, la capacidad de saber ponerse en la piel del futuro cliente, del futuro comprador, inversor... o perro y dueño de perro :-)

Teorías, predicciones y diagnósticos.
De la habilidad psicológica para averiguar qué quiere un potencial cliente pasamos en la segunda parte al difícil arte de la predicción, a la toma de decisiones cuando no se conocen bien todos los datos, o bien, cuando no se puede separar de forma satisfactoria la información útil de la que no lo es. Veremos como el exceso de información puede ser tan pernicioso como la carencia de la misma, Gladwell nos dará pistas del porqué del fracaso de un gigante empresarial como Enron, a pesar de que había numerosos datos que alertaban de su colapso, del fracaso a la hora de prevenir los ataques terroristas a las torres gemelas, del fracaso de los israelitas a la hora de prever el ataque por sorpresa de los árabes en la guerra de Yom Kipur. Veremos como la interpretación de las fotografías aéreas con objetivos militares tiene mucho en común con el examen radiológico de las mamografías, y cómo se las apañan los expertos para navegar entre mares de información aparentemente irrelevante. Veremos también como los avances tecnológicos propician el desarrollo de sistemas tan complejos, como un trasbordador espacial o una central nuclear, donde es virtualmente imposible prevenir completamente los accidentes y que en ocasiones los mismos se deben a una desafortunada concatenación de casualidades que tomadas de una en una no son nada pero que en conjunto pueden desembocar en un desastre como el de la central nuclear de Harrisburg o la explosión del Challenger.

Personalidad, carácter e inteligencia.
Finalmente en esta tercera parte nos meteremos de lleno en la psicología para analizar una serie de temas interesantes, ¿existen diferencias entre los genios precoces y aquellos que maduran tardíamente?... el autor así lo cree y nos ofrece una serie de ejemplos, la decisión de elegir a una potencial "estrella" en los deportes o en otros campos ¿cómo evaluamos aquello que es por definición imposible de evaluar?. Otro pequeño ensayo nos introduce en las mentes criminales y en la forma en la que los investigadores intentan crear perfiles de sospechosos... en todos estos casos veremos algo que no nos sorprende, que no siempre es oro lo que reluce. La más que probable sobrevaloración del talento en el mundo empresarial, al menos en los EEUU y la difícil evaluación correcta de un candidato a ocupar un puesto de trabajo a través de una entrevista serán los temas tratados en los dos siguientes artículos, para finalmente terminar con un interesante ensayo dedicado a la supuesta peligrosidad de determinadas razas de perro y la efectividad de las normas legales.

Conclusión: Es difícil encontrar una colección de ensayos más variada y entretenida que esta, por encima de todo sobrevuela la aguda inteligencia del autor, su intención de que nos demos cuenta de que problemas aparentemente simples encierran más variables y más complejidad de la que sospechamos y de que en ocasiones hay soluciones sencillas a problemas aparentemente insolubles, y en otras, sucede todo lo contrario, que la simplicidad de una solución es engañosa e ineficaz. Comprender porqué muchas veces los mapas y las guías son inútiles y a su vez porqué son imprescindibles, que el talento individual puede ser una trampa, que nuestros prejuicios y nuestros sesgos cognitivos pueden formar una cortina de humo que nos impidan apreciar correctamente la realidad y cómo no siempre más información supone saber más de un asunto, sino que puede ser justamente al revés. Que en definitiva las cosas no son lo que parecen y que hay siempre un porqué detrás incluso de muchas que creemos fruto del azar.

El autor posee página web donde se pueden encontrar una recopilación de artículos, muestras de sus libros, trabajos etc... aquí le tenemos en un vídeo dando una charla sobre el conocido episodio bíblico del enfrentamiento entre David y Goliat... y porqué deberíamos verlo de otra forma. Un perfecto ejemplo de su trabajo y su particular enfoque al tratar cualquier tema, "las cosas no son lo que parecen".


Lo mejor: Una colección de ensayos muy entretenida, variada, amena, fácil de leer, no exenta de profundidad y que enganchan desde la primera página. Me gustan particularmente ese desparpajo y esa frescura y soltura con la que escribe. Lo recomiendo.

Lo peor: Demasiado americano en ocasiones, demasiadas referencias a temas locales y asuntos más propios de su sociedad y cultura que la nuestra y que no siempre podemos extrapolar aquí. En ocasiones mete demasiada paja y da demasiados rodeos para ilustrar algo que quizás no necesitaba tanta presentación.

martes, 5 de abril de 2016

Historia íntima de la Humanidad


"Con un poco de valor, todos estamos en condiciones de tender una mano a alguien diferente de nosotros, de escuchar e intentar aumentar, aunque sólo sea en una pequeña proporción, las reservas de amabilidad y de humanidad existente en el mundo. Pero sería poco cuidadoso hacerlo sin recordar cómo han fracasado otros intentos previos y cómo nunca ha sido posible predecir con certeza el comportamiento de los seres humanos. La historia , con su inacabable procesión de transeúntes cuyos encuentros han constituido en su mayoría oportunidades fallidas, ha sido en gran parte hasta ahora una crónica de capacidades desperdiciadas. Sin embargo, la próxima ocasión en que dos personas se encuentren, podría ser diferente. Aquí tiene su origen la angustia, pero también la esperanza; y la esperanza es el origen de la humanidad."


Ficha: "Historia íntima de la Humanidad", Theodore Zeldin, Plataforma Editorial, 527 páginas, ISBN: 978 84 16096 92 3

Hace menos de un mes escribía aquí una reseña sobre un libro que me parecía a todas luces extraordinario, "Los placeres ocultos de la vida", de Theodore Zeldin era el libro que necesitaba leer, tras una serie de lecturas de autores marcadamente pesimistas y apocalípticos, necesitaba sumergirme en el pensamiento de un autor diferente, de un autor volcado en la vida, en el mundo, pasado y presente; de un defensor de lo humano y no un mero observador de su propio ombligo y demás miserias. Era no solamente un libro necesario para mí en ese momento, sino también un libro con un atractivo tan irresistible que me dejó con ganas de seguir leyendo a este autor, me lo leí de forma frenética en un solo fin de semana, algo que no me ocurre demasiado a menudo. No es extraño que tardase tan poco en buscar, adquirir, leer y comentar aquí algo más de este magnífico ensayista.

Theodore Zeldin, su autor, historiador, profesor y ante todo un gran pensador con una erudición incomparable, nos ofrecía veinte años antes, en 1.994, su obra maestra. "Historia íntima de la Humanidad", era un ensayo bastante original y causante de los más encendidos elogios que puede inspirar un libro. Han tenido que pasar veinte años para verlo publicado en castellano, en 2.014, de forma casi simultánea con la anterior obra mencionada. Creo que va ya por la quinta edición en menos de año y medio... todo un record para un ensayo en nuestra lengua, y que tengo muy claro que no va a quedar ahí la cosa. En mi caso su lectura me ha saturado un poco porque tenía demasiado reciente la anterior obra señalada, pero además por la semejanza entre ambas, el momento quizás no demasiado propicio para afrontar su visita, es un libro que hay que coger con ganas, y otras características que paso a comentar aquí.

Está claro que "Los placeres ocultos de la vida" era una continuación de "La historia íntima de la Humanidad", de hecho realmente es como un homenaje, o más bien un intento de repetir la fórmula. Tengo que decir que ambos libros son muy recomendables y que aunque repiten temática, el ser humano y sus tribulaciones ante la vida tanto en el presente como en el pasado, son lo suficientemente diferentes entre sí, debido a la inagotable variedad de los asuntos tratados, para convertir su lectura en un verdadero placer y no dejar pasar concesión alguna al aburrimiento. No obstante la comparación constante entre uno y otro es inevitable.

Entre ambos libros existe además una clara evolución, fruto sin duda de los veinte años transcurridos entre su escritura, este primero, esta supuesta historia íntima de la Humanidad, posee una estructura capítulo a capítulo que se va repitiendo. Dicha estructura será copiada en la obra posterior pero con una diferencia, que la introducción inicial centrada en el relato de la vida de una persona contemporánea ha sido eliminada. Así en cada capítulo de un título realmente llamativo, y pretencioso, nos encontrábamos con la historia de la vida de una, o más, mujeres, casi siempre de nacionalidad francesa, de edades diversas, y que tras ser elaborada a partir de las respuestas de una entrevista bastante confidencial y sincera pasaban a ilustrar el tema anunciado en el capítulo... aquí en este punto y al igual que sucedía en "Los placeres ocultos de la vida" nos encontrábamos directamente con personajes históricos, de oriente y occidente, con sugerentes historias sobre la historia y finalmente unas conclusiones, bastante "jugosas" en general, por parte del autor a modo de conclusión.

Quitando esa parte inicial del relato íntimo y personal de la historia de las entrevistadas nos encontramos con exactamente si no con el mismo libro, sí con el mismo TIPO de libro. Para rematar la cuestión cada capítulo viene con una bibliografía extensa, sobre los temas tratados. Si ponemos juntas todas estas páginas dedicadas a la bibliografía recomendada, en su mayor parte obras en francés, tenemos una de las obras más documentadas que se puedan concebir... me pregunto cuantos de esos libros habrá leído realmente Zeldin o si existe alguien que pueda leer tanto :-)



Aquí no tenemos capítulos titulados con una sugerente pregunta, donde se insinuaba que quizás podíamos hallar una respuesta, sino una colección de afirmaciones capaces de llamar la atención de cualquiera: "Cómo los seres humanos han perdido la esperanza en repetidas ocasiones y cómo recuperan los ánimos con nuevos encuentros y unas gafas nuevas", "Cómo algunos se han hecho inmunes a la soledad", "Cómo el respeto ha llegado a ser más deseable que el poder", "Cómo la gente se ha liberado del miedo descubriendo nuevos miedos", "Cómo hemos desarrollado el arte de huir de nuestras preocupaciones, pero no el de saber a dónde"... 

Últimamente me gusta leer otras opiniones sobre los libros que comento aquí, la página americana "www.goodreads.com" es una buena opción si el libro tiene ya una versión en inglés. Algo que recomiendo ya que la participación en los foros sobre libros en castellano a mi juicio deja bastante que desear. Y en lo que respecta a este libro hay como dos opciones mayoritarias, aquellos que han quedado maravillados por la obra, por su diversidad, sus ideas, el ideal humanístico al que apuntan, catalogándolo de obra maestra como un libro al que hay que acudir una y otra vez... y aquellos que lo califican de ensayo-suflé, un libro que habla de muchas cosas y a la vez de nada, y que trata de vendernos aire.

Ni que decir tiene que me identifico con los primeros, Zeldín hace una mezcla en su ensayo de historia, psicología y sociología que seguramente ha despistado a más de uno. Evidentemente quien busque un libro de "recetas", mejor que busque un libro de cocina, o uno de psicología y autoayuda... no me extraña que en esa posterior ampliación de esta obra publicada veinte años más tarde excluyera el relato y los testimonios de entrevistados, por mucho que alabe la idea de la conversación sincera entre las personas como fuente de conocimiento y sabiduría, ese diálogo presente casi en los inicios de la filosofía, posiblemente porque en 1.994 no existía esa saturación de temas psicológicos y este ensayo podía presumir de original por presentar esas historias. Para mí esta presentación de personajes y su vida, aunque interesantes por sí mismas, no constituyen ni de lejos lo más importante y destacable del libro, aunque también es verdad que le otorgan al ensayo una patina de humanidad, emoción y cercanía al lector de la que suelen carecer los ensayos sociológicos e históricos. 

De modo que solo tengo esto que añadir, que tenemos más de lo mismo, más datos históricos, más conclusiones interesantes a partir de los mismos y como añadido una colección sugerente de vidas de mujeres singulares, de todas las edades y condiciones sociales, que seguramente se encontraron por primera vez en su vida con alguien que les preguntaba estas cosas... "¿qué esperas de la vida?, ¿te gusta tu trabajo? ¿qué querías ser de mayor cuando ibas a la escuela? ¿estás satisfecha de tus relaciones personales? ¿sientes nostalgia del pasado? ¿cambiarías algo del mismo? ¿cuál ha sido tu mayor satisfacción? ¿qué experiencia de tu pasado consideras más dura y traumática? ¿te has sentido alguna vez especialmente sola? ¿hay algo que te apasiona en la vida? ¿cual ha sido tu mayor frustración? ¿te gusta vivir aquí? ¿te consideras una persona inteligente? ¿crees que tienes algún talento especial?" ... estas preguntas, y otras muchas, no están presentes de forma directa en el ensayo, pero a juzgar por lo expresado por el autor debieron de ser formuladas en la intimidad... y contestadas con mayor o menor sinceridad.

Lo que está claro es que muchas de las mujeres que aparecen en el ensayo debieron contestarlas por primera vez en su vida. No son los temas con los que uno suele hablar con nadie, sea amigo, pareja sentimental, familia... etc, posiblemente la mayoría de las personas pasamos por la vida sin sincerarnos nunca con nadie de la forma que este hábil profesor de historia ha conseguido con sus interlocutores. 

Creo también que la elección de mujeres para ser entrevistadas es también un acierto, aunque solo sea por equilibrar la balanza ya que en el caso de los personajes históricos puestos como ejemplo para ilustrar los temas tratados nos vamos a encontrar de forma ineludible casi siempre con miembros del sexo masculino. Y dejando temas de paridad de sexos aparte, algo siempre discutible y polémico, creo también que las mujeres tienen en general una mejor capacidad para abrir sus mentes y sus corazones a los extraños, en cuanto estos se ganan su confianza claro, los hombres somos generalmente más herméticos, huraños, competitivos y suspicaces... excepto aquellos capaces de volcar su mente por escrito, generalmente tratándose ya de autores muertos, tal y como haría Zeldin con su ensayo de la misma temática veinte años después, en la que confiesa sin rubor preferir recoger testimonios de este tipo. 

Zeldin se esfuerza en mostrarnos también en este libro que cada persona es un mundo que vale la pena conocer y que es un mundo que permanece en su mayor parte escondido, y que por desgracia, muere con la persona para no poder recuperarse ya nunca jamás. Nos muestra también que nuestros problemas de hoy son los mismos que abrumaban a las personas hace siglos, que incluso aquello que catalogamos como nuevo casi siempre no lo es en absoluto, que solo cambian las formas externas, pero que la esencia de las tribulaciones humanas son esencialmente las mismas, que no hay tema que no haya aparecido anteriormente en cien formas diferentes, que las personas somos todas únicas, pero también iguales en más cosas de las que nos atrevemos a imaginar... y que en definitiva el mundo es inmenso, infinito, y que resulta tan imposible de abarcar como el océano, pero a la vez que es posible conocerlo mucho mejor si somos capaces de escuchar e intentar comprender a otros seres humanos. En definitiva, que la vida es una aventura irrepetible.

Lo mejor: Intelectualmente estimulante, variadísimo, erudito, ameno, brillante... una singladura intelectual en la que vale la pena embarcarse. Muy bueno, el libro que le regalaría a un aficionado a la historia, especialmente si es mujer, es una obra a la que se le puede sacar muchísimo partido y con una cantidad de temas y exposiciones tan interesantes que darían para alimentar a un participativo y nutrido foro de opinión durante un año, o más. Un filón difícil de agotar, tan bueno, o mejor aún que su excelente "Los placeres ocultos de la vida", e igualmente recomendable.

Lo peor: Laberíntico, en ocasiones abrumador, uno en ocasiones se cuestiona hasta que punto las historias elaboradas a partir de estas entrevistas reflejan fielmente lo hablado en las mismas o reflejan en buena medida la imaginación y las reflexiones del propio autor. Ese brincar de tema en tema, de personaje en personaje, ese realizar constantemente afirmaciones de tal calibre y llegar a tantas conclusiones simplificando tanto las cosas, de forma un tanto forzada, puede llegar a ser cuestionable, así como pueden cuestionarse ciertas opiniones... por más extensa que resulte la bibliografía recogida en el ensayo. Muchos cuestionarán esa auto-presentación del autor como un sabio indiscutible que parece tener respuestas para todo y que sabe ver los nexos ocultos entre tantos temas. Zeldin es un autor singular y extraordinario, doy fe, pero en este ensayo me ha llegado a marear y en ocasiones me ha hecho sentirme un poco perdido. La relación entre los testimonios de las entrevistadas y el tema principal de cada capítulo ha sido en ocasiones sujetado con alfileres, o encajado con un buen calzador ;-).

jueves, 17 de marzo de 2016

George Soros, mi filosofía


Ficha: "Mi filosofía", George Soros, editorial Taurus, 143 páginas, ISBN: 9788 430 607 877

No suelo adquirir libros en tiendas de segunda mano, pero nunca evito la tentación de hojear algún que otro puesto con este tipo de libros cuando me lo encuentro, de ahí mi sorpresa al ver este libro el otro día en una conocida librería de mi ciudad, no era una edición antigua, de hecho el libro se editó en 2.010, vamos antes de ayer, y sin embargo estaba completamente nuevo y con una rebaja tan grande que era casi regalado... sólo así justifico la compra de una obra a la que en condiciones normales no tocaría ni con un palo... ;-)

Y es que ver asociada la palabra "filosofía" al nombre de George Soros, un conocido multimillonario especulador de bolsa, pues como que da un poco de "asquito", incluso sabiendo que es uno de los multimillonarios de la tierra que más dinero dona a proyectos filantrópicos, en su caso sobre todo a proyectos de salud, educación y derechos humanos... siempre con el mismo fin, la promoción de la democracia en el mundo y el apoyo a lo que se denomina "sociedad abierta", término acuñado por su mentor filosófico Karl Popper, cuya obra "La sociedad abierta y sus enemigos", es uno de los principales referentes de Soros.

Hay multimillonarios que coleccionan coches de lujo, otros yates, otros probablemente ambas cosas... la particular obsesión de Soros es la filosofía además de sus proyectos de filantropía, él se encargará de dejarlo muy claro desde el principio, de contarnos algunas peculiaridades sobre su familia, especialmente su padre, y sobre su vida y el cómo llegó a interesarse por esta rama del saber. Soros, fortuna aparte, ha sido siempre por lo visto un filósofo aficionado, que nunca ha encontrado el reconocimiento oficial por esa labor, y que probablemente tampoco lo va a obtener nunca. Tampoco es que lo necesite, pero lo cierto es que en este librito, que no es más que una transcripción de varias conferencias suyas impartidas en la Universidad Central Europea de Budapest en octubre de 2.009 acompañado de un prólogo, vamos a encontrarnos con algunas ideas interesantes, resulta ameno y fácil de leer, de hecho me lo leí de un tirón, y vamos a encontrarnos de principio a fin con temas que afectan, y mucho, a nuestro mundo de hoy.



Era difícil imaginarse a alguien como George Soros enredado en abstractas ideas filosóficas alejadas de la experiencia del mundo, él un hombre de acción que conoce a fondo los entresijos de los mercados financieros, posiblemente como nadie, y de hecho ese profundo conocimiento del funcionamiento de la economía actual, y con él también el conocimiento de las instituciones y el necesario conocimiento de la naturaleza humana está en la misma raíz de su filosofía, por que sí, Soros puede presumir, además de su inmenso patrimonio, de poseer una filosofía propia... no del todo original, eso es reconocido sin tapujos, pero sí que es original en cuanto a sus consecuencias en la economía y en la política.

El principio de incertidumbre humana.
Aquí tenemos el comienzo, cómo los conocimientos filosóficos que atesoraba Soros desde su época de estudiante se daban de golpes con la teoría económica que estudió allá por los años cincuenta, dicha teoría presumía poco menos de poder predecir a la perfección el comportamiento de los agentes económicos... dando por supuesto que todo el mundo deseaba y buscaba lo mejor para sí, ello entraba en contradicción con la certeza de que nos es imposible conocer la realidad a la perfección, de que nuestro conocimiento del mundo es siempre imperfecto y sin embargo tenemos que actuar, lo que conlleva necesariamente a cometer errores, errores que pueden reforzar esa comprensión imperfecta y errónea del mundo mediante un bucle. Ahí tenemos lo que Soros denomina "falibilidad y reflexividad", unos conceptos abstractos pero que vienen a explicar algunas cosas que suceden en economía y otros ámbitos. Soros nos dará muchas pistas de porqué estas ideas que son bastante obvias fueron despreciadas por la ciencia de la economía, que debería haber mirado un poco más atentamente a la filosofía y la psicología en vez de estar "enamorada" de la física y sus exactas predicciones, y sus desastrosas consecuencias en tiempos recientes. Una conferencia de lo más interesante, sin duda.

Los mercados financieros.
Aquí Soros entra en su terreno, y trata de demostrar cómo esos conceptos de falibilidad y reflexividad poseen una influencia decisiva en el comportamiento de los mercados financieros, y el porqué estos aparentemente se mueven tantas veces en contra de la lógica, Soros nos hablará de la aparición y el estallido de las burbujas económicas, de como se gestan, alimentan y de las consecuencias de su estallido... veremos como las mismas con prácticamente imposibles de evitar, pero también trata de demostrar cómo se podrían evitar la mayor parte de sus efectos perniciosos. Desde los años noventa Soros previó la aparición de las mismas, y presumiblemente se enriqueció con más de una, aunque también tuvo sonados fracasos al prever por ejemplo una gran crisis en 1.998... sea como fuere la tésis ortodoxa dominante en los mercados financieros recibe uno tras otro varios varapalos en esta conferencia, explicando el porqué el modelo oficial ni funciona ni puede funcionar en la práctica. Soros se destapa aquí como un partidario firme de la intervención estatal en los mercados, hasta cierto punto, porque también admite que la intervención y control del estado ha de ser mínima. Vamos que aunque sea muy crítico con la política de no intervención y desregulación que dominaba la teoría económica desde los años ochenta tampoco esperemos una defensa de la socialdemocrácia ;-)

La sociedad abierta.
La relación entre la sociedad abierta, aquella donde prevalece el pensamiento crítico por oposición a la sociedad cerrada donde prevalece el dogma, la democracia y el concepto de reflexividad será el tema de esta tercera conferencia. Y es que una manipulación interesada de la realidad puede distorsionar la percepción de los ciudadanos de un país hasta tal punto de verlos apoyar causas que de otra forma hubiesen rechazado sin paliativos. Soros pondrá el ejemplo de la manipulación informativa a la que el gobierno de los EEUU bajo la administración de George Bush sometió a la ciudadanía para que apoyasen la guerra de Irak, una guerra a todas luces injusta y basada en motivaciones falsas... en este caso se trató del caso más burdo de manipulación masiva de la opinión pública desde Hitler o Stalin, y funcionó, la mayoría del país y muchos ciudadanos y gobiernos de otros países apoyaron a la administración de Bush en su cruzada antiterrorista con los resultados que todos conocemos. Soros nos hablará en esta interesante conferencia de las falacias de la Ilustración, hay una realidad y es independiente de nuestro pensamiento, y de la falacia de la posmodernidad, la realidad verdadera no existe y solo hay interpretaciones. Ideas breves, fáciles de entender, pero muy "jugosas" y que poseen muchas implicaciones. Veremos en definitiva que la consecución de una sociedad verdaderamente abierta es mucho más complicado de lo que parece y que esta no se da automáticamente en un régimen democrático.

El capitalismo frente a la sociedad abierta. 
En esta conferencia Soros analiza el conflicto que se produce entre los mercados financieros y la democracia, aparece el denominado problema de "la agencia", es decir la presión de los grupos financieros hacia los políticos para que actúen de forma que beneficie a sus intereses, la tan nombrada "corrupción", últimamente tan de moda en nuestro país, no es otra cosa que esto. El cómo el poder político ostentado por representantes elegidos democráticamente para defender los intereses de la mayoría se pliega a las presiones y sobornos de los poderosos y termina actuando en defensa de los intereses de unos pocos. Algo que no es nada nuevo, nos vamos a encontrar con ejemplos de funcionarios y gobernantes corruptos a lo largo de toda la historia, pero no con tanta frecuencia como en nuestros día asociados además a gobiernos democráticos, tampoco con tanta desvergüenza y desfachatez, sin asomo de disimulo, como en nuestros tiempos. Soros no culpa a los mercados ni a los poderes económicos, al fin y al cabo NO EXISTE la moral en la economía, se engaña quien pretende ver virtudes morales en la misma, los mercados económicos ni son morales ni inmorales, sino amorales, que no es lo mismo, pero se supone que los políticos, máxime si han sido elegidos democraticamente sí que deberían tenerla. Las dificultades para combatir contra la corrupción, especialmente en los países del tercer mundo tan vulnerables a los intereses de las grandes corporaciones, y la influencia por ejemplo de este problema de la agencia en la actual crisis financiera cuyos gestores económicos casi siempre estuvieron más preocupados en amasar dinero y cobrar comisiones que en proteger los intereses de sus clientes o sus jefes. 

"Establecer el principio de que la conducta de las personas se rige por contratos e incentivos tuvo el efecto de eliminar, o por lo menos reducir, las consideraciones éticas. Puede que resulte perverso, pero sólo porque no se ha entendido bien la reflexividad" 

"Los valores se rigen menos estrictamente por una realidad objetiva que las nociones cognitivas; por consiguiente, son más fáciles de modelar por las teorías que adopta la gente, y la teoría económica es un caso evidente"

Para concluir esta conferencia Soros alude al hecho de que en su caso particular ha impulsado reformas y regulaciones que perjudicaban sus intereses personales si entendía que iban a favor de mejorar el interés común. ¿Ejercicio de cinismo tal vez?... estas son sus palabras:

"Como gestor de hedge funds he cumplido las normas y he intentado maximizar  mis beneficios. Como ciudadano, intento mejorar las normas, incluso si las reformas van en contra de mis intereses personales [...] Creo firmemente que si hubiera más personas que siguieran este precepto, nuestro sistema político funcionaría mucho mejor."

El camino hacia el futuro.
El análisis de la situación existente hacia 2.009, cuando el mundo estaba todavía convulsionado por la hecatombe de los mercados financieros, el debilitamiento de la posición internacional de los EEUU y sobre todo el auge de China son los temas de esta última conferencia, posiblemente la menos filosófica e interesante de las cinco debido a que no aporta prácticamente nada que no sepamos ya. Soros simplemente advierte que el modelo económico necesita una urgente revisión, no cree para nada que el capitalismo financiero esté acabado aunque sí que ha de ser remodelado y reconducido, y que la emergencia de colosos como China, con una versión propia del modelo capitalista de signo inequívocamente nacional pueden acarrear problemas a la larga, especialmente en la forma de conflictos armados y un nuevo colonialismo en los países del tercer mundo que se sumaría a los ya de por sí enormes problemas existentes en esos países. Ante la visión del futuro que nos espera solo cabe decir, tanto en 2.009 como ahora en 2.016 que nos encontramos en una encrucijada y que estos años que vivimos van a ser decisivos, para bien o para mal.

Conclusión: A la habitualmente impertinente y maliciosa pregunta, ¿para qué sirve la filosofía?, en la que el que la formula suele insinuar ya la respuesta, es decir: para nada, y a la que en ocasiones filósofos de medio pelo contestan de forma retorcida y absurda, George Soros podría dar una respuesta clara basada en su experiencia. Pues sin ese conocimiento filosófico previo y paralelo a sus estudios de economía probablemente nunca hubiera desconfiado del modelo oficial, probablemente nunca hubiera tenido esa sensación de que aquello no podía ser cierto, que algo estaba mal... y nunca hubiera orientado sus acciones en los mercados bursátiles basándose no solamente en sus conocimientos, sino también en su intuición de que había algo más que considerar, algo más que a tantos inversores en bolsa y a tantos analistas se les estaba pasando por alto. De modo que la próxima vez que alguien me formule esta pregunta probablemente le responderé "lee a George Soros" ;-)


Lo mejor: Un ensayo sencillo, ameno, con pocas ideas realmente originales pero con muchas implicaciones y consecuencias, que nos descubre la sorprendente faceta como pensador de uno de los financieros más influyentes de las últimas décadas. Bastante recomendable si te interesan los temas políticos y económicos junto con sus implicaciones filosóficas.

Lo peor: Apenas nos descubre nada nuevo, Soros en el fondo es un firme defensor del actual "status quo", defiende la reforma de los mercados para evitar que el sistema, que a él le beneficia inmensamente no se colapse. No me he dejado engañar del todo por esa vertiente de filántropo... posiblemente sea sincera, y estemos ante un multimillonario atípico y ante alguien que en verdad se preocupa por el mundo y por dejarlo en mejor estado del que se lo encontró. Pero cuando uno sabe también que estamos ante una de las grandes fortunas del mundo, y ve las imágenes de hambrunas en África, las imágenes de los refugiados de la guerra de Siria y tantas y tantas calamidades... pues bueno, habría que preguntarle al Sr. Soros qué está haciendo él al respecto, precisamente él y gente como él que verdaderamente pueden hacer tanto y que no han tenido escrúpulos en el pasado para usar el sistema a su favor, haciendo todo el daño que le dejasen hacer legalmente. Probablemente estemos ante el "menos malo" de los grandes magnates de las finanzas, casi estoy seguro de ello, incluso diría que comparto bastantes de sus ideas y me cae bien, pero eso no lo convierte necesariamente en bueno.

miércoles, 16 de marzo de 2016

De cómo tratar con las personas


"Cada persona vale tanto en este mundo como ella misma se hace valer. Esta es una regla de oro, un tema que podría llenar todo un volumen en folio: hablar sobre el esprit de conduite y sobre los medios de lograr nuestros propósitos en el mundo; una máxima cuya verdad queda confirmada por la experiencia de todas las épocas."


Ficha: "De como tratar a las personas", Adolph Franz Friedrich Ludwig Knigge, Arpa Editores, 431 páginas, ISBN: 9788416601004

Lewis Mumford al comienzo de su gran ensayo "El mito de la máquina" defiende la tesis de que el elemento principal y decisivo en la evolución humana, aquel que nos hizo tal y como somos, no fue la postura erguida, ni la habilidad a la hora de manejar y construir herramientas, sino nuestra gran capacidad social... seguramente influida por nuestras habilidades físicas, pero que en modo alguno habría que identificar al hombre bajo la etiqueta de "homo faber", hombre que fabrica, como elemento determinante de la aparición de nuestra consciencia. Son nuestras complejas relaciones sociales y la aparición del lenguaje como necesidad para potenciar y sostener las mismas las causantes de ese desproporcionado desarrollo cerebral. Por ejemplo un chimpancé, nuestro antepasado más cercano, posee una inteligencia muy superior a la que necesitaría simplemente para sobrevivir en la selva, tal y como hace un leopardo de inteligencia muy inferior, sin embargo en la naturaleza no hay despilfarro alguno, todo tiene su porqué, y el motivo para ese exceso neuronal hay que buscarlo ante todo en las necesidades sociales de nuestro pariente, complejas, pero extremadamente simples cuando se las compara con las habilidades humanas en la misma área.

Saliendo del tema de la inteligencia y entrando ya de lleno en temas filosóficos, y la búsqueda de la felicidad lo es sin duda, nos encontraremos con que las relaciones sociales poseen una importancia difícil de exagerar, son tanto un escollo como una plataforma para alcanzar un progreso en todo tipo de objetivos, "el infierno son los otros", dijo Sartre, y lo cierto es que también son nuestro cielo. No importa cuanta inteligencia haya en otros ámbitos, cuanta suerte material se tenga en la vida, cuanta presencia de ánimo, valor y tenacidad... sin unas relaciones sociales satisfactorias, sin la habilidad necesaria para ser querido y apreciado, sin capacidad para salir airoso y evitarnos problemas en el trato con los demás, todo se puede ir por el desagüe.



Adolph F. Knigge sabía mucho de relaciones sociales, no tuvo más remedio, se pasó la vida intentando ascender en la escala social en la Alemania ilustrada del siglo XVIII, un país que por aquel entonces no existía como unidad política, aunque poseía una cultura y una fuerte identidad propia que hacía innecesario aclarar a qué se refería uno al decir "Alemania" o "los alemanes". Dividido en principados independientes, cada uno de los cuales estaba presidido por una corte y un gobierno que Knigge debió de recorrer en casi su totalidad. Nacido en una familia adinerada, recibió una exquisita educación solamente para ver como la fortuna familiar se esfumaba prácticamente al acabar sus estudios dejándole con una magra pensión y con sus bienes embargados y administrados por la justicia. Pasaría el resto de su vida intentando recuperar el patrimonio familiar y tratando de volver a alcanzar una elevada posición, contaba con poderosas armas a su favor, era trabajador, inteligente, de noble carácter, mentalidad abierta... no lo conseguiría, cometió el error de intentar medrar a través de su relación con las sociedades secretas de la época, la masonería, el Orden de la Rosacruz, y la Orden de los Iluminados, allí se terminó estrellando con la cruda realidad, no importaba cuanto trabajara, cuantos afiliados consiguiera captar para las mismas, cuanto aportara a esas organizaciones, su ausencia de fortuna personal le impidió pasar de cierto punto, allí era poco menos que una mula de carga... tampoco tuvo mucho éxito en sus relaciones en las distintas cortes de los principados alemanes, la vida cortesana estaba llena de intrigas, las calumnias y la envidia eran moneda corriente. 

Alcanzó algún que otro título honorífico... que eran una carga más que otra cosa y finalmente decidió intentar ganarse la vida como escritor.  Fue autor de alguna novela y obra teatral de éxito moderado y pasajero... pero donde la fortuna le sonrió fue en el caso de este ensayo, "De como tratar con las personas" se convirtió en un gran éxito en Alemania, de hecho conoció varias ediciones en vida del autor y otras muchas posteriores donde no siempre se respetó la integridad del texto. Esta primera edición de su famoso ensayo, inédita hasta ahora en castellano, se corresponde con la última que pudo revisar y ampliar en vida, las ediciones posteriores como muy bien indica su traductor, José Rafael Hernández Arias, por cierto excelente el estudio introductorio y la traducción, un trabajo realmente soberbio, esas ediciones, como decía, son ya bastante dudosas e inferiores. 

De modo que aquí nos encontramos con un ensayo que revela ante todo un fracaso, o más bien, de como convertir un fracaso en éxito. F. Knigge desde el comienzo nos deja bien claro que él no es un ejemplo a seguir, que ha cometido muchos errores y que solamente ha aprendido en base a los mismos cómo debe ser ese trato exitoso con las personas. Él sabía mucho del tema si tenemos en cuenta sus experiencias viajando de corte a corte y los cientos de personas a las que terminó convenciendo para que se incorporaran a la orden de los Rosacruces, pero por desgracia ese conocimiento le llegó ya en un momento tardío, en un momento en el que ya había perdido toda ilusión y ambición por medrar socialmente y que solamente deseaba ya vivir en paz y con cierto desahogo económico como correspondía a un responsable padre de familia... no lo consiguió nunca del todo y finalmente terminó falleciendo en medio de polémicas y procesos judiciales motivados por su adhesión a los principios de la Revolución Francesa a la que siempre apoyó con firmeza a pesar de sus ideas ilustradas moderadas. 

Si tuviera que definir en una palabra su estilo, con todas las reservas que conlleva juzgar una traducción naturalmente, escogería la palabra "elegancia", F. Knigge poseía un estilo claro y elegante, nunca una palabra de más, nunca un argumento retorcido... "sensatez", "nobleza" y "sentido común" vienen también a mi mente cuando pienso en este libro. Knigge no era ningún visionario, tampoco era un idealista sin contacto con la realidad, hay idealismo sí, una defensa de principio a fin de las virtudes más nobles del ser humano, defensa de la verdad, de la nobleza de sentimientos, de la compasión, de la consideración a los demás, del arte de conversar, de en definitiva vivir y dejar vivir y hacerlo sin dañar a nadie. Ahora bien, no estamos ante un ingenuo, sí ante un idealista y moralista que nos va a decir lo que está bien y lo que está mal, pero no ante alguien que nos habla continuamente de cómo deberían ser los hombres, sino de alguien que sabe muy bien como son.

Bajo su experta pluma vamos a asistir a toda una disección de la sociedad de su tiempo, al trato entre personas de diferentes temperamentos y en diferentes situaciones, excepcional esta parte primera del libro donde se centra en generalidades... sólo por la misma el libro ya valdría la pena, y sin embargo estamos ante un "aperitivo".

Las relaciones entre personas de diferente edad, las que se establecen entre diferentes miembros de una familia, el trato entre cónyuges, el trato entre enamorados, sobre cómo tratar con las mujeres, las relaciones entre los amigos, entre señores y sirvientes, con los caseros, los vecinos, huéspedes y anfitriones, el trato con personas en situaciones complicadas y el trato con personas en diferentes ocasiones en la vida... todo un tratado de sociología práctica en esta segunda parte que se verá ampliado en la siguiente parte del libro.

En un viaje siempre de lo más general a lo más concreto abordamos la tercera parte, una parte donde se dejarán traslucir algunas vivencias personales del autor, este siempre eludirá las referencias concretas a su experiencia personal, pero conociendo los datos de su biografía no será difícil ver en sus duras palabras sobre las sociedades secretas el fruto de su amarga experiencia, recomiendo la lectura de ese pequeño capítulo a cualquiera que esté interesado en las mismas, no se puede ser más claro y contundente a cerca del "engañabobos" que constituyen... y donde naturalmente el autor hablaba con mucho conocimiento de causa, me temo que lo que podía decir este hombre hace más de doscientos cincuenta años podría suscribirse también hoy en día ;-). 

Otro capítulo de esta tercera parte con indudables tintes autobiográficos es el dedicado al trato con los poderosos, y también al dedicado al trato con los cortesanos, temas de los que era un indudable experto. Los dedicados a las profesiones, a los artistas y académicos, y a la gente humilde nos irán subrayando una y otra vez de forma indirecta las experiencias del autor, una vida intensa, donde las debió de ver "de todos los colores".

Decir también como curiosidad, que el libro conoció como ya comenté un gran éxito en Alemania y que fue reeditado una y otra vez, con la excepción del periodo en el que los nazis estuvieron en el poder... no debió gustarles demasiado el apartado en el que Knigge habla de los judíos, porque si bien es cierto que se hace eco de los prejuicios que se tenían en aquel entonces y trata de advertir al lector de las precauciones a tomar en el trato con estos, también es verdad que no deja de ver en los judíos cualidades positivas para según que actividades... ni asomo de antisemitismo en esta parte, simplemente se limita a mostrar las peculiaridades de ese pueblo, con más o menos acierto o más o menos prejuicios, pero sin realizar ninguna condena.

Y es que esa es una característica que vamos a tener siempre presente en Knigge, su honradez y su nobleza, el mundo es como es y en nuestra mano está hacer del mismo un lugar mejor, hay que evitar los conflictos y observar y comprender antes de lanzar juicios a la ligera, Knigge a pesar de su apoyo a los ideales de la Revolución Francesa y su apoyo sin reservas al pensamiento ilustrado era lo que podríamos llamar un "moderado", no veía mal alguno en la forma política de una monarquía ilustrada, siempre que sus integrantes cumplieran con su deber, nos va a señalar los peligros y las dificultades en el trato con tal o cual tipo de personas, pero siempre, siempre nos va a mostrar también lo bueno, siempre va a recomendar la firmeza, la nobleza de sentimientos y la virtud como fondo de todas nuestras acciones, el amor a la verdad, y también la compasión respecto a otros seres humanos, independientemente de su extracción social y de su "utilidad" en relación a nuestros objetivos. Le veremos rechazar por ejemplo tanto el fanatismo religioso como el ateísmo militante y el desprecio a la religión, le veremos defender ardientemente las bondades del género femenino... y también señalar los que consideraba sus vicios y sus excesos, una defensa del papel de los grandes de la tierra... y también una serie de severas advertencias si tratamos con los mismos. Nunca veremos una condena categórica ni un meter a todo el mundo en el mismo saco.

"Si nos colgamos un cartel demasiado espléndido, despertaremos por ello una atención excesiva, y ello invitará a otros a investigar más a fondo estos pequeños defectos de los que ningún ser humano está libre, y así perderemos de golpe todo nuestro esplendor. Muéstrate, por lo tanto, con cierta conciencia modesta de dignidad interna y ante todo haz que resplandezca en tu frente la conciencia de la verdad y de la honestidad. Muestra sensatez y conocimientos cuando se presente la ocasión adecuada; sin exagerar, para no provocar envidia o no caer en la sospecha de tener pretensiones desmesuradas, ni muy poco como para ser ignorado o callado. Muéstrate reservado, pero evita que se te tome por un original o un tímido o por arrogante"

Un enlace para terminar a la excelente reseña, como siempre, de mi blog filosófico favorito sobre esta interesante obra.


Lo mejor: Un ensayo de otra época, de un tiempo en el que escribir lo que podríamos llamar "manuales de autoayuda" era algo muy distinto al día de hoy. Knigge fue mucho más lejos, su libro no solamente era una colección de recetas sino que apuntaba a algo más profundo, al significado último de ser un humano y de saber estar en el mundo. Escrito con el afán de ganar dinero, sin duda, pero también con el incuestionable afán de ser de utilidad, de evitar que otros cometieran sus mismos errores en la medida de lo posible. Escribió pues el libro que a él le hubiera gustado leer en su juventud y que le hubiera evitado muchos problemas y sinsabores de haber seguido sus consejos. Esa quizás sea la clave de el porqué de su éxito, la sinceridad aunada a la voz de la experiencia, y la clave  seguramente de porqué otras obras más comerciales y superficiales no sobrevivieron a su época y en cambio este ensayo, pariente cercano en cuanto a temática y objetivos de "Oráculo manual y arte de prudencia" de nuestro Baltasar Gracián, es una obra intemporal que vale la pena conocer. Un libro muy hermoso que nació con vocación de clásico.

Lo peor: El tiempo es inmisericorde con todo y con todos, y no iba a ser menos con el infortunado escritor alemán, aunque el ser humano de hoy en esencia no es diferente al europeo del siglo XVIII, la naturaleza humana para bien o para mal no ha cambiado nada, sí que en cambio lo ha hecho la sociedad en la que vivimos... de ahí que muchos consejos que da en el libro nos puedan chocar, de ahí que se pueda catalogar a su autor sin temor a ser injustos y a pesar de sus esfuerzos de clasista, sexista... y alguna cosa más. F. Knigge era un hombre de su tiempo, no era un visionario, su pensamiento era avanzado en algunos aspectos, de ahí su defensa del trato humano con los animales, o del trato compasivo con los menos afortunados por ejemplo, pero bebía tanto o más del pasado, era por lo tanto un hijo de su tiempo como lo somos nosotros del nuestro, de ahí que tampoco podemos pedirle demasiado.

Destacar también, puesto que lo anteriormente dicho era un poco "de cajón", su voluntad de evitar problemas y de abordar temas espinosos, así le veremos insinuar algún que otro asunto para a continuación escurrir el bulto. Vamos, que indudablemente hacía suyos algunos de los consejos que vierte en el libro y los aplica a su propio escrito. Estaba claro que de la misma forma que se conducía ya a esas alturas de la vida, con una mezcla entre firmeza y habilidad para evitar conflictos, aplica lo dicho a su propia obra... Knigge no quería problemas con la censura, ni tampoco quería generar polémicas. De hecho no las tuvo por lo que se ve, ello hace que quede al final una sensación de que el escritor se guardó pensamientos para sí, y que podía haber cargado más las tintas y haber sido más políticamente incorrecto,  y de paso más interesante sin duda para un lector actual.



lunes, 7 de marzo de 2016

Los placeres ocultos de la vida


"Estar vivo no es solamente que te lata el corazón, también consiste en saber cómo laten los corazones de los demás y qué piensan unos de otros. La fatídica enfermedad que ataca a los vivos es el 'rigor vitae', la rigidez mental que consume la curiosidad y la reemplaza por una rutina monótona y aburrida. El 'rigor vitae' es más peligroso que el 'rigor mortis', porque produce la ilusión de estar vivo. Pero solo estamos vivos si podemos alumbrar pensamientos nuevos, que nunca hemos tenido, y sentirnos inspirados por lo que piensan los demás"


Ficha: "Los placeres ocultos de la vida", Theodore Zeldin, Plataforma Editorial, 412 páginas, ISBN: 978 84 16429 684

"Hablando se entiende la gente", así reza un conocido refrán castellano con el que Theodore Zeldin, el autor de este denso y ecléctico ensayo no podría estar más de acuerdo. Zeldin a través de sus veintiocho capítulos, cada uno centrado en una pregunta clave, nos va a llevar de viaje a través de la historia de la humanidad y va a intentar responder, a su manera, a cada una de las preguntas... aunque como bien comentó el novelista Patrick Rothfuss "Las preguntas que no podemos contestar son las que más nos enseñan", seguramente se refería a aquellas que no admiten una sola respuesta verdadera... cuestiones como ¿Cuál es la gran aventura de nuestro tiempo? ¿Qué es una vida desaprovechada? ¿Cómo podemos dejar de engañarnos sobre nosotros mismos? ¿Cuántas formas de suicidio existen? ¿Cómo se superan los prejuicios?... para ninguna de ellas hay una respuesta fácil, sin embargo Zeldin ha encontrado una forma original de tratar de abordarlas por mucho que en la mayoría de las mismas no haya encontrado una respuesta definitiva.

Es muy curioso que un escritor y pensador de tanta relevancia sea casi un desconocido en nuestro país, debido sobre todo a la tardía traducción de sus obras. Su ensayo más conocido "Historia íntima de la humanidad", que data de 1.994 vio la traducción al castellano veinte años después... afortunadamente este que comento aquí, su último libro, ha sido traducido en el mismo año de su publicación en inglés. Muy pronto publicaré aquí la reseña del libro señalado anteriormente ya que los comentarios a cerca de esa "Historia íntima de la humanidad" no pueden ser mejores, y sobre todo, tras leer, o más bien casi "devorar" este ensayo en dos días, me he quedado con ganas de más.



El autor, en su papel de prestigioso historiador, en cada capítulo nos cuenta la vida de una, o más, personas que tuvieron en su momento que enfrentarse a algunas de estas preguntas tan relevantes, y con su vida y su obra en ocasiones nos mostraron cuál fue la respuesta que ellos escogieron. Además de esa selección de personajes y biografías curiosas que ilustran cada uno de los temas del libro el autor nos obsequiará con abundantes reflexiones, repletas de sabiduría y sentido común, tomadas de sus ideas y opiniones personales atesoradas tras una vida larga, intensa y fértil tanto en experiencias como en actividad intelectual. Si la definición de filósofo como "amante de la sabiduría" sigue teniendo alguna validez habría que decir que a Zeldin no se le puede aplicar ese calificativo, que el mismo le queda más bien pequeño, porque por mucho que trate de escudarse en una modestia, seguramente sincera, aquí no estamos ya tanto ante un filósofo como ante un verdadero sabio empeñado en proclamar a los cuatro vientos la necesidad del diálogo y recuperar el olvidado arte de la conversación... al mismo se refiere en el título del libro, y es que esos placeres "ocultos" no son otra cosa que los que se derivan de la comunicación, sincera y profunda, entre las personas. 

Zeldin reivindica el arte de conversar, de escuchar al otro, de abordar temas que a todos nos interesan huyendo de lugares comunes y banalidades, la conversación como herramienta para conocernos, para romper el hielo en todo tipo de relaciones humanas, para en definitiva enriquecer nuestra mente con otras formas de ver las cosas, con otros enfoques sobre los problemas y las grandes cuestiones... no es casualidad de que en la lista de personajes cuyas vidas ha escogido para ilustrar todos estos grandes interrogantes no haya ni una persona viva, Zeldin en el comienzo del libro nos señala que podemos aprender más de los muertos que de los vivos cuando los primeros nos dejaron un legado en forma de obras, o ejemplos, que hablan por sí mismos... mucho más que los vivos que en su gran mayoría se obstinan por guardarse para sí sus pensamientos y su vida interior. Ese diálogo constituye la idea central de la obra y que Zeldin lleva a cabo en una serie de pruebas experimentales descritas en su web "www.oxfordmuse.com", y que también reivindica en este ensayo. 

Aparte de señalar la excelente traducción, tengo que comentar lo curioso de su formato, sus cuatrocientas páginas se dividen en los ya señalados veintiocho capítulos y cada uno de ellos está salpicado de notas en los márgenes, no a pie de página, y que sirven como puntos de anclaje de las ideas más importantes del libro... el objetivo de las mismas seguramente es guiar al lector de forma rápida y cómoda en una segunda lectura, bastará con escoger un capítulo o una página al azar y con esa pequeña referencia comenzar a leer, o más bien a releer... y es que han pasado pocos, muy pocos libros por mis manos, que me hayan dejado una sensación tan agradable, de haberme cautivado de una manera tan total y directa desde el principio, y que haya leído casi desde el principio con la intención de volver a visitar sus páginas.

"Nadie vive solo en el presente. En nuestra mente no solo guardamos recuerdos personales, sino la memoria de las creencias de otras épocas y de los actos de personas que vivieron mucho antes que nosotros y que no llegamos a conocer. Para construir nuestra vida tomamos prestados fragmentos de lo que se considera antiguo, medieval o moderno. Pero ningún periodo histórico se ve totalmente reemplazado por el que le sucede. Y hasta las personas que están más al día y siguen las modas más de cerca conservan algunas creencias fosilizadas y tienen sueños antediluvianos"

Lo mejor: Un trabajo excelente, que muestra el buen hacer y el gran estilo de un ensayista e historiador que vale la pena conocer a fondo. Repleto de buenas ideas, de historias y personajes curiosos y en muchas ocasiones desconocidos, edificante, inspirador, instructivo y cargado de un optimismo que resulta muy reconfortante en estos tiempos. Una lectura muy agradable y recomendable capaz de absorber al lector como si de un agujero negro se tratase, creo que difícilmente voy a encontrar este año otro libro de lectura más adictiva y estimulante que este ensayo, un libro que invita tanto a la reflexión como a la relectura de todo ese cúmulo de ideas que despliega el autor.

Lo peor: Ese "aroma" a ensayo de psicología y auto ayuda que destilan algunos de sus capítulos, y el libro en general, disgustará a algún que otro lector. Creo que Zeldin estaría de acuerdo con la crítica de que el libro está embebido de principio a fin de la particular visión del autor sobre muchas cosas y que buena parte de sus opiniones pueden ser si no polémicas, sí bastante discutibles. Quien aborde este trabajo buscando un libro de "recetas" y una orientación sobre las grandes cuestiones esgrimidas en el mismo seguramente se va a llevar un gran chasco... y por supuesto no faltará quien le tilde de fanfarrón y arrogante por permitirse "pontificar" sobre tantos temas aunque aparentemente no deje de revestirse de humildad. En los tiempos que corren presentarse a sí mismo como un sabio, aunque sea de forma indirecta, es bastante arriesgado.


jueves, 3 de marzo de 2016

En defensa de los animales


"El verdadero test moral de la humanidad (el más radical que se sitúa a un nivel tal que escapa a nuestra mirada) son las relaciones con quienes están a su merced: los animales. Y es aquí donde se ha producido la mayor derrota del ser humano, una debacle fundamental de la que derivan todas las demás"

Milan Kundera. "La insoportable levedad del ser".


Ficha: "En defensa de los animales", Matthieu Ricard, editorial Kairós, 414 páginas, ISBN: 9788499884608

Hace varios años, en una excursión senderista nos encontramos con una partida de caza, escuchamos los sonidos de los disparos a lo lejos y terminamos dándonos de bruces con el grupo de cazadores, unos regueros de sangre nos revelaron el paso de alguna de sus presas heridas... habían terminado ya con su "faena" y se disponían a regresar a casa tras empaquetar convenientemente a sus presas, varios jabalíes de diferentes tamaños. Uno de mis compañeros de excursión no se pudo reprimir, se encaró con ellos y les reprochó su cobardía al disparar y asesinar a animales indefensos, uno de los cazadores nos explicaron que aquello era una "necesidad" debido a la proliferación de javalíes "si no los cazamos terminarían ellos echándonos a nosotros del monte"... y añadió dirigiéndose al compañero que los había interpelado "¿y usted? ¿acaso no come carne?"... aunque en mi fuero interno desaprobaba, y sigo haciéndolo, la actividad de la caza (me niego a llamarla "deporte"), no pude evitar sentir que el cazador tenía algo de razón.

Somos legión aquellos que poseemos, o creemos poseer, una sensibilidad especial a cerca de la naturaleza y la vida salvaje, que nos gustan los animales, que seríamos incapaces de hacerle daño a ninguno, que reprobamos las corridas de toros, la caza o la pesca, y que consideramos abominables las peleas de perros y de gallos, por no hablar de la cría de animales para la industria peletera... y que sin embargo no nos estremecemos ante la visión de un filete o un rico embutido. Vivimos, por así decirlo, en una permanente esquizofrenia moral, donde por un lado adoramos a los animales de compañía, nos encantan los vídeos sobre la fauna salvaje, poseemos cierta conciencia ecológica sobre la protección del medio ambiente y en contrapartida miramos para otro lado ante la visión del sufrimiento de los animales de vacas, corderos, pollos y cerdos... el sufrimiento de unas vidas reducidas a la escala de "cosas", sin dignidad de ningún tipo, sin compasión alguna por las condiciones en las que viven, son transportados y finalmente sacrificados... y todo para formar parte de un "delicioso" menú de carne y sus derivados que resulta completamente prescindible. No existe ninguna fuerza de causa mayor para vivir en esa esquizofrenia moral permanente, absolutamente ninguna.

Decir en este punto que ya leí y comenté aquí un libro sobre el tema hace unos años, que si bien ponía el énfasis en los aspectos éticos del consumo de carne, no abarcaba la cantidad de aspectos de este ensayo. A todas luces el presente trabajo de M. Ricard es mucho más completo.

Matthieu Ricard es un personaje de sobra conocido, hijo de un conocido filósofo francés, estudió biología molecular en el Instituto Pasteur de París donde terminó doctorándose en 1.972... para a continuación abandonar su carrera y dedicarse a la práctica del budismo tibetano en el que terminaría ordenándose Lama, sirviendo como discípulo de diferentes maestros, y trabajando durante años como traductor de francés del actual Dalai Lama. Ha escrito varios libros, entre los que se encuentran "El monje y el filósofo", ya comentado aquí en este blog en sus inicios, y también otro que leí anteriormente "En defensa de la felicidad" que también recomiendo... A pesar de equivocarme (tengo todavía pendiente la lectura de "El infinito en la palma de tu mano" desde hace años), puedo afirmar que estamos ante el mejor ensayo elaborado bajo su firma.

El ensayo es todo un ejercicio de claridad, lucidez y buen hacer de este atípico escritor. Para empezar quiero aclarar que el hecho de haber sido escrito por un monje budista no significa que nos vamos a encontrar fundamentalmente con la posición budista a cerca del respeto a la vida. Como todo el mundo sabe, el no causar daño a ningún ser sintiente, animales por supuesto incluídos, es el deber número uno de cualquier budista y de los cinco grandes preceptos del budismo sin duda el primero, principal y más importante de todos... podría decirse que TODO el budismo gira en torno a esta idea, que es su base primaria. Sin embargo M. Ricard no ha escrito un libro de apología del budismo sino un trabajo donde bajo la personal visión del budismo se enjuicia el comportamiento del hombre en relación a los animales, tanto en el pasado como en el presente, y se muestra una y otra vez como en términos de moral estamos todavía muy poco evolucionados moralmente en cuanto incluimos a los animales en el ámbito de la ética. Sorprendentemente y en contra de lo que pudiera parecer en un primer momento las referencias religiosas, de índole budista o cualquier otra, van a ser escasas, y en cambio abundar las filosóficas, tanto de pensadores del pasado como actuales... Ricard no es ingenuo y sabe muy bien que un enfoque desde términos puramente espirituales hubiera sido mucho menos eficaz.

El recuerdo de pasadas atrocidades masivas de seres humanos, los campos de concentración de Hitler, el Gulac de Stalin, los genocidios contra los armenios o los crímenes de la revolución cultural china, por poner solo algunos de los ejemplos más señalados, es algo que nos avergüenza profundamente como seres humanos... sin embargo al fin y al cabo estamos hablando del pasado, y eso nos alivia en cierta medida ¿qué pensaríamos si redefinimos un poco la cuestión?, porque si ampliamos el término "sufrimiento" también a las especies animales, capaces al igual que nosotros de sufrir, ¿qué nos encontramos entonces?... nos encontramos con la escalofriante cifra de sesenta mil millones de animales terrestres y un billón de animales marinos exterminados cada año. Como bien apunta el ensayista Yuval Noah Harari en su excelente ensayo, que no me canso de recomendar, "De animales a dioses", algunas especies animales hicieron en verdad un mal negocio cuando fueron domesticadas por el hombre, al precio de tener un gran éxito como especie, en cifras de individuos, entregaron a cabo una inmensa cantidad de sufrimiento... lo que demuestra que una especie puede triunfar en el ámbito reproductivo, y quedar a la vez reducida a una vida miserable considerando cada individuo aisladamente.

M. Ricard lo repite de forma insistente... no se trata de humanizar a los animales, y mucho menos de "animalizar" a los seres humanos, se trata de tomar conciencia de nuestra responsabilidad con ellos, de ser conscientes que no se pueden tener dos corazones ni dos cerebros, que no se puede amar a los animales domésticos y a la vez mostrarse insensible ante el sufrimiento de los animales de granja, que no se puede uno escandalizar por las matanzas de focas en el Ártico y la caza de ballenas y a la vez cerrar los ojos ante la realidad de las granjas de aves y cerdos donde millones de animales viven hacinados en unas condiciones espantosas. Y no, no es una analogía forzada o irrespetuosa la comparación entre los campos de concentración de Hitler y los criaderos y mataderos industriales, de hecho muchos supervivientes de los campos hace tiempo que escribieron y mostraron el parecido... ¿fue casualidad que algunos de los alemanes implicados en el diseño y construcción de los mismos visitaran mataderos y criaderos industriales en Chicago antes de la guerra?... podemos apostar que no, que esa aberración denominada "solución final" vino inspirada de allí.

El primer capítulo del libro hace un breve recorrido por la historia de la relación entre el ser humano y los animales, desde la habitual consideración del animal como un objeto o producto destinado a satisfacer las necesidades humanas, recogido también en las distintas tradiciones espirituales, a las voces "disidentes" en todas las grandes religiones que expresaron un deseo que que la compasión y bondad que tienen a nuestros semejantes humanos como destinatarios incluyesen también a los animales. En esa visión completa de la compasión hacia todos los seres destacaron fundamentalmente el hinduísmo y el budismo, sin olvidar también al jainismo. Sin embargo no es difícil encontrar miembros destacados de las tres grande religiones que abogaron también por una consideración más responsable y humana respecto a los animales. Muy bueno el apartado dedicado a Darwin que vino a demostrar que si el ser humano, al igual que el resto de las formas de vida, es un resultado de la evolución, en la misma no hay un punto de ruptura donde apareciese la consciencia de un día para otro sino que también la misma, al igual que la moral como bien han demostrado recientes investigaciones, es un fruto de la evolución.


Ojos que no ven, corazón que no siente.
El espinoso tema de la ocultación de la crueldad de la cría industrial y los tremendos esfuerzos del márketing empresarial para presentar en forma de un producto apetitoso y atractivo, semejantes a inocentes golosinas, lo que posee un origen en esencia espantoso y moralmente reprobable será el tema del capítulo segundo, oportunamente titulado "Ojos que no ven, corazón que no siente"... de como la publicidad nos muestra un mundo que no existe, de como incluso se llega a manipular el lenguaje, de las presiones de los grupos alimentarios, de como, al igual que en otros aspectos, nuestro cerebro hace alarde de una infinita capacidad para el auto-engaño y de negación de la realidad.


Todo el mundo sale perdiendo.
Más interesante aún es el tercer capítulo donde nos vamos a encontrar con algo que muchos defensores de la alimentación omnívora deberían saber, el inmenso coste ecológico que conlleva el consumo de carne, la carga injusta para los países del tercer mundo que deben exportar sus producciones de cereales y soja para elaborar piensos para alimentar el ganado que se consume en los países ricos, a costa de dedicar sus recursos y encarecer el precio de los productos agrícolas a su población. Añadamos también el efecto invernadero causado por la emisión de metano de has heces animales, un efecto de más peso en el cambio climático que el ocasionado por la emisión de CO2 en los transportes y solamente superado por la construcción y la climatización ¿qué visión nos proporciona ese cuadro?... el de un despilfarro de recursos escasos, el de una alimentación para "ricos" y una de las causas de que más de 900 millones de personas padezcan desnutrición y unos cuantos cientos de millones sobrepeso y altas tasas de colesterol. El reciente informe de la OMS desaconsejando el consumo de carnes procesadas, bastante tibio y timorato, ha sido contestado rápidamente en España, de forma histérica por estudios, seguramente pagados por las industrias cárnicas para que no cunda la alarma... M. Ricard no ahonda demasiado en este tema, pero está clara la relación entre determinados tipos de patologías cancerígenas y el consumo excesivo de carnes procesadas, tan claro como el que existe entre el tabaco y el cáncer de pulmón... y con un resultado si cabe mucho más mortífero si incluimos no solamente el cáncer, sino también las enfermedades cardiobasculares. 


El verdadero rostro de la cría industrial.
El "plato fuerte" nos lo reserva el autor para el cuarto capítulo, advierte que su lectura puede resultar dura, que no es para timoratos... y sin embargo es un cuento para niños comparado con lo que podríamos ver si cualquiera de nosotros visitase un matadero cualquiera. Almas ingenuas que se obstinan en pensar y creer que los maltratos a los animales en los mataderos son excepcionales posiblemente quedarían consternadas si supieran que si bien tales prácticas no son algo cotidiano sí que son realmente más frecuentes de lo que se piensa. Un proceso industrial que rebaja a los animales al estado de "cosas" donde apenas hay conciencia alguna del sufrimiento de los mismos, donde muchas veces la legislación destinada a paliar en alguna medida el sufrimiento es continuamente pasada por alto debido a las exigencias de productividad, a unos ritmos de trabajo endemoniadamente altos, donde todo está configurado para sacar la mayor rentabilidad posible... en detrimento si hace falta de la salud y el bienestar de los animales. Granjas de cría peores que los peores campos de concentración, sistemas de transporte inhumano, sistemas de sacrificio ineficientes, higiene que brilla por su ausencia, medicación masiva preventiva para evitar pérdidas y que luego pasa a través de la carne al consumidor. Habría que crear un nuevo vocablo para poder expresar todo este horror y el asco que produce la lectura de este capítulo... y uno sabe que el autor no inventa nada, que está bien documentado y que podría haber cargado mucho, mucho más las tintas... pero no era esa la intención.


Las malas excusas.
Tras esa visita a la cámara de los horrores y la vergüenza humana, M. Ricard se centra en temas más filosóficos, en un capítulo excelente titulado "Las malas excusas" va a rebatir una a una todas las objeciones que los defensores del actual trato dispensado a los animales ponen. Objeciones como la supuesta superioridad humana en el plano de la inteligencia, la necesidad de la dieta carnívora, la existencia de problemas más acuciantes que afectan directamente a los seres humanos, la inexistencia del sufrimiento animal, la pervivencia de medios de vida de los que se dedican a los negocios relacionados con el consumo de carne y la explotación animal, la defensa de las tradiciones... una a una el autor irá poniéndolas en tela de juicio y desmontándolas, acudiendo si es preciso a las más variadas fuentes. Uno de los puntos fuertes del libro es su abundante documentación y la excelente colección de citas de principio a fin. Sin duda alguna uno de los ensayos más bien documentados que he tenido la oportunidad de leer.

El continuo de los seres vivos.
El sexto capítulo sigue tirando del argumento anteriormente expuesto en el primer capítulo sobre la evolución darwinista, en este caso el autor nos presenta toda una batería de argumentos en contra de la idea de la "superioridad" intelectual y moral del ser humano, en contra de su supuesta excepción como especie, y en definitiva en contra de esa doble moral que nos considera seres aparte y especiales, con unos deberes para con nuestros semejantes humanos y la ausencia interesada de los mismos en lo concerniente a los animales. Y sobre todo es todo un alegato contra esa lacra denominada "especismo" por el filósofo Peter Singer, cuya filosofía y contribuciones en el plano de la ética y su ampliación al mundo de los animales, ha sido seguramente la principal inspiración de este ensayo junto, naturalmente, con las creencias budistas del autor. Ricard nos viene a decir que deberíamos colocar el "especismo" al mismo nivel que el racismo, el sexismo, la homofobia y cualquier otro tipo de discriminación... que en el fondo posee la misma raíz, la creencia injustificada de una superioridad por parte del que la ejerce.

La matanza masiva de animales y sus semejanzas con los genocidios cometidos contra la raza humana constituirán el tema del siguiente capítulo, donde se analizarán las diferencias, que son notables evidentemente, y los parecidos... muchos más de los que podríamos apreciar en una primera aproximación. La ética será la protagonista del siguiente, y breve, capítulo, para a continuación embarcarse en otra lucha, más controvertida pero también importante, sobre el tema de los derechos de los animales: la experimentación animal, sus beneficios pero también su control, la existencia de experimentos crueles e innecesarios, la deshumanización de los científicos... paralela a la deshumanización de los matarifes de las industrias cárnicas, la lucha para paliar en la medida de lo posible el sufrimiento animal en los laboratorios, los cambios legislativos y también las técnicas para evitar la experimentación existente con animales, bien mediante cultivos celulares, bien mediante sistemas informáticos que simulan seres vivos, veremos que la crueldad de la industria de la carne se queda en mantillas, si no en cantidad, sí en sadismo y desprecio por el sufrimiento animal en relación a muchos experimentadores del pasado... de nuevo otra galería de horrores.

El lucrativo negocio del tráfico de especies salvajes, la mafia que lo controla, la extinción más que probable de determinadas especies, las crueldades de ciertas medicinas tradicionales, especialmente la china, el contrabando de especies protegidas, la cría de fieras salvajes para su explotación comercial, especialmente tigres en China... de nuevo otro catálogo del despropósito, de los horrores... en este caso ya protagonizado, menos mal, por delincuentes, aunque desde luego con muchos colaboradores "oficiales" y funcionarios corruptos. Todo un cuadro deprimente de leyes insuficientes, escasez de recursos, falta de conciencia... cualquier amante de la naturaleza se sentirá tocado en su fibra más sensible.

Y bueno, no podía faltar el tema de los toros, M. Ricard como francés conoce de cerca la lacra de la fiesta taurina que creo que todavía se realiza en algunas partes de Francia, generalmente con la desaprobación del resto del país. Como español tengo el tema mucho más presente, y ¿qué puedo decir?, pues que como anti-taurino prácticamente desde que tengo uso de razón solamente puedo suscribir y aplaudir una a una todas sus aseveraciones, citas, argumentos... a mí no me tenía que convencer de nada, pero da gusto ver opiniones tan sensatas en medio del catetismo y la estulticia que dominan a algunos sectores de este país y sus ridículos argumentos en defensa de lo indefendible. Naturalmente los argumentos a favor de la ¿fiesta? de los toros quedarán muy bien expuestos... otra de las características de este libro es la muestra de las ideas contrarias a las esgrimidas por el autor, aquí Ricard está más que acertado y demuestra la incompatibilidad manifiesta entre inteligencia y defensa de la tauromaquia desmontando uno a uno los argumentos esgrimidos por sus defensores. Creo que su padre, reputado filósofo con fama a nivel nacional, hubiera suscrito los argumentos de su hijo y se hubiera sentido orgulloso de este trabajo. 

Aparte de los toros, la exhibición de fauna salvaje en los zoos y las actividades "deportivas" de caza y pesca también se llevarán lo suyo... vamos que un servidor no vuelve a pisar un zoo o un espectáculo con animales, no digamos ya un circo, en la vida. El libro termina con un pequeño mini-ensayo dedicado a los derechos y deberes de los seres humanos en relación con los animales que viene a redondear un ensayo magnífico.

"Cada uno de nosotros es responsable y parte interesada en este proceso evolutivo y social de la protección de los animales. Cada uno puede empezar a preguntarse: ¿Me como a mis amigos? ¿Continúo divirtiéndome con su dolor? ¿Quiero seguir relajándome sacándolos del agua y dejando que se asfixien hasta morir?."



Lo mejor: Un ensayo contundente, sencillo, bien documentado, bien fundamentado, repleto de citas muy bien escogidas, muy instructivo y que pretende golpear la conciencia del lector con la fuerza de un puño de hierro. Un libro que apela no solamente a los sentimientos del lector, sino también a su inteligencia, a su humanidad, a su conciencia, a su sentido de la justicia, en definitiva a aquello que verdaderamente nos hace dignos como seres humanos... ¿alguien puede tras su lectura no plantearse siquiera cambiar de hábitos de vida?, no es mi caso. Si quedaba en mí una resistencia todavía a la adopción de una dieta vegetariana la misma ha quedado aniquilada con la lectura de este libro... no sé lo que durarán mis buenas intenciones o mi fuerza de voluntad, pero tengo muy claro que no se puede tener una conciencia limpia y colaborar con semejante cúmulo de barbaridades, y tampoco hay que ir muy lejos pensando para darse cuenta de las implicaciones que supone el no hacerlo y seguir mirando a otro lado viviendo en una permanente esquizofrenia moral revestida de normalidad, simplemente porque en un mundo enfermo la salud aparece como una patología. Un libro excelente cuya lectura habría que recomendar a TODO EL MUNDO.

Lo peor: La existencia de tantas personas a las que este libro, y otros semejantes, podrían hacer reflexionar y cambiar sus hábitos alimentarios en su beneficio físico y espiritual, y que nunca se acercarán a un trabajo semejante. La constatación, pesimista ya lo sé, de que las industrias cárnicas pueden estar tranquilas, todo en nuestra sociedad y cultura empuja justamente a su favor.