lunes, 29 de mayo de 2017

Vivir sin dinero

"Si vertimos un poco más de amor, respeto y cuidado en el mundo, creo que todos nos beneficiaremos de que en el mundo haya más amor, respeto y cuidado. No es una teoría muy complicada. Situarse y mantenerse libremente en el flujo de dar y recibir es todo un reto. Yo no siempre lo consigo. Pero las veces que me sitúo en ese flujo son las que soy más feliz. La vida parece fácil, no hay ninguna resistencia, no se nada contra la corriente. Confiar en que la vida nos suministra lo que necesitamos representa, para mí, una liberación absoluta. Te liberas de las preocupaciones y te capacita para hacer lo que quiera que sea lo que realmente quieres hacer. "



Ficha: "Vivir sin dinero. Un año libre de economía", Mark Boyle, editorial Capitán Swing, 220 páginas, ISBN: 978 84 945481 5 4


















 
El 28 de noviembre de 2.008 el activista y empresario irlandés Mark Boyle ,residente en la ciudad británica de Bristol, comenzó un experimento. Durante un año completo iba a prescindir del dinero, no podría gastarse ni una libra. Intentaba demostrar que aunque a priori la tarea parecía algo imposible se podía conseguir, de que era factible incluso para alguien como él conseguirlo a la primera. Como muy bien comenta en su excelente “De animales a dioses” Yuval Noah Harari, la ficción del dinero, porque en definitiva no se trata de nada más que una ficción… y quien no lo crea que intente convencer a un chimpancé de que se desprenda de una banana a cambio de un billete de cincuenta euros, es una de las ficciones más poderosas creadas por la humanidad, a cuyo lado palidecen otras aparentemente insuperables como las de las grandes religiones. Esa ficción compartida, por la que un amable tendero me dará una bolsa llena de apetitosa fruta a cambio de un trocito de papel de colores, es especialmente poderosa por eso mismo, porque todos creemos en ella, independientemente en la práctica del resto de creencias que sostengamos. 


Creada originalmente para constituir una herramienta eficaz de cambio e intercambio de mercancías y servicios, ha llegado a convertirse en un fin en sí mismo, estando está detrás de la sobreexplotación de los recursos del planeta, de las desigualdades sociales, del crímen y de casi todas las injusticias de este mundo… de hecho la sobrevaloración del dinero ocasiona muchos más problemas, entre otros por ejemplo el que haya una distancia mayor entre el uso de un producto y los detalles de su producción, de que vivamos en la ilusión de que los recursos del planeta son infinitos, de que solo con entregar cierta cantidad de dinero tenemos derecho a disfrutar de energía inagotable, a cualquier producto del que desconocemos en general lo difícil de su elaboración, transporte etc. En las sociedades primitivas donde había que saber un poco de todo y las habilidades para cazar o recolectar alimentos, para cultivarlos, para construir viviendas y utensilios, ropa y calzado, etc, eran algo valorado por todos y que se podía distribuir con más o menos libertad. Ahora simplemente entregando a cambio algo simbólico, obtenido con trabajo y esfuerzo generalmente en labores que no son precisamente de nuestro agrado, es posible obtener casi cualquier cosa, ignorando por lo demás casi todo de lo que ha sido necesario hacer e idear para elaborarla, la mercantilización de casi todo lleva aparejado, en el aspecto psicológico, también un menosprecio de su verdadero valor.



No es extraño que Mark Boyle, tras su intento fallido de poner en pie una empresa dedicada a la venta y distribución de comida de origen biológico, negocio del que terminó desilusionado, cuando comprobó que en esencia estas empresas seguían las mismas reglas del juego que el resto, así que enfocó el problema de una forma más radical, el dinero estaba en el meollo de todo el asunto. Detrás de la explotación del planeta, de la deshumanización de la sociedad moderna, de la fiebre por competir, de la ilusión de estar desligado del mundo que se traduce de forma necesaria en un feroz egoísmo individualista de seres permanentemente insatisfechos, algo que viene muy bien a los que más ganan, relativamente pocos, con la sociedad de consumo y que es el principal punto en el que se apoyan todas las empresas de marketing. El dinero era la bestia a batir, si conseguía demostrar que una vida sin dinero, aunque con algunas condiciones, fuera mínimamente aceptable… bueno, entonces quizás hubiese demostrado algo sobre lo que valía la pena reflexionar.



Este libro, escrito en su mayor parte tras el experimento, nos cuenta desde dentro como se fraguó y sobre todo como se llevó a cabo todo, un reto con todas las trazas de terminar abocado en el fracaso, aunque su autor nunca pretendió que este triunfara al 100%. Los resultados finales superaron sus expectativas, Boyle no solamente consiguió lo que parecía imposible sino que terminó transformado por la experiencia, y no me refiero a alguna demencia o a alguna tara física ;-), aunque más de uno que supiera en aquel momento lo que estaba intentando hacer este excéntrico irlandés pensara que así iba a quedar. Mark estudió el tema a fondo durante meses, contactó con grupos que en su entorno local prestaban servicios gratis, tuvo paradójicamente que invertir previamente algo de dinero… lo que parece un contrasentido ya que la idea era no tener que usar dinero, pero por más que le diera vueltas a la cabeza no tuvo más remedio que invertir en comprar un remolque, unos paneles de energía solar, adquirir una estufa para calentarse y cocinar, un generador de calor que usaba biocombustible para el invierno… tuvo también que obtener cosas a cambio de su trabajo, el alojamiento incluso lo pagó de esta forma ya que los terrenos donde situó su remolque, y su ducha solar y su WC orgánico, no eran de su propiedad.

En su libro, realmente entretenido, lo veremos sumido en sus tribulaciones para conseguir viajar, sus problemas para reparar gratis su bicicleta, aislar su remolque, combatir el frío, cubrir sus necesidades de aseo, recolectar comida silvestre en los bosques y en contenedores de basura, cargar la batería de su teléfono móvil (sin saldo) y su ordenador portátil. Sus normas estrictas incluían el aprovecharse de invitaciones y de ir a ningún sitio en coche o vehículos de motor si no era haciendo autostop… evidentemente para evitar que se lo calificase automáticamente de gorrón y el experimento fracasara. En los breves momentos en que se conectaba a internet, en la biblioteca pública o en algún sitio con wifi gratis, contestaba a todos los correos que podía y también resolvía las dudas de los curiosos, que en general le apoyaban, pero que también le ponían en cuestión y le criticaban. Boyle nunca se escondió y trató de rebatir cuantos argumentos en su contra y su experimento pudiesen hacerle llegar. Según su testimonio la gran mayoría de los mismos fueron de apoyo y ayuda.



En todo ese tiempo Mark vivió no solamente un cambio radical en su vida, la vida sin dinero donde a diario tienes hasta que recoger la leña con la que te calientas y recolectar la comida es dura, sino también en su forma de pensar. Descubrió que no era el único, que otros estaban haciendo algo parecido desde hacía años, que cuanto más prescindes del dinero más necesitas el apoyo de los amigos y la comunidad en la que vives, que la individualidad en la que nos movemos normalmente no es más que un mito porque en realidad necesitamos más a los demás de lo que pensamos, de que la seguridad que aporta tener una cartera llena de dinero puede ser sustituida, con mucha más efectividad, por un entorno donde se han creado sólidos vínculos sociales donde no solamente recibes de los demás, sino que también y ante todo das lo mejor de ti. Y que nunca jamás se valora algo tanto como cuando no lo puedes comprar y te lo tienes que proporcionar por ti mismo… son montones de cosas que eran imposibles de aprender en los libros, que aunque te las digan y te las enseñen solamente se aprenden cuando te enfrentas a ese tipo de situaciones en vivo. Mark como diría alguno, olvidó el precio de algunas cosas, y aprendió el gran valor que tienen muchas más.

No estamos ante un moderno Don Quijote alucinado que no tuviera los pies en el suelo, era consciente de muchas de las dificultades, otras se las encontró durante la marcha. Tuvo a su favor algunos factores, como su juventud y fortaleza física, la abundancia de información, tener de antemano los contactos adecuados, su inteligencia y habilidad, aunque él no deje de decir que era bastante torpe, cosa que no me creo. Aun así hubiera fracasado miserablemente al poco tiempo si no hubiese tenido la ayuda desinteresada, o casi, de muchas personas. Su familia, por ejemplo, al final le dio un considerable apoyo aunque fuera en el plano moral, tuvo también la compañía de algunos amigos que compartían en parte sus actividades… esos viajes en verano y esas expediciones de “forrajeo” para recolectar comida silvestre y asaltar de noche los contenedores de basura suenan divertidos ;-). 

Incluso, gracias a su trabajo ya que una de sus normas era no aceptar regalos, disfrutó en verano de la asistencia a conciertos de música, recibió múltiples entrevistas, conectó vía internet con mucha gente que le apoyaba, o criticaba. En definitiva nunca se sintió completamente solo, al menos en los momentos más críticos donde perfectamente había podido tirar la toalla. 

El libro está lleno de detalles sobre alimentos, sobre la forma correcta de alimentarse, sobre qué cultivar, qué recoger en los bosques y en las parcelas semiabandonadas… solamente tuvo un susto en una ocasión debido a una intoxicación alimentaria por un trozo de pan con moho, de la que salió airoso gracias a la ayuda desinteresada de un colega, y sobre todo tuvo, teniendo en cuenta la aventura en la que se convirtió su vida diaria en la que tenía que recorrer kilómetros en bici y no siempre por carreteras decentes, mucha pero que mucha SUERTE. Mark Boyle no necesita jugar a la lotería para demostrarlo, también ha descubierto que hay cosas que son más insustituibles, mucho más, que un buen saldo en una cuenta bancaria.

En definitiva un libro muy interesante, que va más allá de la anécdota y que hace que el lector se replantee muchas cosas, y que me recuerda mucho a otro ya comentado en este blog “Hacia la sobriedad feliz”, de Pierre Rabhi, y cuya lectura también recomiendo. Añado también este otro ensayo muy relacionado con el tema que trata Mark en el suyo, el excelente "Cuando nada vale nada", de Raj Patel.

Conclusión.
Es un libro de desbordante pasión por algo en lo que su autor cree, de optimismo y fe en el ser humano al que la sociedad y sus "antivalores" deshumaniza y envilece, pero que una vez que se le da la oportunidad de hacer algo por los demás de forma desinteresada y entra en el juego de compartir descubre cosas que ni sospechaba que pudieran estar ahí. Veremos un buen número de ejemplos de esto a lo largo de sus páginas. Probablemente lo más interesante de todo es que el reto de Boyle fue el germen para una comunidad de lo "gratuito" muy activa en el área de Bristol donde invirtió los beneficios de las ventas del libro en un espacio libre de dinero en el que se demuestra no que el dinero no sirva para nada, sino que el mismo no es necesario para muchas más cosas de las que creemos. En fin, ¿qué mas puedo escribir aquí?... que lo recomiendo ;-).

Enlaces de interés:  "Gratis sin dinero". "Freecycle". "Todogratis".


Lo mejor: Ameno, divertido, instructivo... el ejemplo de Mark puede parecer bastante radical, ya que por ejemplo, y es mi opinión particular, no es necesario llegar a esos extremos y soñar siquiera con la abolición del dinero. Bastaría con una vida más sobria y no despilfarrar recursos valorando más lo que se tiene, pero reconozco que un reto más "razonable" no hubiera llamado tanto la atención de los medios británicos. Ese extremismo y esa supuesta radicalidad no fueron otra cosa que intentos de llamar la atención porque Boyle, está claro que ya hace tiempo que abandonó ese reto de vivir sin dinero, pero de lo que estoy seguro es de que hubo un antes y un después. Su experiencia, aunque no fuera tan ambiciosa, debería ser compartida por más personas, sin duda alguna debe ser una de las más educativas que se puedan concebir. En fin, un ensayo curioso y extremadamente interesante, otro más de la excelente selección que posee esta pequeña editorial.

Lo peor: Lo fácilmente que se puede ridiculizar o malinterpretar un reto como ese, lo fácilmente que puede atraer las críticas de los cínicos y escépticos de todos los pelajes... y por supuesto la conciencia, también compartida por el autor, de que la idea que todo el mundo o casi todo el mundo emprendiera una aventura semejante no dista de ser una quimera, un sueño irrealizable. De aquí a unos pocos años, no obstante, es posible que recordemos trabajos como este y lo oportunos y premonitorios que resultaron.




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