miércoles, 23 de agosto de 2017

La libertad primera y última

"La verdad, Dios o como lo queráis llamar, no es algo que haya de experimentarse; pues el experimentar es resultado del tiempo, de la memoria, del pasado; y mientras haya experimentador no puede haber realidad. Sólo hay realidad cuando la mente se haya completamente libre del analizador, del experimentador y lo experimentado. Entonces encontraréis la respuesta, entonces veréis que el cambio llega sin que lo pidáis, que el estado de cultivarse, está aquí, llega misteriosamente, sin invitación. Y sólo en ese estado hay una posibilidad de renovación, de novedad, de revolución"



Ficha: "La libertad primera y última", Jiddu Krishnamurti, editorial Kairós, 308 páginas, ISBN: 978 84 72453548

No podía imaginar Charles Webster, autor de libros de ocultismo y miembro destacado de la Sociedad Teosófica, lo acertado de su intuición cuando vió a los hermanos Jiddu y Nitya jugando en las playas de Madrás, allá por el año 1.909, y decidió que el jóven Jiddu tenía un "aura" excepcional.

El británico, así como seguramente el resto de los dirigentes de esa singular organización, mezcla de entidad cultural y religiosa encabezada por Annie Besant, se hallaba embarcado en el proyecto de encontrar a un futuro líder de la organización que debía encabezar una revolución espiritual a nivel mundial, una especie de nuevo "mesías", debían encontrar un niño que fuese la encarnación de un líder espiritual con el objetivo de conducir al mundo a una nueva era.

Acertaron de pleno en identificar la singularidad de aquel joven silencioso de mirada ausente que parecía emanar un magnetismo especial... pero se equivocaron completamente al considerar que sería un fiel servidor de la Sociedad Teosófica, o al menos una marioneta fácil de manipular. Los dos hermanos fueron apadrinados por Annie Besant y marcharon a Gran Bretaña con el permiso del padre. No pudo ser de otra forma ya que la madre de los hermanos había muerto y Jiddu se negaba a separarse de su hermano pequeño. No podían saberlo entonces pero pasarían más de diez años antes de que pudiera regresar a la India. Los hermanos recibieron una esmerada educación en el país europeo aunque la Sociedad Teosófica terminaría pleiteando, con éxito, contra el padre por la custodia de los hijos. Se creó una orden dentro de dicha sociedad denominada "Orden de la Estrella de Oriente", destinada a la formación y encumbramiento de la figura del jóven Krishnamurti, sin embargo y a pesar del inicial éxito publicitario y de captación de donaciones para la causa pronto comenzaron los problemas.

Jiddu tras una serie de crisis personales de todo tipo, como su progresivo descreimiento en toda religión y dogma, problemas de salud y familiares, y sobre todo la muerte de su hermano Nitya en 1.927 víctima del virus de la gripe lo que fue un golpe durísimo para él, le llevaron finalmente a separarse intelectualmente de la Sociedad Teosófica y sus objetivos. En 1.929 en un famoso discurso en Holanda ante una nutrida asistencia anunció su renuncia al objetivo de la misma y la disolución de la Orden de la Estrella de Oriente y la devolución de todo el dinero y propiedades que habían sido donadas para la misma. No fue el fin definitivo de la Sociedad Teosófica, de hecho la misma sigue existiendo en la actualidad dentro del infinito conglomerado de asociaciones de corte espiritual-cultural, para mí ahora de carácter sospechósamente sectario, pero es evidente de que hubo un antes y un después de la "espantada" de Krishnamurti.



Sin el apoyo de la fuerte organización que hasta ese momento le había tutelado podría pensarse que Jiddu quedó desamparado, pero no fue así, era ya una figura tan carismática, tan popular e influyente, en gran medida por supuesto gracias a la publicidad y proyección que se le había brindado, que no tuvo problema alguno en seguir viajando e impartiendo conferencias. Su giro en el pensamiento no le había enemistado con todo el mundo y también, incluso en la misma organización a la que había repudiado tenía sus seguidores. A partir de ese momento, una vez terminada esta rocambolesca historia, fue enteramente dueño de su destino y se centró completamente en la difusión de su peculiar mensaje, un mensaje que aún hoy suena actual... me pregunto que hubieran hecho tantos autores famosos de la "nueva espiritualidad" de las últimas décadas, autores como Eckart Tolle, Toni Parsons, Jeff Foster, Deepak Chopra y tantos otros, me pregunto si algunos de ellos se hubieran animado a escribir una sola línea sin los textos de Krishnamurti dando vueltas por ahí durante tantos años.

El filósofo hindú falleció en 1.986,  a la edad de noventa años, solamente un mes antes había dado un discurso en la sede de las Naciones Unidas y obtenido la Medalla de la Paz de la ONU un par de años antes. Son innumerables los libros que se han editado con su firma, la editorial Kairós por ejemplo ha editado más de treinta títulos, y no es la única que publica ensayos con su firma o sobre su vida y filosofía. Paradójicamente la producción real de este no es demasiado extensa, hay pocos títulos escritos de su puño y letra, pero fue un conferenciante incansable con una larguísima trayectoria y dudo que haya alguien que haya podido leer completamente todas sus obras basadas en transcripciones de sus conferencias y clases.

La libertad primera y última.
Imagino que el ser un libro con un prólogo firmado por Aldous Huxley ha tenido mucho que ver con el hecho de ser considerado por algunos como la mejor obra de Krishnamurti, no se si Huxley además de escribir el prólogo del libro de su amigo fue el que seleccionó un conjunto de 21 fragmentos de conferencias y una serie de cuestiones, 38 en total, que se le plantearon en el transcurso de otras charlas y la respuesta de Jiddu a las mismas, pero lo cierto es que así nos ha llegado a la actualidad, con la etiqueta de ser la mejor selección de su pensamiento. Desde luego es un libro perfecto para hacerse una idea bastante completa de su filosofía, o por lo menos del "núcleo duro" de la misma. Editado por la fundación que administraba su obra en 1.954, nos muestra a un pensador pletórico de ideas, en la cima de su potencial intelectual y probablemente sea el mejor para comenzar a leerle. Yo al menos no puedo recomendar uno mejor que este.




Hace años conversando con una amiga muy aficionada a temas de espiritualidad comentamos qué autores preferíamos y habíamos leído, cuando le nombré a Krishnamurti hizo un mohín de desagrado... no me tuvo que dar demasiadas explicaciones, yo había leído ya algo del autor hindú y sabía muy bien el motivo que podía tener de encontrarle demasiado áspero y antipático, ella estaba acostumbrada a la lectura de autores más amables, de carácter más bondadoso, más estilo "new age", de los que hay a patadas... Krishnamurti aunque podemos encuadrarlo perfectamente en ese esquema de lo que podríamos llamar "nueva espiritualidad" posee un carácter muy diferente.

En mi lectura del anterior libro comentado en este blog, Henry James expresaba la idea de cómo el temperamento de un filósofo marcaba profundamente su pensamiento. Es algo con lo que concuerdo plenamente, para entender bien al filósofo hay también que entender al hombre, antes no opinaba así, pero cuanto más leo más estoy convencido de ello... Krishnamurti hace más real esa relación entre vida y obra que ningún otro filósofo que haya conocido, hay en su caso una conexión total, por eso me he explayado antes por comentar ligeramente su interesante y peculiar biografía antes de entrar en materia y comentar este libro.

Ese carácter externo duro, severo, áspero... apasionado también si se quiere decir, impregna completamente su obra, estamos ante un hombre que había sido mimado por la fortuna, encumbrado y predestinado para algo grande... y que había terminado con un profundo desengaño. La alienación de ser separado de su país, de su familia, la muerte de su hermano, el conocer una organización religiosa por dentro, su confianza en los dogmas religiosos que terminaron hechos trizas, su capacidad innata para la observación que le llevó a una actividad crítica con toda organización y doctrina... Krishnamurti en la época en que pronunció las palabras que recoge este libro hacía ya mucho que había dejado de lado cualquier pretensión de encontrar la verdad al final de un libro, en cualquier doctrina política, filosófica o religiosa. Su pensamiento es una defensa radical de la individualidad, no una individualidad egoísta e indiferente a los problemas y la realidad del mundo, para nada por supuesto, tampoco realizó mucho menos una defensa de buscar la felicidad en las satisfacciones de los sentidos o en una práctica meditativa concreta, su caballo de batalla era la observación.




La observación de sí mismo, la observación atenta y sin prejuicios de la realidad, tanto la física como la interior del individuo, el continuo examen de sí mismo, la atención al momento presente, la observación desapasionada que ni juzga ni condena, solo observa y en la que a través de la mera contemplación, con la mente sosegada, puede operar el cambio. Un mensaje desde entonces repetido hasta la saciedad y que sin embargo era completamente nuevo en su momento.

Krishnamurti no fue el primero ni mucho menos el que defendió la observación introspectiva y la atención al presente, esa idea la podemos encontrar remontándonos hasta el mismísimo Buda. Lo original en su caso es su DESPRECIO manifiesto a la idea de que a través de la religión, de cualquier religión, de sus ceremonias y sus dogmas vayamos a conseguir eliminar el sufrimiento psicológico de nuestra existencia.

Hay en su pensamiento una llamada constante a la reflexión interior y al pensamiento crítico a través de la observación pura y simple, un ataque permanente a los dogmas y los prejuicios que como filtros empañan y distorsionan la realidad de los hechos. Y todo ello acompañado con una llamada constante a lo más importante, a darse cuenta de cómo vivimos inmersos en un mundo de ideas prestadas y erróneas, Krishnamurti estaba completamente convencido de que bastaba tomar contacto con esa realidad, sin condenarla, para comenzar a experimentar una transformación. Su pensamiento está profundamente teñido de psicología, y así como el mismo Buda comentó una vez en uno de sus Sutras, que su enseñanza aunque inmensa en su extensión era como el océano, enorme pero con un solo sabor, sabor que identificaba con el sabor de la liberación, lo mismo podría decirse de todas las enseñanzas de Krishnamurti, hay un solo empeño en su filosofía, la de promover el despertar y la liberación del ser humano de las cadenas que lo atan.

Jiddu Krishnamurti poseía un estilo propio, no vamos a encontrar nunca en este libro ningún término técnico, ninguna palabra inventada para dar más precisión al pensamiento, pero sí muchas ambigüedades en ocasiones y una necesidad de leer entre líneas. El maestro hindú se esforzó siempre por llegar lo más directamente posible a su variada audiencia, habitualmente sin emplear guión ni notas de ningún tipo. Esa carácter oral de sus enseñanzas se transmite muy bien en esta, y la mayoría, de sus obras. Abundan las frases cortas, las afirmaciones tajantes, el análisis de las cuestiones planteadas por sus interlocutores partiendo de la crítica a la pregunta en sí, al más puro estilo socrático tan habitual en filosofía. No era un pensador que gustase de tecnicismos pero eso no significa que sus ideas no tuviesen un profundo calado y apuntasen alto. Su filosofía está impregnada de un sentimiento profundamente espiritual y humano que nunca hay que perder de vista aunque se enrede en cuestiones, aparentemente, más banales. Una de las grandes preguntas de siempre de la filosofía, el cómo debo vivir para aspirar a algo lo más semejante a la felicidad y paz de espíritu, la famosa "eudamonía" de los griegos, un tema apasionante y que tantas y tantas veces ha sido dado de lado por la filosofía académica occidental (a sí le va), es capital en su obra... de hecho no habla de otra cosa, no hay que perder nunca de vista que ese era siempre su objetivo.

Esa demanda de llamar la atención de la audiencia, de impactarle profundamente, de expresar sus ideas de una forma apasionada, es la responsable de leer en ocasiones en sus enseñanzas palabras nada amables sobre la política, la religión, el dogma, los ceremoniales etc... Hay otros pensadores que han visto con buenos ojos que aquellos que buscan la felicidad utilicen la religión como vehículo, siempre que las creencias no se conviertan en un fin en sí mismas. Es como utilizar un bote para cruzar un río, es algo aceptable, siempre que seamos capaces luego de abandonarlo si queremos movernos por la otra orilla... Krishnamurti seguramente hubiera sido más partidario de lanzarse al río directamente e intentar cruzarlo a nado, no censuraba a aquel que tuviese una creencia determinada, pero insistió siempre en que las mismas JAMÁS nos iban a dar aquello que prometían, si "la verdad es una tierra sin caminos" es porque es la vivencia de cada uno la que marca su propio sendero, para Jiddu nunca íbamos a lograr una verdadera transformación interior siguiendo de forma acrítica las palabras de ningún gurú, lider político o religioso, tampoco apreciaba en modo alguno ninguna práctica meditativa concreta, ni valoraba la disciplina o el esfuerzo... y era por una buena razón, sin un rumbo correcto sin una dirección adecuada, y solo nosotros podemos saber cual es, todo esfuerzo y disciplina es en vano... sabía muy bien que un barco en perfectas condiciones y con el viento a favor pero sin rumbo correcto no va a ninguna parte. Solamente la observación serena y libre de prejuicios, enfocada tanto en nuestro mundo interior como en el exterior, las relaciones y el comportamiento con los demás, podía conducirnos a ese estado de encuentro con la verdad y la paz anhelado. Y era algo que absolutamente nadie nos podía dar desde el exterior "Usted ha de liberarse a pesar de mí, no gracias a mí" comentó en una ocasión.

Es curioso que una perspectiva tan simple, una idea tan sencilla (aunque tan extremadamente difícil de poner en práctica) pueda tener tantos puntos de vista, tantas facetas, tantos matices... leyéndole uno tiene la sensación que con cualquiera de las conferencias de este libro ya no tiene más que aprender, que básicamente se va a encontrar con más y más repeticiones. Sin embargo la riqueza de la experiencia humana hace que uno tenga siempre la sensación de estar ante algo nuevo: el individuo y la sociedad, el conocimiento de uno mismo, la relación entre idea y acción, las contradicciones, la naturaleza de eso que denominamos "yo", el significado de la sencillez, la importancia de la percepción, el papel del deseo en la vida humana, el pensamiento y su capacidad para resolver los problemas, la naturaleza de la mente, el autoengaño, las crisis políticas, el nacionalismo, el papel de la disciplina, el significado de la soledad, el aburrimiento, la creencia en Dios, la función de la memoria, el tiempo psicológico, el amor, la muerte... da la sensación que de esa hebra tan simple y fina podríamos estirar el ovillo hasta el infinito, que el tema es inagotable.

"Cuando deseáis veros transformados, seguís pensando en términos de devenir; y aquello que es devenir no puede nunca conocer aquello que es ser. La verdad es ser de instante en instante, y la felicidad que continúa no es felicidad. La dicha es el estado atemporal del ser. Este estado atemporal puede producirse tan sólo cuando existe una gran insatisfacción; no la insatisfacción que ha hallado una vía de escape, sino la insatisfacción que no tiene salida ni escapatoria y que ya no busca la satisfacción. Sólo entonces, en ese estado de suprema insatisfacción, puede surgir la realidad. Esta realidad no se compra, ni se vende, ni se repite; no puede ser captada en libros. Tiene que ser captada de instante en instante, en la sonrisa, en la lágrima, bajo la hoja muerta, en el pensamiento errabundo, en la plenitud del amor.

El amor no es diferente de la verdad. El amor es ese estado en el cual el proceso del pensamiento, como tiempo, ha cesado completamente. Donde hay amor, hay transformación. Sin amor, la revolución carece de sentido, pues entonces es mera destrucción, desintegración, un sufrimiento que va creciendo cada vez más. Donde hay amor hay revolución, porque el amor es transformación de instante en instante"

Conclusión:
Más de ocho años ha tardado este libro en saltar de mi estantería y terminar en mis manos, probablemente cuando lo compré no lo hubiera disfrutado tanto de haberlo leído, la filosofía de Krishnamurti es simplemente intemporal, hoy tiene un significado para un determinado lector y dentro de ocho, diez o quince años sigue viva y ha adquirido otros nuevos sentidos para la misma persona. Mi impresión es que no hay que tomar en muchas ocasiones sus palabras al pie de la letra, hay que dejarse llevar por el río de su oratoria y dejar de lado momentáneamente las "pegas y peros" que podamos experimentar durante su lectura, por supuesto es una contradicción ,bien que lo sé, ante un autor que siempre sostuvo justo lo contrario pues nunca se cansó de alentar el sentido crítico; pero hay que darle tiempo y una oportunidad, y sobre todo no molestarse ni dejarse arrastrar por ese estilo tan tajante, tan efusivo y apasionado, porque a su manera y a poco que uno reflexione verá que, reparos aparte, se encuentra continuamente con ideas que aún hoy resultan demoledoras y revolucionarias. Especialmente en estos tiempos de descreimiento generalizado mezclado con ignorancia e ingenuidad a partes iguales en el que vivimos.

Para terminar dos recomendaciones que se pueden visionar en Youtube: "El desafío del cambio", un documental con subtítulos en castellano sobre la vida de Krishnamurti, y la conferencia de Alfonso Estéban Martínez "Vida y obra de Krishnamurti".

Lo mejor: Posiblemente la mejor obra para iniciarse en el pensamiento de Krishnamurti, entre tantas disponibles, para leer las transcripciones de sus enseñanzas. En el caso de estar interesados ya en otro tipo de escritos, los salidos directamente de su puño y letra, seguramente la mejor opción sea "Comentarios sobre el vivir"... que de momento van a seguir esperando el turno de ser leídos aunque imagino que en unos meses podré hablar algo de ellos aquí. En definitiva una muestra excelente del pensamiento de uno de los grandes pensadores del pasado siglo, un mérito que ninguna selección académica ni ninguna visión estrecha puede quitarle a estas alturas. Hay que leerle, hay que dejarle que nos enrede con sus razonamientos, sus ideas apasionadas, ese toque místico y esa valentía de ponernos ante un espejo y hacernos ver cómo somos. Si Aldous Huxley, el Dalai Lama y el físico David Bohm encontraron fascinante la filosofía de Jiddu Krishnamurti tuvo que ser por algo.

Lo peor: Hubo momentos durante la lectura de este libro en que pensé en dejarlo... me dije que todo eran vueltas sobre lo mismo, me cansaba el tema sobre el que volvía una y otra vez, hasta que llegué a la maravillosa conferencia numerada con el 21 y titulada "El poder y la comprensión", era la puerta de entrada a la segunda parte, la de las preguntas y respuestas, mucho más amena... un verdadero puerto de montaña que valía la pena franquear. A partir de entonces todo más fácil e interesante. 

Estamos sin duda alguna ante una obra maestra, pero aviso que el camino no será en ocasiones sencillo ni exento de fatigas. Sé que es fácil dar de lado a un pensador de este estilo, conozco de sobra el prejuicio de dar de lado a todo lo que huela a "camelo espiritual". Para ese tipo de lector con esa mentalidad libros y autores como este simplemente están de más y le ignorarán. Aquellos en cambio que se atrevan se encontrarán con un filósofo profundamente inspirado y honesto, aunque teñido de sentido místico, y tampoco exento de excesos y de afirmaciones aparentemente gratuitas, tal vez descubrirán algo que vale la pena.



2 comentarios:

  1. Muy buena reseña, me ha encantado y animado a leerlo.

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  2. Hace un montón de tiempo que lo tengo en mi estantería. Ahora después de leer esta maravillosa reseña lo voy a leer-llego el momento! Gracias.

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