lunes, 31 de julio de 2017

Meditación integral


Ficha: "Meditación integral", Ken Wilber, editorial Kairós, 367 páginas, ISBN: 978 84 998 852 92






































Desde que comencé a redactar este blog tuve la idea de escribir un artículo sobre algún libro de Ken Wilber, durante varios años había sido mi autor favorito de temas relacionados con la espiritualidad y la meditación. En ese campo es un escritor completamente atípico e irrepetible, nada que ver con otros autores muy populares entre los aficionados a los libros de autoayuda... de hecho, a pesar del título de esta obra comentada aquí, por ejemplo, quien crea que se encuentra ante un típico libro de autoayuda que pretende enseñar meditación, mindfulness tal y como se llama ahora en plan "fínolis", se puede llevar un gran y sonoro chasco.

Wilber se parece tanto al típico y exitoso escritor de espiritualidad y autoayuda como un huevo a una castaña... estamos ante un erudito, un investigador del campo de la conciencia, un estudioso de diferentes tradiciones y prácticas religiosas, de psicología, de ciencia... un "todólogo" como no ha existido otro igual en el mundo de la espiritualidad y la psicología. Le descubrí a través del magnífico ensayo "Ken Wilber o la pasión del pensamiento", de Frank Visser, una excelente guía para introducirse en su obra, y no pude evitar estar enganchado a sus libros durante varios años. Tengo que decir que sus escritos poseen una amplia "graduación" de dificultad, desde bellos parajes llenos de lírica y poesía de indudable inspiración mística, hasta sesudos estudios donde se cruzan múltiples referencias a otras obras de autores. Lecturas ligeras, otras de gran belleza... por ejemplo algunos fragmentos de su  "Diario" me impresionaban tanto que me producían la sensación de no haber leído nada hasta ese momento en mi vida.


Más allá de las formas Wilber, nacido en 1.949, que no posee ninguna licenciatura aunque dejó sin terminar unos estudios de bioquímica, que nunca ha realizado ningún trabajo aparte de escribir y como lavaplatos en un restaurante, que a estas alturas habrá publicado ¿veinte o quizás treinta? ensayos sobre sus teorías de psicología, espiritualidad, filosofía y una amalgama de diferentes disciplinas difíciles de clasificar... Wilber decía es un pensador que vale la pena conocer, aunque tan solo sea para criticar sus ideas o su teoría del conocimiento. No es un autor en ocasiones fácil, y a pesar del gran éxito de sus libros, en Kairós tienen toda su obra publicada en castellano, es uno de esos pensadores que poseen una popularidad muy superior a su aceptación en el mundo académico. No me refiero solamente a la aceptación de sus colegas psicólogos, o de las gentes de ciencia, algo completamente previsible, sino también de aquellos autores o "gurús" del mundo de la espiritualidad. 

El pensamiento de Wilber se sitúa en un punto en el que puede ser atacado con facilidad por posturas extremas, por un lado puede ser tachado de excesivamente metódico y científico, de haber intentado llevar al mundo de la espiritualidad la metodología más propia de las ciencias, y por supuesto, puede ser ignorado y rechazado de un plumazo por todo aquel cuya perspectiva se centra en el mundo de lo racional y que ignora por sistema cualquier connotación o elemento de carácter místico. Aunque su pensamiento haya surgido en plena eclosión de la contracultura americana de los sesenta y haya sido impregnado por la llamada "posmodernidad" Ken Wilber se ha mostrado siempre muy crítico tanto con una y otra. Wilber desde que comenzó a publicar libros en la década de los setenta ha sido criticado y sistemáticamente ignorado desde ambos ámbitos, el mundo académico de la ciencia, la filosofía y la psicología, y también por parte de los representantes del ámbito espiritual y religioso... aunque eso no parece afectar al éxito de sus libros.

Puedo recomendar además del de Frank Visser mencionado los siguientes: "Diario", "El ojo del espíritu", "Ciencia y religión", "La conciencia sin fronteras", "Breve historia de todas las cosas", "Una teoría de todo"... y por supuesto este "Meditación integral" del que ahora me ocupo. Dejo en el tintero varios interesantes como "Gracia y coraje" que quiero leer un día de estos, el monumental "Espiritualidad integral", el inmenso "Sexo, ecología y espiritualidad"... un hueso muy duro de roer, o el hermoso "La pura conciencia de ser", una recopilación de sus textos de carácter místico y que comentaré pronto aquí.

Creo que fue Peter Sloterdijk quién escribió que "elegimos a nuestro filósofo favorito en función de cómo somos nosotros", creo que la frase encierra una gran verdad, y desde luego probablemente es cierta en mi caso y sin duda alguna en el caso de Ken Wilber. Alguna vez me encontré con la figura de Plotino en sus escritos, mencionado como de pasada sin profundizar demasiado, ha sido a través de mi lectura del filósofo griego este año cuando me he vuelto a encontrar con Ken Wilber, esa creencia que tenía aquel en la llamada "gran cadena del ser", y que es común a las grandes tradiciones espirituales y religiosas, me ha hecho volver al autor americano. Este podría ser considerado sin duda alguna el "Plotino del siglo XX y XXI", su filosofía tiene mucho, muchísimo, en común con la del neoplatónico. Al igual que el griego, Wilber ha intentado llevar sobre sus hombros lo más granado del pensamiento occidental, e incluso oriental, y darle un nuevo impulso. Si la tarea del filósofo griego fue gigantesca, y abocada al fracaso desde el comienzo, podría decir lo mismo del pensador americano... aunque todavía es pronto, y nunca lo veremos sus lectores actuales seguramente, para comprobar si su influencia trasciende nuestra época. Por cierto, antes de aventurar condenas o desprecios debido al carácter metafísico de su filosofía habría que examinar bien de cerca algunas teorías científicas, muy populares y respetadas, embebidas de metafísica de los pies a la cabeza... pero de eso prefiero no hablar aquí.

Meditación integral.
Este no es un libro que enseña meditación, va dirigido a todos aquellos que YA practican la meditación de forma habitual, o a aquellos que desean iniciarse en dicha práctica y se preguntan ¿para qué sirve? ¿qué puede aportar a mi vida?... Wilber, asiduo practicante de la meditación en la tradición Zen desde hace muchos años que yo sepa, aunque ha experimentado seguramente también con multitud de modalidades de la misma, e incluso inventado alguna de su cosecha, hace tiempo que tiene una idea clara, la meditación es una herramienta indispensable, aunque no única desde luego, para el desarrollo de una espiritualidad sana. 

Decía el Dalai Lama hace años que él consideraba que la espiritualidad no era otra cosa que "el desarrollo y cultivo de las buenas cualidades que existen en el ser humano". El objetivo último del budismo, acabar con el sufrimiento psicológico, potenciar las buenas cualidades inherentes en el ser humano, restringir y minimizar las malas, y conducir a ese estado último del "despertar", semejante al de Buda y al de todos los místicos de todas las tradiciones religiosas en todos los tiempos, puede ser alcanzado a través de una práctica meditativa continua e intensiva, una práctica que ha de mantenerse durante años para tener algún tipo de efecto beneficioso. Sin embargo Wilber en este libro nos dice que NO es suficiente, que hace falta algo más y es que una cosa para él son los estados del desarrollo y otros los estados del despertar, hace falta una práctica meditativa enfocada tanto a uno como al otro, de lo contrario nos podemos encontrar con la paradoja, tal y como se ve con experimentados meditadores o con maestros de diferentes tradiciones que llevan meditando muchos años, que a pesar de esa práctica siguen inmersos en formas de pensar anquilosadas, dogmáticas y llenas de prejuicios. La meditación, según Wilber, por sí sola no garantiza un "crecimiento" espiritual ni una ampliación de nuestra perspectiva sobre el mundo y la vida, o solamente lo hace hasta cierto punto.

Para el pensador americano esto se debe a que se ignoran los llamados estados del desarrollo,  es decir, aquellos puntos de vista desde los que contemplamos la vida y que no han sido los mismos desde nuestro nacimiento. En una graduación marcada por etiquetas y colores, para su mayor claridad a la hora de realizar gráficos y esquemas, estos estados son principalmente siete, aunque se pueden anticipar otros superiores ya que no hay nada que nos impida suponer que no existen otros superiores. Que hay un límite inferior está claro, pero se puede pensar con cierta seguridad que deben existir, o existirán en una futura evolución humana otros más avanzados... es especulación naturalmente, pero posee indudablemente un fundamento lógico.

Los estados de desarrollo que Wilber describe se caracterizan por ir de más simple a más complejo y sobre todo de más estrecho, con una visión más limitada, a una visión más amplia y abarcadora. A modo de esas muñecas rusas, cada nuevo estado engloba todos los anteriores, y de modo curioso cuando somos capaces de observar características de un determinado estado de desarrollo de forma objetiva se debe siempre a que nuestro punto de vista se sitúa en un estado superior, pues de otro modo seríamos incapaces de observarlo desde fuera sin identificarnos con el mismo. Hablando de forma metafórica somos como peces incapaces de observar el agua en la que nadan, en el momento que podemos hablar, examinar y observar el agua es porque estamos ya fuera de ella.




Así nos encontraríamos, según la terminología de etiquetas y colores de Wilber, con un estado arcaico-infrarrojo, semejante al estado mental de un niño en el primer año de vida donde no se distingue nuestro cuerpo del entorno, un estado mágico-magenta en el que vamos a situarnos en los primeros años de vida y en el que aunque disociados del entorno no terminamos de comprender la influencia que podemos ejercer en él, un estado rojo-mítico de poder y egoísmo puro y duro, un estado ambar-mítico tradicional, donde se ubicarían los últimos años de nuestra infancia, un estado naranja-racional, representado muy bien por la adolescencia... y bueno, un estado verde-pluralista donde llegan algunas personas en su madurez, y un estado turquesa-integral donde se ubicaría el propio Wilber ;-).

El autor americano insiste en la existencia de estos estados,  identificados algunos de ellos claramente con la psicología en evolución en la mayoría de los seres humanos, aunque haya muchos adultos, de hecho muchísimos, que no pasan del rojo (ahí tenemos a los delincuentes y terroristas), o del ambar (ahí tendríamos a los fundamentalistas políticos y religiosos)... etc. Hoy el mundo está claramente dominado por el estado de desarrollo naranja-racional que fomenta el individualismo, la competitividad y el modo racional de observar el mundo, con un importante contingente de estado verde-pluralista, más avanzado y abarcador, donde también se prima la importancia del sentimiento y la empatía... aunque este estado también tiene sus problemas y vicios, aunque existe una graduación evidente de menor a mayor complejidad y amplitud, ninguno de ellos está exento de problemas, y por supuesto no existe nada parecido a un "estado superior". Finalmente Wilber describe ese estado integral-turquesa que apenas asoma en menos del 1% de la población en el mundo occidental, un estado que básicamente coincide con la visión integral del propio Wilber... no podría ser de otra forma claro, y también, dando un poco de coba al lector, coincidiría con el interesado en su teoría integral. No creo que sea mi caso desde luego.



El asunto se pone más "peliagudo" cuando llegamos a los estados del despertar, aquí Wilber nos habla de diferentes niveles de acercamiento a ese estado especial, llamado iluminación, y su vinculación con los estados de desarrollo... antes le habíamos visto moverse en un terreno más psicológico con recomendaciones sobre cómo tratar de utilizar la práctica meditativa para tratar de descubrir y observar el estado de desarrollo en el que nos ubicamos... con la sana intención lógicamente de transcenderlo, convirtiendo sujeto en objeto, es decir, siendo CONSCIENTES, y esta es la clave, de nuestro modo de ver el mundo, de cómo las ideas preconcebidas y los filtros a través de los que observamos el mundo y la realidad pueden hacerse visibles a través de la meditación y por lo tanto es posible trascenderlos buscando estados de conciencia más abarcadores e inclusivos. Suena raro y un poco "magufo" pero realmente es más sencillo de lo que parece, y no tiene nada de mágico o irracional cuando se entiende un poco, es lo que viene haciendo durante siglos la práctica meditativa, hacernos tomar distancia de aquello con lo que nos identificamos falsamente. Un proceso lento pero inevitable si uno hace caso no ya a la propia experiencia, no practico la meditación, sino si toma en serio las declaraciones de los meditadores avanzados y por supuesto a la riquísima tradición que abarca muchos siglos.



Aquí ya tenemos al Wilber "desatado" de siempre, dando por sentadas muchas cosas de las que habría que hablar largo y tendido, desapareciendo el psicólogo y haciendo acto de presencia el erudito de corte espiritual... aunque no será nada comparado con lo que nos espera al final del libro, cuando se ponga a comentar su ya muy conocida teoría de los cuatro cuadrantes, como forma de ampliar nuestra visión sobre cualquier tema y no digamos ya cuando se meta de lleno en el terreno de las inteligencias múltiples... y siga mezclándolo todo. No diré que no son ideas interesantes pero creo que es una pena porque el libro en sus tres primeros capítulos es fantástico, me ha recordado el porqué me agrada leer a este autor... la parte final, quitando ese hermoso epílogo de inspiración mística, me ha recordado en cambio el porqué hace tiempo dejé de leerle y terminó cansándome.

Conclusión.
Ken Wilber en estado puro, este no es un libro que yo recomendaría para introducirse en el pensamiento del erudito y místico americano, hay otros mejores para ello, pero sí que resulta ideal para constatar en qué ha estado trabajando en estos últimos años y para tener una idea global de su pensamiento. El libro hubiera necesitado una parte final más extensa, más reposada y semejante a la anterior, demasiadas ideas metidas a presión en un ensayo que al final resulta demasiado confuso. Como es habitual en él trata de abarcar demasiado y pasa demasiado aprisa por temas que necesitarían un desarrollo más amplio.

Un buen compendio en definitiva de lo mejor y lo peor, una visión grandiosa del cosmos, de la vida, la espiritualidad etc. que personalmente siempre he encontrado reconfortante y llena de sentido común, cuestión de gustos supongo, pero también una dosis importante de ingenuidad, de un cierto "tufillo" a erudito de salón que parece vivir encapsulado en un mundo a medida. Me cae muy bien Wilber, creo que es una excelente persona cuya bondad y honestidad se termina filtrando a través de sus ideas, pero eso no significa que "comulgue" con todo lo que nos cuenta, por bonito y grandioso que suene. Para terminar unas frases del final del libro, que resuenan como una poesía declamada en el desierto:

"La tarde cristalina de otoño se apaga perezosamente mientras caen los primeros copos de nieve iluminados por los rayos de una luna tan redonda como blanca. Millones de seres humanos descansan en sus hogares, con el deseo palpitando en su corazón y el anhelo en su alma, pasando de estado desconocido en estado desconocido, preguntándose de qué va todo esto y soñando, sobre todo soñando. Y de nuevo sientes el impulso de una promesa atemporal procedente de algún rincón de tu corazón a despertar a todas las almas a su alma Una y Única; un impulso que resuena por doquier anunciando su presencia en los minúsculos arco iris que el reflejo de los rayos de la luna arranca de los miles de millones de copos de nieve engalanando de púrpura la bruma. El filo de la niebla lacera la piel y penetra hasta el hueso en este nuevo episodio de interdependencia danzando a la luz de una luna atemporalmente viva, resplandeciente, luminosa y omniabarcadora. 

Parpadeo y todo se desvanece."




1 comentario:

  1. Excelente articúlo y resumen del libro. Ken Wilber es un erudito y estudioso, y lo que nos cuenta acerca de ese Yo verdadero y trascendental, estemos de acuerdo o no, le creamos o no, debe tomarse como proveniente de reflexión, experiencia y estudio, y nunca como simple palabrería proveniente de la intuición, del ego o de la charlatanería como ocurre con los "autoayuda".
    Slds
    Arturo

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