miércoles, 24 de mayo de 2017

De qué hablo cuando hablo de escribir


"La confusión habita en el corazón de todos. También en el mío, por supuesto. La confusión no se puede sacar a la luz. No es algo de lo que alardear. Si uno quiere enfrentarse a ella, no tiene más remedio que descender en silencio hasta las profundidades de su conciencia. Aquello a lo que debemos enfrentarnos, lo que merece la pena de verdad, solo existe ahí, oculto bajo nuestros pies.

Verbalizar esos procesos íntimos y hacerlo de una manera fiel y honrada exige concentración, silencio, una persistencia inagotable y una conciencia sistematizada, al menos hasta cierto punto. Y para mantener todas esas cualidades resulta imprescindible la capacidad física. Quizá sea una conclusión poco llamativa, prosaica, pero resume el núcleo fundamental del modo que tengo de pensar en mí como escritor. Aunque me critiquen, aunque me alaben, si me tiran tomates podridos o me ofrecen preciosos ramos de flores, solo puedo escribir de esa manera, solo puedo vivir así"



Ficha: "De qué hablo cuando hablo de escribir", Haruki Murakami, editorial Tusquets, 304 páginas, ISBN: 978 849 0663 998

































A veces me he preguntado qué es lo que me atrae de la obra de Haruki Murakami, no se si se trata de un supuesto “exotismo” al ser un autor japonés, la sencillez y la claridad con la que escribe, o ese elemento extraño que suele presidir su narrativa y que se filtra a través de los acontecimientos y situaciones más banales, o quizás, su inimitable descripción de la soledad del hombre moderno. No lo sé realmente, lo cierto es que también me gusta leerle cuando deja a un lado el terreno de la ficción y se pone a escribir ensayos.

Este que comento aquí es el segundo que leo con su firma, hace años ya leí y comenté el ensayo que escribió sobre su afición a correr. Evidentemente el carácter de sus escritos de no ficción es diferente al de su narrativa… pero algo hay que me recuerda a la misma, el mismo estilo seco y simple que la preside y que podría ser tildado por algunos de defecto en lo relativo a sus novelas, en el caso de los ensayos se convierte en un acierto sin el menor género de duda. Demuestra además con este en concreto que se puede decir mucho, incluso ir más allá de lo que muestran las palabras, incluso en el terreno de la no ficción.

Ambigüedad y contradicción, es lo primero que me viene a la mente cuando tengo que evaluar esta obra sobre la creación artística literaria. Murakami por un lado no deja de puntualizar y dejar claro que solamente muestra sus opiniones, a veces no parece estar seguro de casi nada y deja a propósito espacio para la duda de todo cuanto opina… y a la vez no deja de recordarnos que es un escritor de éxito que se dedica a ese trabajo desde hace más de treinta y cinco años, es decir, Murakami nos deja claro que todo es una opinión personal, pero a la vez fundamentada en una dilatada experiencia coronada además por un éxito incuestionable ¿falsa modestia?, probablemente. 

El escritor japonés por otra parte quiere darnos a entender que el ingrediente principal, según su opinión, del talento de escribir está mucho más fundamentado en un carácter especial que en una inteligencia notable… y se pone de nuevo como ejemplo. Elude como puede la actitud de alguien que “sienta cátedra” sobre un determinado asunto, pero no por ello deja de recordarnos que su opinión no es la de un cualquiera, algo con lo que estoy completamente de acuerdo por supuesto.


Los ingredientes humanos, a su juicio, que ha de tener un escritor que pretenda extender en el tiempo su actividad y optar al éxito son más que una notable inteligencia o un talento especial, la auto disciplina, el tesón, la confianza en sí mismo, y sobre todo la capacidad de trabajo, cualidades todas ellas más importantes que una supuesta genialidad o inspiración. Es decir con esas cualidades humanas, válidas también para otras muchas cosas, tenemos ya más del 50% de lo esencial. Evidentemente hay también que partir de la base de que uno sea primero y antes que nada un ávido lector y que le guste la actividad de escribir. Pero que vamos, que en su opinión a poco que cualquiera se lo proponga es relativamente sencillo escribir algo decente, bueno incluso… otra cosa es el factor suerte que no depende ya de uno y mantener la insistencia y el afán de escribir a lo largo del tiempo. Como su afición a las carreras de fondo el escribir es fundamentalmente, así lo entiende él, una actividad de resistencia y disciplina.


Otra de las incongruencias que encontré en el libro es su manifiesto desprecio por los premios, en dos ocasiones optó al más importante de las letras japonesas sin éxito y no tiene reparos en decirnos una y otra vez que le daba igual ganarlo que no. Sin embargo también reconoce que el haber ganado el premio al mejor autor novel con su primera novela fue todo un acicate que le animó a seguir escribiendo ¿en qué quedamos?... seguramente tras ese primer éxito, completamente inesperado, y el posterior de su novela “Tokio Blues” en cuanto a ventas, su carrera como escritor se vio desligada completamente de la necesidad de obtener premio alguno, aunque cada año ya como tradición su nombre suene relacionado con la posible concesión del Nobel de Literatura. Evidentemente el haber sido traducido a cincuenta idiomas y el haber vendido millones de ejemplares le pone en la situación de no necesitar ya el prestigio de ningún premio, pero no fue siempre así.

Algo que sí reconoce que debe poseer un escritor, aunque en mi opinión creo que solamente abarca a aquellos que escriben ficción, y en un estilo parecido al suyo, es una visión peculiar de las cosas, una atención al detalle y a captar elementos, de la vida cotidiana inclusive, que solemos pasar por alto. Una especial sensibilidad y cierta habilidad para conseguir aprovechar la misma a la hora de escribir, de ser capaz de transmitir cierta sensación a tus lectores… en fin, si eso no es inteligencia, aunque sea de un tipo especial, no sé que es. De modo que bueno, no me he tragado esa pose de escritor de éxito que viene a decir “en realidad casi cualquiera podría hacerlo si se lo propusiera”… de hecho creo que es una impresión falsa. Otro dato que le desmiente es su propia rutina y sistema de trabajo.

Pintura al óleo.
Hace cosa de un año en uno de esos cursos que se imparten de forma gratuita por la red leí que había básicamente cuatro técnicas de escritura, una de ellas, la técnica de la “pintura al óleo” concuerda perfectamente con la forma de trabajar de Murakami: primero se escribe de principio a fin toda la novela, una especie de borrador donde lo importante es producir material en bruto, sin pararse a corregir nada, dejando que la historia brote de forma intuitiva y fluida, y que sea el propio relato el que de pistas al escritor del curso que han de llevar los acontecimientos descritos en la propia obra, el carácter de los personajes, todo… para posteriormente afrontar, una vez terminada la redacción, una serie de revisiones a fondo donde se puede poner patas arriba prácticamente todo. 

Esa es la forma de escribir novelas de Murakami, periodos de incesante escritura en los que de forma disciplinada se sienta cada día varias horas y produce una media de diez páginas, y periodos de descanso seguidos de fases no menos intensas de corrección. Ese trabajo metódico, ordenado, donde el periodo de revisión, corrección y reescritura puede ocupar el mismo tiempo, o más, que el de escritura propiamente dicho. Hay algo en su estilo que nos dice que todo esto es cierto… alguien dijo una vez que “no había nada más laborioso que preparar una improvisación”. La frase concuerda a la perfección con un estilo aparentemente simple, donde muchas veces no parece sobrar ni faltar nada, y donde me he encontrado muchas veces con la sensación de que parece demasiado “sencillo”… vamos que me recuerda a esas casas donde uno va de visita  se sorprende del orden y la limpieza, digna de un quirófano, y donde no falta una habitación cerrada a los visitantes donde se acumulan todos los enredos y la porquería. Pura apariencia que esconde una labor intensa previa para dar la imagen de improvisación y naturalidad que pretende.

Otra de las claves de su estilo, aparte de una revisión minuciosa tratando de conseguir un efecto simple y fluido, es su afición, y dedicación en los comienzos de su carrera, a las traducciones. Nos cuenta como reescribió desde cero su primera novela cuando la tradujo del japonés al inglés… una forma curiosa de trabajar, pero que casa perfectamente con su estilo. La elección de vocabulario simple, frases cortas, situaciones familiares… son típicas de su forma de escribir, es como si desde el primer momento en que escribe el original en japonés estuviera ya pensando en la traducción al inglés, evitando escribir nada directamente que él mismo no fuese capaz de expresar en ese idioma. Desde sus inicios descubrió que se podían decir las mismas cosas, y que la simplicidad podía apuntar tan bien, o mejor incluso, a aquello que resulta en la práctica imposible de decir y que solamente se puede sugerir o insinuar. Ese esfuerzo por expresar lo inefable y causar una sensación extraña en el lector se adapta como un guante a su estilo.


El ensayo no es una apología de su obra, Murakami es consciente de que el mismo va a ser leído fundamentalmente por gente que ya lee sus novelas, de ahí que no considere necesario venderse, el formato escogido es el de una colección de conferencias, de hecho durante su lectura casi podía imaginarle hablando desde una tribuna, es un texto que perfectamente serviría para ello y que usa recursos de la lengua hablada, pareciendo una transcripción de una serie de conferencias. Un truco que le sale muy bien. Vamos a verle expresar su opinión en numerosos asuntos relativos a lo que significa escribir novelas pero también a otros no tan relacionados directamente con la escritura, como por ejemplo a sus comienzos, datos autobiográficos, a su organización del espacio y el tiempo, a lo que significó salir de su país para intentar promocionar su obra en los EEUU, a la siempre difícil relación con la crítica oficial, a la construcción de personajes y la relación de los mismos con la vida real, a sus rutinas diarias, a sus pasadas experiencias con el sistema educativo japonés, al hecho de que casi siempre nos muestra personajes masculinos y la diferencia a la hora de elaborar personajes femeninos, a su insistencia en protagonistas de una edad que él ya hace mucho que sobrepasó... al público al que van dirigidas sus historias, cien detalles que en definitiva van a encantar y cautivar a sus lectores habituales y que probablemente serán indiferentes a otro tipo de lectores. Es un ensayo peculiar, diferente, "made in Murakami" al 100%. Me ha encantado y al igual que me pasó con el otro señalado, apenas lo terminé me entraron ganas de volver al comienzo y volver a leerlo. 

No es su intención promover su profesión entre sus lectores, pero lo cierto es que consigue transmitir su pasión por la escritura y apenas uno lo lee se queda pensando, al menos a mí me pasó, "¿por qué no intentarlo?" ;-)


Lo mejor: Otro ejemplo del buen hacer del escritor japonés en su labor de ensayista. Ameno, interesante, muy recomendable para todos aquellos que disfrutan con su obra. Aviso que más de uno se va a animar a seguir su ejemplo y ponerse a escribir, tal y como imagino que algún otro hace tiempo se calzó unas zapatillas y se lanzó a salir a correr cada mañana.

Lo peor: La mayor parte de lo que nos dice no tiene demasiado interés, no nos descubre precisamente la rueda, aunque desde luego sí que habrá algunas notas sorprendentes a lo largo de la obra. Me da la impresión de que calla mucho más de lo que cuenta y que podía haberse extendido más en algunos detalles sobre la confección de algunas de sus obras que sus seguidores hubiésemos apreciado. Naturalmente para todos aquellos que no han leído nada de Murakami, o que simplemente lo detestan, bien poco van a sacar de este libro.




domingo, 21 de mayo de 2017

La invasión de las bolas peludas

"Nada es eterno. Gracias a vuestro Buda, nada es eterno. Toda vida es maldecida y bendecida por esta sencilla verdad: nada es eterno. La paradoja es que vosotros los humanos os empeñáis en no ver es que si algo fuera eterno, no sería importante. Solo el cambio es interesante. Toda vida es cambio. El ser que eres al principio de esta frase ha cambiado para siempre antes de que llegues al punto y aparte que la finaliza. "

Fragmento del artículo de opinión escrito por el terrorista proteico Louie.





Ficha: "La invasión de las bolas peludas", George Cockcroft, editorial Malpaso, 428 páginas, ISBN: 978 84 164 20 261

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Hace tiempo que vengo elogiando en este blog la labor de las pequeñas editoriales, un fenómeno que por lo visto es casi exclusivo de nuestro país. Todas las que conozco se caracterizan por lo mismo... unas ediciones cuidadas, en ocasiones creando verdaderas joyas dignas de figurar el un lugar destacado en cualquier biblioteca, con selecciones de títulos de lo más interesantes. Como contrapartida también es cierto que solemos hablar de libros relativamente caros, alejados de esas ediciones baratas de bolsillo... cuyas páginas se ponen amarillas en unos pocos años. 

Malpaso es una editorial que no conocía, y cuya divisa parece ser la de ofrecer títulos interesantes, al margen de los autores más conocidos y "taquilleros" y con la calidad como divisa. Sus libros, de hermosa factura y con un estilo propio, vienen editados en tapa dura y ofrecen también la posibilidad de obtener su versión en e-book al comprar la edición en papel. Todo un detalle, con cierto riesgo no lo voy a negar, que deberían seguir otras editoriales. Personalmente hace tiempo que prefiero el papel como soporte, aunque reconozco la ventaja y la utilidad del formato electrónico, mi opinión es que ambos son perfectamente válidos y compatibles, aunque diferentes, con sus ventajas y sus inconvenientes muy bien definidos.


Aquí estamos ante una novela, o más bien un ensayo político disfrazado de novela de ciencia-ficción, una sátira muy divertida y corrosiva centrada en el mundo que nos ha tocado vivir, escrita por un autor completamente desconocido, un norteamericano licenciado en literatura que en 1.971 escribió una novela "El hombre de los dados", que tuvo un gran éxito en el mundo anglosajón, vendiendo varios millones de ejemplares y permitiendo a su autor realizar el sueño que persiguen seguramente la gran mayoría de los profesores de literatura... dedicarse a escribir. Si en aquella primera obra su autor debió plasmar mucho de sí mismo y su vida en la figura del personaje protagonista, un psicólogo que decide un día pasar a tomar decisiones en su vida a través de puro azar lanzando dados, y cuyo éxito le animó a su autor a adoptar el nombre de su personaje ficticio "Luke Rhinehart" ya como seudónimo en el resto de sus novelas... la verdad es que suena mucho mejor que el de George Cockcroft :-).



El protagonista de esta novela "Billy Morton", es un anciano pescador semi-jubilado, dueño de una destartalada embarcación pesquera con base en Long Island, Nueva York. Se haya casado con una abogada, mucho más joven que él, de origen hispano y es padre de dos hijos. Forman una pareja muy bien avenida, él nos da la clave al comienzo, una total y completa rendición... es su mujer la que lleva en casa los pantalones, tal y como se suele decir, y hace bien porque ella es el contrapunto juvenil, enérgico y sensato de un viejo calavera y cabeza-loca, típico producto de la era de la contracultura sesentera... un ex-hippie que en el pasado tuvo más de un problema con la policía y que nunca ha perdido un sentido de la independencia y desconfianza ante cualquier forma de poder establecido. Un rebelde de los pies a la cabeza, lleno además de ironía y sentido del humor.

Un día en el que se encuentra faenando con su embarcación sus redes sacan una pesca de lo más inusual, en cubierta descargan un extraño pez con forma de pelota de baloncesto recubierta de un fino vello plateado, aunque su primera intención es devolver al agua ese raro ejemplar de lo que parece ser un pez-globo sin boca ni ojos, este de un bote se sube a la cabina del barco. Allí permanece hasta que llegan a puerto, la bola dando botes seguirá a Billy hasta su casa... allí se convertirá en mascota de sus hijos, a los que divierte con sus alocadas travesuras y sus juegos, para posteriormente revelar su verdadera naturaleza. Es un extraterrestre que ha llegado a la tierra de un universo paralelo, hay muchos otros como él y han venido a jugar. Su "juego" consistirá en tratar de subvertir el orden establecido en el mundo, en ponerlo todo patas-arriba, en intentar conseguir que la forma en que funciona el mundo, con leyes que favorecen a los ricos y poderosos, gastos desorbitados en armamento en detrimento de los gastos en sanidad y educación, guerras que se prolongan indefinidamente solamente para favorecer a las industrias armamentísticas y a los especuladores financieros... vamos el cuadro extremadamente lamentable que conforma nuestra actualidad política, y que todo esto pase a cambiar de forma definitiva. Es un juego duro, donde los extraterrestres hackearan ordenadores, realizarán incruentas acciones de sabotaje y otras muchas acciones para las cuales tomarán como compinches a muchos humanos, entre los cuales se encuentra Billy y su familia. Los mismos se verán poco a poco introducidos en el juego de estas encantadoras y juguetonas "bolas peludas" hasta que llegará un punto en el que ya no podrán salir del mismo.

Naturalmente los gobiernos del mundo, especialmente el de los EEUU no se van a quedar con los brazos cruzados, y entrarán a la greña con todos sus medios, legales e ilegales, para pararles los pies... lo primero será intentar manipular a los medios para que unos seres amistosos y buenos queden desprestigiados y etiquetados con la manida etiqueta de "terrorista", término del que hace años se abusa tanto, como el término "radical", que ya no queda claro muchas veces a qué hace referencia, extendiéndose su uso no solamente al criminal que realiza acciones violentas en nombre de una organización subversiva, sino también a todo aquel que se enfrente, aun por medios pacíficos y usando su libertad de expresión, a las políticas de terrorismo de estado oficiales de los EEUU y sus aliados. Por no hablar del uso de esta etiqueta para criminalizar a los opositores a las dictaduras a lo largo y ancho del planeta.

El libro está plagado de comienzo a fin de una cruda ironía y abundantes puyas y dardos a la política exterior norteamericana, mostrando sin duda el ideario "radical" de su autor, por mucho que el humor suavice situaciones que podo, o nada, tienen de graciosas. Ahí está su principal virtud, y es que es una narración que no da respiro al lector, que en ocasiones mueve a la carcajada, aunque trate de asuntos muy serios. De hecho el libro fue escrito y publicado hace poco, justo antes de que el Sr. Donal Trump, y su camarilla de negacionistas del cambio climático, xenófobos y belicistas ganase las elecciones. Ese hecho le ha dado un "plus" a este libro con el que no hubiese contado tiempo atrás, por desgracia hay que decir. 

Más allá de la crítica política fruto de las ideas del propio autor, hay también una muestra de la filosofía de la vida. Los extraterrestres que nos muestra en esta obra, amables, divertidos, bondadosos... son todo aquello que nos gustaría o deberíamos aspirar a ser los seres humanos. Su desorbitada inteligencia les ha llevado a esa meta tantas veces soñada pero nunca alcanzada por nuestra especie, la sabiduría. No se toman en serio a sí mismos, disfrutan de cada momento de su existencia, no temen a la muerte ni la consideran un drama, y hace tiempo que llegaron a la conclusión de que la vida no tiene ningún sentido aparte del de vivirla y disfrutarla lo más posible sin hacer daño a nadie. La vida para ellos es solamente eso, un juego en el que no hemos pedido participar y del que solamente saldremos muriendo, y que por lo tanto solamente hay una actitud válida posible, utilizarlo de la mejor manera, haciendo el bien y disfrutando. Hay mucho de budismo zen, taoismo y filosofía oriental en esta visión de las cosas, sin duda el señor "Rhinehart" es o ha sido practicante y estudioso de las mismas. Hay no solamente una crítica afilada no solamente hacia el "modus operandi" del gobierno de los EEUU y su política exterior, sino hacia la mentalidad egoísta, insolidaria y competitiva que se promueve a todos los niveles y que tiene como resultado un mundo que camina ciegamente hacia el abismo. A ojos de esos evolucionados y avanzados seres la humanidad presenta un cuadro tan fascinante como lamentable.

En la novela se alternan diferentes puntos de vista, el del protagonista, el anciano y rebelde pescador, el de agentes de la seguridad nacional, los extraterrestres, divertidos extractos de prensa... y un divertido, y horripilante por su acierto, manifiesto del Partido Republicano que no deja piedra sobre piedra. Hay discursos, diálogos, situaciones divertidas, acción, etc... el ritmo es trepidante, Rhinehart ha tratado por todos los medios de escribir una novela aburrida y la verdad es que se lee casi de un tirón... como ejemplo unas pequeñas muestras:

"CAMBIO CLIMÁTICO INDUCIDO POR HUMANOS: Proceso en curso negado por muchos americanos que consideran que solo Dios controla el clima y aceptado por buena parte de los demás americanos con un encogimiento de hombros.

CAPITALISMO: Apaño económico para que las empresas privadas y los muy ricos organicen el sistema y puedan controlar los medios de comunicación, a los políticos y todas las ramas del gobierno con el fin de garantizar que las cuentas bancarias de los ricos, por los ricos y para los ricos no desaparezcan de la faz de la tierra.

PUBLICIDAD: Eje de la civilización moderna, ahora con una nueva fórmula y el cincuenta por ciento de descuento. Permite a los humanos reemplazar el viejo excremento que no necesitan por un nuevo excremento que tampoco necesitan.

INFORMATIVOS DE TELEVISIÓN: Programas de media hora de duración cuyos largos e importantes mensajes publicitarios se ven interrumpidos por ocasionales comentarios sobre triviales sucesos recientes.

CREENCIAS: Sistemas organizados de pensamiento por medio de los cuales los humanos se convencen a sí mismos de que saben algo

Sobre la negación de la realidad.
Aunque los demócratas siempre nos reprochan que seamos indiferentes a la verdad de los hechos, nosotros, los republicanos hemos descubierto que negar los hechos y salirse por la tangente es política de triunfadores, y no la abandonaremos hasta que encontremos hechos que apoyen nuestro punto de vista.

Sobre las empresas que evaden impuestos.
Nosotros los republicanos creemos que es un derecho divino de toda empresa privada hacer cuanto esté a su alcance para no pagar impuestos. Muchos creemos que este derecho forma parte de la Declaración de Derechos de la Constitución. Por lo tanto, abrir un despacho en cualquier cuchitril de las Bermudas o las Islas Caimán y, como resultado, ser una empresa extranjera y quedar libre de impuestos en Estados Unidos, es justo, razonable y legal, siempre y cuando el cuchitril tenga un área superior a tres metros cuadrados"

Creo que en nuestra querida España hay muchos que comulgan con ideas semejantes a las atribuídas, en plan de coña pero con toda la mala leche del mundo, por el autor al Partido Republicano ;-)


Lo mejor: Una sátira política, con forma de historia de ciencia ficción de serie B, completamente actual, tanto por la fecha de su publicación hace un par de años, como por su acierto en retratar la actual política de los EEUU. Naturalmente estamos ante una sátira, de ahí su mirada simplista, grotesca y exagerada... pero más allá de la carcajada y la ironía cualquiera ve que la base sobre la que apunta y dispara sus dardos es completamente verídica. Hace más de veinte años que el gobierno de los EEUU se comporta exactamente de la forma descrita en esta novela. No todo es negativo tampoco, así como el gobierno es vapuleado sin piedad, el pueblo de a pie es alabado en general... aunque también se muestren sus contradicciones y la inmensa división y variedad que lo compone. Denuncia en definitiva de la xenofobia, del racismo, el sexismo, la desigualdad y la política imperial y de terrorismo de estado que se promueve sistemáticamente desde arriba, y se defiende todo lo apuntado anteriormente, la alegría de vivir, la solidaridad, la compasión y el intentar construir un mundo mejor.

Una vez a Noam Chomsky le reprocharon que siempre lanzara sus críticas contra el gobierno norteamericano y que eludiese entrar en críticas a otros gobiernos de otras naciones, el pensador norteamericano contestó que él había nacido en los EEUU y era ciudadano americano, y que antes de criticar lo que otros hacen o dejan de hacer hay que poner siempre por delante el ejemplo de tu propio país y que por ese motivo se sentía más legitimado a hacerlo... estoy seguro que el autor de esta sátira política estaría completamente de acuerdo.


Lo peor: La novela tiene un arranque potente, engancha desde las primeras páginas, para luego ir perdiendo fuelle pasada su primera mitad. A pesar del entusiasmo y el optimismo que trata de transmitir no deja de constituir un ejemplo de humor negro... apelar a una intervención extraterrestre para salvarnos de nosotros mismos no es precisamente el colmo del optimismo, como bien dijo una vez un filósofo "solo un dios puede salvarnos", Rhinehart sustituye la intervención divina por la extraterrestre, pero ambas serían similares. La novela no concluye... justo en el momento en que todo se ha puesto del color más negro termina, dejándonos intrigados con su continuación. Da la sensación de que al autor le creció en las manos y que llegó un punto en el que no sabía ya que hacer con la historia. Habrá que ver si en una futura continuación los seres humanos tenemos, o no, remedio. Por mi parte me apunto esa interesante primera novela del autor en mi lista de lecturas pendientes.

martes, 16 de mayo de 2017

Aquí en la tierra

"Los horizontes estrechos y los marcos temporales breves siempre resultan engañosos. Por esa razón es imposible determinar si, incluso en los drásticos cambios que podemos observar en el transcurso de una vida, estamos asistiendo a un descenso hacia el caos o a una profunda revolución que conducirá a un futuro mejor. Es necesaria una visión más amplia, que abarque la humanidad a lo largo de los milenios, y al mundo a lo largo de los eones, si pretendemos discernir la verdadera senda de nuestra trayectoria evolutiva. Para escribir este libro, he adoptado esa visión amplia, y, a pesar de los desafíos que afrontamos en la actualidad, me siento optimista: por nosotros, por nuestros hijos y por nuestro planeta."



Ficha: "Aquí en la tierra. Argumentos para la esperanza", Tim Flannery, Penguin Random House, 316 páginas, ISBN: 978 843 060 8331
 
Bill Bryson comentó tras la publicación de este libro en 2.010 que era "Absorbente, divertido e increíblemente erudito"... bueno, no se que concepto de la diversión tiene el amigo Bill, sin duda uno de los mejores ensayistas que he leído... maravillosos sus libros "Una breve historia de casi todo" y "En casa", pero tengo que coincidir con el comentario que en "Papel en blanco" se hizo de este libro, que de divertido nada... y maldita la gracia.
 
De hecho lo de "argumentos para la esperanza" suena casi a chiste macabro teniendo en cuenta los acontecimientos que hemos vivido tras su publicación... ¿escribiría de nuevo el bueno de Tim este título tras la victoria de D. Trump en los EEUU?. Posiblemente lo que nos pasa es que nos falta "perspectiva" pero la verdad es que hay pocos motivos para la esperanza, al menos a corto plazo. El libro se embarca en la tarea de mostrar al lector los detalles del funcionamiento del planeta, su historia en lo que a biología se refiere, la estrecha relación entre los seres vivos, el clima, la atmósfera etc etc ... y cómo nos estamos cargando el medio ambiente. Algo hay de optimismo, sobre todo cuando se examina cual era la actitud hace décadas o un par de siglos y cual es el estado de conciencia actual en lo referente al mundo. El problema es que hace tiempo que se conocen los efectos devastadores de la actividad humana sin control en la ecología y el clima (aunque algunos siniestros individuos lo nieguen) pero todo viene a ser como en esas viejas películas mudas del oeste... estamos atados a la vía y vemos venir el tren... y no podemos soltarnos.
 
 
 
Desde luego que algo positivo se puede decir... el desastre ecológico y climático que tenemos a la vuelta de la esquina no va a suponer en ningún caso la extinción de la vida en el planeta, solo pondrá a prueba nuestra supervivencia... algo es algo. Porque desde luego que examinando los actos del ser humano, su impacto en el clima y la necesidad de tomar medidas urgentes... y lo que hasta ahora se ha hecho solo puede cundir el pesimismo. El libro, muy bueno, de Alan Weisman "El mundo sin nosotros" recoge perfectamente el espíritu de estos tiempos que huelen a apocalipsis. Puede parecer exagerado lo que escribo aquí, teniendo en cuenta que el libro de Tim Flannery apuesta por tratar de inculcar una cierta esperanza en el lector... pero me temo que le sale el tiro por la culata en ese aspecto, porque está claro que todo lo que se ha hecho, se está haciendo y se va a seguir haciendo es claramente insuficiente, lo segundo peor de no encontrar una solución es llegar a ella demasiado tarde y esa es mi percepción de las cosas.
 
Hasta un optimista redomado como el novelista Kim Stanley Robinson en su excelente novela "2312" habla de un futuro siglo 24 en el que los comienzos de este siglo son recordados como "la gran inacción" o "la gran pausa", un momento de la historia en el que se debió actuar con fuerza y decisión y se terminó permitiendo un desastre climático de enormes proporciones... vamos que lo que el siglo XX tuvo de catastrófico en cuanto a guerras el siglo XXI lo tendrá de desastre ecológico, con iguales, o peores resultados... y eso asumiendo de forma optimista la supervivencia del género humano y la colonización del sistema solar :-) ... vamos que en mi humilde opinión esos "argumentos para esperanza" de Tim Flannery no se los cree ni él.
 
 
A pesar de todo lo que comento el libro es francamente bueno, es todo un compendio de múltiples disciplinas que harán las delicias del lector curioso, y ahí desde luego es donde en todo caso podemos encontrar la "diversión" de la que Bill Bryson habla. A pesar de su brevedad, en mi caso leí la versión de bolsillo que vendía casi regalada una de las ediciones de la revista Muy Interesante, es complicado encontrar un ensayo que en menos páginas consiga hablar de más cosas, en sus páginas veremos aparecer a Darwin y los inicios de su teoría de la evolución (junto con el dilema moral que se le presentó al tener que divulgarla ya casi por obligación), las ideas de Malthus, la distorsión de las ideas del gran naturalista británico de forma interesada por la ideología de la época, la actual teoría de la evolución con su acepción neodarwinista y la importancia de los genes, los pensamientos replicantes (mnemes) y su papel de modificar y contrarrestar los efectos de la evolución, la figura casi olvidada de Russel Wallace y su relectura del proceso evolutivo, la tesis de Lovelock conocida como "Gaia", la historia geológica de la tierra y la influencia que en nuestro mundo, incluso a nivel mineral, continental y atmosférico ha tenido el fenómeno de la vida... la utilización de la energía solar por las plantas y la captación del CO2 de la atmósfera...
 
Esta primera parte del libro donde describen todo lo citado y mucho más es una verdadera joya del ensayo de divulgación... y aún hay más, el libro trata temas de geología, biología, historia humana, relación de los seres vivos con el clima, la historia de la explotación de los recursos naturales, economía, zoología, paleontología, antropología ... habla, como no, de la contaminación ambiental, de los descabellados proyectos de explotación de recursos naturales y de intervención en el clima que fueron oportunamente abandonados en el pasado, habla de las toxinas vertidas al medio ambiente, de la radiación, de psicología, de la teoría de los juegos, de la historia humana... en definitiva de un sinfín de cosas que marea solo citar. En ese aspecto solamente puedo calificar este ensayo del científico y conservacionista australiano de absolutamente brillante.
 
 
"Pero existe otra posibilidad. Puede que la paradoja de Fermi nos diga que realmente estamos solos en el Universo, simplemente porque somos el primer superorganismo global que ha llegado a existir. Al fin y al cabo, ha hecho falta la totalidad del tiempo -desde el Big Bang hasta el presente- para crear el polvo de estrellas que constituye toda forma de vida, y para forjar ese polvo de estrellas, a través de la evolución por selección natural, y darnos forma a nosotros y a nuestro planeta viviente. Si de verdad somos el primer superorganismo inteligente, tal vez estamos destinados a poblar todo lo que existe, y al hacerlo, a cumplir la visión de Alfred Rusell Wallace de perfeccionar el espíritu humano en la inmensidad del universo".
 
 
Lo mejor: Un ensayo realmente ameno, que hace gala de una variedad de temas y una erudición impresionante, muy bien escrito... y con una intención noble, y rara en estos tiempos, la de mover al lector a un estado de esperanza en el futuro del planeta y del ser humano. Creo que en cuestiones de ecología hay dos extremos que hay que evitar a toda costa, uno que da la lucha por perdida... y por lo tanto anima a no hacer nada, y otro que toma cualquier dato positivo y lo magnifica dando la impresión de que es un indicio de que las cosas van a cambiar... induciendo por lo tanto también a la pasividad ya que serán siempre "otros" los encargados de provocar el cambio. El libro de Flannery trata de eludir ambos extremos, tanto de caer en un pesimismo paralizante como de mostrar un optimismo infundado, y creo que casi lo consigue.

Lo peor: Es fácil leerlo y terminar abrumado por la enormidad de la tarea, la inutilidad de nuestros políticos, la falta de conciencia cívica que vemos por todas partes, el lavado de cerebro continuo de la publicidad que nos impulsa a mal-consumir, la ignorancia, la incultura y esa nociva ideología del consumismo e individualismo a ultranza... y un millón de cosas más. En fin, es fácil leer este libro y gritar la consabida proclama "que paren el mundo que me bajo"... pero esto es lo que hay, lo bueno para aquellos adictos al pesimismo sería mostrarles el libro y decirles "tranquilos que nos queda poca cuerda" :-). Vamos a saber muy pronto, posiblemente en el espacio de una generación o menos, si el futuro se parece a un mundo tecnificado dominado por las autopistas de la información, o bien, al mundo moribundo descrito en la novela "La carretera". Leyendo a Flannery y otros autores como él vamos a salir pronto de dudas.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Slow Mountain

"Las montañas no son estadios donde satisfacer mi ambición deportiva, son catedrales donde practico mi religión... voy a ellas como la gente va a su fe. Desde la altura imposible de sus cimas veo mi pasado, sueño con el futuro y con inusual claridad puedo sentirme en el presente... mi visión se clarifica, mis fuerzas se renuevan. En las montañas celebro la creación. En cada viaje renazco."

Anatoli Bukreev.  Alpinista kazajo fallecido en el Annapurna. Epitafio en el campo base.



Ficha: "Slow Mountain", Juanjo Garbizu, editorial Diëresis, 227 páginas, ISBN: 978 849 4362 774

Encontré este librito en las estanterías de la biblioteca en la sección de novedades, llamó mi atención lo suficiente como para decidirme a leerlo, el montañismo y el senderismo son temas que me gustan aunque nunca libros de esta temática han tenido espacio aquí en mi blog. A pesar de la definición que le puse en sus inicios solamente he escrito un artículo centrado en el senderismo, posiblemente porque era un tema que ya concentraba mis esfuerzos en otro lugar, recogido el primero en la lista de mis enlaces, y porque pronto los comentarios de libros monopolizaron todo mi interés. No obstante siempre he tenido la sensación de que era algo que dejaba de lado de forma injusta y que podía marcar una buena diferencia entre este blog y otros de comentarios de libros, ha sido en estos años un rico filón sin explotar por mi parte.

Así que leyendo este pequeño ensayo de Juanjo Garbizu, publicista de profesión, alpinista y desde hace algunos años también escritor, y coincidiendo con mi renovado interés por las actividades senderistas y montañeras, tras un paréntesis casi forzado de algunos meses, he decidido dedicarle más espacio aquí al tema, aunque difícilmente podría escribir nada mejor y más completo sobre el mismo que lo expuesto por Juanjo. De hecho al leerlo me he encontrado en muchas ocasiones con mis propios pensamientos sobre el tema.

Juanjo tras el éxito cosechado por su primer libro, "Monterapia", publicado también en la misma editorial, se decidió seguir explotando el tema no solamente en el sentido de continuar alabando las virtudes y beneficios que conlleva la práctica del senderismo y el montañismo, de eso hay mucho en el libro, sino invitando al lector a disfrutar de esas actividades de otra forma. La aceleración del ritmo de vida en estos últimos años no es algo nuevo, lo paradójico es que esa aceleración que vivimos desde hace tiempo se ha extendido también a unas actividades que tradicionalmente se han practicado con un ritmo muy diferente. Podríamos pensar que es algo inevitable, que es el signo de los tiempos que nos ha tocado vivir... pero lo cierto es que si la moda de las prisas, los records y las competiciones se extienden de forma generalizada a las actividades montañeras se pierde prácticamente toda su esencia. De ahí que el autor invite a replantear la forma en la que nos acercamos a la montaña y la naturaleza para evitar ir por la misma como burros con anteojeras... solamente pendientes del espacio de terreno que tenemos delante de nosotros y siguiendo encima los dictados del reloj... como si no tuviésemos bastante con aguantar su dictadura en la vida diaria y en el trabajo como para que nos siga esclavizando en nuestro tiempo libre.



Juanjo nos habla de la diferente percepción del tiempo en otros países y en la montaña, cómo la proliferación de las carreras de montaña amenaza con quitarnos la esencia de esas actividades en la naturaleza, los beneficios que para el cuerpo y nuestra psique tiene la práctica del senderismo y el montañismo de forma reposada, en como el tiempo cobra otra dimensión y lo percibimos de otra forma... en cómo se puede disfrutar un buen paseo por la montaña para conversar con los amigos, dormir una buena siesta, recrearse con las vistas del paisaje, sumergirse en definitiva en otro mundo tan diferente del que habitualmente habitamos en nuestra vida cotidiana y en nuestro trabajo que solamente por esa "desconexión" ya vale la pena. 

En mi caso particular me he visto retratado en muchas de los pensamientos de Juanjo, mi limitada experiencia de diez años en las actividades montañeras no ha evitado sentir que en ocasiones hablaba para mí... y no porque uno vaya por el monte como una "maquinilla", que a veces lo soy y disfruto con el caminar rápido y alguna que otra carrerilla, aunque cada vez menos por cuestiones de edad y salud, sino porque sé muy bien de lo que habla cuando comenta lo de comer rodeado de amigos, de esa cerveza al terminar una ruta, de la siesta bajo un árbol, de la afición a echar fotografías y cómo se transforma la mirada del excursionista con esa afición, de la sensación de cansancio y el esfuerzo al ascender una cumbre, de la emoción de un día en la montaña que suele comenzar con un buen madrugón, del disfrute de la compañía... pero también de la emoción de la soledad, de la sensación de majestad y maravilla que en ocasiones uno experimenta en determinados entornos y que le hace comprender inmediatamente cómo se han sentido los místicos de todos los tiempos ante el despliegue de las maravillas de la naturaleza, la emoción al coronar un collado y preguntarnos qué hay más allá... naderías seguramente en comparación con la experiencia de un montañero que suma ya los mismos años de afición a la montaña que los que un servidor tenía cuando comenzó con esto.

Al igual que Carl Honoré en su excelente "El elogio de la lentitud" que seguro que Juanjo ha leído también, su libro es de comienzo a fin una reivindicación del disfrute de la montaña a ritmo pausado, sin convertirnos en una tortuga... pero sin correr de aquí para allá esclavos del reloj, salvo por motivos de fuerza mayor claro está, porque a veces en la montaña hay que apresurarse. Recuerdo en una de mis excursiones de los comienzos, cómo un aficionado a los paseos por el campo para avistar aves y otras actividades de tipo ecológico se sorprendió cuando le hablé de las excursiones que hacía con un grupo organizado de senderismo, no entendía esa forma de aproximarse a la montaña a caminar sin más... lo calificaba de "actividad deportiva". Hace tiempo que no defiendo el senderismo como deporte si con ello asumimos cierto grado de competición, no me importa si se le califica como una actividad recreativa al aire libre, porque en esencia es lo que es. De ahí que hago míos, aunque llevo años haciéndolo, los postulados de Juanjo en este ensayo, en verdad que convertir el montañismo o el senderismo en una competición, en un coleccionar cumbres y rutas le quita casi todo su encanto, aunque respeto al que a pesar de todo siga enfocándolo de esa forma... mi opinión es que antes o después se terminará cayendo del burro, y si no peor para él o ella ;-)


Resaltar por último mi coincidencia con la repugnancia que Juanjo siente por los cazadores, y con buenos motivos además debido a un encontronazo con esos individuos hace años en una excursión, coincidencia también con ese sentido común que impera entre los montañeros veteranos respecto a la forma física necesaria y también a esa gran virtud que debe tener un buen montañero... saber retirarse a tiempo, y también con los efectos beneficiosos que la montaña y la naturaleza tienen para nuestra mente. Podrían añadirse más cosas en este ensayo para intentar mostrar a los no iniciados los beneficios de una práctica deportiva tan completa como el montañismo o el senderismo, pero seguramente ese ya fue el tema central de su primer libro, y tampoco importa tanto, para los que ya conocemos de que va el tema por haberlo experimentado en verdad que sobran ya las palabras.



Para terminar un enlace al manifiesto "Slow Mountain" de Juanjo. En Youtube podréis encontrar también su canal con entrevistas y alguna que otra charla. Visionado más que obligatorio si sois aficionados a esta hermosa y gratificante actividad del montañismo. Aquí de propina algunas líneas del manifiesto "Slow Mountain":

"Camina o pasea por los espacios naturales buscando ese ritmo cómodo que te permita disfrutar de todo y con el que a la vez puedas recorrer largas distancias. Encuentra el placer en el puro vagabundeo, sin pensar tanto en realizar una práctica deportiva"

"No vayas tan deprisa en la montaña que tu respiración te impida hablar con tus compañeros o que el esfuerzo te obligue a inclinar tanto tu cuerpo que el campo de visión básicamente se reduzca a tus botas"

"Detén tu camino de vez en cuando, no intentes batir un tiempo o una marca. La percepción que tienes del paisaje mientras caminas es diferente a la que puedes tener cuando te tomas un respiro y miras con calma a tu alrededor"



Lo mejor: Un ensayo breve pero muy completo sobre lo que significa disfrutar de un entorno natural y los beneficios que nos puede acarrear tanto física como mentalmente. Una llamada a no dejarnos invadir por esa absurda moda del "más rápido" en un ámbito donde casi nunca deberían estar presentes las prisas si uno quiere exprimir al 100% todo lo que la montaña y un entorno natural pueden ofrecernos.

Lo peor: El verme también en ocasiones identificado con alguna que otra actitud poco recomendable, y bueno que ya estoy tardando en buscar y leer también el primer libro de este autor ;-)


sábado, 6 de mayo de 2017

Mi casco por almohada

"Aquellos hombres habían atravesado una jungla casi impenetrable y no habían llegado al escenario hasta dos días después de nuestra llegada. No obstante, nos atacaron. Nos atacaron un centenar de japoneses contra nuestras fuerzas, compuestas por unos mil doscientos hombres y, salvo a esos prisioneros los habíamos aniquilado a todos. ¿Eran valientes o fanáticos? ¿Qué esperaban conseguir? ¿Creía de verdad su comandante que una compañía de soldados japoneses podía conquistar a un batallón de marines estadounidenses experimentados, seguros de sí mismos, mejor armados y apostados en terreno elevado? ¿Por qué no se habían dado media vuelta y se habían marchado a casa con sus hombres? ¿Ningún soldado japonés puede informar de su fracaso, no puede "sentir vergüenza"?. No tengo respuesta. Sólo puedo preguntarme por ese enemigo misteriosamente feroz, tan cruel y, sin embargo, tan valiente, un enemigo que en su inutilidad total, en su fanatismo, si quieren, podía hacer que yo sacara lo mejor de mí mismo para defenderme contra él."


Ficha: "Mi casco por almohada", Robert Leckie, editorial Marlow, 378 páginas, ISBN: 9788 492 472284

El 5 de enero de 1.942 el autor de este libro, Robert Leckie, un joven periodista deportivo residente en Filadelfia se alistaba en el cuerpo de marines y abandonaba temporalmente a su familia, iba a estar tres años ausente de casa, cruzó el país de una punta a otra y se embarcó junto con sus compañeros en la campaña que sostuvieron los EEUU contra el Imperio Japonés. 

En la jungla de Nueva Bretaña y en las Islas Salomón, lugares que ni siquiera aparecían con nombre en los mapas de la época, lidió con las múltiples fatigas de la vida militar, el clima tropical con su infierno de lluvia y enfermedades, y finalmente con un enemigo implacable. Herido en el segundo día de la batalla de Peleliu terminó en el hospital aquejado de una conmoción por el estallido de una granada y ese fue su punto y final en la participación en la guerra tras tres años verdaderamente duros en los que en más de una ocasión pensó que nunca volvería a casa vivo.



Robert era un hombre culto, autodidacta, había tenido la suerte de criarse en un hogar con una biblioteca bien provista y de allí surgió su pasión por la lectura y su vocación por ser escritor, había ya hecho sus pinitos antes de la guerra, con mayor o peor fortuna, pero fue al término de la misma cuando comenzó a poner por escrito sus experiencias en aquella terrible campaña del Pacífico y encontrar definitivamente su ocupación definitiva como periodista y autor de libros. Este que comento aquí fue su mayor éxito y está considerado una de las mejores producciones de literatura bélica sobre la Segunda Guerra Mundial, o al menos uno de los mayores éxitos editoriales de los libros que se escribieron y publicaron, ya en los años cincuenta, sobre el conflicto.

El testimonio que aporta sirvió a los guionistas, junto con la obra comentada en este mismo blog el pasado 21 de marzo "Diario de un marine" de Eugene B. Sledge,  de la serie "The Pacific" estrenada en televisión en 2.010, para articular la mayor parte de la historia. Tras la lectura del excelente "Diario de un marine" de Sledge pude ver la serie completa, antes solamente había visto algunos fragmentos, y sus imágenes y la historia que cuentan me hicieron revivir lo leído en el libro de Eugene, y por supuesto comprobar la fidelidad a la historia narrada tanto por el ex-marine sureño como por Robert Leckie, el paralelismo entre ambos libros, junto con las similitudes y diferencias con la serie han resultado de lo más estimulantes y entretenidas para mí... de forma que solamente puedo recomendar a cualquier aficionado al género bélico, sea en cine o en papel, que hagan lo mismo.

Es fascinante comprobar cómo una misma experiencia puede haber dado como resultado testimonios tan diferentes, y es que R. Leckie y E. Sledge eran dos hombres con un carácter bien distinto. Por cierto la elección de los actores de la serie para interpretarlos me pareció de lo más acertada, es que literalmente les dan vida. Leckie era católico, de origen irlandés, extrovertido y pendenciero... su mayor edad, 3 años más que Sledge, le hizo tener desde el comienzo del conflicto los años necesarios para presentarse como voluntario, de ahí que se incorporase ya en 1.942 como comenté, mientras que Sledge lo hizo en una fecha tan tardía como 1.944 tanto por su edad como por otras circunstancias. La batalla que supuso el bautizo de fuego para Eugene fue la que dejó fuera de combate a Robert... de modo que al igual que en la serie es fácil establecer diferencias entre la experiencia bélica de ambos. Robert se enfrentó sobre todo a la dureza del clima, a la jungla, al cansancio, al hambre y al sueño, a la fatiga del combate... mientras que Eugene ante todo se enfrentó a la posibilidad de morir un día tras otro y al horror de algunos de los combates más feroces de la Segunda Guerra Mundial. 



Borracho, pendenciero, ladrón, mujeriego, indisciplinado... pero a la vez un excelente soldado, ese es el retrato que nos ofrece R. Leckie de sí mismo y su camarilla. Sledge a su lado parece una monja de clausura y es que el propósito de ambos libros es diferente. Leckie es ante todo un escritor profesional que vive de su oficio y trata de ofrecer aquello que sabe que gustará a sus lectores, Sledge es un escritor amateur que escribe fundamentalmente para sí mismo y para su familia y solamente de forma accidental terminará publicando un libro sobre sus experiencias en combate. El propósito de ambos es muy distinto. De ahí que Leckie refleje diálogos abundantes, no sabemos hasta qué punto recordados fielmente o recreados de forma imaginativa, por no decir inventados. También nos vamos a encontrar con un buen número de anécdotas jocosas, mucha ironía, mucha crítica velada hacia la absurda disciplina del ejército y el cuerpo de marines (algo impensable en Sledge, verdadero devoto del cuerpo), y también una sinceridad directa y contundente. Leckie no va de héroe, y no tiene reparos en reconocer su ausencia de sentimientos y su hipocresía en alguna otra ocasión cuando tiene que fingir que la muerte de algún compañero le ha afectado, o su falta de remordimientos cuando abate a su primer enemigo y le importa un pimiento lo que ha hecho, a esas alturas de la campaña está tan embrutecido que los sentimientos humanitarios son ya desconocidos para él, solamente se preocupa de obtener "recuerdos" y llega a enfrentarse a un superior por un botín de guerra, tal y como refleja la serie. Si Sledge se horroriza al ver que hay marines que arrancan los dientes de oro de los japoneses muertos, o agonizantes en algún caso, Leckie no solamente no censura ese vil comportamiento, sino que envidia a un colega "Recuerditos" que lleva una buena bolsa de dientes de oro colgada al cuello y elogia por su falta de escrúpulos e inteligencia a la hora de sacar provecho de la guerra, o al menos no hace ningún juicio moral de un acto a todas luces reprobable... algo que será la nota dominante en la narración, es la institución del ejército en sí y la disciplina militar, contra la que chocó en numerosas ocasiones el blanco de sus críticas. En Eugene en cambio su caballo de batalla es la deshumanización del soldado que se enfrenta a algo que lo supera y que trata de mantenerse íntegro y no volverse loco... esa mirada horrorizada ante el atroz espectáculo de la guerra, reflejada en el personaje de la serie, también la veremos en el caso de Robert Leckie... pero mucho más atenuada.

El estilo entre ambos libros es diferente, Sledge carece de veleidades literarias pero en cambio su libro está lleno de parrafadas de corte filosófico donde trata de transmitir al lector sus sentimientos y hacerle partícipe del horror de la guerra. Leckie aparte de las anécdotas y los diálogos suele incluir poemas, canciones y añadir incisos de corte literario a la narración, era un lector cultivado y necesita demostrarlo con cierta frecuencia, de ahí sus alusiones a Homero y algún que otro escritor, hay anécdotas y recuerdos personales en una narración ágil y fluida que se lee casi de un tirón, pero también hay intentos notables de aportar una cierta calidad. En algo sí que coinciden ambos autores,  seguramente también con cualquier escritor que relata un conflicto bélico vivido en primera persona, un empeño en que aquello por lo que han pasado y por lo que han sufrido tanto costando tantas vidas de paso, no se olvide nunca. 

La campaña del Pacífico fue siempre el hermano pobre, desarrapado y enfermo de la campaña europea. Terminando además con una sospechosa sombra de haber ido demasiado lejos debido a las explosiones atómicas, algo a lo que hace alusión Leckie. La serie lo muestra muy bien en un determinado momento y también hacen referencia a ello ambos autores a su manera. Por cierto que la serie me pareció excelente aunque cambia muchas cosas de la narración de Leckie, quizás porque su narración es más detallada y precisa que la de Sledge al haber escrito la historia cuando los hechos estaban más frescos en su memoria. Ambos escritores coincidieron en la batalla de Peleliu... aunque Leckie fue herido y evacuado en el segundo día, aquel fatídico momento en el que varios regimientos de marines intentaron cruzar aquel aeródromo bajo el fuego enemigo. Sledge vivió aquel horror por treinta días, luego viviría el infierno de Okinawa tan crudo, o más, que el de Peleliu. Sin embargo Sledge sintió siempre una gran reverencia por los veteranos de los marines que ya formaban parte del cuerpo antes de la guerra y sobre todo por los que habían combatido en sus primeras campañas, especialmente en Guadalcanal y Cabo Gloucester... es decir, por soldados como Leckie y sus colegas de la primera división.


Al comienzo de la guerra el ejército, la aviación y la marina norteamericana se encontró con un escenario diferente al de 1.944, para ese año ya eran dueños de los mares y los cielos... no era así en 1.942, el año de la campaña de Guadalcanal, tan bien reflejado en este libro por Robert y por la serie. La marina y la aviación japonesas, todavía poderosas, disputaron de tu a tu durante meses la supremacía aérea y naval. Las acciones decisivas se realizaron en los cielos y en el mar, sin embargo la parte de combate terrestre también tuvo su importancia ya que la derrota de las fuerzas japonesas desembarcadas en la isla de Guadalcanal fue el punto de inflexión de aquella campaña. Por aquel entonces los japoneses eran todavía ese enemigo esquivo e imprevisible que se movía en la jungla con pericia y al que se tenía un respeto desmesurado. Pronto quedó manifiesta la incompetencia de los mandos japoneses al subestimar a su rival occidental. La seguridad en sí mismos, la buena organización y sobre todo la excelente potencia de fuego de las unidades americanas atrincheradas convirtieron aquellas primeras batallas en una carnicería donde los nipones se arrojaban una y otra vez infructuosamente contra las posiciones bien defendidas de los marines. Japón no había tenido todavía en el terreno militar la experiencia de una sucia guerra de trincheras como la Primera Guerra Mundial y comenzó el conflicto utilizando, con fatales consecuencias, unas técnicas de combate anticuadas. Los norteamericanos para entonces ya sabían que solamente el uso coordinado de las armas combinadas y la buena organización eran los elementos decisivos, además de los tradicionales buenos usos del terreno, fuerza numérica y armamento.



Otra cosa era lidiar contra el segundo enemigo a batir, mucho más pernicioso que el ejército japonés, en aquellos primeros enfrentamientos... el clima tropical, la jungla, la inexperiencia de los combatientes, el sueño, el miedo, la comida repugnante, las enfermedades, el agotamiento... fue ese enemigo, y no solamente los japoneses con sus ataques banzai y su estrategia de desgaste, el que hizo que aquellos soldados apenas se pudieran ya tener en pie cuando los embarcaron y sacaron de Guadalcanal. Se habían convertido en un ejército de despojos humanos debido a los tres meses de campaña en duras condiciones... de ahí que el momento más emotivo del libro, y no muy bien recogido en la serie, es cuando una vez embarcados, Leckie y varios compañeros piden que les sirvan un café a un marinero en la cantina del barco, es el momento que este les comenta que en los EEUU todo el mundo celebra su victoria en Guadalcanal, que les consideran unos héroes... en ese punto los aguerridos soldados que han sobrevivido a un infierno verde, que han pasado en ocasiones una noche tras otra sin dormir debido a los bombardeos navales y aéreos, con los nervios destrozados, enfermos y llenos de llagas, con ropas se les caen podridas a pedazos, no pueden evitar que se les salten las lágrimas, a esas alturas pensaban que todo el mundo les había olvidado.

Enlaces relacionados:
"Diario de un marine", "50 batallas que cambiaron el mundo", "Los Héroes"

 
Lo mejor: Un buen relato, ameno, muy bien narrado, de buena calidad, con un fondo optimista a pesar de todo, y que constituye uno de los mejores testimonios personales de aquella espantosa, pero fascinante, guerra. Me ha gustado especialmente también el tono general del libro, no se puede decir que sea pacifista, pero tampoco pone en un pedestal al ejército, no le duelen prendas por ejemplo a la hora de mostrar sus excesos en temas de disciplina y muestra en general cómo el sentido común y el sentido de lo que es justo o no, suele ser incompatible con el ejército y, no digamos ya, con la experiencia bélica.

Lo peor: No deja de ser un relato amable y condescendiente con los lectores, a pesar de sus momentos dramáticos, que los tiene, no se puede comparar con el relato de E. Sledge. No deja de ser un tebeo para adolescentes de la época en comparación con otras obras más maduras y personales, como la señalada, que ahondan mucho más en la experiencia vital de un combatiente y muestran el horror de la guerra con imágenes más vívidas... recomiendo la lectura de ambos, aunque reconozco que el libro de Eugene S. juega en otra liga.

lunes, 24 de abril de 2017

En el café de los existencialistas

"Nos dicen que, cuando decidimos sentarnos, coger un vaso de agua o votar, o elegir a quién salvaríamos en el "dilema del tranvía", no estamos eligiendo en absoluto, sino respondiendo a tendencias y asociaciones que están más allá tanto de la razón como de la voluntad. Leyendo estas cosas, uno saca la impresión de que nos complacemos en esa idea de nosotros mismos como bobos mecánicos sin control alguno de nuestra propia biología y nuestro entorno. Aseguramos que lo encontramos perturbador, pero en realidad esas ideas a lo mejor nos ofrecen cierta tranquilidad... porque nos sacan del atolladero."








































Ficha: "En el café de los existencialistas", Sara Bakewell, editorial Ariel, 527 páginas, ISBN: 9788434 423 992


Erase una vez un aficionado a la lectura que se encontró un día con un curioso libro en la estantería de una conocida librería, un ensayo de una autora desconocida que se centraba en la vida de un desconocido escritor y filósofo francés del siglo dieciséis. Lo más natural es que lo hubiese devuelto inmediatamente a la estantería, sin embargo algo había en el mismo que captó su atención. Tras darle unas cuantas vueltas al asunto, el libro no era precisamente barato, decidió adquirirlo y darle una oportunidad, influenciado sin duda, no lo iba a negar, por los comentarios elogiosos que sobre el mismo  habían sido oportunamente impreso los editores en la contraportada… un viejo truco de propaganda para el que ni entonces ni ahora poseía el antídoto. 

En esta ocasión fue una elección acertada, el libro no solamente le hizo disfrutar, que era lo que primeramente buscaba, sino que le abrió la oportunidad de enfrentarse a la obra de ese otro escritor desconocido, apreciarlo, y convertirse en lector suyo. El libro escogido era “Cómo vivir. Una vida con Montaigne”, de Sara Bakewell, “Los ensayos” de Michel Eyquem de Montaigne eran la obra reseñada en el mismo… y el lector aficionado pues no era otro evidentemenete que un servidor.

Hay libros que pasan por la vida de uno resbalando como las gotas de la lluvia, se leen y se olvidan inmediatamente, pero hay otros que dejan huella, que se convierten en semillas que terminan dando fruto y te llevan a otros mundos, nuevos horizontes, nuevas lecturas… libros que resultan cruciales en la vida de un lector. 

En este blog hay pocos de este tipo reseñados, uno de ellos es el de esa maravillosa ensayista británica. Cuando el año pasado me enteré que Sara volvía a las andadas publicando una obra de divulgación, en este caso sobre los filósofos existencialistas, acudí a la librería la misma semana que salió el título y lo adquirí. Tuve la satisfacción de verlo entre la selección que Nigel Warburton recomendaba como los cinco mejores libros de filosofía publicados en 2.016… solamente mi habitual pereza y dispersión de intereses lectores ha motivado el retraso de su lectura y su comentario aquí todos estos meses.


Lo primero de todo decir que esta nueva obra de Sara Bakewell no me ha decepcionado en lo más mínimo, aunque seguiría prefiriendo aquel maravilloso ensayo sobre Montaigne si tuviera que elegir entre ambos. Sin embargo el haber puesto el listón tan alto a un ensayo y no salir decepcionado, ni un poco siquiera, para mí habla más que bien de la capacidad de esta escritora para construir un buen ensayo, ponerse en la piel del lector, interesarle por la historia y hacerle participar de una serie de hallazgos. Si el anterior me descubrió a ese fantástico escritor contemporáneo de nuestro Miguel de Cervantes, que considero imprescindible conocer por múltiples motivos y que me llevó a leer otras lecturas relacionadas, como una selección de sus ensayos, otro libro sobre él que nos legó Stefan Zweig, o los mismos ensayos que tengo en dos diferentes versiones (la de Cátedra y Acantilado) como las más preciadas posesiones de mi biblioteca. En este caso me encuentro con toda una presentación de la corriente filosófica más importante del siglo XX y sus protagonistas, el existencialismo.



No tengo la menor duda de que se habrán publicado obras más exhaustivas sobre la filosofía existencialista. Al fin y al cabo el libro de S. Bakewell es una obra destinada al público no especializado, una obra que no está dirigida al mundo académico precisamente, y al menos para mí es su principal virtud aunque entiendo perfectamente que para un lector que conoce ya la obra de Sartre, Beauvoir, Camus o Heidegger, resultará anecdótico e incluso banal… quizás. 

Pero si ese no es el caso del lector y este es desconocedor de la obra de los filósofos existencialistas, difícilmente va a encontrar un libro más interesante que este sobre el tema del existencialismo. En mi caso mis lecturas anteriores sobre el existencialismo se limitaban al interesante y ameno trabajo de Gary Cox "Cómo ser un existencialista" y al espacio dedicado al existencialismo en el caótico y divertido "Todo lo que sé lo aprendí de la tele", de Mark Rowlands. 

En este ensayo, ya en otro nivel, Sara se centra fundamentalmente en presentarnos la vida de estos filósofos, las relaciones que existieron entre ellos, la relación entre su pensamiento y su vida, la influencia que desataron en el mundo académico, los grandes temas abordados por los mismos y sus principales obras… un cuadro de lo más completo y donde una y otra vez se nos ofrece algo que muchos ensayistas por desgracia racanean a veces a sus lectores y que Sara nos ofrece con generosidad, CLAVES y pistas para entender su pensamiento.

Decía Schopenhauer en una cita que en ocasiones he plasmado en mi blog que “leer sobre filósofos sin abordar directamente sus obras es como comer comida masticada por otros”… bien, pues tengo que decir que hay ensayistas que gracias a su labor de masticación y digestión consiguen ofrecernos no el resultado de la misma no ;-), sino la “quintaesencia” de ese pensamiento, algo que aunque está constituido por una base de pensamientos ajenos ha quedado enriquecido por los propios y nos lo sirve además en bandeja, en una forma clara, concisa y fácilmente asimilable ¿se le puede pedir más a un ensayo?. Este es un libro donde no parece sobrar ni faltar absolutamente nada, donde el pensamiento y la filosofía forma una mezcla indisoluble con la vida, donde se nos muestra una y otra vez la importancia de hacer concordar una y otra, donde además teniendo en cuenta los hechos dramáticos que tuvieron lugar en las vidas de estos pensadores franceses y alemanes habrá ocasiones donde entran el drama, la intriga y la emoción de tapadillo en unas vidas generalmente problemáticas, apasionantes y difíciles.

En la introducción de "La invención de la libertad", su autor Juan Arnau se lamentaba de que la filosofía en el siglo XX había quedado atrapada entre la filosofía analítica y su interminable, y estéril, laberinto de análisis del lenguaje y la filosofía existencialista… calificada por él como "la filosofía del lamento", demasiado centrada en mirarse el ombligo vamos, se abogaba por tanto por una nueva filosofía más comprometida con el planeta y sus seres vivos donde se unificase el pensamiento científico, humanismo y ecología… la idea es buena, sin duda, pero creo que era un tratamiento notablemente injusto del existencialismo porque este no ha dicho todavía su última palabra ni mucho menos. 

Sara Bakewell no dedicó por casualidad un ensayo a Montaigne hace unos años y otro ahora a los filósofos existencialistas. Hay un nexo de unión claro entre ambas obras, el de tratar filosofías aparentemente anticuadas y pasadas de moda que sin embargo hoy son más necesarias que nunca. Hoy en este mundo de incultos, dogmáticos e intolerantes que parece abocarse a un abismo necesitamos precisamente más Montaigne, y su discurso de humildad, tolerancia y respeto hacia aquellos que no piensan como nosotros, y también más existencialistas, con su llamada al activismo social, participación en política, y defensa de las libertades, que nunca. Sara recuerda que ese discurso de reivindicación de libertades que parecía tan superado hace unos años ha vuelto a ponerse, por desgracia, de nuevo de moda. 

Ese antagonismo entre libertad por un lado y una pretendida seguridad por otro protagoniza una y otra vez el espacio político. En este ensayo en particular se nos recuerdan en muchas ocasiones cómo comenzaron a gestarse los totalitarismos en Europa, esos que terminaron en una conflagración espantosa que causó muchos millones de muertos y un genocidio, y como la gente normal y corriente fue poco a poco quedando atrapada en él, cómo los totalitarismos fueron infiltrándose en la vida política y cómo el menosprecio de los intelectuales y los políticos del momento, que podían haber hecho algo, les llevó a actuar ya cuando era demasiado tarde.


Hay pues una clara intencionalidad en este ensayo, no solamente mostrarnos la vida y obra, muy interesantes en sí mismas, de unos pensadores clave en el pasado siglo , sino también defender la idea de que la misma filosofía que les animó sigue viva y que el existencialismo es hoy por hoy una corriente filosófica que todavía tiene mucho que decir. ¿Hay alguna cuestión más importante que la de la libertad del individuo, su responsabilidad ante el mundo y el sentido de la vida humana?... pues esas son las cuestiones abordadas una y otra vez por los filósofos existencialistas, cuestiones a las que respondieron de las formas más diversas, muchas veces polémicas, no siempre acertadas… ahí tenemos el apoyo que durante años dio Sartre al régimen de Stalin, aunque posteriormente renegase de él... solo para apoyar a Mao y Pol-Pot, por no hablar de las simpatías nacionalsocialistas de Heidegger… errores garrafales, pero también típicos de algunos intelectuales que piensan a lo grande y que tratan de proyectar su filosofía más allá del tiempo presente. 

Pensemos por ejemplo en la obra de Simone de Beauvoir “El segundo sexo”, una de las piezas clave del pensamiento feminista, o la tremenda influencia de la obra de Heidegger en la filosofía continental durante décadas, o el legado inmenso de Sartre y su valor a la hora de enfrentarse en su propio país a los partidarios de mantener Argelia como colonia… o el legado de Albert Camus y su crítica a los totalitarismos de cualquier especie. No hay duda de que la filosofía existencialista ha marcado poderosamente una época.


Sara nos presenta también las relaciones personales entre los filósofos existencialistas, el cómo se influyeron (y se amaron y odiaron) unos a otros, cómo vivieron, cómo participaron en los grandes acontecimientos de su época, nos dará una y otra vez como comenté antes las claves de su pensamiento, las críticas que se hicieron unos a otros, su libro es en cierta forma la cuadratura del círculo, consigue que tengamos la sensación de que realmente el existencialismo es una filosofía esencialmente simple pero a la vez tremendamente compleja de llevar a la práctica en nuestra vida de forma consecuente, y en el libro quedará reflejado el porqué. Hay mucho que extraer de este ensayo de Sara Bakewell. La autora reconoce que aunque eran filósofos que ya había leído y estudiado desde hace muchos años al preparar el material para este libro se encontró no con pocas sorpresas… seguramente la mayor de ellas fue la figura de Merleau-Ponty y su sorprendente “Fenomenología de la percepción”, una obra absolutamente actual que ha resistido mejor el paso del tiempo que otras más famosas.


Como punto extra del libro tendremos reseñas sobre la vida y obra de otras figuras menores pero interesantes como Richard Wright, Jean Genet, Levinas, Simone Weil, y un o de los protagonistas del muy entretenido, aunque algo dudoso, ensayo de Gary Lachman "Una historia secreta de la consciencia", me refiero a Colin Wilson. 


Hay muchos detalles que me han gustado de este libro, uno de ellos ha sido el tratamiento del tema de la polémica sobre las afinidades pro-nazis de Martin Heidegger, o el conflicto entre Sartre y Camus que terminó llevándose por delante una buena amistad de varios años... son temas donde lo más sencillo del mundo es tomar partido de una forma fácil tanto condenando a Heidegger por su ambiguedad y su falta de carácter, y tomar partido por Camus ya que la historia hace mucho que terminó dándole la razón en su postura sobre la libertad del individuo frente al estado. Sin embargo la realidad suele ser más compleja y rica de lo que parece un tema simple, y Sara aunque por ejemplo en el caso de Heidegger no deja de recordar sus dobleces y su cobardía, establece siempre que puede un paralelismo entre el pensamiento del filósofo y su forma de ser... dándonos a entender que posiblemente simplemente le faltó coraje. Y en el caso de la polémica Sartre-Camus elabora un retrato psicológico muy completo de Sarte y si no le disculpa del todo al menos trata de ahondar todo cuanto puede en su enorme figura... con sus luces y sus sombras, porque si hubo un pensador del siglo XX genial, complejo, y aparentemente lleno de contradicciones fue Jean Paul Sartre. 


La génesis del existencialismo con su origen en la fenomenología de Husserl, su desarrollo, auge y decadencia final, así como el papel de esa filosofía en el activismo político y el desarrollo de la contracultura de los sesenta serán muy bien tratados por la autora, naturalmente también las líneas maestras del existencialismo y sus grandes obras, tanto ensayísticas como literarias... y todo entremezclado con la vida de sus protagonistas, como muy bien comenta la autora:

- Cuando leí por primera vez a Sartre y a Heidegger, no pensé que los detalles de su personalidad o la biografía de un filósofo fuesen importantes. Esa era la creencia ortodoxa en el campo, por aquellos tiempos, pero también procedía del hecho de que yo misma era demasiado joven para tener mucho sentido de la historia. Me intoxiqué con conceptos, sin tener en cuenta su relación con los hechos y los curiosos datos de la vida de sus inventores. Las vidas no importaban, lo importante eran las "ideas" -.


Para terminar el mejor resumen que conozco de la filosofía existencialista:

"Caminante, son tus pasos el camino y nada más,
caminante no hay camino, se hace camino al andar
al andar se hace camino y al volver la vista atrás,
se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar,
caminante no hay camino, sino estelas en la mar"

A. Machado



Lo mejor: Un ensayo excelente, conjuga a la perfección la historia de los protagonistas con la de sus ideas y nos ofrece de paso numerosas claves para entender las mismas. Muy bueno y recomendable, sobre todo para los aficionados a la filosofía fuera del mundo académico, pero también ¿porqué no? para los más duchos en el tema, estoy seguro que también disfrutarán de este precioso ensayo. Un ensayo en el que la autora ha puesto mucho de sí misma y que sirve perfectamente de introducción a esta corriente filosófica, y también por supuesto como obra de referencia para obtener una buena visión de conjunto.

Lo peor: Como bien comento en el caso de mis autores favoritos... lo peor es el tiempo de espera hasta ver otro ensayo firmado por los mismos.