domingo, 15 de enero de 2017

Yo no soy mi cerebro


"... la defensa de nuestra libertad (de nuestro libre albedrío) contra la noción corriente de que alguien o algo nos condiciona a nuestras espaldas, ya sea Dios, el universo, la naturaleza, el cerebro, o la sociedad. Somos absolutamente libres porque somos seres espirituales. Pero eso no significa que no pertenezcamos de algún modo al reino animal. No somos ni una pura máquina de copia de genes en la que se ha implantado un cerebro, ni ángeles extraviados en un cuerpo, sino las criaturas espirituales libres por las que nos tenemos desde hace milenios y que también nos debatimos políticamente por nuestras libertades."


Ficha: "Yo no soy mi cerebro. Filosofía de la mente para el siglo XXI", Markus Gabriel, Ediciones de Pasado y Presente, 293 páginas, ISBN: 978 84 944 95 076

Cuando leí hace ya un año el ensayo filosófico "Por qué el mundo no existe" del pensador alemán Markus Gabriel, me di cuenta de que estaba al comienzo de algo nuevo, habitualmente los ensayos filosóficos suelen marcarse objetivos mucho más modestos y con frecuencia disfrazan una ausencia real de ideas con una considerable cantidad de verborrea vacía, hay que leerlos como quien lee literatura o escucha música... y si de vez en cuando el escritor te arroja una idea interesante que te hace pensar, como el que arroja un hueso al chucho que le observa junto a la mesa, te puedes sentir agradecido. Pocas veces uno se encuentra con un ensayo original y pletórico de ideas que obligan al lector a ir despacio y repasar lo leído, pero a la vez proporcionándole toda la información que necesita y asegurándose de apuntalar bien el edificio que se está construyendo antes de pasar a levantar la siguiente planta... decía Nietzsche que había quien "enturbiaba las aguas para hacer parecer que son profundas", creo que es un defecto general de la filosofía con el que los lectores se encuentran una y otra vez... no es el caso de los libros que escribe Markus, por eso su primer libro, de título sensacionalista si, pero serio, riguroso, didáctico y elaborado con una atención constante hacia el lector no especializado me pareció una auténtica JOYA, una obra maestra. Tuve la sensación de que no volvería a leer un trabajo semejante en bastante tiempo. De hecho durante el año aunque la filosofía siguió siendo uno de mis temas favoritos no me topé con ningún trabajo de calidad similar, aunque sí que acumulé una buena cantidad de buenas lecturas.


Esa declaración de intenciones, esa voluntad de fundar una nueva rama de la filosofía denominada nuevo realismo, cuyo artífice original no es Markus Gabriel, aunque sí que va a ser a este paso su principal valedor, tenía necesariamente que cristalizar en un nuevo trabajo. Este que aquí comento aunque a priori no parezca tratar sobre el mismo tema, pronto el lector que en su momento leyese su primer libro se va a encontrar con un fondo y unas formas parecidas. Claridad expositiva, tono didáctico con una atención cuidadosa con el lector al que Markus "mima"... aunque no por ello no le exija pensar y le proporcione una buena batería de jugosas reflexiones, alusiones a la cultura popular, sentido del humor e ironía... se nota y mucho que Markus es un gran comunicador, que es un profesor universitario que ama su trabajo y que posee una inteligencia y una erudición fuera de lo común. A pesar de ese aspecto de vendedor de seguros y su habilidad para manejarse ante las cámaras no estamos ante un vendedor de humo... en una entrevista se defendía de aquellos que le acusan de escribir libros de filosofía para tontos argumentando que "muchas cosas que se publican en filosofía son intentos para demostrar que los autores no tienen nada que decir", tras leer algún que otro trabajo mediocre y compararlo con los libros de Markus la verdad es que no puedo estar más de acuerdo.



Neurocentrismo.
"Yo no soy mi cerebro", es el titulo, también sensacionalista lo se, de su segundo trabajo, si en el primero se detallaban las bases de esa escuela filosófica del nuevo realismo, en el segundo partiendo como base de la misma se interna en esa rama filosófica conocida como "filosofía de la mente", como decía antes aunque parece que se interna en nuevos temas pronto veremos la conexión que hay entre ese nuevo realismo y esta rama filosófica, básicamente el libro es un ataque a esa nueva moda denominada en tono despectivo por Markus "neurocentrismo", o sea, el intento de reducir los problemas del estudio de la conciencia, el Yo y la mente a bases puramente neurológicas. Es decir que a través del estudio del cerebro, su funcionamiento, su química etc tratar de elaborar una teoría del pensamiento y la mente, del Yo, en definitiva, con bases puramente científicas... dando de lado a la psicología, a la filosofía de la mente, la sociología etc etc. Parece un completo desbarre, pero esa es la dirección a la que incluso algunos filósofos se han apuntado, la idea es convertir los estudios neurológicos en la base y fundamento del estudio de la mente, y a partir de ahí sacar determinadas conclusiones, la más conocida y polémica vendría a ser que los seres humanos somos meras máquinas controladas por un órgano extraordinariamente complejo, el cerebro, cuya finalidad es meramente la transmisión de nuestros genes, el Yo, escrito así con mayúscula, vendría a ser poco menos que una especie de interfaz de usuario necesaria para el funcionamiento de todo el tinglado, una especie de icono del escritorio de Windows destinado a ocultarnos a nosotros mismos una inmanejable complejidad que a bajo nivel solamente se traduce en unos y ceros, o en reacciones químicas a nivel celular... por lo tanto con el tiempo y los avances en neurología, genética, biología molecular etc etc los estudios psicológicos, la filosofía y en general toda rama de las ciencias sociales o las humanidades que trate de esos asuntos tan escurridizos como la mente, el espíritu humano, la conciencia de sí o el Yo, quedarán completamente supeditados a los dictámenes científicos, e incluso desaparecerán conforme se desplieguen los nuevos conocimientos derivados del estudio "físico" del cerebro, su química y sus procesos. 



Markus en este libro opone unas cuantas objecciones, porque en el fondo y a pesar de la buena voluntad y la supuesta capacidad visionaria de algunos científicos como Edward O Wilson que en su excelente ensayo "Consilience. La unidad del conocimiento" vaticinaba, y defendía también, una futura unidad de las ciencias naturales y las humanidades, lo que en el fondo se trata y ese es el peligro apuntado por Markus, no es que el progreso humano se desarrolle mediante una comunicación entre las ciencias y las humanidades, que de todas formas ya existe en alguna forma, sino que las ciencias desplacen completamente en este campo a las humanidades. En el momento que un tema, como este del estudio de la conciencia y la mente, cae dentro del ámbito de la ciencia, se corre el peligro de expulsar a las humanidades... lo cual no solamente es un perjuicio para estas, cada vez más amenazadas en un mundo tecnificado y mercantilizado, sino también sobre todo para la propia ciencia. No sirve para nada una capacidad de correr, de volar o avanzar lo rápido que se quiera si la dirección es básicamente errónea, y esa capacidad de orientar en el sentido correcto, esa capacidad de dilucidar no la respuesta sino si la pregunta en sí está equivocada, es una actividad puramente filosófica. Markus en este ensayo irá desgranando una a una las objeciones que se pueden hacer a dicho planteamiento científico, el de reducir el estudio de la mente a coordenadas puramente físicas, aduciendo sobre todo una crítica que se puede hacer en buena medida a muchas investigaciones y a mucha ciencia de la que se hace hoy en día, ¡no seguir su propio método!. La ciencia posee un mecanismo para encontrar la verdad especialmente poderoso, pero ¿puede acaso aplicar su método al método mismo?, Markus señala que buena parte de lo que se nos presenta como teoría científica es en realidad IDEOLOGÍA, camuflada de objetividad, el santo grial de la ciencia... una verdadera quimera, tal y como muestra una y otra vez en este ensayo.

"La libertad humana es considerada ideológicamente un factor potencial de perturbación: si tengo la libertad de elegir mi motor de búsqueda, Google obtendrá menos beneficios. El ansia de monopolización está inscrita en las condiciones actuales de mercado. Aunque todos quieren tener la posibilidad de elegir (no se quiere tener en el supermercado un único tipo de salchichas o pepinillos, como en el socialismo real), desde la perspectiva empresarial se quiere, naturalmente, que todos los consumidores elijan sus propios productos, y por eso en realidad no tienen otra opción. Se trata de restringir la libertad en favor de caminos claramente marcados, de modo que el comportamiento de la humanidad resulte predecible. 

La humanidad discute pues sobre quién posee la auténtica vista de pájaro; quién o qué se desea tener como Dios: la ciencia, la tecnología, el progreso, Google o lo más clásico: Dios mismo."

La imposibilidad de una visión objetiva que elimine al observador, la falacia del homúnculo... el hombrecillo que observa nuestro mundo dentro de nuestra cabeza a través de nuestros ojos, la negación por parte de algunos científicos de los "qualia" o sensaciones subjetivas, el hecho de mirar hacia otro lado e ignorar que nuestro cerebro no solamente percibe el mundo exterior a través de los sentidos sino que también reacciona y elabora pensamientos a partir de otros pensamientos, los hechos culturales tan reales para todos, la interacción con otros seres humanos, las ideas que nos formamos sobre nosotros mismos, el aspecto emocional de los pensamientos... conforman una realidad tan rica y compleja que el mero hecho de creer que en un futuro próximo, o incluso lejano, todo va a ser posible de reducir a la observación y medición de los procesos cerebrales es más utópico inclusive que pensar en un futuro con la humanidad cómodamente instalada por toda la galaxia, vamos que hasta el universo descrito por Star Trek resulta más creíble.

Lo que está detrás en el fondo es la aparición de una nueva mitología, la sustitución de los dioses tradicionales, ya fuesen de carácter animista o los dioses patriarcales del monoteísmo, por nuevas creencias... en el progreso ilimitado que nos trae la ciencia y la tecnología, las cuales llegarán en un futuro a producir un salto en la evolución del ser humano, así lo creen muchos... y la palabra clave aquí es "creer"... porque se trata de una fe que en poco tiene que envidiar a las más delirantes elucubraciones de la teología y la metafísica, por mucho que se vistan con el disfraz de la ciencia. Esa crítica permanente a la metafísica, tenga forma religiosa o forma "científica" es precisamente el caballo de batalla del nuevo realismo preconizado por Markus Gabriel y otros, desenmascarar ideologías y creencias actuales que se disfrazan de otra cosa... de una falsa objetividad que ni existe ni puede existir. Porque como bien expresaba en el anterior libro, por mucho que uno amplíe la visión hasta abarcar el planeta, el sistema solar, la galaxia y el universo entero siempre existe la necesidad de situar a alguien que ve, y nunca podemos tener delante todo el universo porque el observador pertenece también al mismo y nunca podemos separarlo de él. 

Tras una abundante, y muy argumentada, crítica a la visión reduccionista científica respecto al tema del estudio de la mente humana, el libro aborda en su parte final una defensa del libre albedrío y libertad humanas. El ensayo quedaría cojo si solamente se limitase a señalar los supuestos errores de la concepción que identifica a la mente humana con el cerebro si no intentase añadir una conclusión o abrir un nuevo camino para el debate. El tema de la libertad, aparece al final, en el capítulo más importante. Las conclusiones de aquellos que defienden la visión del hombre-máquina son claras, la libertad no existe, estamos sumamente condicionados por la química y la fisiología de nuestro cerebro, de hecho la libertad vendría a ser una especie de ficción necesaria porque siempre en un segundo plano tenemos una serie de comportamientos prefijados, tendencias y preferencias de los que no somos conscientes. Dicho así suena muy burdo, pero esa teoría con diversas variantes mucho más sutiles parece que cada vez más toma forma conforme avanzan los descubrimientos e investigaciones de la neurología. La confusión entre determinación y libertad es un tema que será convenientemente aclarado por Markus, su conclusión es de que aunque hay muchos hechos que nos vienen determinados, inclinaciones que no hemos elegido, leyes de la física que no podemos violar etc hay muchos otros que son fruto de nuestra libertad de elección y que unos y otros terminan conformando todos los eslabones de la cadena causal que conduce a nuestras acciones. Somos libres por lo tanto, pero evidentemente no en todo ni en todas las cosas. Sin embargo la libertad existe y es nuestra, para bien o para mal, dé o no miedo, nos guste o no.

"Efectivamente, estar aquí es magnífico, pero no siempre ni para todo el mundo. Los seres humanos somos culpables de ello si no trabajamos conjuntamente para mejorar las condiciones de libertad, bienestar, salud y justicia en este planeta. Para nosotros no hay otro y tampoco podemos contar seriamente con otra vida en la que todo nos iría mejor. Por lo tanto, una tarea central en la filosofía es trabajar en el autorretrato del espíritu humano, en términos de una crítica de la ideología contra las vanas promesas de una eventual era posthumana."

Conclusión.
En definitiva estamos de nuevo, aún más si cabe, ante un ensayo excepcional, no es una crítica general hacia la ciencia ni mucho menos, ni es tampoco un libro anticientífico que promulgue una vuelta al pasado, es simplemente una llamada de atención a la conciencia crítica del lector, para que se de cuenta de cómo en ocasiones nos venden humo bajo el disfraz de la respetabilidad y la supuesta búsqueda objetiva de la verdad. Estoy seguro que muchos lectores habituales de ciencia, e incluso científicos ¿por qué no? disfrutarían de la lectura de este libro y posiblemente estarían también de acuerdo con muchas de sus conclusiones. Markus no critica la investigación, tan importante por ejemplo para los propósitos de la medicina y el tratamiento de las enfermedades neuronales, pero sí esa pretensión de ir más allá de su ámbito. Deja claro que una investigación seria de la mente ha de ser compartida por diferentes disciplinas, y tan absurdo es dejar de lado a la ciencia y lo que esta nos tiene que decir de los procesos puramente físicos, como dar de lado a las humanidades y al inmenso caudal de conocimientos sobre la mente y la naturaleza humana acumulado durante siglos por la filosofía, la literatura, la psicología etc. Markus es verdaderamente escéptico sobre ese posible y brillante futuro en el que el ser humano fusionado con la tecnología se convierte en algo distinto... y es fácil estar de acuerdo con él.

Para terminar un enlace a un post del blog "Hombre en camino" con un comentario sobre este brillante ensayo, mucho mejor que el mío de hecho :-).


Lo mejor: De nuevo un excelente ensayo de este joven filósofo germano (no ha cumplido todavía los cuarenta) que da aires nuevos a la filosofía y se convierte en uno de esos libros que cualquier lector habitual de ensayos filosóficos tiene que leer. Ameno, sencillo y a la vez profundo, didáctico, lleno de referencias culturales y de ironía... hay otro nivel posible en los ensayos filosóficos y Markus Gabriel juega en esta liga de honor. Muy bueno.

Lo peor: Que haya que esperar otro año, como mínimo, antes de tener otro libro suyo en las manos.



2 comentarios:

  1. Muy interesante este reseña. Creo que tengo que hacerme con este libro para ver si los elogios son merecidos. Está claro que necesitamos más ciencia para mejorar nuestro conocimiento; pero no menos necesitamos también mucha más filosofía y pensamiento crítico.

    Con tu permiso, me gustaría compartir este extracto de un ensayo publicado en la revista Investigación & Ciencia que me parece pertinente a la cuestión:

    «Nuestra intrincada trama de neuronas condiciona nuestro pensamiento y comportamiento, al mismo tiempo que los posibilita, pero no los determina por completo. Ni siquiera la física acepta hoy el determinismo que fue moda en tiempos de Laplace. Así pues, dado que las personas somos mucho más que un cerebro y un conjunto de neuronas, ni nuestro pensamiento ni nuestro comportamiento podrán ser descifrados únicamente a partir de las neurociencias. Pero, dado que nuestra base fisiológica es condición necesaria de ambos, tampoco podremos prescindir de las neurociencias si queremos entenderlos a fondo.

    Reducir todo lo humano al cerebro implica olvidar, por lo pronto, el resto del organismo, así como a la persona en su conjunto, entendida como un todo integrado. En consecuencia, parece recomendable una interpretación y un cultivo de las neurociencias en modo co-; es decir, en comunicación y colaboración respetuosa con otras muchas disciplinas, en lugar de una neurociencia en modo su-, cuya aspiración sería la de sustituir y suceder a las disciplinas humanísticas.»

    www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/numero/474/neurociencia-evitar-el-desengao-13978

    !Un saludo!

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    1. Gracias por tu comentario Luis, el texto que compartes está en sintonía con lo escrito en el libro por Markus Gabriel. Te recomiendo que le eches un vistazo tanto a este trabajo suyo como al anterior "Por qué el mundo no existe". Es un verdadero placer leerle.

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